Un monstruo se comió mi corazón. Cap 1

Viendo que a mi esclava y a mí nos encanta rolear era inevitable que trajera otra historia salida del msn. Al principio esto iba a ser una pequeña diversión que nos permitiríamos en no recuerdo bien qué día festivo y nos terminó enganchando más de lo esperado.

Advertencia: slash/yaoi, sadomasoquismo, rutinas Amo/esclavo.

Oh, y por si les interesa saber, también hay vampiros. Bueno, uno solo.

Nota: Kiro y el mundo Pokáar son propiedad de selene18. Muka es el OC que me inventé para jugar en su fandom.

Candy Von Bitter & selene18 darkside & zuster{CVB}

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Y por décima octava vez en la semana, Kiro se daba una palmada en la frente.

Terminó de corregir el examen de uno de sus estudiantes más desidiosos y holgazanes de la clase: Muka. Maldito sea, no prestaba atención, no hacía las tareas, pero sacaba unas súper notas en los exámenes. Frunció la cara, pensando que tal vez se copiaba. Era la única explicación que hallaba para justificar sus buenas calificaciones en los exámenes.

—No, esto no puede seguir así. —masculló el profesor para sus adentros —. Esto se acaba hoy mismo.

Cuando finalizó la clase de hoy, y hubo entregado a todos sus exámenes corregidos, fijó sus ojos negro intenso en Muka.

—Muka, necesito hablar con usted. —le dijo con seriedad.

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Cuando ya estaba a punto de cruzar las puertas, la voz del profesor lo llevó a darse la media vuelta. Miró al viejo klowny —por lo que decía de su edad, si era por su aspecto no era tanto mayor que los alumnos— con una mezcla de sorpresa y molestia no del todo disimuladas.

“¿Y éste qué quiere?” se preguntó. Pocas veces le veía utilizar aquel tono de completa seriedad. Sólo cuando regañaba a sus compañeros por arrimarse a otros para ver sus respuestas o armaban bullicio en mitad de la clase. Pero él no había hecho ninguna de las dos cosas y el papel que guardaba en su mochila evidenciaba su buena nota. Les hizo una seña a sus amigos de que siguieran sin él y se acercó al escritorio del maestro, esperando que éste hablara.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Cuando todos hubieron abandonado el salón, Kiro cerró la puerta. Miró a Muka con gravedad.

—Muka, estoy decepcionado de ti. —dijo con tono grave —. Faltas a clases, no haces las tareas, y aun así, sacas buenas notas.

Se cruzó de brazos frente a él.

—No hay forma ni manera de justificar esto —los ojos de Kiro brillaron, aunque su rostro aparentara impasibilidad. —. Sé honesto de una vez, ¿acaso te copias en los exámenes? ¿Usas chuletas?

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—No —respondió Muka de inmediato, sin aparentar del todo que se sentía ofendido. ¿Sólo porque no le interesaba hacer las tareas era motivo para tomarlo por copión? —. Claro que no he hecho eso.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Kiro no pudo evitar reírse. Claro, no fue una carcajada, pero si una risita de mal disimulada incredulidad.

—Claro— dijo, cruzándose de brazos —. Ahora resulta que eres superdotado, no necesitas estudiar y todo eso.

Negó con la cabeza y clavó la mirada en Muka.

—Lo siento, no creo en milagros, ni en fenómenos. La lógica dice que para aprender algo, haces tus tareas. Estudias. Y yo no veo que tú hagas eso.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

No pudo evitar esbozar una media sonrisa de burla. Generalmente tenía una actitud de indiferencia hacia todos los profesores y sus reclamos, pero el de aquel era ridículo.

—¿Me ha estado espiando, señor? —inquirió con un tono pretendidamente caballeroso. Hacía falta ver el gesto en sus labios y su mirada para escuchar su discreta risa—. ¿Cómo sabe que no estudio incansablemente en mi casa? Lo que pasa es que lo que entra en mi cabeza sólo sale en los exámenes, no en mis cuadernos.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Esta vez si no pudo contenerse. La carcajada brotó estrepitosamente de su boca, pero tan pronto Kiro se dio cuenta de lo que hacía, cerró la boca; carraspeó un poco y contestó.

—Ah, pero no me hace falta espiarte para saberlo. Simple lógica, queridito. No eres ningún superdotado…— meneó de nuevo la cabeza —. Sabes que los exámenes no van a sostenerte. Por más que saques la más alta calificación en las pruebas, no aprobarás la materia…— la sonrisa de Kiro se acentuó —. Y yo me encargaré de que repitas, si sigues como sigues y no te enderezas como Korr manda.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

La carcajada le sorprendió pero procuró conservar la calma hasta enterarse de cuál era la maldita gracia.

“Ah, pero no me hace falta espiarte para saberlo. Simple lógica, queridito. No eres ningún superdotado…”

La palabra “queridito” no le gustó nada. Y menos ese meneo de cabeza.

“Sabes que los exámenes no van a sostenerte. Por más que saques la más alta calificación en las pruebas, no aprobarás la materia…”

Giró los ojos. La misma cháchara de siempre. ¿Qué tan difícil era comprender que si aprobaba los exámenes sin trampas era que sí sabía la materia? ¿No era ese el objetivo de todas las escuelas? ¿Que aprendiera? Entonces ¿por qué molestarlo si no demostraba cuánto sabía todos los días?

“Y yo me encargaré de que repitas, si sigues como sigues y no te enderezas como Korr manda.”

Muka alzó una ceja. “Te crees muy listo, ¿verdad?” pensó despectivo. En ese momento normalmente prometía que ya haría las tareas y cuidaría su asistencia, con tal de marcharse pronto. Y lo habría hecho de no ser por esa risa incrédula.

—Eso sería muy difícil, señor —dijo calmadamente—. Si mal no recuerdo se necesita más de una materia floja para repetir el año, y según mi último informe, mis notas son aceptables—Removió la mochila sobre su hombro y continuó—: Hasta donde sé, gran parte de la reducción de nota se da por mala conducta. Nunca he molestado en sus clases. Nunca le he faltado el respeto. Siendo así y teniendo los resultados que yo obtengo, tarea o no, no hay mucho que pueda hacer sin comprometer su ética de profesor.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

—Hijo, nadie habló de repetir el año. —dijo al fin, algo exasperado e incrédulo por la tranquilidad con que el otro se lo tomaba, y como buen carajito que era, creía que tenía a Korr agarrado por la chiva —. Podrás aprobar todas las materias, pero en lo que a mí concierne, jamás aprobarás Lógica y Falacias si sigues como sigues.

Tomó el plan de evaluación y lo repasó.

—Veamos: del 100% de la calificación, al menos 40% lo tienes en asistencia— tomó la carpeta y contó los días que Muka se ausentaba: prácticamente no iba a clases sino dos o tres veces por semana. —. Y tú, querido, tienes muchas inasistencias, así que ya comprometes 40% de tu nota.

Siguió hojeando el plan de evaluación:

—Tenemos un 30% repartido en tareas y trabajos…— tomó una hoja donde llevaba control de quienes entregaban sus deberes a tiempo —. Y… tampoco tengo tareas tuyas. —alzó nuevamente la mirada a Muka —. Y finalmente, un 30% restante, que son los exámenes, que es lo único que tengo de ti.

Colocó los papeles nuevamente en el escritorio.

—Y no me hables de comprometer mi ética profesional: porque si yo dejo pasar a un estudiante irresponsable que no trae tareas ni asiste, quedo igual de mal, ¿no te parece, queridito? —la mirada de Kiro se tornó algo intensa —. Es mucho más sencillo que hagas tus tareas, asistas a clases, sigas con tu buena conducta, saques tus notones en los exámenes, y así me quede convencido de que aprobaré a un buen estudiante y no a un… —carraspeó un poco buscando la palabra —. Irresponsable que no atiende sus deberes.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Oficialmente estaba harto.

—Como diga, señor —respondió sin ninguna inflexión en su voz—. Haré lo que pueda. ¿Ya puedo retirarme?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

—Harás lo que tengas que hacer. Lo que puedas a veces no es suficiente. —le dijo Kiro, con cierta sonrisa de autosuficiencia, gozando su victoria —. Ahora sí, retírate, jovencito. Nos veremos mañana y espero que pasado también.

Personalmente se enorgullecía de su dialéctica y capacidad argumentativa y persuasiva. Era un talento netamente picariano. Sus ojos brillaban mientras observaba a Muka, con sus aires de niño enfurruñado. Vaya, jovencitos de hoy en día…

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

La sonrisita del profesor, como si hubiera conseguido volverse el héroe del momento, le hizo reír. La sonrisa de burla quedó en sus labios después de haberse calmado un tanto.

No podía creerse que pensara que hubiera hecho algo. De pronto recordó en todo lo que le había dicho sobre no pasar esa materia y la risa volvió al ataque. ¡Que lo reprobara, vamos! Volvería ir a los cursos de verano, donde no pedían tareas, sólo exámenes, sacaría sus buenas notas y adiós, señor “viejito”, no nos volveremos a ver si Korr quiere. Podía darle todos los discursitos que guardara en su repertorio pero no podía evitar ese final. ¡Sin embargo el vejete crédulo se regodeaba!

—Lo que usted diga. Seré su estudiante modelo —dijo entre risas y riendo se dirigió a la puerta.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

—Hey —alzó una ceja — ¿qué diablos es tan divertido, Muka?

Se cruzó de brazos y de piernas también.

—Más te valdrá cumplir con la misma facilidad con que ríes, jovenzuelo. —dijo, ya muy serio. —. De lo contrario tendrás que soportar mi presencia una temporada más.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Me río porque usted y todos los profesores están convencidos de que una charla de dos minutos va a arreglar lo que viene sucediendo desde hace años. Me río porque creen que el hecho de que no tenga un libro entre ceja y ceja me hace un ignorante. Me río porque es muy fácil hacer trampa sin que se den cuenta ni sospechen quiénes son los culpables. Me río porque sus tareas son innecesarias, sus trabajos una estupidez y ustedes unos inútiles. Me río, señor, porque ni siquiera vendré mañana y no hay nada que usted pueda hacer para evitarlo”

—Por nada, señor —dijo sonriente dándole una mirada de chispeante humor.

“De lo contrario tendrás que soportar mi presencia una temporada más.”

—¿Soportar? —soltó irónico en medio de su alegría amarga—. Pero, señor, ¿quién le ha dicho que no disfruto con sus interesantes y sabias palabras? Tal vez es por eso que no participo en clases. ¿Lo ha pensado? Lo último que quisiera es interrumpirlo.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

—Si claro…— Kiro se atravesó en la puerta del salón, aun cruzado de brazos —. Se NOTA que disfrutas mucho soportándome, jovenzuelo. Eso explica por qué vienes una vez cada suspiro de Korr.

