Despertadores

Claim: Fly/Armand.

Advertencia: Slash/yaoi.

Resumen: Fly no odia los despertadores, lo que odia es hacerles caso.

Nota: Regalo de cumpleaños para Y0misma.

Despertadores

A las 8:05 A.M Fly deseó tener las energías suficientes para tomar el insistente despertador de la mesita de noche y arrojarlo por la ventana, a ver si el tiempo volaba lejos de él. Estaba cansado y se sentía apático, de modo que prefirió hacerse un ovillo cubriéndose con las sábanas con la esperanza de simplemente dormirse ahí hasta que se le pasara la pereza.

Sobre la mesita, junto al despertador, un celular negro con estampas de calaveras comenzó a vibrar al unísono de una tonada de Lacrimosa, caracterizada por un solo de guitarra magistral. Fly estiró una mano entre las sábanas y tanteó en la madera unas tres veces antes de que sus dedos rodearan el teléfono, el cual llevó inmediatamente consigo a su refugio, apartado del despertador maldito. Podría haber aprovechado ese momento para arrojar el despertador o apagarlo, pero no se le pasó por la mente.

—Quien sea que sea —dijo sin abrir los ojos, apoyando el aparato contra la oreja— sepa que estoy muriendo del sueño y es de muy mala educación llamar a estas horas a los celulares de la gente.

—Fly —respondió la voz al otro extremo de la línea, una grave y masculina.

Al oírla, Fly sintió como se emocionaba por dentro y su sueño, más que una carga, se volvía algo repentinamente suave.

—¿Sabes lo bueno que sería tenerte aquí conmigo? —comentó de repente y tuvo ganas de echarse a reír. Porque la frase era divertida y era divertido pensar que no le habría importado tener a su novio ahí.

—Fly, sal de la cama —replicó Armand con voz inconmovible, aunque el pelirrojo se imaginaba el sonrojo subiendo por sus mejillas morenas. Duro como una pared de goma, no estaba acostumbrado a su carácter extrovertido—. Tendrías que haber ido a la escuela hace cinco minutos.

—Ven y sácame tú —respondió Fly en tono aparentemente quejumbroso, picándolo a conciencia—. ¿Y por qué me llamas justo a esta hora? —pregunto a continuación, con verdadera curiosidad, aunque sabía que su novio iba a entrenar en la pista de patinaje temprano en la mañana.

—Porque es el primer día de clases después de vacaciones y si no te llamo faltarás —explicó Armand simplemente y se oyó un carraspeo, como si el celular por el cual le hablaba hubiera sido removido. No valía la pena rebatir su argumento, pues no era más que la verdad—. Es difícil retomar una rutina, pero si no empiezas desde hoy será más duro mañana.

—Ya, ya —musitó Fly cansinamente—. ¿Y si voy hoy la próxima vez me sacarás de la cama tú?

—Con tal de que va… —satisfecho por la respuesta a medias, Fly no le dejó acabar y apretó el botón para colgar.

Dejó el aparato sobre su mesita, donde el despertador había enmudecido, y se giró en la cama para volver a dormirse. Al poco rato recibió un mensaje de texto, sonó la tonada de Lacrimosa, pero él ya estaba dormido.

Aun así, Fly se sorprendió cuando Armand lo despojó de sus sábanas al día siguiente.

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