Un monstruo se comió mi corazón. Cap 2

Las mismas notas y advertencias que en el anterior capítulo. Sólo cabe agregar que Hako y Nyraku son creación de ambas, de ahí que nos alternemos el uso de ellos.

Candy Von Bitter & selene18 darkside & zuster{CVB}

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Si alguien hubiese visto a Kiro caminando en ese mismo momento, juraría haber visto a un muerto levantado de su tumba, a juzgar por el modo de andar. El movimiento era torpe, lento, y carente de autonomía. Era algo ejecutado automáticamente. Sin embargo lo peor se reflejaba en los ojos negros del profesor, que ahora carecían de brillo, como piedras empolvadas y opacadas.

Mientras deslizaba la llave para abrir el cerrojo de su casa, su propia voz fantasmal y la de Muka resonaron en su mente.

Supongo que un último momento de placer no cae mal, ¿verdad? No volverás a verme, supongo. Anda, ven, destrózame lo poco que me queda… ¿qué más da?

 

Ya sabía que era un hipócrita pero ahora es que me entero que es un cobarde. ¡Tenga algo de dignidad, por Korr! ¿No le da vergüenza lloriquear como un idiota cuando todavía no ha pasado nada?

Entró y cerró con violencia la puerta. Luego de pasarle todos los seguros,  fue directo hacia las ventanas y las cerró, para luego correr las cortinas.  Lo hacía apresuradamente, pero con torpeza debido a la debilidad que lo atormentaba. Sólo cuando la casa estuvo sumergida en una semi penumbra, Kiro volvió a desplomarse en el suelo, sólo que esta vez impactó contra sus nalgas doloridas. Dejó salir un grito de dolor y las lágrimas fluyeron sin control alguno. El dolor en el pecho se sintió barbárico. Horrible. En toda su intensidad. Le dolía más y más, entre la respiración y los latidos acelerados de su corazón.

Para ser alguien “madurito” hace mucho drama. Es un masoquista. No hay nada sorprendente ni malo en eso. Sería mucho más cómodo para todos nosotros si sólo asumiera de una vez. Pero vale, ya acordamos en que seguirá siendo un llorón, si eso quiere.

—Cierto, tiene razón… soy sólo una sucia rakuénk masoquista. —dijo con voz quebrada —. Y por eso tuve lo que me merecía…

Dejó salir otro sollozo.

«Tienes que comer algo, sino estas heridas no se te repondrán…»

— ¡Qué importa! ¡Qué importa esta zorra masoquista que soy yo! —se dijo entre sollozos. Dio varios golpes en el suelo con el puño, pero estaba débil, y sólo fueron unos pocos palmetazos. Rodó sobre su pecho, y reparó en algo que le punzaba. Se abrió el abrigo, y reparó en dos enormes clips que aun tenía prendidos de los pezones, los cuales ya había adquirido una intensa tonalidad lila.

Se los fue sacando, pero el dolor fue atroz. Kiro volvió a gritar. Con fuerza. Luego arrojó los clips lejos y éstos se perdieron de su vista.

Otra molestia, pero ésta se localizaba en su miembro. Con los ojos llenos de lágrimas, Kiro se sacó el miembro, descubriendo varias grapas que tenía clavadas. Destacaban entre el color pálido de su pene y los hilos de sangre que corrían, debido a las heridas que no podían cerrar por la interferencia del metal.

Se arrastró hacia la cocina y tomó una cuchilla pequeña. Con la punta, fue extrayendo las grapas, aunque las heridas resultantes eran mucho peores, ya que las había extraído sin cuidado y sin siquiera preocuparse por enderezar las puntas para que al menos la piel no se desgarrara.

Ahora sólo estaba sangrando más y más.

Tomó un paño y se lo enrolló en torno al miembro lastimado. En ese momento, con el dolor de esas heridas y la tristeza, reparó en la nevera. Kiro esbozó una sonrisa temblorosa.

—Comer…

Se guardó el miembro herido y se subió el pantalón; acto seguido, se puso en pie temblorosamente, apoyándose sobre la manivela del refrigerador, y lo abrió de golpe. Varias cajas de dulces y bebidas cayeron encima, pero a Kiro no le importó. Las abrió apresuradamente y comenzó a comer.

No comía pausadamente, sino con tal voracidad que rayaba en lo asqueroso. Se metía a la boca los dulces, sin cuidar que éstos no lo mancharan. Apenitas tragaba, ya estaba metiéndose otro bocado a la boca. Kiro continuó comiendo vorazmente, alternando con unos cuantos tragos de tokajo, lo cual también bebía con el mismito descuido.

Mientras comía, se sintió un poco mejor. El delicioso sabor de los kankyaus —unos dulces pequeños que parecían suspiros— y las bombas de chocolate lo tenían tranquilo. Incluso olvidó temporalmente lo acaecido en la escuela.

Remató vaciando el cartón de tokajo, y al fin quedó totalmente saciado, pero saciado como Kiro nunca creyó que se sentiría. Una extraña sensación de tranquilidad lo invadió.

«Es hora de una siesta…»

Cerró el refrigerador, y nuevamente se puso en pie. Sujetándose el estómago, caminó a su habitación, y se desplomó en la cama. Ésta lo recibió con su frescura, permitiendo que su dueño cayera en el limbo del sueño con la misma velocidad que una roca cae en el fondo de un lago.

Kiro no volvió a saber de sí mismo por el resto de la tarde y toda la noche.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Tres días. Tres días habían sucedido desde la charla que tuviera con el profesor Kiro y ni una sola vez éste había vuelto a asomar la cabeza por la escuela. Todavía era profesor, sólo que no se presentaba. Muka no deseaba reconocerlo pero estaba empezando a notar cierta inquietud.

Incluso sus amigos le preguntaban si algo le sucedía porque, mientras el sustituto daba la clase dándoles la espalda, tenía una expresión mucho más seria que de costumbre. Desechando la pregunta con un gesto de la mano Muka los ignoraba. Y pensaba.

¿Y si lo que hizo fue más grave de lo que pensaba? ¿Qué tal si la razón de que no asistiera a trabajar fuera por él? Sólo había querido darle un pequeño susto para que lo pensara dos veces antes de meterse con él pero tal vez fuera demasiado.

La impresión que había dejado en su cuerpo luego de que cayera en el suelo no había pequeña. Muka se resistía a creerlo. Ya antes había visto a chicos igual de masoquistas al profesor sucumbir y levantarse con una sonrisa. ¿Por qué el que fuera más viejo debía ser diferente?

Una sesión de dolor no era algo por lo cual volverse loco. Precisamente eso había intentado decirle al reprocharle por su resistencia a su propio deseo. Pero sin importar qué tan absurda hallara la posición del profesor, en su interior surgía la voz de su padre recordándole que nunca había que matar a quien no lo mereciera. Él no había matado a nadie, se decía con reproche, apretando los dientes.

Al cuarto día Muka seguía sin hacer caso de esa inquietud que se negaba a llamar remordimiento y se decidió a ver el profesor. Sabía donde vivía pues quedaba cerca de la casa de un compañero al que visitaba de vez en cuando. Suponía que lo más probable es que el profesor estuviera bien y no se atreviera a salir por pura vergüenza. En cuyo caso se encargaría de arrastrarlo hacia fuera como fuera, porque no soportaba la idea de que un adulto se comportara como un niño.

Sí, eso haría en cuanto lo viera. El muy imbécil ni siquiera se había justificado enfermo en la escuela. No había otras opciones, sencillamente se negaba a pensarlas.

Llegó a la casa girando a la izquierda, opuesta a la dirección de la casa de su compañero. Vio que las luces estaba apagadas y las cortinas corridas, lo que le preocupó un poco pero se apresuró en concentrarse en buscar un sitio por donde entrar. Lo tomaría por sorpresa. Encontró una ventana no asegurada en el segundo piso y, asegurándose de que nadie lo estuviera viendo, saltó hacia ella penetrando en la casa.

Al momento el intenso olor a dulces de chocolate, fresa, vainilla y de tokajo le asaltó la nariz. Pero no sólo eso. Algunos sabores se percibían rancios y viejos, como si le hubieran dado una probada y al resto lo desecharon. El vestuario al que había aterrizado era grande y, por lo que la penumbra y su visión vampírica le permitían ver, limpio. Abrió la puerta hacia un pasillo más oscuro que el vestuario.

Por ahí el olor era más potente, tanto que se veía obligado a taparse la nariz para no sentirse abrumado por sus diferentes esencias. Caminó y casi tropezó con un envoltorio de plástico. Maldiciendo por lo bajo Muka se resignó a olfatear el ambiente, buscando la presencia del profesor, y sus ojos se abrieron. ¡Sangre! ¿Por qué estaba oliendo sangre derramada?