Sus ojos negros brillantes se clavaron en los de Muka.

—Enderézate, jovencito. No lo hagas por mí, si quieres, pero hazlo por ti mismo entonces.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Ahora no podía salir sin sacar al vejete de en medio. Muka contó hasta 20 a fin de conservar su enojo dentro de él y, mirando al profesor directamente a los ojos, dijo:

—Tal como usted disfruta viendo a Pytro, ¿verdad? —Era una carta arriesgada pero la situación le había colmado. Primero la acusación injusta, luego su perpetuo recordatorio de ser un buen chico y todo como si fuera alguien para hablar—. Lo he visto, señor. No es fácil pasar por alto la manera en que lo mira. Sé que hace la vista a pesar de que sabe que me está copiando. ¿Por qué en lugar de decirme que me enderece empieza por usted mismo? —Acabó con una sonrisa suave, llena de malicia.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Aquello lo tomó de sorpresa. Kiro lo miró, incapaz de disimular su asombro; ¿ahora le venía con chantajes?

“¿Por qué en lugar de decirme que me enderece empieza por usted mismo?”

—Porque yo no soy quien está estudiando, jovencito. —contestó, entre dientes apretados —. ¿Y a qué viene esto de que mire a no sé quién?

Crujió los dedos involuntariamente.

—Además, Pytro y yo ya conversamos, y a diferencia de ti, va a cambiar por su bien. —le dijo con tono de voz venenoso. Por Korr, ¿era necesario tanto derrame de veneno? Algunas veces le provocaba arrojarlos a todos por la ventana y largarse corriendo a algún lugar lejano.

—Así que déjate de falacias tu quoque, que no vienen al caso. Asiste a clases, haz tus tareas y olvídate del mundo. Es demasiado sencillo, pero parece que para ti, es cuestión de honor. Asistir a clases te disminuirá tu hombría o dejarás de ser “cool”, ¿no?

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—No me haga reír —replicó Muka alegremente—. Si no quiere decir la verdad está bien, pero no se invente mentiras. Usted no le dijo nada a Pytro. De ser así ya me habría enterado. Ese tipo de cosas implica el hecho de que seamos amigos.

“Así que déjate de falacias tu quoque, que no vienen al caso. Asiste a clases, haz tus tareas y olvídate del mundo. Es demasiado sencillo, pero parece que para ti, es cuestión de honor. Asistir a clases te disminuirá tu hombría o dejarás de ser “cool”, ¿no?”

—Ah, por supuesto —respondió Muka girando los ojos. Para los profesores, en especial los viejos, todo lo que les era repudiable se catalogaba directamente de cool o atractivo para los jóvenes—. Cuando uno no entra en su categoría de modelo estudiante ya es momento para llamarlo machito. Qué sencillo es juzgar a otros ocultándose tras un puesto de autoridad, ¿verdad? Y mucho más debe serlo sin tener ninguna autoridad MORAL para hacerlo.

¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Demasiado debía ser pues ya estaba sintiendo el hambre. Mejor acabar con eso pronto.

—Mira, sólo déjeme irme y ambos podremos olvidarnos de todo esto, ¿le parece? —dijo con cierta impaciencia—. De otro modo me imagino la cara de los padres de Pytro cuando sepan de su ceguera conveniente.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

«Esto es la guerra…— pensó Kiro, frustrado —. Lo voy a clavar a gusto. »

—Esos chantajes te van a salir muy caros, jovencito. —dijo entre dientes —. Será tu palabra contra la mía. Si tú abres la bocota, yo voy a negarlo todo. No hay pruebas, no hay testigos, no hay NADA.

Mantuvo la mirada fija y se alejó abruptamente de Muka.

—Por Korr, ¿por qué será que para ustedes los estudiantes venir a clases, hacer sus tareas y presentar exámenes ya es cuestión de honor? Tienen hasta que amenazar nuestra ética con tal de hacer lo que les dé la gana…

«Olvídate de pasar Lógica y Falacias. Olvídate de eso. Te joderé la vida hasta que me despidan. »

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Esos chantajes te van a salir muy caros, jovencito. Será tu palabra contra la mía. Si tú abres la bocota, yo voy a negarlo todo. No hay pruebas, no hay testigos, no hay NADA.”

—¿Y cree que eso va a importarle a alguien? —contestó risueño, ahora divertido por haberle enojado—. Cuando los padres de Pytro se enteren lo último en lo que van a pensar es en buscar testigos. Van a sacarlo de esta escuela antes de que pueda parpadear. Y hablarán. Es posible que alguien pregunte pero su reputación estará en tela de juicio para entonces, y no tengo que decirle lo difícil que es hacer cambiar de opinión a la gente cuando ya se la formado la propia.

A pesar de la seguridad de sus palabras, se sentía incómodo y picado por el hambre.

“Por Korr, ¿por qué será que para ustedes los estudiantes venir a clases, hacer sus tareas y presentar exámenes ya es cuestión de honor? Tienen hasta que amenazar nuestra ética con tal de hacer lo que les dé la gana…”

Apretó los dientes, irritado.

—¡Oh, sí, la vida de los profesores es tan terrible! —dijo tal vez demasiado alto—. Tienen que venir a hacer su trabajo todos los días, como todos los adultos, y recibir su pago mensual. Un trabajo en el que si todo fuera perfecto no podría llamarse como tal. ¡Pobres seres, qué desgracia la suya! Déjeme decirle algo, señor –añadió acercándose ahora a él —. No me creo ningún macho ni ningún tipo cool. Si supiera de sus estudiantes algo más que lo que ve en sus cuadernos o papeles de exámenes, a lo mejor lo sabría. Lamento decírselo pero al fin y al cabo lo que haga fuera de este salón no es de su incumbencia ni de su interés.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

“¿Y cree que eso va a importarle a alguien? Cuando los padres de Pytro se enteren lo último en lo que van a pensar es en buscar testigos. Van a sacarlo de esta escuela antes de que pueda parpadear. Y hablarán. Es posible que alguien pregunte pero su reputación estará en tela de juicio para entonces, y no tengo que decirle lo difícil que es hacer cambiar de opinión a la gente cuando ya se la formado la propia.”

— ¿Me estás amenazando, jovencito? —preguntó entre dientes —. Para tu información, formar una acusación sin pruebas es calumnia, cosa por la cual puedo demandar. Y poco me importa si en el proceso me despiden o yo mismo exijo la renuncia.

«Disciplínate. No vas a perder la cabeza frente a un triste Joker que ni siquiera sabe lavarse los calzones— se dijo a sí mismo —. No dejes que sienta tu ansiedad. »

Empero, ¡le era tan difícil! La rabia brotó de su pecho estrepitosamente y aumentó cuando el jovencito se le acercó.

“No me creo ningún macho ni ningún tipo cool. Si supiera de sus estudiantes algo más que lo que ve en sus cuadernos o papeles de exámenes, a lo mejor lo sabría. Lamento decírselo pero al fin y al cabo lo que haga fuera de este salón no es de su incumbencia ni de su interés.”

Kiro reaccionó alejándose con brusquedad y estalló, alzando la voz más de lo que usualmente hacía:

— ¡Poco me importa lo que hagas! ¡Lo único que te pido es que hagas tus puñeteras tareas y asistas a tus clases como todos los demás, Muka! —el corazón le tronaba en el pecho. Kiro alzó sus puños a la altura de su pecho y los apretó hasta que los huesos crujieron —. Pero si te niegas y de paso me amenazas con cosas que ni al caso vienen, ¡entonces que así sea! Voy a asegurarme de que repitas esta materia y nunca puedas graduarte.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Rió. ¡Qué fácil era fastidiar a algunos!

—¿Ahora quién viene con amenazas absurdas? —replicó encantado con su triunfo y volvió a aproximarse a su profesor. No sólo estaba molesto, ardía de furia. El corazón le palpitaba frenéticamente—. ¿Sabe lo que pienso? Creo que busca su despido permitiendo que Pytro se copie. Creo que lo único que quiere es que alguien lo note para poder denunciarlo y tener la vía libre para ponerle las manos encima. Sólo que hay un problema: a él no le gustan los viejos, perdón, mayores. No pueden ir al mismo ritmo, si usted me entiende.

Lo olió involuntariamente y la punzada de su estómago se volvió casi insoportable. ¡Tan dulce parecía esa vena sobresaliendo de aquel cuello! Hasta las que saltaban en sus nudillos le llamaban.

—Por cierto que no soy el único que se ha dado cuenta—siguió comentando—. Hasta diría que el único que no lo hizo es Pytro y eso porque teme demasiado ser atrapado. Irónica situación, ¿no le parece?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Aquello finalmente descontroló a Kiro. Sabía que ya todo iba a largarse al demonio y pensó que apenas se calmara, iba a escribir su carta de renuncia y largarse lejos, muy, muy lejos. Ya de por sí estaba hastiado de trabajar como profesor de Lógica y Falacias, pero esto simplemente era la gota que rebosaba el vaso.

— ¡Suficiente, maldito infeliz! —explotó — ¡Haz lo que te dé tu reverenda gana! Me importa un comino lo que pienses o hagas con tu puñetera vida. Por mí, ojalá te pudras y seas un fracasado de por vida.

Lo empujó violentamente para que se le quitara del medio y rápidamente comenzó a meter los papeles en su maletín. Estaba ciego de rabia, y se estaba controlando para no reventarle la cara a punta de derechazos.

«Esta conducta no es de un klowny pica, lo sé… pero esto me puede. Me puede demasiado…»

—Y métete tus amenazas ya sabes dónde, porque mañana mismo renuncio. Ahora lárgate a celebrar con tus amigotes. Lárgate que no deseo verte ni un segundo más.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Aunque sabía que había llegado hasta el límite de la paciencia de su profesor, el empujón le tomó desprevenido y desprevenido sintió el doloroso golpe de uno de los pupitres en la parte baja de la espalda. Quedó quieto en esa posición viendo al profesor arreglar apresuradamente sus cosas para salir de ahí.

Y el enojo, que había estado controlando dentro de él, finalmente explotó. Sin razonarlo se vio de pronto dirigiéndose hacia el profesor —y no en velocidad normal, como debería— hasta darle un puñetazo que lo envió directo al suelo. Lo levantó del cuello de su ropa y lo estampó contra la pared más cercana sosteniéndole del cuello. La diferencia de estatura era notable pero a Muka no le importó.

