La verdad sea dicha

Resumen: Después de mucho tiempo pensarlo, Fly se decide a revelarles un secreto a sus amigos. Los resultados no serán exactamente los que había esperado.

Claim: Plandex, Fly, Reisei, Arnold.

Viernes. El día de la esperada sentencia que definía todo, desde el modo en que el sol iba a levantarse para él en la mañana hasta el color del mundo.

Estaban en su sótano, como de costumbre, y todos habían traído sus instrumentos para practicar. Él debía cargar con su micrófono, el cual estrujaba nerviosamente en sus manos mientras sus amigos lo miraban desde el sofá.

Sólo hasta después de verlos sentarse había dicho que tenía algo que decirles. Generalmente era satisfactorio saberse el centro de atención, pero ahora hubiera preferido que dejaran de clavarle la mirada como reflectores fieles a su imagen.

—Soy gay.

Listo, ahí estaba. Ya lo había dicho y el mundo no se había caído bajo sus pies. Todavía podía respirar y sentir su corazón trabajar, con inaudita celeridad. Eso era bueno. Ahora faltaba escuchar la respuesta y podría desfallecer en paz del alivio por haberlo dicho en voz alta. O sumergirse en la miseria.

Reisei volteó hacia Arnold. Arnold volteó hacia Plandex, y Plandex extendió la mano hacia Arndol, con una gran sonrisa.

—Paga, Arnie —reclamó eufórico y el susodicho rubio le dirigió una mirada rencorosa mientras sacaba su billetera y separaba dos billetes para entregárselos—. Buen chico —replicó palmoteando su cabeza, recibiendo un gruñido bajo en respuesta.

El pelirrojo que había soltado la granada, al parecer defectuosa, los miró con ojos desorbitados, sorprendido.

—¿Apostaron por mi sexualidad? —demandó sin tener idea de en qué tono hablaba, si enojado, estupefacto o simplemente librado de sus cargas.

—Yo no tenía el dinero para eso —dijo Reisei encogiéndose de hombros.

Plandex se guardó con felicidad los billetes de Arnold en un bolsillo de cu chaleco morado. El muchacho de cabellos verdes dio una entusiasta palmada a su cantante aturdido.

—Escogiste el momento ideal, mi amigo. Déjame decirte que estoy muy orgulloso porque tuvieras las agallas para sacártelo del pecho.

—Se te olvidó decir “gracias por regalarme veinte dólares” —replicó el rubio molesto y se giró al pelirrojo—. Gracias por compartirlo con nosotros, Fly, precisamente antes de las fiestas.

—Eres un mal perdedor, Arnie—comentó Plandex y se echó a reír, una risa que Fly se vio muy tentado a seguir y ser coreado por el mundo, los árboles y los peces.

¿Y por qué el mundo no iba a reír? Él había dicho que era gay y sus amigos sólo pensaban en su dinero, no en rechazarlo, burlarse de él o romper su banda. Plandex lo había tocado sin desagrado, Reisei no lo había visto con disgusto y Arnold lo fulminaba con la mirada por no haber esperado hasta después de las fiestas para sincerarse, porque por su impaciencia había perdido dinero.

—Los adoro, ¿saben? —dijo sin importarle sonar ridículo, sabiendo que sonreía como un idiota, sintiendo que los quería tanto que podría besarlos.

Arnold y Reisei torcieron los labios con incomodidad, exactamente como lo harían si cualquier heterosexual hubiera pronunciado sus palabras. Plandex se rió más fuertemente, divertido por sus caras.

—Lo sabemos —espetó con gestos dramáticamente magnánimos—. Somos gente adorable después de todo. Las chicas morirán por nuestros huesos cuando nos hagamos conocer. Algunas de la desilusión —dijo enviándole un guiño cómplice al recién confesado, quien soltó una risotada nerviosa, lagrimeando de gusto, y se derrumbó en una silla.

—Parece que mis esperanzas de que te interesara Sara Bouller fueron infundadas —comentó Reisei, sólo ligeramente expectante, eternamente distraído.

—Totalmente —afirmó Fly restregándose las mejillas.

—¿Podríamos regresar ahora a lo que nos compete? —quiso saber Arnold con impaciencia, levantando el estuche de su violín, pues no le gustaba perderse las oportunidades para practicar.

—Claro —respondió el pelirrojo, algo apaciguado al descubrir que su gran anuncio no significaba absolutamente nada para ellos. Quizá fuera decepción—. Así que ustedes siempre lo supieron —espetó mirándolos alternativamente.

—Amigo, no te ofendas —Plandex se recargó en su hombro—, pero si siquiera nos preocupara la posibilidad de que jugaras para el otro equipo nunca te habríamos hablado. No voy a decir que eres feo ni nada, pero eres el primer chico que conozco que fácilmente entra en la categoría de lindo. No atractivo ni inofensivo, si no lindo, con todo tu maquillaje —puntualizó haciendo un ademán a los labios pintados de marrón, los ojos cuidadosamente delineados y el rubor claro en sus mejillas, que aumentaron a un rojo más vivo mientras su dueño se desasía de su excéntrico primo.

Fly se acomodó un mechón de pelo y se arregló innecesariamente la camisa, claramente ofendido a juzgar por la exagerada dignidad de sus movimientos. Plandex lo miró algo turbado, pues no había querido molestarlo, aunque al mismo tiempo sabía que se le pasaría pronto. Arnold bufó, ya que sólo quería que se dejara de tonterías cuanto antes.

—Volvamos a lo nuestro —dictaminó el cantante, aún sonrojado, y conectó su micrófono a la computadora de Reisei, dándole la espalda a Plandex.

Pese a su molestia, en su fuero interno le gustó nuevamente encontrarse en el centro de todos ellos, con Reisei ajustando el teclado en su soporte usual, Plandex acomodándose la cinta del bajo en el hombro y Arnold moviendo concienzudamente las clavijas del violín, como si nada más en el mundo interesara.

De repente se le ocurrió sonreír viéndolos a cada uno, pero se reservó el gesto para sí, emocionado. Apple Black todavía vivía.

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