Provenía del cuarto a su espalda, a la derecha. Muka entró corriendo en ella, preocupado. Sí, ahora sí podía reconocer que estaba preocupado.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Los días subsiguientes fueron negros para Kiro.

Durante esos días, se negó a salir de su casa, y se pasó el tiempo en la misma rutina: mirar al vacío, pensar y no pensar; comer hasta reventar, y finalmente dormir por interminables horas. No obstante, de tanto dormir, su horario de sueño se vio totalmente alterado y descontrolado. Algunas veces dormía desde la mañana hasta casi entrada la noche, y en otros dormía de noche, pero muy poco.

Llegó un momento en que dejó de dormir, y ni las comidas abundantes le servían para dormirlo. Entonces Kiro recurría a las pociones de sueño para poder dormir.

Sin embargo, llegó un momento en que todo se le tornó absolutamente negro. La culpa que sentía por dentro era demasiada.

«Tengo la culpa de lo que me pasó. Me lo merezco…— se decía a sí mismo Kiro sin dejar de sollozar en silencio —. Yo lo fastidié en vez de dejarlo en paz, por eso me merecía todo lo que me hizo…»

Alzó la mirada y reparó en un brillo metálico en su mesa de noche. Como tenía los ojos anegados de lágrimas, tuvo que acercarse para ver mejor. Encima de un trozo de tela, descansaban dos hojillas afiladísimas. Kiro recordó que las había empleado para rasgar un poco de tela, aunque no se recordaba para qué.

Fue entonces cuando recordó un pensamiento recurrente durante esos minutos de dolor y horror.

No hay mañana. No existirá mañana.

 

Luego de esto ya no tendré mañana…

Sin pensarlo dos veces, Kiro apagó la pequeña lámpara de su mesa. Tras recostarse, procedió a clavarse cada hojilla en la muñeca. Con el metal incrustado, la piel no regeneraría, y así sangraría hasta morir.

Naturalmente, el dolor era intenso, pero iba a ser sólo uno. Uno solito. No iba a sufrir más. Ya sería libre dentro de poco, y nadie más tendría que recordarlo, si es que lo recordaban.

Cuando al fin sus ojos se cerraron, sólo quedó el rastro visible de una mueca de amargura en sus labios contraídos…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka se quedó paralizado en la puerta, asimilando el hecho. Tanteando la pared encontró el interruptor y lo accionó. No se había equivocado. La sangre, manando incontrolablemente por las muñecas perforadas por las hojillas, estaba formando rojos charcos en la cama e incluso un poco se había derramado por su lado. Ni siquiera se percató de cuando cerró los puños y empezó a apretarlos.

Se adelantó hacia el klowny inconsciente —no muerto, comprobó— y quitó las hojillas de un manotazo, arrojándolas hacia un rincón. No sabía bien lo que sentía, más allá de un potente enojo dirigido al profesor por su estúpida acción. Un viejo como él… en otras circunstancias sería casi de risa.

Muka se mordió su propia muñeca e ignorando vivamente su deseo de abofetearlo hasta que despertara, echó su sangre sobre la herida. Era más profunda de lo que pensaba y le costó su tiempo pero al fin la piel se regeneró. Cuando lo liberó para dedicar el mismo cuidado a la otra se dio cuenta de qué tan dura lo había sujetado. Al acabar con la otra se sentía mareado y algo hambriento. El profesor seguía inconsciente. Sólo había cerrado las heridas, no repuesto lo perdido.

—Así que esto es lo que ha estado haciendo todo esto tiempo —comentó colérico—. Preparando el camino para cometer la mayor estupidez que se le podría haber ocurrido. Maldito imbécil. Debería matarlo por sólo intentarlo.

Echó un vistazo a su alrededor. Envoltorio, vasos, botellas de pociones vacías, pedazos mordidos y viejos de dulces. No podía dejarlo en medio de ese chiquero. Además, pensó amargamente, él había sido el causante indirecto de todo eso. No, no podía dejarlo.

El joven cargó el cuerpo del adulto sobre su hombro y se asombró de que resultara más ligero de lo que creía. Su oído percibió los débiles latidos de su corazón. Había llegado justo a tiempo.

Volvió al vestuario. Agarrando bien fuerte al profesor, saltó nuevamente por la ventana. Esta vez no se le ocurrió ver que nadie lo estaba observando. Corrió sin más hacia su hogar.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Aún estaba esperando pacientemente el veredicto de ir al Jaukauz o al Ratsuenkou, sea lo que Korr decidiera hacer conforme su obrar en la vida, pero tal sentencia jamás llegó. Sólo veía oscuridad, y todavía sentía un profundo dolor por dentro.

Caminaba como un ciego a través de ella, preguntándose perennemente dónde estaba, y reprochando al vacío que quería estar libre, sea en el peor de los sitios —Ratsuenkou— o en el paraíso —Jaukauz—, pero no deseaba seguir en el mundo de los vivos. Sin embargo, nadie pareció atender a sus ruegos o protestas.

— ¿Por qué? Sólo quiero ser libre. No quiero sufrir. No quiero que me duela más…— decía en voz baja —. No puede ser que hasta eso me lo nieguen…

Sólo se escuchó sollozando largo rato, todavía esperando esa “resolución” que lo liberaría, pero no ocurrió nada. Sin embargo, al cabo de unos minutos, la oscuridad lentamente se desvaneció de los ojos de Kiro.

Se encontró en un lugar totalmente distinto. No era su habitación obviamente.

— ¿Dónde estoy? —se preguntó en un susurro.

Se sentía débil, muy débil. Apenas podía moverse. Alzó un poco la cabeza y trató de enfocar la vista, pero todo parecía levemente borroso. Acabó desplomándose otra vez en la cama.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka abrió la puerta de su cuarto pero no, el profesor continuaba inconsciente sobre la cama. Había creído oír su voz por un momento, apenas un susurro. Recogió la bolsa con los dulces que acababa de comprar y entró para acomodarlos junto al otro montón que había juntado en espera de que el profesor se levantara, desde exactamente dos días.

Vio que las sábanas que lo abrigaban habían vuelto a caerse, así que se aproximó para volver a ponérselas y de paso comprobar su estado. Estaba mucho mejor que la primera vez que lo acostó pero continuaba bastante débil. Si seguía sin comer (como imaginaba que llevaba estando desde hace un tiempo) no acabaría de recuperarse. No le importaba la calma, hasta la agradecía, pero tanta inmovilidad por parte del mayor estaba incomodando. Y sentirse incómodo en su propio cuarto lo empeoraba.

Lo movió un poco del hombro. Estaba seguro de que había oído algo con su voz. Aunque fuera un momento tenía que despertarlo. Los dulces si iban a pudrir si no los comía.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Un toque. Apenas uno.

Kiro se obligó a abrir los ojos; al comienzo la figura —algo oscura— apareció borrosa, pero conforme mantenía fija la mirada, adquiría algo de nitidez, y…

«No… no…»

A los pocos minutos, la figura adquirió total nitidez, y Kiro lo reconoció. Sus ojos se dilataron de horror.

«Ratsuenkou… Ratsuenkou…»

Jadeó débilmente y trató de alejarse.

—No me toques…— dijo a media voz —. Debo estar soñando o en el Ratsuenkou…

Cogió la sábana y la apiñó contra su cuerpo. Sus ojos ahora expresaban miedo y desconfianza pura. Todo el cuerpo se le tensó.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Al menos ahora estaba despierto.

—Como quiera —replicó Muka elevando las manos y fue a por los dulces. Los arrojó al regazo del profesor, sentándose de paso en el otro extremo de la cama—. Coma. Ha estado dos días inconsciente y lo necesita.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro lo miró con desconfianza a Muka y luego el paquete de dulces que tenía en el regazo. Volvió a mirar al otro, pero con resentimiento.

—No seguiré tus malditas órdenes. Ya jodiste y arruinaste mi vida. Déjame pudrirme en paz; ¿ya ni tengo derecho a decidir qué demonios hago con mi vida? —le dijo con voz silbante y cargada de rencor —. O debo estar en el Ratsuenkou…

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

El muchacho giró los ojos. Se obligó a contar hasta cinco antes de contestar. Debía recordar que trataba con un redomado idiota, sí, pero uno que ha perdido demasiadas fuerzas.

—¿Yo lo jodí? —dijo despectivo—. No creo haber sido yo el imbécil que le pusiera esas hojillas en las muñecas. Debería agradecerme más bien de que justo estuviera ahí para sacárselas o ahora realmente estaría en el Ratsuenkou —Miró los dulces de forma significativa—. Ande, cómalos. No he gastado mi dinero en ellos para que los eche a un lado sin siquiera probarlos. Luego discutiremos de lo estúpido que es usted y lo malvado que soy, pero por ahora recompóngase.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Aquellas palabras descontrolaron a Kiro. Tiró la bolsa a un lado.