—A ver si te enteras de una vez, profesorsucho de pacotilla —siseó lanzando llamas por los ojos. Ignoró el tirón en su paladar. Casi deseaba que fuera más intenso y mostrarle al otro lo que sucedía entonces—, puedes soltar todas tus patéticas frustraciones en insultos cuando quieras, no me importa, pero a mí NADIE me pone una maldita mano encima y queda impune, ¿te quedó claro?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

¡Pero qué maldito descaro tenía ese infeliz! No conforme con insultarlo, amenazarlo, chantajearlo y asestar golpes bajos a su moral, ¿también tenía la frescura de golpearlo? ¿Y por un jodido empujón?

— ¡Suéltame, condenado hijo de puta infeliz! —escupió entre fuertes tosidos — ¡Esto es el colmo del colmo!

Como tenía las manos libres, usó las uñas para defenderse, sin dejar de patalear como un animal acorralado.

— ¡Suéltame, jodido crío ardido! —con las uñas, arañó el interior de la muñeca del jovencito — ¡Tú comenzaste poniendo a prueba mi paciencia y amenazándome!

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—Por Korr —manifestó Muka entre el asombro y la franca risa—. ¡Te revuelves como una jodida niña! Ya no estarás de tan buen humor como antes, ¿verdad?

En ese momento, en uno de sus movimientos frenéticos, el viejo logró arañarle la parte interna de su muñeca. Aunque el ataque dejó apenas un ínfimo hilo rojo, el hecho de haberlo recibido exacerbó nuevamente su furia y, sin pensarlo de ningún modo, lanzó un puñetazo al rostro del otro enviándolo hacia el suelo.

Viéndole en aquella posición, tratando de levantarse, Muka le dio una patada en las nalgas que lo impulsó hacia delante, y antes de que el otro pensara siquiera en volver a erguirse, colocó su pie en el centro de la espalda de aquel y presionó ya sin la fuerza que supone debía evidenciar.

Los ojos, encendidos, los tenía fijos en el klowny, atento al sonido de su palpitar acelerado y la jadeante respiración. En la cara se había fijado un intenso aroma dulzón gracias a la sangre que corría para reparar los daños. La herida había desaparecido.

—Continúa haciéndome enojar y haré que te arrepientas, “profesor” —dijo con sorna despectiva, apretando los puños.

A pesar de la rabia que sentía aún conservaba algo de autocontrol y éste únicamente el que le impedía dejarse llevar por sus instintos y saciar la sed que atenazaba su cuerpo. Deseaba y temía el momento en que ese pequeño obstáculo se disolviera como un segundo.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Nada parecía tener sentido en ese momento; al menos, no para Kiro, ahora tendido en el suelo como una mariposa a punto de ser traspasada con una aguja. El pie de Muka lo tenía fijo contra el suelo, impidiéndole levantarse. Una súbita sensación de indefensión e impotencia le invadió. No podía defenderse, nada de nada.

En ese instante, un calorcillo le recorrió los muslos; la sensación —demasiado agradable pero inoportuna y discordante para el momento— lo sorprendió de tal forma que se vio bajando la guardia. Su cuerpo, antes tenso y resentido por la paliza, se desestensó por un momento mientras la mente de su dueño giraba a mil por hora.

«Un momento, ¿por qué estoy sintiendo esto? Maldita sea, este idiota me va a volver picadillo y ¿cómo reacciono? Con una erección. Lo que me faltaba…» pensó para sus adentros.

“Continúa haciéndome enojar y haré que te arrepientas, “profesor”

Un estremecimiento involuntario lo recorrió, tanto que si bien su espalda no se pudo arquear, si lo hizo parte de su nuca. Cuando cayó en la sensación, volvió a tensarse. No, definitivamente algo no estaba bien. No podía estar disfrutando con esto, ya que su masoquismo se lo guardaba cuando estaba a solas, en la seguridad y tranquilidad de sus cuatro paredes.

«Lo que me faltaba. Si este infeliz se da cuenta…»

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Oh, diablos, ¿qué era eso? Se sentía como un golpe de dulce pero ¿en dónde? El llamado era irresistible. Muka dirigió la mirada a la cabeza del profesor pero no, sus golpes habían perdido ya su efecto doloroso. Sus puños se tensaron. Ya sabía de dónde eran y de pronto, irracionalmente, se enfureció con el profesor por tentarle de esa manera.

—Serás un maldito cabrón —siseó con rabia—. Un estudiante menor de edad te ha reducido a la vil escoria que eres ¿y lo que haces es excitarte? Sabes que puedo destrozarte las costillas si me da la gana —insinuó aumentando la presión en su pisada—, ¿y todavía eso te gusta?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

“Serás un maldito cabrón. Un estudiante menor de edad te ha reducido a la vil escoria que eres ¿y lo que haces es excitarte? Sabes que puedo destrozarte las costillas si me da la gana, ¿y todavía eso te gusta?”

Esas palabras causaron escalofríos a Kiro. Se sintió como si lo hubiesen desnudado. Lo peor de todo no era su rostro enrojecido de golpe, sino el aumento de calor entre sus piernas, junto al dolor en su espalda.

—N-no sé de qué hablas…— balbuceó, sin dejar de temblar —. Todo lo que quiero es renunciar e irme a casa.

Otro escalofrío, seguido de una oleada de calor en su entrepierna. No podía evitarlo, maldita sea. Esto desconcertaba hasta al mismo Kiro, pues pensaba que hasta el momento llevaba su masoquismo controlado.

«Tengo que salir de aquí… alejarme de esto…» pensó, y al tratar de erguirse, el dolor fue más intenso. Se dejó caer en el suelo, jadeando.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Era casi de risa. Mientras lo sentía resistirse, mayor era la esencia de la erección que ocultaba. Sería de risa si no fuera porque el simple intento y la negación de lo obvio habían logrado enervarlo.

—Ah, ¿no sabes? —le dijo con una mueca de irritación y lo tomó del cuello de la camisa, arrastrándolo hacia una pared. Luego de dejarle sentado contra ella de un fuerte empujón procedió a quitar de en medio la larga camisa y buscar la cremallera de su pantalón. El profesor no acababa de reaccionar mientras la bajaba rápidamente y sacaba su miembro en pleno proceso de erección—. ¿Entonces esto qué es? ¿Un juguete, un implante? Probemos a ver qué tal, ¿le parece?

Empezó a sacudirlo bruscamente, sin ninguna delicadeza. La verdad es que no sabía por qué lo hacía.

Estaba aumentando adrede el aroma, que se le ofrecía más abiertamente como si acabaran de subir la tapa que cubriera el mejor banquete. Mas aunque pensaba en todo esto, no deseaba realmente detenerse. El imbécil aquel se lo había buscado.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

El siguiente movimiento lo tomó por sorpresa. En un abrir y cerrar de ojos, se encontró sentado contra la pared, con las piernas abiertas. Muka ahora le abría el… ¿en el nombre de Korr bendito? ¿Acaso le estaba…?

— ¿Qué demon…? —no pudo completar la frase, porque ya a estas alturas, se vio contemplando atónito su propia erección, al aire. Muka la sostenía entre sus largos dedos. El corazón le tronó en el pecho.

“¿Entonces esto qué es? ¿Un juguete, un implante? Probemos a ver qué tal, ¿le parece?”

— ¡Basta! ¡Basta! ¡Deja de abusar de mi, maldito infeliz! —exclamó, avergonzado y humillado —.  ¡No puedo creer que estés haciendo esto!

Pero Muka no se detenía, sino todo lo contrario. Lo seguía acariciando con roces y apretones brutales, pero que su cuerpo asimilaba como caricias agradables. Su erección palpitaba y se engrosaba bajo los dedos de aquel chicuelo maligno y desagradable. Kiro emitió un quejido de protesta.

—Por favor, por lo que más quieras… deja esto. —dijo el profesor, suplicante —. Haz lo que te dé la gana, pero aléjate de mí…

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—“Aléjate de mí, por favor” —parodió Muka con un tono agudo y afeminado, y ya con el suyo propio, irónico, añadió—. “Que soy una jodida nenaza que ni siquiera puede con un menor de edad.” Francamente, qué vergüenza.

Continuaba con sus pseudos caricias, implacable, y cuando lo tuvo en plena erección no pudo evitar el contemplarlo. No era especialmente grande, ni gruesa, pero sí de buen tamaño y bastante venosa. La sangre dejaba largos trazos hinchados a lo largo, suaves y apetitosos a su paladar. Muka se inclinó con la lengua por fuera y le dio un lametón a la punta.

—¿Cuántas veces no has fantaseado con tener a Pytro aquí, profesor? Haciendo exactamente esto –Apoyó sus labios en sobre las venas del tronco—. Tal vez teniéndolo reducido como hasta ahora —Sonrió, burlón—. Me pregunto cuántas pajas se habrá realizado con esa imagen en su mente. ¿No se siente alegre de que ahora vayan a hacerse realidad, señor?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

« ¿Qué diablos hice para merecer esta maldita humillación y ultraje? » pensó Kiro, deseando taparse los oídos para no escuchar a Muka. Quería encogerse, cerrar las piernas, y volverse ciego y sordomudo a todo lo que le estaba pasando.

—Para tu información, no puedo contigo porque no quiero pelear, y tienes una fuerza que no es normal en alguien de tu edad. —contestó a duras penas. Iba a agregar algo más, pero ese sensual lengüetazo que recibió en su glande le cortó el habla.

“¿Cuántas veces no ha fantaseado con tener a Pytro aquí, profesor? Haciendo exactamente esto. Tal vez teniéndolo reducido como hasta ahora. Me pregunto cuántas pajas se habrá realizado con esa imagen en su mente. ¿No se siente alegre de que ahora vayan a hacerse realidad, señor?”

—Nunca. —dijo entre dientes, y al menos eso era cierto. Su masoquismo era algo que no sacaría jamás con nadie. Creía que hacía algo malo, que estaba enfermo o mal de la cabeza, y no quería que lo rechazaran por ello. —. Piensa y di lo que quieras pero no he fantaseado tal cosa. Además, Pytro no me violaría como tú lo haces ahora mismo.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Muka se sonrió, ufano, y abofeteó al profesor. Por un momento la palma le palpitó pero se detuvo en un segundo.

—Ya da, ya da, ya da —dijo con pretendida voz de aburrido y tiró del miembro del profesor en un puño cerrado—. No me engaña a mí, profesorcito. Tal vez a su reflejo pero no a mí.

Estaba empezando a verle lo divertido del asunto. Seguía molesto pero ahora el sentimiento de furia había sido reemplazado por el del placer que le causaba tener a aquel bueno para nada bajo su control. El hambre insistente se había unido a sus deseos de someterlo y quizá fue la consciencia repentina de este hecho el que le llevó a desgarrarle la camisa. La tela, suave, ligera, se rompió fácilmente. Le quitó lo que quedaba de encima y lo tiró a sus espaldas.

