Memorias de una cabra parlante. Cap. 1

Fandom: Original.

Género: novela corta, fantástica.

Advertencias: ninguna (por primera vez en años, LOL).

Resumen: Cuando hablamos de una cabra pensamos en un animal que devora una lata mientras contempla los alrededores como un incauto las paredes de una galería de arte. Para Daniel era mucho más que eso.

Nota: Confieso que esto inicialmente sólo era un trabajo de Cultura Global. La idea consistía en hacer una biografía acerca de cualquier personaje, real o imaginario, con la única condición de que contuviera 6 capítulos. Me entusiasmé de más con la idea y salió algo más largo de lo que planeaba. Aquel era un borrador (nacido de otro borrador). Esta es una versión extendida, con uno o dos capítulos más, pero que continúa siendo lo que pretendía: un cuento infantil algo “madurito”. Ya verán por qué.

Capítulo 1: Pide un deseo.

1

Situemos la escena en la granja Jones a más de 15 kilómetros de la ciudad. El año, 1994. Es una noche estrellada, tanto como sólo puede apreciarse en el campo abierto. Para ver algo en el establo, el lugar específico que nos interesa, es necesario encender los focos que cuelgan del techo. Al hacerlo descubrimos el muro de heno formado contra una de las paredes, en cuya gemela adyacente se acomodan los rastrillos, las palas y otros instrumentos de agricultura. Cerca se halla la vieja silla de montar, proveniente de los tiempos en que la equitación significaba torneo, triunfos y derrotas para el dueño de esas tierras, sobre un igualmente gastado madero que simula el lomo de un caballo esquelético. Y en el rincón opuesto, en frente, el señor Peter Jones está en cuclillas sobre sus viejas botas de cuero curtido ayudando a la cabra Lily en lo que sería su primer parto.

Es un nacimiento complicado, que viene durante ya su tiempo, y prueba de ellos son los resoplos que expulsa y las gotas de sudor que caen desde su frente -no culpen al clima, está fresco-, pero ni siquiera le pasa por la mente quejarse. Se trata de un hombre que lleva el espíritu del granjero en la sangre. Su padre fue granjero, su abuelo también y quien, apropiándose de esas tierras, construyó el establo sudando gotas bien gruesas.

La cuarta generación, es decir, el hijo, Daniel también está presente para contemplar el proceso. La mayoría de los niños se sienten felices al tener permiso para saltarse la hora de dormir con autorización de sus padres pero no es su caso, pues el motivo que lo ata a ese sitio en ese momento particular no le causa ningún entusiasmo. Sólo tiene 10 años. Lo que ve le resulta repugnante mas no tiene escape ya que había sido deseo expreso de su padre tenerlo ahí, pese a las protestas de mamá. “Debe empezar a acostumbrarse” argumentó Peter ante ella. “Algún día lo hará solo así que mejor que aprenda ahora lo que es.” La mujer calló, compungida. Sabía que la palabra del hombre de la casa no se discute, como lo supieron también su madre y su abuela.

Pero lo que el padre no nota, y sí había previsto su esposa, es que cuando Daniel ve un par de patas agitarse desde un sitio donde usualmente no hay patas, el niño siente deseos de vomitar. Esa misma noche le acecharían una confusa pesadilla acerca de brazos y piernas saliendo desde lugares extraños. De haberse percato el señor Jones opinaría, frunciendo los delgados labios, que era culpa del mimo materno dado en demasiadas dosis.

Sin embargo el niño no aparta la vista, aunque no poco porque se le pidió que pusiera viva atención a todo lo acontecido, si no porque no puede hacerlo. La escena le causa tanto rechazo que le resulta imposible fijarse en otra cosa. Sus grandes ojos castaños, atiborrados de imágenes caricaturescas salidas de la televisión, casi no parpadean mientras observa salir un torso, luego un hombro y finalmente, expulsada con un sonido que no quiere recordar, el resto de la cría. Sangre y otros fluidos cubren su pelaje blanco y abandonada en el suelo luce como si acabaran de poner fin a su vida de algún modo violento en lugar de iniciarla, idea motivada por el hecho de que no parece moverse. No obstante emite un sonido vibrante, de baja resonancia, cuando el señor Jones la recoge envolviendo su minúscula figura en toallas a fin de limpiarla un poco.