— ¿Agradecido? ¿Acaso te pedí que me salvaras la vida? ¡Todo lo que quise fue desaparecer de este jodido mundo! ¡Ese era MI deseo! ¡MÍO y de nadie más! Por eso YO me clavé las hojillas, y estaría ahora libre de no haber sido por tu INTERFERENCIA. —Kiro meneó la cabeza —. Maldito sea tu ego, Muka, ¿quién demonios te crees? ¿Un vengador, un salvador? ¿AH?

A estas alturas, Kiro temblaba y rechinaba los dientes. La rabia le había dado un poco de energía.

—Jodiste mi vida más de lo que ya estaba jodida, y de paso te crees no sé quién para que yo te ande agradeciendo… maldito seas, tú y tu repulsivo ego de niñato de 170 años que cree que tiene a Korr cogido por la chiva…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka no pudo evitar echarse a reír.

—¡Aquí vamos otra vez! —dijo todavía sonriendo con burla—. Por mi edad ya se cree más maduro que yo pero no se da cuenta de que lo ha hecho es lo más patético e inmaduro que se le podría ocurrir. Cuanto más duras se ponen las cosas con mayor razón hay que enfrentarlas. ¿O su elevada sabiduría se olvidó de esa pequeña lección junto al litro de pociones para dormir que se bebió?

Se levantó de la cama y empezó a recoger los pedazos de dulces desperdigados. Bufando de irritación los echó a todos a una papelera que tenía cerca. Frotó sus manos para librarse de las migajas y se volvió al mayor.

—Y me doy cuenta de lo que le hice no fue lo mejor pero no voy a lamentarme por ello. Por ahora, me guste o no, y la verdad no me gusta nada, soy responsable de usted y no dejaré que cometa la misma estupidez dos veces. No me importa que no se dé cuenta, pero usted no merece morir.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Lo que hiciste fue una maldita atrocidad. PUNTO —respondió Kiro, con voz dura y tensa —. Abusaste de mí, me obligaste a disfrutar y aceptar tus barbaridades, sin pensar ni un minuto como me sentí por dentro… y todo por lo que dije de tus tareas, o ese patético empujón… ¡Quien es el inmaduro aquí! ¡Tú, que dañas y destruyes a otros klownys por razones infantiles! No vengas a hablarme de madurez porque tú no eres mejor ejemplo que yo.

Sujetó con fuerza la sábana, haciendo destacar los nudillos, pero al cabo de unos segundos, terminó desplomándose en la almohada. Se sentía débil. El estallido de ira lo había debilitado mucho.

—No quiero que cuides de mí. Sólo quiero morir. Largarme. Desaparecer. Me vale un comino tu pseudo-actitud noble, luego de todo el daño que me hiciste, me parece una maldita hipocresía. Sólo déjame morir en paz. Es todo lo que quiero.

Dicho esto, le dio la espalda a Muka, y se hizo un ovillo en la cama.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—¿Sabe qué? —dijo. Una ceja se le movía compulsivamente—. Me tiene usted harto.

Muka no razonó lo siguiente. Simplemente se adelantó, tomó al profesor del hombro y lo dejó boca arriba. Pero el movimiento fue realizado con tanta fuerza que sacó al mayor de la cama, dejándolo en el suelo y Muka se arrodilló para hablarle. Con la mandíbula tensa, los ojos fijos lanzando llamas, no era una imagen agradable.

—Me he pasado dos días cuidando de usted. ¡Y antes de eso, cuatro días sin saber qué diablos le había pasado! Creyendo que estaría relajándose, listo para vengarse de mí por “obligarlo” a sentir placer ¡y me lo descubro viviendo en medio de la porquería y desangrándose como un maldito mártir! Le curo sus heridas, le traigo a mi casa y lo acuesto en mi cama. Le digo que me haré cargo de usted y ni siquiera tiene la puta decencia de CALLARSE LA JODIDA BOCA —Muka cerró los ojos un momento. Se conocía lo bastante para saber que si continuaba por ese camino acabaría echando al profesor a la calle y esa no era la idea. Cuando al fin recuperó algo de calma, añadió:—. No me importa que no le guste, no me importa ni siquiera que me odie. Hágalo, tiene derecho. De seguro debe ser muy frustrante que alguien le dé para variar lo que realmente le gusta y tiene demasiado miedo para admitir. Tal vez hasta pensó que por su masoquismo debía morir. Me lo imagino muy bien —Empleó una voz aguda y quejumbrosa—, “una puta como yo no merece compasión”. Pues se equivoca. Y se quedará aquí hasta que se dé cuenta de ello, ¿me oyó?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

De un momento a otro, se vio arrojado al suelo, y como estaba tan débil, cayó como un muñeco de trapo… y luego con el rostro de Muka, tan cerca e inmenso como la luna. Le fue desagradable, tanto, que acabó cerrando los ojos con fuerza y torciendo la cara. No quería escucharlo. No quería, NO DEBÍA.

«Debí haber sido alguien muy malo como para merecer este maldito suplicio…— pensó para sus adentros — ¿Qué crimen habré cometido yo? »

“No me importa que no le guste, no me importa ni siquiera que me odie. Hágalo, tiene derecho. De seguro debe ser muy frustrante que alguien le dé para variar lo que realmente le gusta y tiene demasiado miedo para admitir. Tal vez hasta pensó que por su masoquismo debía morir. Me lo imagino muy bien “una puta como yo no merece compasión”. Pues se equivoca. Y se quedará aquí hasta que se dé cuenta de ello, ¿me oyó?”

«Ratsuenkou…— volvió a pensar —. Allí fue donde aterricé…»

Una sensación de resignación y apatía se anidó en lo más profundo de su ser, y el primer síntoma se tradujo en la forma que súbitamente el cuerpo se le destensaba. Cuando entreabrió los ojos, se dio cuenta que nuevamente estaba llorando.

—Claro, cómo no lo pensé antes: me merecía cuanta cosa me hiciste, porque supiste que era masoquista. —contestó con voz quebrada. El pecho se le agitó con fuerza —. Cierto, ¡por qué no lo pensé!

Habría sonado sarcástico, pero no esta vez. En realidad, seguía despedazado, herido irremediablemente. Quizás de por vida.

—Está bien, me callaré… las putas masoquistas tenemos que estar calladas y agradecer abusos y maltratos porque sólo para esos servimos. Para más nada. —dijo antes de estallar convulsivamente en sollozos quebrados, cargados de dolor y de culpa, además de confusión. Todo su rostro se llenó de amargura pura y la promesa de una sonrisa se hizo tan sólo una esperanza vana.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

En un giro totalmente inesperado para él, el profesor se echaba a llorar en el suelo de su habitación. El enojo no se le pasó del todo pero junto a él le sobrevino una repentina sensación de incomodidad. Sabía que esas reacciones podían conseguirse luego de un orgasmo provocado por el puro dolor pero ese no era el caso. Después de todo no podía decir que en realidad resultara inesperado, sólo que él no estaba listo para ello.

—Vamos, no sea tonto —dijo en un intento de cambiar la situación—. No he dicho nada de eso —Frunció los labios, desorientado, y lanzó un suspiro—. Lo ayudaré a acostarse de nuevo, ¿de acuerdo? Deje de llorar, parece una nena.

Tomó el cuerpo (demasiado ligero) del mayor pasando un brazo por debajo de las rodillas y el otro en la espalda, cerca de los hombros. El joven se enderezó y recostó nuevamente al profesor en la cama. Levantó las sábanas deslizadas al suelo y lo cubrió por encima.

Sus movimientos, aunque seguros, eran mecánicos. La situación tal vez no estaba tan en su control como lo imaginaba, pero en cualquier caso lo último que haría sería rendirse. No sólo por el profesor, si no por él. Jamás había utilizado sus colmillos para matar inocentes y Kiro, al fin y al cabo un simple profesor, de ningún modo sería el primero.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

« ¿No? ¿Y entonces qué diablos decías? — pensó Kiro, cegado por el dolor. —. Esto es el Ratsuenkou, estoy convencido de ello. »

Se dejó levantar, ya que no tenía fuerzas para resistirse. Sintió que lo depositaban nuevamente en la cama y lo arropaban. Su primer reflejo fue enroscarse en postura fetal y arroparse casi hasta la cabeza.

Razonar con Muka y razonar con una piedra bien podría ser EXACTAMENTE la misma cosa. Ese chicuelo no atendía argumentos ni razones. Como no las atendía para entender que raspará la materia por no cumplir con un 40% de la nota definitiva que consistía en la asistencia, menos iba a comprender el calibre del daño que había hecho. Aquella perspectiva, aunada a la fuerza y a esos horribles dientes sólo le dijeron a Kiro que estaba en garras de algún monstruo sin cerebro ni corazón.