—Vamos a olvidarnos un momento del mundo, señor —propuso medio en broma, medio en serio—. Veamos los hechos como se nos presentan, ¿vale? Yo le reduzco, le “violo”, como usted dice, y en ningún momento su pequeño amigo ha hecho otra cosa que señalar el techo. ¿Qué más quiere que piense, sino que es un masoquista reprimido? —Estiró la mano y jugó con uno de sus pezones, apretándolo y retorciéndolo entre sus dedos—. ¿Está seguro de ser sincero cuando dice que nunca lo ha pensado? ¿Que jamás ha mordido las almohada regalándose nimias torturas a usted mismo? —Le quitó el pantalón, los zapatos. Debía reconocer que poseía un físico formidable para la edad que decía tener. Muka le recorrió el cuerpo, reconociéndolo, saboreándolo con los dedos—. Usted no es distinto a mí, señor. Al final los deseos mandan.

El miembro descubierto, enhiesto, volvió a ser tomado pero esta vez como una asidera para llevar al profesor hacia delante mientras con su mano libre le obligaba a recostarse. Cuando lo tuvo en esa posición Muka le alzó las piernas, y sosteniéndolas en su palma, palpó las nalgas que se le ofrecían e incluso deslizó un dedo, casi al descuido, por el centro.

—Para ser un vejete de 500 años, no está usted nada mal, señor.

“Apetecible” pensó de pronto.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

De un momento a otro se vio viendo estrellitas del más puro dolor, además de la visión borrosa. Todo le daba vueltas. En ese instante, se sintió perdido, indefenso y totalmente desorientado, además de dolorido. Se llevó la mano a la mejilla ardorosa.

“Ya da, ya da, ya da. No me engaña a mí, profesorcito. Tal vez a su reflejo pero no a mí.”

—Piensa lo que te dé la puta gana…— masculló. —. No he fantaseado con tu amiguito…

De repente, el sonido de la tela desgarrándose lo congeló; ¿acaso ese maldito hijo de su malparida madre le estaba desnudando como para que no saliera nunca más del salón?

« ¿Y cómo demonios voy a salir de aquí? » sus ojos se llenaron de terror. Estaba paralizado del miedo, imaginando que nunca más saldría del salón de clases sin que lo vieran. Se estremeció.

“Vamos a olvidarnos un momento del mundo, señor. Veamos los hechos como se nos presentan, ¿vale? Yo le reduzco, le “violo”, como usted dice, y en ningún momento su pequeño amigo ha hecho otra cosa que señalar el techo. ¿Qué más quiere que piense, sino que es un masoquista reprimido?”

— ¡No soy de piedra! —estalló, cubriéndose el rostro con las manos. Sintió los dedos de Muka retorcerse cruelmente sobre sus pezones erectos, disparando más y más grados de calor a su cuerpo.

“¿Está seguro de ser sincero cuando dice que nunca lo ha pensado? ¿Que jamás ha mordido las almohada regalándose nimias torturas a usted mismo?”

—Eso… eso no te incumbe…— dijo entre dientes, recordando las incontables veces en que se hacía toda clase de torturas, en la seguridad y privacidad de su cuarto: pinzas en los pezones, ataduras en las formas más variadas en su miembro y los testículos, cera de vela; sin mencionar las cientos de veces que estuvo penetrando su ano con objetos de considerables grosores, mientras miles de fantasías con desconocidos o klownys inexistentes volaban por su mente.

Los recuerdos que lo atormentaron se disiparon de golpe cuando Muka comenzó a desnudarlo por completo.

“Usted no es distinto a mí, señor. Al final los deseos mandan.”

— ¡NO! ¡BASTA, EN EL NOMBRE DE KORR BENDITO! —vociferó, estallando en lágrimas — ¡TE LO SUPLICO, YA NO SIGAS!

Estaba llorando preso de un ataque de histeria total; tenía el rostro totalmente contraído, y la boca retorcida en un rictus de rabia. Los ojos los tenía cerrados con fuerza, llenos de lágrimas de dolor y humillación.

Y seguía sollozando aun cuando Muka le alzó la cadera tan sólo empleando las manos. El pecho del klowny pica se agitaba sin parar, mientras éste se cubría el rostro con ambas manos.

“Para ser un vejete de 500 años, no está usted nada mal, señor.”

—Sólo déjame en paz… mañana renunciaré… no volverás a saber de mi…— decía entre sollozos —. Por lo que más quieras, Muka, si es que te queda un ápice de bondad en esa alma negra que tienes, sólo déjame en paz…

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—“Déjame en paz” —repitió Muka con falsa lamentación y sonrió socarrón—. Como usted me dejó tranquilo hace no mucho, ¿verdad?

No le gustaba exactamente ese llanto del profesor pero estaba descubriendo que tampoco le disgustaba. Le frustraba un poco que se estuviera comportando tan así.

—Ni siquiera me da pelea —bufó. Abrió sus piernas y lo miró con ceño fruncido inclinándose sobre él—. Casi no tiene gracia. Vamos, deje de actuar como una marica y míreme. ¡Míreme! —le ordenó quitándole las manos de la cara y clavándole su más dura mirada —. Ya sabía que era un hipócrita pero ahora es que me entero que es un cobarde. ¡Tenga algo de dignidad, por Korr! ¿No le da vergüenza lloriquear como un idiota cuando todavía no ha pasado nada?

Se inclinó más y llevó la mano que sostenía hacia el miembro de su dueño. Lo obligó a que lo sintiera su calor y grosor.

—Esto es lo que le gusta —dijo apretándoselo, obligándolo a darse una breve paja— y es un verdadero estúpido si quiere hacerme creer que no. Esto —le pellizcó las tetillas con su fuerza anormal— le encanta. Como no va a volver a verme es la perfecta ocasión para que siquiera reconozca eso. ¿No sería eso lo “lógico”?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Ni siquiera podía tener refugio en sus ojos cerrados, porque pronto le arrancaban la mano y lo forzaban a tocarse. Una oleada de calor lo recorrió, haciéndolo sollozar. Podía sentir su grosor y el calor que emanaba… ¿Cuántas veces no se había tocado, deleitándose en tales sensaciones?

«Pero no en este tipo de circunstancias… no de esta forma, no sintiéndome como un miserable…— pensó, abriendo los ojos para encontrarse con los oscuros de Muka —. Y menos aun con este horror de pensar lo que pasaría si alguien entrara al salón…»

No podía soportar su cuerpo; aunque emocionalmente estuviese vuelto trizas y dispuesto a abrirse las venas apenas saliera del salón, lo cierto que es que no podía disimular el ardor que lo estaba envolviendo. La mano de Kiro comenzó a moverse, lentamente. Sin embargo, su atormentado dueño no dejaba de sollozar, mientras un tinte rojizo ardía en sus mejillas blanco-grisáceas.

«O huyo o me suicido… todo sea… todo sea para huir de todo esto…— sintió una molestia HORRIBLE en el pecho, como si le estuviesen metiendo un puñal y girándolo para herirlo más por dentro —. No voy a aguantar vivo mucho tiempo, no podré vivir después de esto… ¿cómo hacerlo? ¿Cómo seguir? »

“Esto es lo que le gusta y es un verdadero estúpido si quiere hacerme creer que no.”

«No podré… no aguantaré… luego de esto ya no tendré mañana…» pensó, con los ojos bañados de lágrimas. Dejó salir una risita muy, muy baja. La sonrisa quedó en su boca por unos minutos, hasta que otro dolor fuerte lo taladró. Los dedos de Muka ahora se sentían peores que ganchos de ropa. Kiro dejó salir un gemido.

“Esto le encanta. Como no va a volver a verme es la perfecta ocasión para que siquiera reconozca eso. ¿No sería eso lo “lógico”?”

«No hay mañana. No existirá mañana. »

—Sí, tienes razón…— soltó una risita como quien oye un buen chiste. Si no fuera por las lágrimas, jurarían que Kiro se sentía bien —. Soy un masoquista, sólo que no planeaba sacarlo así, y menos con un niño. —Otra risita —. Me gusta el dolor. Me lastimo a mi mismo cuando estoy en mi cuarto a solas…— volvió a reírse, mientras el dolor en su pecho arreciaba —. Fantaseo con extraños, que me hacen mucho daño. Un inmoral, un enfermo por gustarme que me lastimen y me destrocen. Eso soy. Una escoria, ¿qué tal? No, mejor: una basura klowny.

Esta vez dejó salir una carcajada.

—Supongo que un último momento de placer no cae mal, ¿verdad? —dijo, forzando una sonrisa. —. No volverás a verme, supongo. Anda, ven, destrózame lo poco que me queda… ¿qué más da?

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Fantaseo con extraños, que me hacen mucho daño. Un inmoral, un enfermo por gustarme que me lastimen y me destrocen. Eso soy. Una escoria, ¿qué tal? No, mejor: una basura klowny.”

—No he dicho nada de eso —replicó Muka ofuscado por esas palabras. Y de nuevo frunció los labios cuando escuchó aquella carcajada. No podía creer que un klowny presuntamente adulto estuviera diciendo tales disparates. Como si tuviera la culpa de cómo su cuerpo funcionara…

“Supongo que un último momento de placer no cae mal, ¿verdad? No volverás a verme, supongo. Anda, ven, destrózame lo poco que me queda… ¿qué más da?”

—Como quiera —resumió Muka ya harto de ver sus lágrimas, irguiéndose—. Sólo decía que es un idiota por pretender lo que no es, pero si además quiere ser un marica llorón, adelante.

Tomándolo de los brazos, Muka lo arrastró hasta el escritorio frente al de todos los demás, el de profesor, y colocó a esto encima boca abajo con las piernas colgándole de un extremo. Así tenía total acceso a sus nalgas redondas y pálidas. A Muka le gustó darles un par de palmadas y tentar la resistencia de la piel con fuertes sobones y pellizcos.

Recogió un poco de la camisa deshecha y ató las manos laxas del profesor a su espalda. El hambre no saciada dio un latido cuando se obligó a percibir la sangre con tal de controlar los nudos y no cortar la circulación en las muñecas, pero logró recomponerse mientras iba en busca de su mochila y buscaba en su interior.

Sacó un cuaderno grande, prácticamente nuevo, que convirtió en una especie de bate enrollándolo.

—Adivina, adivinador —canturreó con sorna y le enseñó al profesor lo que había hecho—. ¿Tiene idea de para qué es esto?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

De ahí en adelante, todo comenzó a ir en picada, al menos para Kiro. Le había dado luz verde para todos los maltratos y abusos que se le ocurrieran, pero, ¿qué más daba? Dentro de pocos días, habría un minuto de silencio en el colegio por un profesor fallecido, y luego el mundo seguiría su curso.

