El protegido

Fandom:  Ciudad Mágica/Esencia Animal.

Claim: DragonFly/Green.

Resumen: Para Green había llegado la hora de devolverle el favor a su amigo.

Nota: DragonFly es propiedad de Selene18 y este fic es una continuación de un trabajo suyo, llamado “el guardaespaldas”. El mundo en el que sucede la acción y los demás personajes son míos.

Advertencia: Shounen-ai, aunque es más implícito que nada.

El protegido

Escuchó los golpes desde afuera. Sonidos de puñetazos feroces contra pieles, de jadeos cansados por el esfuerzo, de pies arrastrando la tierra del granero donde se habían hospedado él y DragonFly. Green dejó las bolsas con las compras y se acercó a paso lento hasta la entrada del edificio. Abrió los desmesuradamente.

 

Ahí estaba el hombre oso, con sus gruesos brazos llenos de pelo oscuro, su fiera mueca y sus potentes garras al descubierto, batallando contra DragonFly, cuya furia no era de menos. Tanto uno como otro tenían heridas visibles, uno rezumando sangre roja de una mordida en el hombro y el otro un líquido lila desde el labio. Green contemplaba la escena con más incredulidad que miedo. ¿De dónde diablos había salido aquel hombre? Sabía que tarde o temprano se lo volvería a encontrar, era inevitable, pero no así, no tan pronto. Hacía sólo un par de días había logrado que DragonFly sonriera sin tanto esfuerzo.

 

Y ahora veía a este sonreír arrogante entre sangre y magulladuras. Green recordó, paralizado, que no había tomado su ración de agua electrificada en un largo tiempo.

 

-¿Es todo lo que tienes, bastardo desgraciado? –dijo DragonFly con frío placer, después de esquivar con éxito un nuevo puñetazo.

 

 En ese momento agarró el brazo del hombre oso y lo pegó a la espalda de éste, arrancando un rugido como un lamento, pero pronto tuvo que soltarlo cuando las garras se le clavaron en la muñeca. Sin emitir sonido, se separaron, cada uno con miradas de desafía. La de DragonFly bien podrían ser lanzar de hielo, mientras que la de su contrincante era un volcán dispuesto a estallarle en la cara.

 

-Eres patético –repuso el oso y sonrió burlón. Aunque movía la muñeca como para quitarse el dolor, sonreía burlón-. Tu energía ya está al límite y yo me siento tan fresco como una rosa. Matarte no me representa ningún problema. ¿De verdad piensas sacrificarte por esa gacela debilucha?

 

Green, lejos de la vista de ambos, miró a su compañero. Era notable su agotamiento; en su lento parpadeo, en lo pesado que parecían sus miembros. ¿En qué estaba pensando?

 

-¿Quién dice que te dejaré las cosas tan fáciles? –replicó DragonFly, demasiado obstinado para expresar algo menos que su mueca de helado desprecio-. Obviamente tú no sabes de eso, pero le prometí a Green que lo protegería y si para eso debo acabar con escorias como tú, adelante.

 

“Tonto, tonto, tonto” pensó Green deseando llorar, no haberlo conocido o hacer desaparecer al hombre oso. Cualquier cosa que no fuera escuchar eso y saber que no quería entregarse para ayudarlo. No podía regresar a los golpes, a los insultos, a las noches frías. No ahora que había conocido la bondad, la lealtad y el calor de un amigo. Apartó la vista de la escena, oyendo el combate, y se dejó deslizar por la pared hasta el suelo cuando las piernas no le sostuvieron. Trató de buscar algo en qué pensar, sin saber por qué, pero su mente no reaccionaba, ni su cuerpo tampoco.

 

Un rugido devastador. No supo de quién. El tiempo apremiaba.

 

“Piensa, por Azar, piensa” se dijo desesperado, buscando frenéticamente a su alrededor. Lo único que tenía era una palanca tirada en el suelo, quizá la misma que había usado el hombre oso para abrir el granero. Lo tomó en sus manos, sintió el frío acero cubierto de hierra y su peso como algo excesivo. No obstante lo acercó con la punta doblada en alto; sus manos temblaban aunque oprimían el objeto con fuerza, no se movió. Trató de relajarse con la respiración profunda enseñada por Nurey, aquel aprendiz de hechicero, y poco a poco la pelea dejó de ser un invitado en sus oídos.