«Monstruo… monstruo… es todo lo que él es… y me tiene bajo su poder. »

Y en todo caso, eso explicaba su evidente falta de empatía para entender el dolor ajeno. Sólo un monstruo, un animal o un asesino actuarían así.

Un instinto natural en todo klowny pica era intentar “entender” la naturaleza de las cosas, incluso las más terribles. Lo que los hacía excelentes argumentadores, consejeros, pacificadores o sabios era precisamente el intentar comprender de alguna manera lo que se les presentaba. Si lo entendían, pronto podrían hallarle solución…

«Aunque yo por dentro esté por morir. Yo sí que no tengo solución…»

— ¿Qué eres tú? —preguntó a media voz — ¿Un monstruo? ¿Un asesino? ¿Qué?

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka le daba la espalda al profesor cuando le llegó su pregunta. Lo observó un momento y luego buscó detrás de los dulces, sacando al fin una botella de vino. Se la enseñó con una sonrisa mitad ironía, mitad seriedad.

—Se lo diré si se bebe esto. Le contestaré todo lo que desee si me hace ese pequeño favor.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Miró la botella con desconfianza, pero a la final no tenía vigencia pensar que el vino podría estar envenenado, viendo el empeño y la terquedad en que “viviera” —aunque personalmente, Kiro aún seguía prefiriendo la muerte—, así que aceptó la botella, con aire de resignación. Frunció la cara ante la idea de beberlo de la boquilla, cuan borracho repulsivo.

Se llevó el pico de la botella a los labios y bebió un sorbo. Sorprendentemente, el vino le cayó bien. Incluso tenía buen sabor. Lo invadió una leve desesperación que le obligó a beber y a beber desaforadamente, pero terminó ahogándose. Tosió varias veces y dejó la botella a un lado. Su aliento ahora era puro vino.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

El muchacho tomó la aceptación del vino como una pequeña victoria. Cuando el profesor se mostró satisfecho de momento, se sentó a los pies de la cama cruzándose de brazos. El aliento a vino puro era desagradable pero también algo a lo que se había acostumbrado gracias a las borracheras que se pegaban sus amigos.

—Así me gusta. Bien, ahora sobre su pregunta “¿qué soy?”, la respuesta es simple: soy un vampiro. ¿Conoce a esas ratas voladoras nocturnas? Algunos son puramente vegetarianos pero otros chupan sangre de los animales. A excepción de las alas, la parte de ser nocturnos y dormir boca abajo, eso mismo hacen los klowny vampiro. Por cierto —agregó, cayendo en cuenta, y desviando la mirada—, debo disculparme por la mordida que le pegué en el salón ese día. No se supone que muerda a cualquiera. Me moría de hambre y usted era lo más cercano a algo comestible en ese momento. No lo creerá pero no pretendía hacerlo.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

La explicación turbó a Kiro. Nunca había escuchado de klownys vampiros. No era una raza que había creado Korr, de eso no cabía duda. La idea de que estaba frente a un monstruo sólo se hizo más fuerte.

“Por cierto, debo disculparme por la mordida que le pegué en el salón ese día. No se supone que muerda a cualquiera. Me moría de hambre y usted era lo más cercano a algo comestible en ese momento. No lo creerá pero no pretendía hacerlo.”

Kiro le hizo un gesto de “ya basta” a Muka.

—Por favor, no me recuerdes ese momento tan horrible. —le dijo con voz tensa y silbante —. Y horrible es lo que quiero decir, no otra cosa. Te agradezco que no me vuelvas a mencionar ese maldito día de HORROR, y te agradezco además que me dejes salir de aquí y te olvides de mí.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—¿No le he dicho ya que no haré eso? —replicó con algo de hastío, y miró hacia el techo como implorando la paciencia que ya creía necesaria—. Si quiere hacer de cuenta que jamás pasó, está bien, pero de aquí no se va hasta que no esté completamente seguro de que no volverá a intentar una cosa tan absurda como matarse.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

— ¡Pero esto es secuestro! —dijo Kiro —. Me violas, me secuestras, y ahora me sales con esto de que cuidarás de mi… a alguien le patina el coco y no es a mí, de eso estoy seguro…

Permaneció un momento en silencio y terminó dándole la espalda a Muka.

—No eres dueño de mi vida. No tienes voz ni potestad para decirme si merezco morir. Si es para sentirte mejor contigo mismo, pues más asco me das, y más hipócrita y falso te haces ver. Monstruo, fenómeno, loco de atar, niñato creído, y para rematar, hipócrita. La guinda del pastel.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—¿Hipócrita, yo? —cuestionó con falsa inocencia y se echó a reír—. ¿Y qué me dice de que lo usted está haciendo? Me habla de violar pero se olvida de un detalle, señor —Apoyándose en las rodillas y las manos, Muka adelantó el cuerpo—. Yo jamás me lo follé. Jamás hubo coito. En todo caso mi cuaderno es el culpable. Se lo dije bien clarito: “¿prefiere una follada o que lo lastime?”. Y prefirió el dolor. Si no me falla la memoria hasta me dio su permiso para que lo castrara con un cutter. ¿Y luego me viene con este espectáculo de pobre víctima? No me engaña. Lo que pasa es que le aterra el aceptarse a sí mismo como un masoquista, a lo mejor porque no cabe en su pequeña visión perfecta de usted mismo. Lo que le da horror no es el que yo lo forzara a hacer esas cosas, es el hecho de que usted disfrutó cada una de ellas.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro se levantó bruscamente de la cama y encaró a Muka.

— ¡TÚ ME OBLIGASTE! —estalló Kiro —Me golpeaste, me tocaste, me desnudaste, me mantuviste inmovilizado con tu fuerza de MONSTRUO… ¡SI ESO NO ES VIOLAR, QUÉ DEMONIOS ES!

Nuevamente rompió a llorar.

— ¿Cuántas veces no te supliqué que te detuvieras? Pero no, sólo seguiste insistiendo, jodiéndome con mi maldita debilidad, aprovechándote de ella, cuan rata vil y asquerosa… ¡Y PRETENDES QUE TE LO AGRADEZCA! —Kiro se estremecía sin control alguno —Por dentro estaba sintiéndome como enfermo terminal, y ¿sabes? El deseo de morir lo traía ya desde ese mismo día…

Se detuvo bruscamente y volvió a darle la espalda a Muka.

— ¿Para qué estoy conversando esto contigo? Tú no entiendes cómo me siento. Creo que espero demasiado que alguien como tú, que sólo se fija en un pene erecto y no en la mente, entienda lo que sentí. No lo entenderás. No vas a sanar lo que me destruiste, Muka. Podrás sanarme por fuera, pero NUNCA en tu perra vida podrás reconstruir lo que jodiste.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Por un momento el muchacho se le quedó mirando, en tanto en el cuarto se volvían a  oír los sollozos del profesor. Se sentó nuevamente, su mirada revestida de intensa seriedad.

—Tiene razón, no lo entiendo —admitió finalmente, resignado—. No entiendo por qué un hombre de su edad decidiría quitarse la vida. Es decir, todavía tiene muchos años por vivir, un trabajo que no lo deja en la miseria y una casa. Le he hecho cosas peores a otras personas y sobreviven. ¿Por qué para usted debe ser diferente?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro permaneció en silencio por un largo rato, sollozando en voz baja, sin dejar de preguntarse qué arreglaría el tanto hablar. Además, eso de “le he hecho cosas peores a otras personas” no le gustó. La impresión que tenía de Muka bajó todavía más, ya más de lo que estaba.

—Esas “otras personas” son “otras personas”…— dijo finalmente, tosiendo de vez en cuando —. Yo, soy yo, Muka. Ergo, no todos nos tomamos las cosas de igual forma. A unos les vale rábano, a otros no… ¿por qué yo tendría que ser igual a esas “otras personas”? ¿Por qué? Y no, ahórrate los detalles de tus crímenes y aberraciones klownyanas. No me quiero enterar. No quiero saber qué clase de cosas horrendas les hiciste sufrir…— tras hacer una pausa, añadió: —. Y tú no sabes qué clase de vida tengo yo más allá de mi trabajo, más allá de mis quinientos años y la casa de la cual me sacaste sin mi consentimiento. Igual que tú me dijiste allá, yo te lo devuelvo ahora: no sabes nada de mí. Y no me interesa que lo sepas. Yo te importo tanto como tus tareas de lógica, por eso no confiaré en ti.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—Continúa con sus dramas —suspiró Muka más hastiado que enojado—. Y eso que no le he dicho que hay gente que paga por pasar esas atrocidades. Pero hemos aclarado que usted no es de esas personas, no. Usted tiene serios complejos y un montón de cosas que harían las delicias de cualquier psicólogo. Bien por usted —De pronto una idea que se le había metido en los últimos días asaltó su boca—. No tendrá alguna pareja o algo remotamente parecido, ¿verdad? Esposa sé que no porque cuando fui a buscar su ropa no vi las de nadie más.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

— ¿Y eso a ti qué te importa? —le escupió Kiro —. ¿Qué te importa si tengo pareja o no? ¡No quiero nada contigo! ¡Déjame en paz, maldita sea!

