Microcuentos III

O IX. Me da pereza ver las otras entradas para ver qué sigue.

Los microcuentos, por si es la primera vez que oyen de eso, son minúsculas hostorias que cumplen las mismas funciones que una cualquiera, es decir, quieren espantar, enseñar, hacer reír, etc, con el fin de entretenerte. Vendrían a ser como los drabbles de los originales, sólo que tampoco es necesario que tengan 100 palabras para encajar en esta categoría.

Leves comentarios antes de que lean: odio a la gente parlanchina, nunca podría ser profesora y adoro el horror. Si esto último no es de tu agrado, no es mi problema.

El saltador

De la caída quedó un cuerpo tendido en la acerca. Los ojos del saltador, abiertos de par en par, parecían desconcertados por el brusco impacto. El edificio era de 15 pisos apróximadamente. Casi se había orinado encima del susto pero apenas recompuso el control sobre su cuerpo se apresuró en llamar a emergencias. Temblaba tanto que el celular se le cayó y dos veces se equivocó de número. Cuando ya finalizaba de musitar indicaciones se percató de que el saltador había desaparecido. El charco de sangre era lo único que permanecía. Estaba solo en la calle.

Mariana

Mariana estaba nerviosa mientras subía la escaleras. Esperaba que finalmente funcionara. Aseguró las cuerdas, revisó la estabilidad de su soporte y, suspirando, saltó. Esta vez el candelabro sostuvo su peso.

El profesor entra al aula

El reloj dio la 1 y el profesor atravesó las puertas del colegio puntualmente. Dio la 1:30. Al llegar a su aula lo reciben los alaridos de sus inquietos alumnos. La pistola truena en sus dedos. El reloj, manchado de sangre, ya no dio nada.

Nada

La muchacha hablaba tanto y acerca de tantas estupideces que tomé un bate para empezar a golpearle la boca repetidas veces. Cuando ella me preguntó por qué sonreía respondí lo obvio: por nada.

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Un pensamiento en “Microcuentos III

  1. Nya, me tomarás por loca, pero me han hecho mucha gracia. Todos. Si yo fuera profesora, también balearía a todos mis alumnos. XD Aunque no podría matar a alguien por ser parlanchín, siendo que yo misma lo soy…

    En fin, hermana, me has arrancado algunas sonrisas en mi nekuno rostro. =)

    Sigue escribiendo y hazme feliz.

    Me gusta

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