Ahora Muka lo recostaba del escritorio y ataba sus manos. A Kiro le supo a poco. No le importaba nada; ¿y por qué no disfrutar sus últimos minutos de placer antes de ser un cadáver frío? Por eso gimió y gimió con cada azote, con cada pellizco, con cada estrujón brusco que recibía en su trasero. A los pocos minutos se le enrojeció, y estaba totalmente receptivo.

“Adivina, adivinador ¿Tiene idea de para qué es esto?”

Al ver el cuaderno, y la forma en que estaba enrollado, Kiro captó inmediatamente la idea. Sus ojos se entrecerraron y la boca se le curvó en una mueca de placer. Sintió su abertura trasera contraerse rítmicamente en anticipación a lo que le venía.

—Sí…— dijo en un gemido. Las piernas le flaquearon, y otra ola de calor pareció recorrerlas — ¿Por el culo, no?

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Una ola de intenso aroma dulzón descendió nuevamente hacia las partes bajas del hombre. Junto a él ese olor primitivo, sutilmente atractivo y desgarrador que era el deseo sexual. Lo había percibido antes en sus amigos pero nunca de manera tan patente. Se echó a reír de buen humor.

—Casi —dijo acercándose—. Iba a usarlo sólo para otra ronda de azotes pero lo que dice tampoco está mal, “señor”.

La punta del rollo de hoja describió unos círculos en la baja espalda del klowny, y con ella Muka incluso pinchó en el centro de sus posaderas, pero aun lejos de donde el otro deseaba que se metiera.

—Muy ansioso por usar el viejo hueco, ¿verdad? —comentó pinchándole, esta vez un poco más cerca, y acarició con el cuadernos los muslos—. ¿Hace cuánto tiempo no ha pasado nadie por aquí, profesor? ¿100, 300 años? Algo me dice que de no ser por los juguetes que se habrá metido ya estaría lleno de telarañas y polvo por aquí.

E iniciaron de vuelta los golpes, ahora potenciados por la dureza del objeto.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Se estremeció fuertemente con el roce del cuaderno en sus nalgas ardorosas y en sus muslos, que apenas lograban sostenerlo. Cuando éste tocó su espalda, Kiro se arqueó un poco por el cosquilleo, sin dejar de sentir su ano contraerse cada vez con más fuerza.

“Muy ansioso por usar el viejo hueco, ¿verdad? ¿Hace cuánto tiempo no ha pasado nadie por aquí, profesor? ¿100, 300 años? Algo me dice que de no ser por los juguetes que ya se habrá metido ya estaría lleno de telarañas y polvo por aquí.”

—Casi… casi aciertas —contestó a media voz, excitado con la humillación moral a la que lo sometían —. En realidad, llevo 250 años sin tirar.

Tal parecía que su masoquismo no era solamente físico, a juzgar por sus reacciones cuando Muka lo insultaba o despreciaba. No le importó. Le daba igual. Por eso, volvía a gemir con cada azote, incluso olvidándose no sólo de su postura vulnerable, sino del riesgo que alguien los encontrara en plena faena.

«No importa, porque igual, renunciaré y luego terminaré conmigo mismo. Así de simple…— pensó Kiro —. Total, hace más de 400 años que busco una buena razón para quererme a mí mismo. »

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Pasados los 20 golpes Muka dejó de contar y siguió moviendo la mano hasta que se aburrió de lo mismo y, deteniéndose, admiró el destacado rojo en las nalgas del profesor. Sólo verlas fue demasiado para él.

De pronto se vio casi arrodillado frente a ellas y lamiendo las curvas ardientes, probándoles como dulces recién horneados que ocultaban un manjar en su interior. Siendo así no pudo resistir el tirón en su paladar, ignoró el contacto de algo puntiagudo en su labio inferior, y su boca se abrió para capturar un pedazo enrojecido de piel y perforarla con los colmillos.

La sangre, en contacto con su lengua, envió una corriente placentera de calor por todo su cuerpo y gimió complacido, buscando más. No le importó lo que el profesor pudiera pensar de lo que estaba haciendo, había llegado a su punto límite de resistencia y notar a la comida al alcance de su mano fue la gota que derramó el vaso.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Kiro dejó salir un grito al sentir el mordisco en sus nalgas; fue algo que lo tomó totalmente por sorpresa. Empero, no fue un mordisco normal, sino uno dado por una dentadura que incluía dos caninos sobrecrecidos, a juzgar por el tipo de filo que atravesó su piel.

La sensación, tan inusitada y tan intensa, lo dejó baldado. Se mordió el labio para no gritar, sacándose sangre en el proceso… y terminó desgonzándose en el escritorio. Sintió la sangre correr, cálida y espesa. El dolor era intenso, de esos que se imponían.

«Monstruo… es un monstruo…— le susurró su último remanente de cordura —. Y me está comiendo, literalmente…»

En ese instante, se sintió como drogado, preso de una especie de subidón. No, no era algo sexual, de eso estaba seguro. Conocía la sensación, la había experimentado cierta vez que se había quemado los pezones con unos inciensos encendidos. Era agradable, eso sí lo aceptaba. Como una droga benigna, sin efectos secundarios malignos.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

El grito fue lo que lo despertó pero no de inmediato. Llevaba demasiado tiempo sin beber nada y la sangre era tan dulce y la manera en que parecía llenar todo su cuerpo resultaba demasiado embriagante… mas poco a poco se hizo paso por su mente la plena consciencia de lo que sucedía. Había pasado de fantasear lo que le haría al profesor a hincarle los dientes. Los colmillos. Tan profundamente que la sangre salía. Los colmillos de su padre…

Muka abrió los ojos, horrorizado por no poder detenerse, pero continuó luchando contra su propia voluntad para separarse y la rapidez con que lo hizo fue tal que no logró conservar el equilibrio, yendo parar así al piso. La cabeza le palpitó como si estuviera mareado y el corazón le resonaba dentro del pecho en protesta… Alzó la mirada para encontrarse con las dos heridas que había dejado en la pálida piel, todavía sangrantes.

La imagen, lejos de impresionarle, le causó una sensación de placer tal que quedó prácticamente embobado hasta que notó que la hemorragia remitía hasta al fin desaparecer. Sólo entonces asoció las nalgas rojas con el resto del profesor, cuyo cuerpo seguía tendido en el escritorio y al parecer, sin consciencia. Por un momento dudó de que estuviera vivo pero un rápido examen auditivo le hizo saber que aún respiraba, lo que no dejaba de ser un alivio.

No sería la primera vez que matara a alguien pero sí sin tener intenciones de ello. Por lo general lograba controlarse hasta dar con presas más dignas. Se levantó arreglándose los pantalones. Cayó en cuenta de que algo de sangre se le había derramado por el mentón y se limpió recogiéndolo todo en un dedo para a continuación lamerlo.

Le recorrió un breve estremecimiento mientras volvía a aproximarse al profesor, a quien vio tan relajado y no dormido que logró deducir lo que le sucedía. Algunos de sus amantes masoquistas lo experimentaban llegados a cierto punto, y sabía que había dos caminos a seguir: el dolor puro o el placer. Sólo que nunca antes lo había conseguido mordiéndolos de esa forma.

Eso era curioso pero, aun así, con sonrisa de burlesca picardía, Muka se inclinó y le dijo:

—Para que vea que soy generoso, le daré dos opciones, señor. Una es que me lo coja como yo quiera. Otra es que le haga sufrir tantos dolores que de igual modo se correrá sobre su escritorio. ¿Qué decide? Y si no habla, asumiré que salieron de sus labios lo que yo pienso.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Conociendo el proceder de Muka, bien sabría que ambas cosas implicarían dolor. Ese chicuelo no se caracterizaba por ser exactamente dulce, y para ser sinceros, no iba a cambiar lo que Kiro venía pensando: con o sin dolor, ya había tomado la terrible decisión. Lo que le hiciera Muka en ese instante no iba a cambiar lo que venía después, y así se lo hizo saber en un hilo de voz.

—Me da igual, Muka; ¿qué me haría pensar que una opción es mejor que la otra? Haz lo que quieras conmigo. No van a cambiar las cosas después por lo que hagas ahorita. Además, ¿acaso tengo derecho a opción? Tú me lo arrebataste hace rato.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Muka chasqueó la lengua en señal de desaprobación. Pellizcó la oreja del profesor desde la parte más alta —sabía que era un punto sensible en la mayoría de los klownys— y tiró para acercarlo al otro hacia sí, como una parodia de un maestro regañón tratando a un revoltoso. La idea puso una sonrisa en su rostro.

—Así no es cómo funciona el juego, profesor. Si yo le pregunto algo, usted me responde lo más sinceramente posible. Intentemos de nuevo y espero que esta vez lo haya entendido. ¿Quiere que lo folle —su mano libre estrujó las nalgas expuestas— o prefiere que continúe lastimándolo? Si no me dice algo sincero, voy a tener que imponerle un castigo, señor.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Kiro emitió una queja al sentir el tirón en la oreja, y nuevamente sus malditas hormonas antiquísimas reaccionaron vorazmente ante el dolor y la humillación a la que era sometido. La sumisión forzada. El quiebre.

“Así no es cómo funciona el juego, profesor. Si yo le pregunto algo, usted me responde lo más sinceramente posible. Intentemos de nuevo y espero que esta vez lo haya entendido. ¿Quiere que lo folle o prefiere que continúe lastimándolo? Si no me dice algo sincero, voy a tener que imponerle un castigo, señor.”

Dejó salir un resoplido fuerte y sopesó las alternativas: ninguna le era realmente agradable, más allá de lo que expresaran sus terminaciones nerviosas o su masoquismo. El resultado iba a ser el mismo: se iba a sentir fatal, lo suficiente mal como para luego acabar con su vida premeditadamente.  Soltó una risita.

—Entonces lastímame; ¿qué más da? No voy a disfrutar de veras con ninguna de las opciones, no más allá de lo que diga el pedazo de carne que es mi cuerpo.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Bufó exasperado girando los ojos.

—Para ser alguien “madurito” hace mucho drama —replicó con desdén—. Es un masoquista. No hay nada sorprendente ni malo en eso. Sería mucho más cómodo para todos nosotros si sólo asumiera de una vez. Pero vale, ya acordamos en que seguirá siendo un llorón, si eso quiere.

Muka tiró de sus hombros y le dio vuelta sobre el escrito, dejándolo boca arriba. La erección que ostentaba el maestro señalaba descaradamente hacia el cielo. Muka fijó la vista en ella imaginándose el gusto que sentiría al clavarle los dientes y sacar su relleno de dulce rojo. Empezó a acariciarlo suavemente y el calor que emanaba de ahí era embriagador, tan excitante que, de no ser por su arrebato anterior, habría tenido otro en ese momento.