−Ven, muchacho.

Daniel se acerca, dubitativo. El lugar que ocupara su asco lo ha reemplazo una mezcla de aprensión y curiosidad.

−Parece sana −dice su padre y procede a abrir sin delicadeza las patas de la criatura, que se agita apenas un poco en su regazo−. Otra hembra. Mira.

El niño asiente sin estar seguro de qué pretende su padre que mire. Ahí donde él le señala no hay nada que pueda apreciar su vista. Comienza a sospechar que todas las mujeres tampoco tienen algo.

−Bien, muchacho, lo manejaste bien. ¿Cómo quieres llamarla?

−No sé −musita el niño mirando el rostro del animal. Es la primera vez que ve un recién nacido. Le impresiona que sea tan pequeña. Su sola mano bastaría para cubrirle la cabeza, hocico incluido. Nota que los párpados de la criatura se tensan mientras lanza su incomprensible voz natural de nuevo. Abre un poco los ojos y los cierra de inmediato. Se agita otro tanto y lo intenta otra vez. A Daniel le da la impresión de que trata de mirarlo a él, nada más que a él, o tal vez de reconocerlo, y siente, no sabe bien por qué, una simpatía instantánea−. Isabelle −responde sonriente.

Ese era el nombre que una tía que había oído nombrar a su madre en varias ocasiones. La tía Isabelle (que en paz descanse) siempre sabía cómo cuidar a las flores de los insectos, tía Isabelle siempre tenía a mano las mejores recetas de cocina (comer en su casa era una delicia). Tía Isabelle le ayudó a pagar la escuela de arte a la que asistió mucho antes de conocer a su marido. Daniel nunca pudo conocerla ya que había perecido por un ataque al corazón hacía más de 15 años, pero de todos modos le gusta cómo suena su nombre en los labios de su mamá, casi tanto como le agradaba el sonido de las hojas partiéndose bajos sus pies en otoño.

El señor Jones acepta el nombre sin decir palabra -su personalidad no le permitía pronunciar muchas- en tanto se limita a guiar al animal hacia su madre. No pasarían sino años hasta que Daniel concibiera la idea de que su padre no tenía idea acerca de quién había sido Isabelle. La cabra, mientras tanto, disfruta a su primitiva manera el haber descubierto una nueva fuente de alimento. De pronto el niño desea acariciarla e incluso extiende un poco los dedos pero no se atreve. Isabelle parece tan diminuta, tan frágil y tan hambrienta, pobrecita. Definitivamente no su primera candidata al premio Novel de literatura.

2

Isablle, como la mayoría de las creaciones sobre la Tierra y fuera de ella, creció con el tiempo. Aprendió a caminar y posteriormente a correr sin tropezar cuando Daniel aparecía. El niño había carecido de mascotas desde siempre por lo que pronto la cabra tomó el lugar que por lo usual se destinaba sólo a los perros. No por falta de animales, que estaba rodeado de ellos, si no por falta de afinidad. Isabelle era la más joven y tranquila de todos, por tanto, su favorita. Jugaba con ella y le hablaba como si pudiera entenderle, aunque sabía que no era posible. Incluso trató de enseñarle trucos simples por un tiempo hasta que desistió al comprobar lo inútil de su empresa. Cada vez que lanzaba la rama la cabra permanecía donde estaba mirándole hacer señas que, desde luego, no lograba captar.

Se podría decir que Isabelle era su única amiga y no resultaría en exageración. Desde que los Jones compraron e instalaron su primer televisor a color, Daniel se había vuelto un consumado fanático de los caricaturas y en tal carácter se pasaba horas creando sus propios personajes o escenas en las que participaban los que ya conocidos. Tras haber visto una película acerca del proceso de la creación de cómics su pasatiempo se vio enriquecido gracias a las nociones de los cuadros de acción y diálogos. Antes se trataban de imágenes fijas, destellos de un suceso que duraban sólo un instante; luego hubo otras que, juntas, armaban la secuencia que constituiría una historia completa. Mamá recibía entusiasmada sus modestas creaciones. El señor Jones era de pensamiento más práctico; lo que no ayuda a la granja, no sirve para nada. Además dibujar es una actividad que hacen los niños de preescolar antes de dormir la siesta, no de la que un adulto que se respete puede depender para ganarse el pan.