 

Mientras recuperaba algo de calma uso la palanca como muleta y se levantó lentamente, casi ensordecido, conciente de lo que estaba pasando al otro lado de las paredes pero determinado a no quedarse quieto. Los iban a matar a los dos, lo sabía, pero no iba a quedarse oyendo cómo DragonFly perecía por su causa. Por una promesa que jamás le pidió y por eso era más valiosa.

 

Asomó a la puerta. Por suerte, el hombre oso le estaba dando la espalda. Finalmente había logrado derribar a su oponente y ahora se entretenía pateándolo en los costados, sacando jadeos entrecortados cada vez. Ninguno de los dos se dio cuenta cuando Green se aproximó en puntillas, demostrando que años de servidumbre silenciosa podían servir de algo. Se aproximó cauteloso, con la barra de hierro pesándole un mundo, las manos convertidas en papel ajeno, las piernas en mecánica pura. Ni el corazón ni el aliento le respondían y no le importó. Alzó el arma todo lo que pudo, creyó que se mareaba y se desmayaría, se volvería nada, y descargó la palanca. Oyó el crujido del cráneo, un temblor le recorrió el cuerpo entero hasta la otra punta de la tierra, y simplemente se alejó; la palanca ensangrentada, el beso cálido de la sangre en sus manos, no significaron nada. ¿Qué acaba de pasar?

 

El hombre oso cayó como un árbol en el bosque solitario. Lo vio pero no oyó nada, no sintió nada. ¿Muerto? El cabello del oso se hundía de forma inconfundible donde lo había golpeado y el rojo brillante era un faro que se abría paso entre el abismo que se había formado entre Green y el mundo. Sí, definitivamente muerto. Bastante muerto. Se acabaron los rugidos, las garras impúdicas, la risa asquerosa en su oído bailando en sus recuerdos profundos. Era increíble.

 

-Por Azar –dijo sin aliento.

 

-Green…

 

DragonFly lo miraba desde el suelo, maltrecho y apenas respirando, más vivo que el otro. Green, como despertándose de un trance, soltó el arma homicida y ayudó a su amigo a sentarse en el suelo. DragonFly miró el cadáver, frunció el ceño y devolvió la mirada a su amigo.

 

-¿Estás bien?

 

Green asintió con la cabeza y descubrió que eso le mareaba. Su boca era el desierto de tierras lejanas.

 

-¿Tú?

 

DragonFly se encogió de hombros, restándole importancia, pero en su rostro asomó una mueca de dolor y se frotó el inicio de su brazo izquierdo.

 

-Nada que el uilate no pueda curar –afirmó seguro. Se quedó mirando al otro largo rato, como si no pudiera resistirlo, como si Green acabara de convertirse en cualquier otra cosa menos la antes pensada-. Si él hubiera volteado por un segundo, te habría matado.

 

Un torrente de calor cubrió las mejillas del joven. Las sienes le palpitaban.

 

-Te iba a matar –se limitó a responder. Para él era todo lo había que decir.

 

DragonFly asintió y sonrió. Sonrió como si todos los días lo hiciera y todos los días fueran motivo para hacerlo. Dio una palmada algo torpe en la espalda de su compañero; una mano perfecta contra la túnica usada y gastada del otro, que resistió el embate sorpresivo sintiendo que el calor se trasladaba a su pecho.

 

-Gracias –dijo el humanoide, sin hielo en su mirada, sin frialdad en su tono y dos topacios hermosos brillándole entre la sangre que corría desde su frente.

 

A Green le había encantado desde hacía tiempo esos topacios, la perfección inhumana de su rostro, lo poco habituado a mostrar emociones y aun así esforzarse para hacerlo. Él también estiró los labios hacia arriba, casi sin desearlo, y se le quedaron atascadas ahí, como si su felicidad le hubiera negado la posibilidad. Y así era, por supuesto.

Fin

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Un pensamiento en “El protegido

  1. ¬¬ Puta madre con el wordpress de mierda, que se comió mi galletita ;__;

    Como te decía melli, me encantó leer esto, no tengo más palabras para designarlo. Me encantó la actitud de Green y lo taimado que resultó. Y con esto termino de concluir que las dos tenemos una visión muy parecida de como debería ser la relación entre estos dos, jeje.

    A ver quien de las dos escribe la cochi ahora XD

    Besos melli mia!

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