Dame mi caramelo (Drabble)

Fandom: Ed, Edd y Eddy.

Claim: El trío Edd´s.

Resumen: Eddy no descansará hasta obtener su botín, aun si tiene que escarbar en los pantalones de Doble D.

Advertencia: Slash, crack.


Dame mi caramelo

-Eddy…

-Cállate-ordenó Eddy aún palpando cada centímetro en el cuerpo de su amigo, el cual ya ni siquiera hacía algo por detenerlo, a causa de la impresión que le provocaba semejante escena.

Eddy ya la había arrancado la camiseta de un tirón, pasando la nariz en torno a la extensión de su pecho, incluso la lengua alrededor de su vientre, y después vuelto a poner la prenda como si nada hubiera pasado. No pudo dejar de notar, totalmente turbado, que las manos de Eddy eran ásperas y rudas, mientras continuaba en su escrutinio.

—¡Ajá!—exclamó el joven, tocando justo en la entrepierna de Doble D, por sobre los pantalones—. Conque aquí es donde guardas el caramelo, ¿eh?—Eddy manoseaba, comprobando la dureza en esa zona, sin percatarse del sonrojo feroz que hacía presa de su amigo.

Ed observaba desde su cama, poniendo una expresión confusa al tiempo que lamía el dulce que contenía en su boca, el cual hacía unos momentos sus amigos habían traído. La farsa de los retratos del futuro, que en realidad eran fotografías de sus abuelos, había dado resultado, y Eddy creía que el chico de la gorra era el que lo ocultaba.

—¿Acaso uno ya no puedo confiar ni en sus amigos?—espetó Eddy soltándole, mirándolo ofendido—. Muy bien, Doble D, dámelo ya si no quieres que me ponga rudo.

El joven tuvo una regresión repentina, hacia una época en la que había oído detrás de la puerta los diálogos de una película que veían sus padres. En realidad no había oído la gran cosa, excepto una serie de gemidos incomprensibles. Ahora, con el conocimiento de dónde venían los bebés, Doble D cayó en cuenta en ese momento de lo que significaban todas esas frases que arrancaban risitas de su madre. Eddy acababa de pronunciar una, luego de imitar sin saberlo una acción que había visto una vez en la pantalla.

—Fantástico—bufó Eddy molesto, viendo a su amigo desmayado en el suelo, con la cara más roja de lo que alguna vez estuvo su camiseta y todavía con el bulto en sus pantalones—. Ed, ayúdame con… ¡Oye!—recién Eddy se daba cuenta de la cara del aludido, y de la una mejilla redondeada por el dulce que cubría la piel—. ¿Así que tú lo tenías?

Ed, que si bien era lento, pero entendió a la perfección el gesto de manos extendidas que Eddy hizo hacia su cuello, salió corriendo de su habitación.

—¡No huyas, cobarde!

Y Eddy se marchó dando un portazo, mientras Doble D aún alucinaba tirado en el suelo.

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