Cogió la botella y volvió a zamparse otro trago. Y otro. Y otro. Y otro. Estaba fatal, y sólo iba de mal en peor. La presencia de Muka y el secuestro no ayudaban en nada. Sólo empeoraba las cosas.

—Déjame libre, Muka. Te crees que vas a arreglarme la vida, pero no. Jamás lo lograrás, hagas lo que hagas, digas lo que digas. No vas a cambiarme JAMÁS. —sorbió otro trago, y cuando se sintió con más energía, rompió la botella contra la mesa, y apuntó a Muka con el filo —. Me pones un dedo encima y no respondo. No quiero que vuelvas a tocarme en tu perra vida.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Aquello le resultó terriblemente gracioso.

—¿Me está amenazando en plena borrachera, señor? —inquirió el joven arqueando las cejas.

Percibía que el profesor no estaba en realidad del todo borracho pero bastante cerca. Eso sumado a su debilidad inicial le daba una considerable ventaja. Esa es la razón por la que se limitara a agarrar la muñeca del profesor y la llevó a su espalda mientras lo dejaba bocabajo en la cama. Apretó la extremidad para forzarle a soltar la botella.

—No olvide mi fuerza monstruosa, señor —dijo inclinándose sobre su oreja—. Por favor, deje de ponerse en vergüenza y acepte la realidad como es. Será mucho mejor para los dos.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Exhaló un gemido de frustración al sentirse indefenso y totalmente desamparado, tanto física como psicológicamente. Intentó forcejear para quitarse al otro de encima, pero no pudo, y en cambio un crujido en su muñeca lo hizo soltar la botella.

Ante esto, pensó que sólo le quedaba una opción: cerrarse por dentro. Que hiciera lo que le diera la gana con su materia, pero no penetraría más en su corazón. En todo caso, prefería matarlo él mismo antes de que Muka lo hiciera trizas allí también. Y en todo caso, morir por dentro era lo mismo que morir por fuera, así que la tentativa no era del todo desagradable. De todos modos, muerto por dentro o no, lo que sí sabía era que jamás lo dejaría entrar a su alma. No quería que lo saqueara por dentro —no más de lo que hizo ya—, y menos de la misma forma atroz con que lo hizo con su cuerpo.

Así que mientras terminaba de soltar la botella rota y el cuerpo se distendía, millones de portones en su corazón se cerraron estruendosamente, y una muralla se alzaba a su alrededor. Nadie entraba, nadie salía.

«No vas a poseerme por dentro. Primero lo mato y me vacío, antes de dejarte hacer tal cosa…— pensaba Kiro —. Prefiero eso a que alguien como tú, rastrero y repulsivo, pueda presumir de haberse adueñado de mi ser. »

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Luego de que la botella cayera al suelo con un tintineo, milagrosamente sin romperse aún más, Muka liberó al profesor y se apresuró en recoger la mitad casi entera y los pedazos de vidrio. Mientras hacía esto y los arrojaba hacia la papelera tuvo tiempo de calmar su ánimo para poner nuevamente sus pensamientos en orden.

—Lo de su pareja —continuó apoyándose en la pared— no era para indagar sobre su vida, si no para saber si no corro el riesgo de que alguien vaya a buscarlo a su casa. Aunque por lo mugrienta que estaba, dudo que haya recibido visitas antes. También debo saber si realmente va a renunciar a su trabajo o no. Por ahora les he enviado una carta con su nombre haciéndoles saber que estaba de viaje por un asunto familiar y le sería imposible volver de momento.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Resignación y estupefacción no era una buena mezcla, de aquello no cabía duda; ¿realmente aquello estaba pasando? Muka estaba controlando su vida en más de un sentido. La sensación de que lo tenía “amarrado” y virtualmente desvalido de tomar decisiones por su cuenta no fue nada agradable. Esa sensación de indefensión y desamparo volvían a asfixiarlo. Pero lo peor no era eso, sino la sensación de que no tenía otra opción sino obedecer. Someterse.

«Violación, secuestro… y ahora esclavitud; ¿realmente las cosas pueden empeorar? —pensó Kiro —. Mientras estuve débil y vulnerable, él aprovechó para amarrarme…»

—Debo estar alucinando… te has apropiado de mi vida, tomaste decisiones por mí y me obligas a permanecer acá…— murmuró, levantándose y cubriéndose con la manta nuevamente. —. Un jodido chiquillo está controlándome…

«No es un chiquillo de verdad. Es un monstruo que te tiene en su poder— se corrigió a sí mismo —. Eres prisionero de un monstruo, no lo olvides. »

—No sé, Muka. Tengo que pensar lo de mi trabajo… y no, no tengo pareja. Tengo 250 años sin follar, ¿eso te dice algo? —remarcó con ironía y cansancio —. Estuve más solo que la una, hasta que viniste tú y me secuestraste. Punto y final.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“Debo estar alucinando… te has apropiado de mi vida, tomaste decisiones por mí y me obligas a permanecer acá… Un jodido chiquillo está controlándome…”

Desde luego, Muka pudo oírlo.

—¿Controlándolo? —replicó frunciendo el ceño—. Usted se debe quejar de todo, ¿no es cierto? Encima que me tomo la molestia de mantenerle el trabajo. ¿Tiene idea de que estuvo a un mísero día de ser despedido? ¡Estaba inconsciente, maldita sea! —exclamó enfadado—. ¿Qué pretende que hiciera? Y perdóneme si no confío en su habilidad para hacerse cargo de las cosas, pues la última que tuvo la oportunidad de hacerlo decidió abandonarlo todo y huir, como un vulgar cobarde.

Se obligó a serenarse. Incluso él sabía que con continuos reproches, enojándose a cada rato, no llegarían a ningún lado. Acaso podría empeorarlo y sin duda no lo deseaba.

—Mire, voy a ser directo con usted. No quiero que muera. Si va a hacerlo que sea luego de una enfermedad, porque lo asaltaron o yo qué sé. Algo natural o casual. No porque yo… haya sido un bruto, ¿vale? De verdad no puedo imaginar qué podría pasarle por la cabeza para hacer algo así, y si no quiere decírmelo, no lo obligaré, pero no voy a desentenderme del asunto. Lamento que le disguste tanto —se cruzó de brazos, decidido— pero así es la cosa. Puede aceptarlo o amargarse aún más por ello.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Yo no te pedí hacer nada de esto por mí. Ni te pedí que me hicieras sentir placer, ni te pedí que hicieras todo esto que me restriegas en la cara. —dijo en voz baja, demasiado agotado emocional y físicamente como para volver a estallar —. Nuevamente, haces las cosas sin siquiera yo desearlas. No piensas en mi, no respetas mis deseos, ni mi voluntad. Y claro, pretendes que lo acepte, y lo agradezca.

Un silencio, y finalmente añadió:

—Ahí está tu rollo, Muka. Te importa un carajo lo que yo pienso o siento. Te importó un bledo cuando me violaste e ignoraste mis ruegos, y ahora te importó un bledo al haberme “salvado” y dizque ocupado de mí. Crees que decidiendo y tomando control de mi vida haces bien, pero ni siquiera me has preguntado “¿cómo te sientes?” o “¿Qué es lo que deseas?”, o lo que sea, pero algo que demuestre que verdaderamente te importa lo que pienso. Y ya es tarde para preguntármelo, porque no creo en ti. No confío en ti. Sólo te recordaré como el monstruo que jodió mi vida y la convirtió en un maldito Ratsuenkou.

Le dio la espalda, arropado casi hasta la nariz.

—No te agradezco esto, ni ahora ni nunca. Ni cómo ensuciaste mi cuerpo, ni como jodiste mi psique, ni como me secuestras aquí y controlas mi vida. Ni siquiera respetaste mi deseo de morir. No me respetas nada… ¿y quieres aun así, que sonría y agradezca? —el rostro de Kiro se retorció en una mueca de amargura — ¿Y tienes el descaro todavía de preguntarme por qué busqué morir, a sabiendas que igual, lo que diga o piense, te lo pasarás por el mismísimo culo tuyo? ¿Para qué decirte lo que pienso o siento? ¿Te importará? Está clarísimo que no.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Obviamente el profesor no estaba para razonar. Todo lo que le diría sería olvidado o retorcido, relegado para sacar a luz nuevamente el incidente de aquel día. Le esperaban largos días por delante, podía presentirlo.