Pero lo dejó como estaba y se dirigió a su mochila abandonada en el suelo. De su interior sacó unos clips que sujetaban unos trabajos sobre La Guerra Klownyana y una engrapadora. Revisó si estaba cargada, lo estaba. Volvió junto al profesor. Le enseñó los clips, como para que aprendiera bien su forma, y los acercó a sus pezones. Luego de unos cuantos estrujones y unas pocas lamidas, los tuvo a ambos duros como piedra.

Así, Muka agarró uno y estirándolo lo aprisionó con el pequeño instrumento. Realizó lo mismo con el otro con deliberada lentitud, saboreando el momento. La obra terminada lucía muy bien. Ahora más que nunca los pezones del profesor parecían un par de botones pero ligeramente agudos a los lados. Pellizcó, con sus uñas, la punta de uno y la desgarró hasta sacar una pequeña gota de sangre que degustó a placer. Entonces levantó lo último que se traía y la acercó al miembro enhiesto del otro.

—Puede cambiar de opinión si lo desea, señor —dijo con una sonrisa encantadora—. Sólo tiene que decirlo.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

“Para ser alguien “madurito” hace mucho drama. Es un masoquista. No hay nada sorprendente ni malo en eso. Sería mucho más cómodo para todos nosotros si sólo asumiera de una vez. Pero vale, ya acordamos en que seguirá siendo un llorón, si eso quiere.”

Kiro negó lentamente, soltando una risita. No sabía por qué, pero le excitaba que Muka lo pinchara con algo que todavía no lograba aceptar del todo, y que quizás, moriría sin aceptarlo. Pero eso no impedía que le gustara. Mientras el otro se alejaba para buscar unos objetos en su mochila, Kiro se aclaró la garganta y dijo lo siguiente:

— ¿Crees que es fácil aceptar semejante cosa? ¿Crees que es fácil aceptarla en medio de estas circunstancias que, aunque no lo creas, nunca deseé ni consensué? —Tosió un poco y trató de recomponer un poco su voz —. Ni siquiera te preguntas por qué me es tan difícil la dichosa aceptación de mi masoquismo. Claro, juzgas lo que no conoces. Supongo que lo haces en una infantil venganza porque no indagué sobre tu inasistencia a clases.

Lo vio acercarse con dos clips y algo más: una engrapadora. La espalda de Kiro reaccionó erizándose, pero no fue nada comparado con la oleada de placentero calor que recorrió su entrepierna cuando la lengua de Muka se deslizaba sobre sus pezones y luego con dolorosa parsimonia se los pinzaba. Era un dolor que Kiro conocía y disfrutaba plenamente. Incluso el “condimento” en forma de pellizcos rudos no hizo otra cosa sino aumentar su deleite.

Luego, amenazadoramente, le mostraban la engrapadora.

“Puede cambiar de opinión si lo desea, señor. Sólo tiene que decirlo.”

Kiro exhaló un suspiro resignado. Le iba a doler cabrón, pero si resistió quemarse con cera ardiente o colocarse agujas, pues podría aguantar esto.

— ¿Qué más da? Muka, deja de ser tan condescendiente conmigo, ¿quieres? Ya me jodiste, me siento como un maldito enfermo terminal a pesar de que lo disfruto, ¿qué carajo crees que lograrás diciéndome que puedo cambiar de idea o escoger? —carraspeó un poco, su voz ahora ligeramente irritada —. Jódeme como te plazca, pero hazlo de una buena vez.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“¿Crees que es fácil aceptar semejante cosa? ¿Crees que es fácil aceptarla en medio de estas circunstancias que, aunque no lo creas, nunca deseé ni consensué? Ni siquiera te preguntas por qué me es tan difícil la dichosa aceptación de mi masoquismo. Claro, juzgas lo que no conoces. Supongo que lo haces en una infantil venganza porque no indagué sobre tu inasistencia a clases.”

—¿Y por qué no? —replicó Muka con escaso entusiasmo y dio un azote directo a la erección con los cuadernos que había dejado, casi como de pasada—. Realmente no los entiendo, a ustedes los vejetes. Viven recordándonos que nuestros problemas son una menudencia o no debemos darles tanta importancia, pero los problemas que ustedes se crean solitos en sus cabezas son una idiotez. ¿Y qué si esto —le dio otro golpe en la entrepierna, esta vez con los dedos ligeramente flexionados, de manera que le dejara un profundo rasguño— le gusta? Eso no cambia nada.

“¿Qué más da? Muka, deja de ser tan condescendiente conmigo, ¿quieres? Ya me jodiste, me siento como un maldito enfermo terminal a pesar de que lo disfruto, ¿qué carajo crees que lograrás diciéndome que puedo cambiar de idea o escoger? Jódeme como te plazca, pero hazlo de una buena vez.”

Muka giró los ojos, exasperado con aquel tonito de patética resignación, y sin cortarse un pelo, le dio una cachetada que dio vuelta al rostro del profesor.

—Me tiene harto, ¿sabe? —expresó despectivo flexionando la palma para calmar el dolor que le había causado—. Trataba de hacerle la cosa un poco más amena pero si a usted no le importa, a mí tampoco. Recuéstese —indicó y aunque sus palabras no tenían nada distinto, la mano que lo empujó hacia atrás era inflexible y dura.

En esa posición la incomodidad del profesor se vería acentuada no sólo por las manos sobre las cuales iba todo el peso de su espalda, si no porque la cabeza quedaría sin escritorio sobre la cual apoyarse, por lo que quedaría a merced de la voluntad de su dueño para mantenerla en alto. Le dio unos bruscos apretones al miembro permitiéndose conocer la elasticidad de la piel, la cual halló aceptable para sus propósitos.

—Va a doler pero no queremos alarmar a nadie, así que le recomiendo mantener la boca cerrada —le dijo tranquilamente tomando un pellizco de piel y poniéndolo bajo la engrapadora. Con malicia agregó:—. Y trate de no correrse, aunque supongo que a su edad esto le será difícil. Más si lleva más de 100 años sin coger, por Korr.

Preparó el instrumento y apretó. Un pequeño sonido metálico delató que el resorte se movía para correr otras grapas hacia delante. Muka vio con fascinación el “piercing” dejado mientras unas gotas de sangre se escurrían por los costados y dejaban pequeñas gotas en el piso de blanco.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

“¿Y por qué no? Realmente no los entiendo, a ustedes los vejetes. Viven recordándonos que nuestros problemas son una menudencia o no debemos darles tanta importancia, pero los problemas que ustedes se crean solitos en sus cabezas son una idiotez.”

—No me metas en el maldito saco, Muka. —dijo entre dientes cuando el otro lo azotó —. No generalices.

“¿Y qué si esto le gusta? Eso no cambia nada.”

—Pero alimenta la lengua venenosa de algunos…— siseó, con el arañazo que le propinaron. —. Y las malas intenciones de otros.

En eso, un nuevo bofetón lo dejó viendo más estrellitas, y en ese momento Kiro supo que no había nada más que hablar. Muka no atendía razones. De los ojos del profesor manaron tibias lágrimas, parte de dolor por el bofetón, parte del dolor que aun lo carcomía.

“Me tiene harto, ¿sabe? Trataba de hacerle la cosa un poco más amena pero si a usted no le importa, a mí tampoco. Recuéstese”

— ¿Amena? ¿Amenizar una violación? Estás para un loquero, niño. —masculló antes de desgonzar la cabeza totalmente y resignarse a aguantar hasta que pudiera volver a su casa y terminar con todo. Por mucho que disfrutara físicamente, sólo deseaba que todo terminara de una buena vez.

“Va a doler pero no queremos alarmar a nadie, así que le recomiendo mantener la boca cerrada. Y trate de no correrse, aunque supongo que a su edad esto le será difícil. Más si lleva más de 100 años sin coger, por Korr.”

Enseguida le llegó el terrible aguijonazo de las filosas grapas incrustándose en su piel. Kiro se mordió el labio con violencia, mucha violencia. La sangre corrió de ellos alegremente. El dolor lo estaba estremeciendo, drogándolo… y haciéndolo sentirse peor por dentro. Destruyéndolo igual que el ácido corroe los metales.

Matándolo por dentro.

«Pronto todo terminará. »

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

La deliciosa esencia manó no sólo del pene. La acompañó un quejido agudo pero amortiguado. Y la erección estaba tan recta como antes. No se había equivocado con el profesor. No sólo era un masoquista, era de los peores.

—Bien hecho, señor —felicitó entre la burla y la sincera complacencia, dándole una palmadita en los muslos—. No creí que pudiera cumplirlo pero lo ha logrado. Continúe así y podrá obtener un final feliz.

Agarró otra porción de piel, más cercana a la cabeza del miembro, y repitió el proceso de engraparla. Las heridas adquirieron el gusto de un azúcar voluptuoso al alcanzarle el aroma. La piel, resentida, palpitaba tratando de recomponer el daño pero el metal de los “piercing” se lo impedía.

Le siguieron otras grapas, dos en el glande. De esta última zona le resultó difícil pellizcar cuanto era necesario pero, o bien la piel de los viejos era más elástica o bien había subestimado la elasticidad de los miembros en general, al fin consiguió hacerlo. Cinco en total. Sólo para estar seguro Muka lamió cada una, probando los rojos resultados que se deslizaban hacia abajo por la fuerza de gravedad, y en efecto, eran cinco.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Con la cabeza colgando, la visión totalmente al revés, Kiro se sintió “disuelto”. Fue una sensación extraña que no había experimentado antes. Era un estado mental que contrastaba con el dolor que lo estaba martirizando y al mismo tiempo causando que su cuerpo ardiera en brasas invisibles. Cada vez que Muka lo grapaba, Kiro se mordía el labio y aquel estado de “disolución” volvía a invadirlo.

«Son demasiadas cosas… demasiadas sensaciones extrañas…— pensó para sus adentros. —. Me siento… derretirme…»

Sintió el sabor dulce de su propia sangre manando de sus labios rotos, producto del intento de reprimir los gritos.  Apenas le llegó la sensación de la lengua cálida de Muka, pero con suficiente intensidad como para hacerlo estremecerse en el escritorio.

«Esto no está bien. Mi propio estudiante está abusando de mí y yo no hago más que disfrutarlo. Algo está mal conmigo mismo, estoy seguro de ello…»

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Habría entrado alguien? Kiro ya no tenía noción de esas cosas, y sabía que estaba terminado de una forma u otra. Alguien iba a entrar y lo iba a pillar en tan deplorables condiciones. Entonces, todo acabaría.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

—Va muy bien, señor —comentó Muka con complacencia examinando su cuerpo. Le dio unos masajes al miembro, sin molestarse en evitar el contacto con las grapas.

Con el dedo índice y pulgar apretó la cabeza, presionando sobre las dos grapas. Apretaba utilizando la fuerza que le había ayudado a doblegar a su maestro. La carne se aplastó y ya no parecía cilíndrica si no ovalada. Pero de pronto, lo dejó y fue a por los testículos.