Los compañeros de la escuela formaban la harina del otro costal. Parecían encontrar un placer inigualable burlándose de los dientes frontales en el frente de la boca de Daniel, de las pecas que cubrían su cara o de que su familia viviera del campo. Aunque sus notas solían decir lo contrario, la creencia popular dictaba que los del campo eran una tanda de ignorantes y huéspedes de una enfermedad contagiosa, por lo que era mejor evitarlo y contentarse con burlarse a sus espaldas. Algunos no tenían reparos en hacerlo cara a cara, eso sí, a distancia. Semejante trato por parte de la mayoría había espantado al resto, que no guardaban deseos de ser también blancos por asociación. Las niñas le pasaban de largo, apoyaran la circunstancia en silencio o indiferentes a ella.

En cambio, junto a Isabelle, una criatura tan tonta como para hacer caso omiso de su apariencia y el leve siseo en su habla, se hallaba en calma y en disposición de reír libremente sin temor al rechazo. Pero no tuvo que pasar mucho tiempo hasta que esta rutina de ser el único que hablaba dejara de satisfacerle. No era un niño particularmente parlanchín y con mayor razón necesitaba otro que le acompañara en sus pensamientos. Isabelle no juzgaba lo que salía de su boca, no opinaba. En resumidas cuentas, no hacía nada. De ella no podía esperar ningún “bien hecho” al presentarle una nueva idea para un cómic, ni siquiera un “eso es horrible” cada vez que descargaba su frustración contra las injusticias que vivía. Al principio fue casi una sorpresa descubrir que un hecho tan evidente desde el inicio le molestara pero para cuando se dio cuenta, la semilla había plantado sus raíces demasiado profundamente hasta formar un espeso arbusto que no haría más que crecer.

3

Esa noche Daniel salió de la casa aún vistiendo sus pijamas. La hora tardía no impidió que la cabra acudiera a él al ser llamada. Apoyado contra la pared del establo y sentado sobre un tronco, Daniel se dedicó a acariciar la cabeza peluda de la cabra sobre sus rodillas por largos minutos. Aquel día uno de sus compañeros le había robado su caja de lápices y no se la devolvió hasta la última hora de clases, fingiendo que recién la había encontrado. Por si fuera poco se mostró irritado porque Daniel no le diera las debidas gracias, a lo cual tuvo que acceder el niño a regañadientes porque el profesor los miraba en ese momento.

Triste e indignado, el niño no comentó nada en la casa a pesar de las preguntas de su madre. Se consolaba pensando que al menos todavía tenía la mirada pasiva de Isabelle y su peso cálido con él. Ni siquiera tenía sueño. El silencio, roto por grillos ocultos en la noche, se prolongaba sin pausa bajo la luna blanca. Su largamente pensado monólogo acerca de lo idiotas que eran sus compañeros se había extinguido de su mente al comprender que, al final, no habría ninguna respuesta.

−No es justo −comentó el niño, desconsolado. Ahora contaba con 14 años−. No está bien, Isabelle.

La cabra levantó una oreja cuando un grillo pasó saltando cerca. Una estrella fugaz cruzó el cielo dejan tras de sí una estela de tenue luz. En televisión y las películas ellas solían conceder deseos a los niños en sus momentos de máxima tristeza. Sólo en esos lugares. Sucedía lo mismo con las velitas de cumpleaños sobre el pastel. Por soplar nada cambiaba. Por ver algo en el cielo mucho menos. Sabiendo esto Daniel no pudo evitar susurrar:

−Desearía que pudieras hablar.

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Un pensamiento en “Memorias de una cabra parlante. Cap. 1

  1. Vaya, es una historia bastante curiosa. La personalidad de Daniel esta bien definida, y la verdad es que su situacion esta bien recreada, dando bastante cercania. Las descripciones no son especialmente completas, pero si lo bastante concisas como para sumergirte facilmente en el relato y que todo este definido. La historia de por si es interesante y dramatica, bastante atrayente en general.

    Buen trabajo =D ¡espero ver pronto la continuacion!

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