—Bien, como guste —dijo rendido y se dejó caer a los pies de su cama—. La vida es una porquería, yo soy un desconsiderado, usted la pobre víctima incomprendida, bla bla bla. ¿Sería posible cambiar el rollo? Tanto cliché junto me enferma.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Me gustaría que te hicieran toda la porquería que me hiciste. Sólo así sabrías lo que se siente. —masculló, alejándose hasta quedar contra la cabecera de la cama. —. A ver si así sigues diciendo que esto es un maldito cliché.

Luego, tras una pausa, preguntó:

— ¿Dónde está el sofá? Porque no voy a dormir contigo pegado a mí. —dijo entre dientes —. Así que si esta es tu cama, con gusto te la dejo y me voy a dormir a otro lado.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—No hay otro lado —aclaró Muka, indiferente—. No tenemos cuarto de invitados y aunque lo hubiera, el sitio más seguro para usted es aquí. Es el único donde mi madre no se metería jamás sin tocar o si no estoy. Creo que lo hace por miedo de lo que pueda encontrar aquí —Giró un poco la cabeza para ver la cara del otro—. A menos que prefiera dormir en la ducha y ganarse un dolor de cuello, tendrá que soportar dormir aquí. Ya lo ha hecho por dos días y puede ver que no le he hecho nada.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Pero sentirte cerca de mi alborota mis ganas de vomitar…— replicó entre dientes, resignado a su maldita suerte. Ya cansado de tanto discutir y de enfadarse, terminó desplomándose en la almohada y durmió profundamente…

******

Los días siguientes fueron sumamente difíciles para Kiro.

La tensión entre él y Muka parecía crecer a cada segundo que pasaba; obligado a estar encerrado con aquel monstruo, obligado a comer y a “reponerse” provocaba que Kiro estuviese de mal humor y amargado todo el tiempo, cuando no estaba refugiándose en silencios largos y ominosos, totalmente cerrado al jovencito. Cada vez que Muka le preguntaba algo, Kiro no contestaba, o si lo hacía, era con monosílabos o incluso gruñidos.

Durante las noches, dormía fatal; no sólo esforzándose por estar alejado de Muka —cosa complicada especialmente en una cama estrecha—, sino por las pesadillas que le acometían y lo hacían despertarse entre gritos o sobresaltado. En esos sueños, su mente traumatizada revivía en todo su esplendor el horror vivido hacía días, e incluso lo magnificaba ahora que tenía el estrés de tenerlo tan cerca. Hubo una noche que la pasó dormido en el suelo, y aunque estuvo incómodo, lo prefirió a tener a ese monstruo a escasos centímetros.

Frecuentemente se preguntaba si realmente esto tendría fin; si realmente volvería a tener libertad. Algunas veces, cuando Muka salía, Kiro pensaba en ir a la cocina y coger una de esas amistosas cuchillas que relucían, pero nuevamente pensaba que tardaría en morir, Muka lo iba a encontrar… y la historia volvería a repetirse —y mucho peor—. Con una sola vez, bastaba y sobraba, sin duda.

« ¿Cuándo me voy a recuperar? Quisiera poder olvidarlo todo con una poción de olvido…— se decía para sus adentros, durante esas horas eternas de soledad —porque evidentemente, Muka jamás contaría como compañía—,  mirando hacia algún punto inexistente de la pared —. Quisiera olvidar todo esto, por el amor de Korr…»

Un día que Muka salió, Kiro se recostó en la cama con intenciones de tomar una siesta y dejar que la jaqueca se le pasara. Cuando al fin se quedó dormido, él comenzó a soñar cosas. En uno de esos sueños, se veía desnudo totalmente frente a un puñado de jovencitos que decían ser estudiantes suyos —aunque Kiro no reconocía las caras de ninguna parte—; estaba sentado en una silla, con las piernas abiertas y las manos amarradas hacia atrás.

Los estudiantes que estaban frente suyo lo señalaban y se reían.

—Míralo, el profesor la tiene parada.

—Quién iba a decirlo, el pica… ¡picarón! —dijo otro, estallando en una risotada.

Uno de los estudiantes se acercó, alzó la pierna y colocó el zapato justo encima de la punta del miembro de Kiro. Retorció el talón, como si aplastara una colilla de cigarro.

—Anciano masoquista, le gusta que le pisen la polla…

Kiro, entre gemidos de dolor, contestó:

—Sí, me encanta…—decía, sin alejar el cuerpo ni resistirse.

De repente, una voz al fondo afirmó:

—Claro, ¿qué más esperarían de una zorra masoquista hipócrita que se cortó las venas sólo porque gozó como loco?

Los otros se hicieron a un lado, y Kiro reconoció al que habló: era Muka, sentado en la fila del medio, en el último pupitre.

En ese instante, Kiro despertó, pero no con el habitual sobresalto o grito. En realidad, se despertó sintiéndose muy bien —además, la jaqueca ya había desaparecido— a pesar de haber reconocido la imagen de Muka. Fue entonces cuando una leve presión en su pantalón —seguida de una sensación de calor— lo alertó.

Era la primera vez en mucho tiempo que volvía a sentir placer. Kiro no sabía qué hacer, y de nada servía disimular porque si Muka lo descubría, quien sabía qué podía pasar… así que decidió acabar con todo allí mismito. Manteniendo un ojo en la puerta, se abrió la bragueta y liberó la erección que ya empujaba con fuerza contra sus pantalones. La contempló atónito, y la sostuvo entre sus dedos alargados; el sueño acudió a su mente con toda claridad, excitándolo todavía más.

—Entre más rápido termine esto, mejor…— se dijo a sí mismo, frotando el miembro haciendo presión, emulando lo que sintió en ese sueño, e intentando no pensar en Muka, cuya imagen se resistía a irse de su afiebrada mente…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Los días anteriores tampoco fueron fáciles para Muka. La enfermedad con la que había nacido, la que le impedía digerir del todo bien la sangre, lo obligaba a abandonar su cuarto y al profesor con una molesta frecuencia.

Luego de satisfacer esa necesidad Muka regresaba lo más pronto posible a casa con el temor de encontrar que llegaba demasiado tarde para evitar un nuevo intento de suicidio pero, cuando descubría que no era así, que más que nada el mayor se la pasaba en su cama, sentía que se enojaba con él por haberle implantado esos horribles pensamientos en la cabeza. Las antiguas salidas nocturnas con sus amigos se veían suspendidas ahora.

Apenas conseguía estudiar lo suficiente para los exámenes, entre alimentarse, conseguir el dinero necesario para alimentar al profesor, limpiar el cuarto, las sábanas y las ropas del mayor, a fin de que mamá nunca se enterara del huésped que tenía.

Sobre todo la actitud del mayor le exasperaba. Cierto que prefería el malhumor, las eternas siestas y el total hermetismo a alojar a un alma gimiente y llorosa, pero también estaba harto de vivir en el silencio. Le gustaría que le hablara. Mostrar algún entusiasmo porque consiguió vino dulce del bueno tampoco estaría mal. Mostrar algo, además de odio.

Esa tarde tuvo que salir de nuevo a causa de su estómago. Había pasado tanto tiempo sin sentir la dulce sangre que cuando saltó por la ventana por poco cae de rodillas, de lo mareado que estaba. La víctima fue un borracho pendenciero, sin amigos ni familia que lo esperaban. Dejó el cadáver en un callejón tras cubrir las heridas como su padre le había enseñado.

Entonces corrió hacia su casa, sin dejar que nadie lo identificara, y de un salto logró afirmarse en la cornisa de su ventana. Pero antes de subir el vidrio notó al profesor sentado en la cama (en lugar de dormido o mirando el techo), encorvado sobre sí mismo y haciendo ese movimiento de brazo que tan familiar se le hacía. Muka, interesado en el hallazgo, entró lo más sigilosamente posible en la habitación y lo percibió en el aire: sí, en definitiva alguien había amanecido con ganas.

La sonrisa que dio fue tan amplia que tuvo que contenerla. Al fin, el vejete reaccionaba positivamente. Sin lágrimas, sin gimoteos penosos. Una simple y vulgar paja. Con la misma discreción que usó para entrar, Muka se le acercó por detrás, subió una rodilla a la cama y deslizó una de sus manos por el brazo del profesor, bajando hasta lo que el otro sostenía.

—Vaya, vaya. ¿Qué es lo que tenemos aquí?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Los minutos transcurrían sin perturbar a Kiro, que seguía absorto masturbándose, fantaseando lo que había soñado hacía rato. Su mano se deslizaba en torno a la erección gruesa y ardiente, y con cada movimiento, era más y más el placer que sentía. No recordaba haberse hecho una paja así de agradable en mucho tiempo.

Estaba encorvado sobre sí mismo, los ojos entrecerrados, pero fijos en su propia erección que apuntaba hacia su rostro; la boca abierta y curvada en una mueca de placer. Incluso se escuchó gimiendo y jadeando con pesadez, hasta que…

“Vaya, vaya. ¿Qué es lo que tenemos aquí?”