A Muka le gustó que fueran suaves y manejables pues así le resultaba más fácil sostenerlos en una mano para asestar un manotazo con la otra, tal como hizo y repitió hasta la piel adquirió un potente color rojizo. El pinchazo del hambre todavía estaba pero se había vuelto tan tenue que logró hacer caso omiso de él.

Luego, de improviso, agarró nuevamente las caderas del profesor y le hizo dar vuelta manteniendo sus nalgas al borde, a su completa disposición. Volvió a levantar el cuaderno, a enrollarlo y pinchó con la punta en el ano del profesor. Se le había ocurrido una idea divertida.

—¿Está consciente todavía, profesor? —inquirió—. Hay algo que siempre he querido decirle y no me gustaría perder una oportunidad como la presente.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Nuevamente le invadió el sabor a sangre, pero esta vez no le fue tan desagradable. Incluso la sensación de intoxicación, de desvanecimiento, de disolución, comenzó a dejarle de disgustar. La “alarma” de su mente también se escuchaba lejana. Entre más Muka intensificaba el dolor, más era la sensación de intoxicación, y entre más intoxicación, más placer comenzaba a sentir.

Por eso, se encontró gimiendo con la tortura de las grapas en su sexo enhiesto, y el tono aumentó cuando sus testículos fueron las siguientes víctimas de las manos atormentadoras de Muka.  Incluso cuando éste lo giró para colocarlo con el trasero “frente a la clase”, fue como si lo hubiera tomado en brazos. Así de drogado se sentía.

Entonces, lejana, llegó la voz:

“¿Está consciente todavía, profesor? Hay algo que siempre he querido decirle y no me gustaría perder una oportunidad como la presente.”

—Sí… sí lo estoy, Muka…—dijo en un hilo de voz, entre jadeos y alguno que otro suspiro.

« ¿Por qué se siente tan bien cuando se supone mal? Algo está mal en mi… mal, mal, muy mal… pero eso ya no importa… nada importa, en realidad…»

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Sí… sí lo estoy, Muka…”

Apenas era un sonido apagado dentro del aula, pero Muka lo escuchó. Palmeó la nalga del profesor y la separó un poco. Colocó el cuaderno en posición, con la punta ya sobre el ano y presionando contra él.

—Bien —dijo animado—, primero debo decirle que esto que lo está tocando es el cuaderno de su materia. No tengo prácticamente nada escrito en él, más allá de algunos apuntes que puedo pedir prestados y sus tareas, por las cuales estamos aquí. ¿Sabe qué significa eso? —esperó un momento, sin recibir respuesta. Sin perder el ánimo alegre, agregó:—. Voy a realizar la fantasía de todo estudiante. Meterle su jodida materia por el culo.

Dicho y hecho. Las anillas estaban resguardadas por las tapas de cartón, de modo que fue relativamente fácil dejar que entrara todo. La resistencia era mucha pero con un empujón aun más fuerte se solucionaba.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Sin duda alguna, esa fue la mayor humillación, y una que jamás olvidaría en su vida. No tanto por los elementos de dolor, sino por mandar al caño su autoridad como profesor.

«¿Y es que acaso la tuve? » se preguntó para sus adentros.

“Voy a realizar la fantasía de todo estudiante. Meterle su jodida materia por el culo.”

Un dolor horrible lo taladró, haciendo que el pecho del profesor se agitara buscando dejar salir un grito potente, un sonido que no logró salir salvo en uno muy amortiguado porque una vez más, volvía a morderse los labios con salvajismo, sacando más sangre. A ella, se le mezclaron lágrimas de dolor…

El cuaderno buscaba desenroscarse, y debido a esto, también le invadió una salvaje sensación de dilatación. Kiro dejó salir un sollozo ronco, seguido de un gemido, totalmente envuelto en esa extraña droga que lo apresó. Las largas piernas le flaqueaban y era evidente que si buscara sostenerse en ellas, terminaría cayéndose.

«Ya no puedo… no puedo… no puedo… pensar… más…»

La sangre corrió cálida por los testículos y sus muslos pálidos. Kiro volvió a gemir, aprisionando el cuaderno entre sus entrañas desgarradas. Sus labios pálidos —pero en ese momento teñidos de sangre— se movieron y en un hilo de voz, pronunció lo siguiente:

—Más… por favor…

Un rubor intenso apareció de golpe en las mejillas del profesor, incluso intensificando la marca de “pica” que tenía en uno de los carillos. La respiración se le hizo algo más acompasada, acompañada de ocasionales jadeos.

Se había rendido finalmente.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Más… por favor…”

“Eso era justo lo que buscaba” pensó Muka divertido. Sin mover ni un centímetro el cuaderno —totalmente arruinado y manchado de sangre pero no importaba—, le dijo:

—Pídalo como se debe, señor. Diga “méteme un poco más en mi culo viejo y calentón, por favor”. De otro interpretaré que quiere otras cosas —diciendo esto acarició las nalgas y les dio una potente nalgada luego de un fuerte pellizco.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Dejó salir un gemido algo más alto. Luego de estremecerse con las caricias y el azote, dijo con voz temblorosa:

—Méteme más en mi culo viejo y calentón, por favor…— suplicó —. Este dolor se siente tan bien… te lo suplico…

Ya a estas alturas, Kiro había abandonado la razón, y sólo estaba bajo la influencia de la droga de placer que sólo el dolor podía darle.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

La sonrisa de Muka de amplió descubriendo el resurgimiento de sus colmillos. No podía evitar su excitación al humillar hasta esos extremos a un remilgado como el profesor Kiro. Lo mejor era que la humillación no estaba en una fantasía, en una escena, ni siquiera en un papel tomado. Sacar su verdadera esencia, el lado más oscuro de su mente, era suficiente.

—Ya que lo dice tan amablemente —dijo irónico y cumplió su deseo. Del cuaderno brevemente sólo quedó la punta de las tapas de cartón e inmediatamente después lo obligó a salir, para volver a meterlo. Ahora lo estaba follando con su materia—. ¿Qué tal se siente, señor? ¿Lo bastante bien para perder la conciencia? Sea honesto conmigo, y sobre todo, déjese llevar. Este es el placer que sus ridículo prejuicios le han negado por tanto tiempo.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Kiro se deshizo en gemidos de evidente placer; ya no lo estaba escondiendo, sino todo lo contrario. Estaba tan, pero tan dopado de placer, que sólo deseaba más dolor, y no importaba cómo se lo dieran, igual lo deseaba con fervor. Una mueca lasciva se dibujó en su rostro; los ojos negros brillaban como ónices pulidos.

“¿Qué tal se siente, señor? ¿Lo bastante bien para perder la conciencia? Sea honesto conmigo, y sobre todo, déjese llevar. Este es el placer que sus ridículo prejuicios le han negado por tanto tiempo.”

— ¡Sí! ¡Sí! Voy a enloquecer…— sus entrañas se contrajeron rítmicamente en torno al cuaderno que las invadía —. Te lo ruego, ¡sígueme maltratando, sigue rompiéndome, por lo que más quieras, Muka!

Algo estaba mal con Kiro, sin duda alguna, pero en ese instante, había dejado de razonar tal noción. Sólo quería más dolor y humillación.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

“Te lo ruego, ¡sígueme maltratando, sigue rompiéndome, por lo que más quieras, Muka!”

—¡Así se habla! —festejó Muka con una carcajada mientras continuaba penetrándole. Pero luego de un tiempo, de repente, se detuvo dejando el cuaderno en lo más profundo del profesor. Inclinó un poco su cuerpo sobre la espalda del profesor para indicarle, no sin una malicia patente—: Voy a buscar una cosa. Mientras lo hago dejaré que su culo disfrute aprendiendo Lógica. Si veo que el cuaderno se cae… bueno, ya es algo obvio lo que pasaría, ¿verdad?

Le pellizcó amistosamente las nalgas y soltó el cuaderno, viendo satisfecho que permanecía en su sitio por el momento. Le dio la espalda y rebuscó nuevamente en su mochila, revolviéndolo todo hasta encontrar cinta adhesiva y un cutter pequeño. Sin darse la vuelta preguntó al profesor si aún resistía.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Desprovisto de toda noción de orgullo, quebrado y ofrecido a la nada santa voluntad de Muka, Kiro no pudo contestar sino con un tembloroso “sí, Muka”. Mientras el joven estaba en lo suyo, el profesor sentía su trasero “adaptarse” al grosor desmesurado del cuaderno en sus entrañas. Seguían contrayéndose pausadamente, a un compás de placer.

Entonces, le llegó de nuevo la voz de Muka, preguntándole si aún resistía. Tras relamerse obscenamente, Kiro respondió:

—Sí, Muka, aun resisto.

Cerró los ojos y se preparó para entregarse a otra marejada de dolor. Oh sí, delicioso dolor…

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Muka se giró con gesto desconfiado, pero era cierto que el cuaderno apenas se había movido un poco desde que lo dejó.

—Perfecto —comentó y estiró la mano para sacar el cuaderno de un rápido tirón. Vio con hambre manifiesta la amplia dilatación a que había sometido al profesor y no resistió la tentación de recoger un poco de sangre en sus dedos para probar su sabor. El cuaderno fue abandonado sin remordimientos en el cesto de basura en un rincón—. Levántese ahora, señor. La fiesta recién está empezando.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Cuando le sacaron el cuaderno de sus entrañas con tal brutalidad, Kiro no reprimió un gemido de dolor cargado además de mucho placer. Las piernas le temblaron una vez más, amenazando su equilibrio.

“Levántese ahora, señor. La fiesta recién está empezando.”

A duras penas pudo levantarse; las piernas se sentían flojas y vacilantes, y pensó que en cualquier momento se desplomaría, pero milagrosamente, tal cosa no ocurrió. Se viró hacia Muka, con el rostro pálido teñido de intenso rojo carmesí, bañado de transpiración; los ojos entrecerrados y brillosos, la boca entreabierta, con algunos rastros de sangre, producto de los mordiscos auto-infligidos en su intento de no gritar con las torturas anteriores… y todo rematando con una erección que apuntaba descaradamente hacia Muka.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Una sensación placentera y no del todo desconocida se posó en el pecho de Muka cuando vio su obra realizada en aquel hombre tan derecho hace algún tiempo. Esbozó una sonrisa de falsa ternura mientras tomaba el mentón del otro y lo atraía hacia su altura.

—Qué lindo gesto —comentó—. Se cortó a sí mismo soportando sus gritos. Debo admitir que me conmueve su dedicación, señor.

Desde luego, los cortes de los labios ya habían desaparecido pero todavía quedaban rastros de sangre en el mentón. Muka probó un poco y se relamió con delectación.

