Ocaso (resumen y prologo)
Damien Polluts y Johan Gronovan han sido amigos desde la infancia, pero las cosas comienzan a cambiar cuando Damián se ve asediado por sueños perturbadores en los que comparte una vida junto a un hombre desconocido. La cartas del Tarot, las bolas de cristal, las runas; nada le ayuda a desentrañar su significado.
Mientras, en Francia el vampiro Evange Voix comienza preguntarse si la eternidad tiene algún sentido. Su aburrimiento lo está llevando a considerar si acaso no sería momento de acabar con todo.
¡Atención!
Esta novela contendrá lenguaje adulto -palabrotas en otras palabras- y contenido homosexual explícito. Si no les agradan estas cosas, sepan que no se admitirá ningún reclamo al respecto.
Prologo
(Extracto del diario de Johan Gronovan, 15 de Septiembre del 2008)
Entregar la vida por alguien parece algo muy romántico en teoría, pero imposible de llevar a la práctica. Sé que existen novelas de sobra que dan a entender lo contrario y las aborrezco, porque en la vida real sólo un verdadero imbécil se lanzaría al filo de mil espadas por un par de ojos coquetos que jamás le dedicaron una segunda mirada. Fuera del papel la gente puede ansiar algo más en su vida que la búsqueda y la preservación del romance, sin ser necesariamente un montón de amargados.
A veces el chico descubre que hizo bien en no sonreírle a la chica guapa del salón y no se lamenta el resto de sus días -hasta la treintena, increíble- pensando en lo que pudo haber pasado. A veces el chico quiere sonreírle a otro, que no tiene que ser un Adonis hecho carne, éste le corresponde y eso tampoco es garantía de que las cosas van a acabar bien.
Es posible que la esposa maltratada aún tenga buenos sentimientos por su marido y él la quiera a la vez que le azota –el ojo morado de mamá es una prueba. El amor es algo vasto e incomparable, ¿no es así? Y el humano es demasiado complejo incluso en su simplicidad. Parece lógico suponer entonces que ambas cosas no encajen. Dos errores no hacen un acierto, dice el dicho.
Siempre me ha parecido ególatra esa frase de “el amor no es para mí”. No es culpa del sentimiento que el mundo, o uno mismo, no permitan estar cerca del que se nos antoja. Nosotros somos los que accionan bombas nucleares casi por el mero gusto de hacer algo, nosotros. Y no comprendo cómo uno puede tener la cara de denigrar quizá una de las pocas buenas en el mundo.
Cuando papá no tiene el puño levantado, mamá está feliz. Uno se da cuenta enseguida. Y te aseguro, diario, que no es el amor lo que vuelve a alzarlo.
(Algo del 2009)
Recuerdo cuando dije eso. “Entregar la vida por amor es imposible”. No sabes cuánto odio tener que contradecirme ahora, diarecito, y espero que sufras de combustión espontánea ardiendo de deseos por averiguar el motivo. Sé que lo quieres saber, maldito entrometido, siempre has sido muy curioso. Pero no lo te escribiré, así que jódete. Jódete tú y él. Jódanse todos, mierda.
Debajo de esto hay una sospechosa mancha de agua.