Kiro reaccionó con un gemido sobresaltado. Trató de zafarse, pero la mano de Muka ahora lo mantenía firme, sin dejarle oportunidad de soltarse la erección. Contra su espalda, sentía el calor del cuerpo del jovencito, ese contacto al que había rehuido a toda costa los días anteriores. Sin embargo, ahora su cuerpo no lo rechazaba, a juzgar por la placentera y cálida languidez en la que se mantuvo.

El placer pudo más, y la mano libre de Kiro se unió a la otra y continuó sobando la ardiente erección.

«Ya me vio. Ya qué…» pensó, oyendo sus propios jadeos de placer.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

En definitiva prefería esta faceta del profesor. Calentón y musical. Muka sólo continuó dándole su toque hasta que rápidamente se aburrió y se apoyando el mentón en su hombro, dijo:

—¿Qué le parecería una mamada, señor? Por haber sido tan bueno teniendo una magnífica erección, quisiera recompensarlo —Mordió el lóbulo de su oreja y se aplicó en lamerla como lo haría si le daba su permiso. No quería arruinar las cosas dos veces—. ¿Eso le parecería bien?

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

« ¿Qué diablos estoy haciendo? Estoy aquí muriéndome de calentura y disfrutando, cuando hace unos días estuve tan mal…» pensó Kiro, sin dejar de tocarse, sintiendo la mirada lasciva de Muka sobre su hombro. El hecho que el jovencito lo estuviese viendo lo estaba excitando todavía más, si es que tal cosa era posible.

Entonces, la voz de Muka contra su oído:

“¿Qué le parecería una mamada, señor? Por haber sido tan bueno teniendo una magnífica erección, quisiera recompensarlo ¿Eso le parecería bien?”

La cuestión arreció con el contacto tibio y húmedo de la lengua de Muka en torno a su oreja. Kiro se estremeció con tal violencia, y apretó con fuerza su miembro. Terminó asintiendo, sin que la mueca de placer abandonara su rostro.

—S-sí… me encantaría, Muka— balbuceó entre jadeos; sus ojos negros brillaban de pura lascivia —. Por favor, chúpamela…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“S-sí… me encantaría, Muka. Por favor, chúpamela…”

Puro libido se destilaba de sus palabras. Muka dio un último tirón a su oreja y bajó de la cama, colocándose ahora de rodillas frente al profesor. Sin brusquedad pero con firmeza quitó la mano que estaba acariciando el miembro y la reemplazó con la suya, imprimiendo mayor fuerza y velocidad al ritmo. Mientras lo hacía se dio cuenta de cuánto extrañaba contacto de ese tipo.

Desde que se trajo al profesor le había sido imposible dedicarse a las cosas que tanto placer le daban en el pasado. Esperaba que llegara el momento en que pudiera dejarlo solo pronto pero ese desenlace tampoco le desagradaba. Ese calor característico contra los labios, la dulzura de la sangre amontonada le encantaban. Comenzó con la punta, lamiendo toda la superficie.

Bajaba hasta donde terminaba el miembro con sentidos golpes de su lengua, decididas succiones de boca y leves, breves mordidas. Cuando alzó la vista se halló con la mirada fija del profesor, que seguía cada uno de sus movimientos; ese era el momento que esperaba. Muka le sonrió pícaramente y sólo entonces introdujo el miembro en su boca.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

En ese momento, la calentura dominó totalmente a Kiro. Nada más de sentir la mano de Muka deslizarse por su erección ya fue suficiente para que la cordura del mayor comenzara a flaquear bastante. Los ojos negros le brillaban con pura lujuria, una expresión que sólo se le asemejaba al momento de comer.

Contempló a Muka trabajar en su miembro, y con cada lengüetazo y mordida que le daba, Kiro gemía, preso de más y más calentura. Las manos ahora aferraban las sábanas con fuerza y los jadeos cada vez se aceleraban más.

Entonces, en el instante que Muka finalmente engulló su sexo, Kiro no se contuvo más. Dejó salir un gemido agudo, cargado de placer. Sus manos seguían aferrando la colcha, mientras que las piernas yacían ahora abiertas de par en par.

—N-no pares, te lo suplico…— le rogó entre gemidos —. Sigue, sigue, sigue…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Le encantaban esos gemidos. Había algo tan terriblemente desesperado y excitante en las notas a las que alcanzaba el profesor, que Muka debía seguir causándolos para su propio placer. No le importaba meterse todo hasta que su nariz rozaba el bajo el vientre, pues respirar no le hacía falta, y dejar que el profesor sintiera las contracciones de su garganta.

Le dedicó la misma dedicación a los testículos. Los apretaba entre sus dedos y les regalaba pequeños pellizcos con los dientes. En una persona normal eso empezaría a ser molesto, pero sabía que no para un masoquista del nivel de profesor. Alguien de tal sensibilidad que alcanzaba orgasmos con el simple dolor. De pronto se le ocurrió que ojala se recuperara pronto, no sólo para librarse de él, si no para repetirlo.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Cada vez Muka profundizaba la succión, y ya a estas alturas, Kiro había perdido la cabeza. No sabía si era la abstinencia o su retorcida condición de masoquista calentón, pero en realidad, le daba lo mismo. No quería pensar en otra cosa que no fuera la boca de ese jovencito. Incluso en cierto momento, la garganta parecía contraerse y acoger totalmente su erección. Kiro volvió a gemir, mucho más fuerte.

Los apretones que recibió en los testículos sólo mantuvieron el fuego aún más vivo de lo que ya estaba. Cada mordisco y estrujón brusco era recibido con un gemido y una sonrisa de lascivia.

—No voy a aguantar mucho, Muka—dijo en tono suplicante —. Esto es demasiado, en nombre de Korr bendito…

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“No voy a aguantar mucho, Muka. Esto es demasiado, en nombre de Korr bendito…”

Esto alentó al muchacho a acelerar sus movimientos. Se concentró en dejar que el profesor saliera y entrara de su boca. A veces cerraba los labios y chupaba mientras retrocedía la cabeza. Asimismo pellizcaba y apretaba los testículos con maestría. Lo exhortaba a terminar y sabía precisamente cómo hacerlo sin pronunciar una palabra.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

«Por Korr… qué bien lo hace…» pensó Kiro para sus adentros. Todo su cuerpo comenzaba a tensarse más y más, como la cuerda de un instrumento musical. Sus largas piernas se tensaron y flaquearon, amenazando con cerrarse bruscamente sobre Muka. En las ingles viajaron esas ondas de calor tan deliciosas que provocaron unas contracciones orgásmicas que amenazaron con enloquecer a Kiro.

Dejó salir un grito y al fin, la esencia brotó del miembro, llenando y bañando la boca de Muka. El mayor se estremeció con violencia y se desplomó de espaldas en la cama. Las piernas, antes tensas, ahora se iban desgonzando poco a poco.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka recibió sin protesta y cierto regocijo el placer del profesor. Tragó sin sentir más que complacencia por el azúcar inevitable contenido en la esencia, y se elevó el cuerpo sobre sus rodillas para ver al profesor. Ahora su respiración era lenta y profunda; el corazón estaba volviendo lentamente a su ritmo de siempre. Muka le dio un par de palmadas amistosas en los muslos con la primera franca sonrisa que exhibiera en algún tiempo.

—¿Ve? Un poco de sexo nunca viene mal a nadie. A usted ya le tocaba liberarse.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro no respondió. Estaba aturdido por el subidón de temperatura y la súbita explosión de placer. Permaneció tumbado de espaldas en la cama, sintiendo como su cuerpo abandonaba la tensión y lo dejaba en un estado algo somnoliento. Siempre le pasaba luego de un orgasmo.

Miró fijamente a Muka, como queriendo decirle algo, pero no sabía exactamente QUÉ era eso que iba a decirle. Finalmente, de sus labios brotó un “gracias, Muka” apenas audible, y desvió la mirada, visiblemente sonrojado, pero ya era por algún azoramiento que sentía.

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka logró captar el “gracias” perdido en el aire. Tenía una molesta erección en los pantalones que no le habría importado apaciguar pero no deseaba levantarse. Apoyó la cabeza sobre la pierna del profesor y cerró los ojos para tomar él también un descanso. Cuando consiguió calmarse se permitió una sonrisa, que no supo bien por qué daba, pero le agradó.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Pasaron varios días desde aquel “encuentro”; poco a poco Kiro fue resignándose al hecho que tenía que seguir adelante y olvidarse de sus pesares e ideas de suicidio, pues su vida, literalmente, estaba en manos de aquel vampiro. Sin embargo, en más de una ocasión se encontró sin voluntad para ponerle mala cara. Se vio hablándole, abriéndose a él. Incluso ya no rehuía el contacto físico, como antes. Kiro pensó que era la resignación haciendo su trabajo. Sin embargo, no supo en qué parte de la resignación se incluía sonreír.