—Es usted muy apetitoso, profesor —alabó sinceramente, para continuar limpiándole de esas manchas rojas. El sabor se notaba gastado, viejo, pero aún conservaba la dulzura que tanto le agradaba. Terminado el mentón rodeó los labios con la lengua y al darse cuenta de la cercanía de ambos, no pudo evitar tironearle algo juguetón el labio inferior; eso sí, apretándolo fuertemente.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Aunque el primer acercamiento lo desconcertó un poco, Kiro estaba lo suficientemente “dopado” de dolor y placer como para dejarse hacer dócilmente. Dejó que Muka probara a gusto los rastros de sangre que tenía en los labios y en el mentón, exhalando a veces algunos suspiros cargados de deleite y deseo.

Cerró por un rato los ojos, perdiéndose en el deseo que lo tenía totalmente hipnotizado y desprovisto de voluntad y raciocinio; en ese momento era un esclavo en más de un sentido…

De repente, el mordisco en su labio inferior fue lo suficientemente fuerte como para hacerlo jadear y abrir los ojos de golpe, consiguiéndose con los azabaches de Muka, entornados en largas pestañas.

En ese estado de perturbación, pensó por un momento que su estudiante era muy hermoso. Un jovenzuelo deseable… y ahora ese mismo jovencito lo tenía a sus pies.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Complacido con el atontamiento del profesor, el joven le continuó sosteniendo la mandíbula para dirigirlo hacia el pizarrón y ante él empujó al mayor contra su dura superficie.  Le tomó de una muñeca y apretó.

—Ahora voy a soltarle las manos por un momento, señor —advirtió suavemente—, y si intenta cualquier cosa mientras tanto me aseguraré de que lo pague con intereses. ¿Nos hemos entendido? —estrujó la extremidad que sostenía a modo de persuasión—. No quiero ningún truco sucio.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

De un momento a otro, se vio empujado de lleno contra la pizarra; a sus narices llegó el olor agrio de la tiza… y ahora, la voz de Muka.

“Ahora voy a soltarle las manos por un momento, señor, y si intenta cualquier cosa mientras tanto me aseguraré de que lo pague con intereses. ¿Nos hemos entendido? No quiero ningún truco sucio.”

—Sí, lo he entendido. —respondió en voz baja.

De todos modos, ¿qué iba a poder hacer? Estaba totalmente indefenso, perdido en sensaciones rayanas en lo tóxicas; su mente en ese momento estaba tan nublada que sólo pensaba en obedecer y nada más.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Con esa respuesta Muka procedió a liberar temporalmente las manos de su maestro. Agarró una de ellas y la extendió hacia el borde del pizarrón, cerrándole los dedos ahí para indicarle que no los moviera. Entonces cortó un largo tramo de cinta adhesiva con la ayuda del cutter y con ella pegó la mano a la pared.

Tuvo que usar varias tiras pero al fin, al tirar de él, descubrió que ya no podía moverse. Feliz por esto hizo lo mismo con la otra. Fijado el profesor en su sitio, Muka atrajo sus caderas hacia atrás, inclinándolo, y así tener una mejor perspectiva de su trasero. Abrió nuevamente la cutter y, lleno de complacencia, paseó la aguda punta por su espina dorsal hasta la nalga izquierda. A ésta le dio una palmada tan potente que una deliciosa marca roja quedó impresa.

Sin variar la posición Muka hizo viajar su mano a lo largo de la cadera del profesor hasta toparse con el miembro enhiesto. Por la posición obligatoriamente el mayor debería bajar la cabeza para no cansarse y vería al instrumento filoso cerca de sus testículos.

—¿Qué le parecería, señor —susurró—, si ahora mismo lo castrara?

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Esa momentánea libertad en sus manos no le duraría mucho, sin duda. Nuevamente se encontró fijado contra el pizarrón, inmóvil e indefenso, como una mariposa lista para ser clavada. Otra corriente cálida recorrió sus muslos y se asentó en su entrepierna, mientras una oleada de escalofríos sacudía su espalda a medida que una punta filosa la iba recorriendo, lentamente, bajando hasta donde la espalda perdía su nombre; finalmente, el azote. Fuerte, muy fuerte. Le escoció bastante. Kiro gimió de placer con las sensaciones que lo atormentaban.

Continuó estremeciéndose, hasta que la voz de Muka nuevamente lo despertó.

“¿Qué le parecería, señor, si ahora mismo lo castrara?”

No sabía si se debía a su condición de intoxicado, pero la voz de su verdugo se sentía particularmente profunda, incitante a ser obedecida sin chistar. Kiro volvió a gemir y se estremeció  con mucha, mucha fuerza. Las piernas le flaquearon.

—Me gustaría, Muka… así puedo servirte mejor…— dijo a media voz, con los ojos cerrados, jadeando profusamente.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

 

Muka se sonrió divertido. Ya sabía que diría eso. Llegados a cierto punto los masoquistas dejaban de razonar lo que salía de sus bocas y se limitaban a sentir. Eso significaba que toda resistencia había sido quebrada. Guardó la navaja dentro del cutter.

—No lo creo, señor —dijo acariciando sus nalgas, todavía pegado a su espalda—. Dejaría un verdadero desastre y no tengo ganas de hacer la limpieza.

Le dio otra potente nalgada. A sabiendas de que ahora el diálogo podía pasar temporalmente a segundo plano, Muka no cesó en estrellar su mano contra la pálida carne del profesor hasta no sólo dejarla roja sino percibir las palpitaciones de su mano.

A él también le dolía pero al apartarlo de su mente se le hacía más fácil ignorarlo y usar su extremidad como una paleta bien sólida.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

“No lo creo, señor. Dejaría un verdadero desastre y no tengo ganas de hacer la limpieza.”

—No tienes que hacerlo, yo lo haría por ti…— susurró Kiro, pero se cortó al sentir los azotes propinados con la mano, y que resonaban ya por todo el salón. El mayor pensó que se iba a derretir allí mismo, intoxicado por el dolor y el placer, perdido en lo más hondo de su ser.

Los golpes arreciaban, y más gemidos brotaban de labios de Kiro. Éste jadeaba, y de vez en cuando lamía la superficie del pizarrón, alborotado por el deseo, incapaz de razonar o pensar en otra cosa que no fuera el dolor que Muka le hacía sentir.

En ese momento, ya quebrado, sometido, humillado y encandilado con placer, Kiro dejó de sentirse él mismo. No se reconocía.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Los golpes resonaban con potencia en el salón, tal como lo solía hacer la misma voz del profesor 5 días a la semana. Muka podría haberse sentado en su lugar habitual, al fondo del salón, y escuchar con claridad cada uno de los azotes e incluso, como música de fondo, la voz jadeante del profesor mientras gemía.

Esta imagen lo animó tanto que, cuando finalmente se detuvo para tomar un descanso y dejar a su mano recuperarse, el trasero del mayor presentaba un color morado que, no supo bien por qué, le excitó. Él tampoco reflexionaba lo que estaba haciendo.

Veía la oportunidad de acercarse al final, de patear la puerta que cruzara el umbral del dolor e iba a llegar a ella. Abrió el cutter una vez más.

—Es irritante esto de los klownys —comentó, con el pecho agitado y el corazón haciendo vibrar las cuerdas de sus venas por su mano y sus sienes—, el no poder conservar las marcas por mucho tiempo. Pero algo me dice que esto no se le olvidará fácil.

Acercó la navaja a la nalga más herida y empezó a hundirla, a bajarla y sacarla. Lo hizo de nuevo, cuidadosa y atentamente, siguiendo con deseo las líneas rojas y sangrantes que dejaba a su paso. Una simple M, grande, rodeada de calor y fragante de dulce. Muka se permitió lamerla.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Luego de una buena tunda de azotes, Muka al parecer decidió tomarse un descanso. Kiro, por su parte, seguía en pie a duras penas. Las piernas le temblaban sin parar.

“Es irritante esto de los klownys, el no poder conservar las marcas por mucho tiempo. Pero algo me dice que esto no se le olvidará fácil.”

Seguido de esas palabras, un dolor lacerante le invadió. Lágrimas de dolor saltaron de sus ojos y su boca dejó salir un grito destemplado y desgarrador. Sólo cuando el estímulo brutal cesó, Kiro cerró la boca, e inmediatamente el orgasmo lo atacó estrepitosamente, sin él poder hacer NADA para impedirlo. Las contracciones en su miembro fueron tan intensas que en un momento derramó abundante semen que corrió no sólo por su miembro, sino por sus piernas, y finalmente aterrizaba en la losa.

Entonces, ya sus piernas terminaron de ceder, y desplomaron el cuerpo que a duras penas venían sosteniendo. Ahora el profesor yacía en el suelo, con la mirada nebulosa, perdida en algún foco inexistente, y sin dejar de temblar.

 

Muka ~~ Ándele, ya deje el fastidio, profe. Sino, lo lamentará ~~:

Cuando colapsó las cintas adhesivas cedieron sin remedio. Muka lo contempló arrodillado a su lado, con una sonrisa de medio lado. Su interior se hallaba más calmado.

Supuso que era en parte el orgullo y en parte el simple placer se haber hecho literalmente delirar a otra persona. Todo su rencor hacia el profesor había desaparecido reemplazándola una vaga sensación de bienestar, que le hizo buscar el abrigo del profesor para cubrirlo. Buscó también sus pantalones y los dejó a su lado, junto con los zapatos.

—No ha estado nada mal, profesor —dijo animosamente frotando con los nudillos el hombro cubierto que no dejaba de temblar—. No fue tan terrible, ¿verdad?

Mientras el mayor yacía en el suelo Muka aprovechó la calma para buscar todo lo que había sacado de su mochila y volver a reunirlo.

Cuando acabó la colgó de su hombro. Fue a la puerta sintiéndose extrañamente ligero y pesado al mismo tiempo, como si de pronto necesitara echar una siesta pero estuviera demasiado complacido para percibir el sueño. En el marco de la puerta se volteó y envió un saludo al mayor. La sonrisa que dio ya no tenía vestigios de burla o ironía.

—Buenas tardes, señor.  Me he divertido mucho con nuestra charla.

 

Kiro ~~ Estos estudiantes de hoy en día… ~~:

Esta vez Kiro no contestó a las palabras de Muka. Sólo yacía en el suelo, temblando. No supo por cuanto tiempo. Había perdido la noción de todo. Sólo un buen rato después, el profesor comenzó a levantarse.

Se sentía vuelto trizas, como si un camión le hubiera pasado por encima. El cuerpo le dolía espantosamente, y apenas podía caminar. Obrando sólo automáticamente, se vistió como mejor pudo, y abandonó el salón.

Continuará…

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