Con los días, fue recuperando fuerzas, así que llamó a la escuela y anunció su regreso.

—Hemos estado muy preocupados por usted, Kiro…— dijo el Director de la escuela, quien lo conocía de aproximadamente unos doscientos años —. Sólo nos tranquilizamos cuando recibimos una carta por parte de uno de sus alumnos, Muka.

—Lo lamento mucho, señor Kayrakau. —contestó Kiro, tras aclararse la garganta —. No volverá a suceder.

—Esperemos, señor Kiro. No vuelva a ausentarse sin avisarnos. Llamar no cuesta nada. —reprochó el Director —. Ahora regrese a su clase, que sus alumnos lo esperan.

Pocos metros antes del salón que le tocaba, se encontró con un klowny al que no conocía de trato, pero si de vista: era el profesor Nyraku, quien daba clases de filosofía, una materia algo emparentada con la argumentación.

—Buenos días.

—Buenos días, señor Kiro. —contestó el otro, con cierto deje de ironía — ¿Se va a reintegrar a clases por fin?

—No le agradezco el tono, señor. —contestó Kiro, alzando la nariz —. Supe que usted estuvo reemplazándome, y se lo agradezco, más no la forma en que me pregunta si me reintegro. Tuve problemas personales muy serios que me impidieron venir.

Kiro lo miró fijamente; Nyraku casi tenía su edad —470 años— y era un klowny diamante que aunque por fuera pareciera cordial y amistoso, en realidad era un hipócrita de primera. Más de un profesor en el gremio le había advertido de él.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Las clases se sucedieron de forma normal. Cuando acabaron los alumnos se retiraron con la charla usual. Muka esperó a que el aula quedara libre para adelantarse y sentarse sobre un pupitre de la primera fila.

—No ha estado nada mal para ser su primer día —comentó el muchacho sonriendo—. La verdad ya nos estábamos hartando del profesor Nyraku. No lo tome a mal pero usted es más agradable de ver, aunque siga sin escucharlo.

Le gustaba lanzar comentarios así de vez cuando. A veces era sólo por bromear y picar un poco al profesor amistosamente. En ocasiones, como la presente, sólo para picarle.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Nyraku se le quedó viendo con ironía y no dijo más nada. Se hizo a un lado y dejó a Kiro seguir rumbo al salón. Sin embargo, algo indefinido lo hizo quedarse en un rincón estratégico.

**

No había cambiado nada de nada en el salón. Apenas los alumnos si habían seguido los temas conforme el cronograma estándar.  Dio su clase como siempre, y para variar, Muka seguía distraído.

«Dame el beneficio de la duda al menos. » pensó con sorna, mientras culminaba la clase y el salón se marchaba en su orden o desorden habitual. Sólo Muka se quedó en el salón.

“No ha estado nada mal para ser su primer día. La verdad ya nos estábamos hartando del profesor Nyraku. No lo tome a mal pero usted es más agradable de ver, aunque siga sin escucharlo.”

Kiro negó con la cabeza y se dio una leve palmada en la frente.

—Al menos hazme creer que atiendes. — comentó con algo parecido a una risita, pero el gesto no le duró mucho. Volver a este salón comenzaba a traerle malos recuerdos.

«Tengo que olvidar esto…» pensó, frotándose la nuca erizada.

—Vaya, siempre es bueno contar con la sinceridad de los alumnos. —dijo una voz a espaldas de Kiro. Éste se viró, completamente pálido.

Era el idiota de Nyraku otra vez.

— ¿Qué es lo que desea, Nyraku? —preguntó Kiro, con seriedad. Adquirió la típica inexpresividad picariana.

—Nada, sólo me pasé por acá y me intrigó un poco verlo quedarse a solas con este alumno…— miró a Muka con cierto deje despectivo apenas disimulado — ¿Tiene que explicarle las tareas o qué?

—Basta, señor Nyraku. Le invito amablemente a que se marche de aquí.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“Al menos hazme creer que atiendes.”

Muka iba a responder (“no es su culpa, profesor, es que la materia es aburrida”) pero la presencia del profesor Nyraku lo desconcertó. ¿De dónde había salido? Miró a espaldas de él.

¿Es que se había ocultado todo el rato? Se cruzó de brazos, aparentemente indiferente. No obstante no pudo dejar de notar la animosidad entre los dos profesores. Él sabía por qué no le gustaba Nyraku; no tenía carácter en su opinión y esa falta siempre le molestaba en las personas. Pero ¿qué podría tener Kiro contra él?

—En realidad —dijo interviniendo en la conversación—, sólo necesitaba que me explicara unos conceptos de clases. No sabía que estaba ahí, señor —agregó con una ligera nota de evidencia, arqueando una ceja.

Nyraku sonrió.

—Evidentemente. Y dígame, señor Kiro, ¿permite a todos sus alumnos hablarle de la forma en que éste acaba de hacer?

—¿Por qué no lo haría? —respondió Muka un poco irritado por el “éste”, dicho como si él no pudiera oírle—. Era sólo una broma.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Como ve, es sólo una broma de mal gusto. —dijo Kiro, fingiendo algo de contrariedad por lo expresado por Muka —. No lo dijo con ánimo de faltarme el respeto.

Nyraku continuó sonriendo, pero era una mueca fría, falsa, superficial.

—Oh, una broma, dice usted, Kiro…— afirmó el klowny diamante —, pero no sabía que las bromas incluían comentarios de índole sexual…

Kiro se puso rojo; estuvo a punto de cruzarle la cara a ese infeliz. Contó hasta mil y se serenó.

— ¿Sexual? ¡Basta de falacias, profesor! —exclamó airado —. Deje de malinterpretar todo lo que oye.

—Oh, pero si un alumno me dice que “soy agradable de ver”, eso tiene muchas interpretaciones, todas prohibidas o mal vistas. —insistió Nyraku, venenosamente —, y cuando ese alumno insiste en quedarse conmigo después de clases… ¿cómo debería tomarlo?

— ¡Saraud! —exclamó Kiro —. No sé qué se propone, profesor Nyraku, pero está calumniando en contra mía y de mi estudiante. Pagará muy caro por ello.

Nyraku le hizo un gesto con las manos.

—Relájese un poco, profesor, yo sólo digo la verdad. Puedo verlo en los ojos de ambos.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—¿Ver qué? ¿Que nos soportamos? —replicó Muka con ironía. Le daba igual ser tomado por impertinente, el sujeto se lo había ganado—. Si es que usted jamás ha tenido eso con un alumno no es razón para tomarla contra nosotros. Siento que no sea capaz de distinguir una broma inocente de una proposición, pero esa no es nuestra culpa.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Márchese, Nyraku, y olvidaremos esta conversación. —siseó Kiro, fulminando al otro con la mirada —. Créame, es lo más conveniente para usted.

Nyraku lo miró con rabia contenida. Maldito sea ese pica presumido. Se las daba de muy santito, igualito que todos los de su raza. Todos eran iguales.

—Nos volveremos a ver. —dijo entre dientes antes de marcharse. —. Esto no se quedará así, Kiro.

Cuando el otro se marchó, Kiro exhaló un suspiro y se frotó los hombros tensos.

—Nunca me ha agradado Nyraku. Hay algo en él que me huele muy mal. Generalmente cuando siento esas cosas, lo mejor es alejarme. —dijo Kiro —. Y por lo general acierto. Mi madre me tenía miedo. Decía que yo estaba maldito o algo así, por tener “dones” que no me correspondían.

Soltó una risita. Hacía mucho tiempo que no mencionaba a su madre, aquella mujer responsable de su psicosis, de sus traumas de infancia y adolescencia. Kiro negó con la cabeza.

—Creo que lo mejor es marcharnos, por si acaso Nyraku regresa a por más.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—A mí tampoco me agrada ese tío —comentó Muka con un bufido—. Esa cara suya de hombre correcto y amigable siempre me ha dado mala espina. Es bueno saber que no soy el único.

Muka abrió la puerta y vio a un lado y otro del pasillo. Parecía desierto pero, para confirmar, olfateó el aire en busca de su esencia. Satisfecho se volvió al profesor.

—Camino libre. Vamos.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Ambos salieron dando el mayor aire de inocencia, como cualquier profesor que sale acompañado de algún alumno de confianza. Aun así, a Kiro le parecía sentir la mirada de los transeúntes.

Se sintió extraño al estar al aire libre, pero debió ser por sus días en cautiverio permanente en casa de Muka. Miró hacia el cielo, y al fin bajó la vista.

—Quiero comprarme algo de comer en el abasto, Muka. Me muero de hambre. —dijo Kiro —. Sólo nos tardaremos un poco.

No muy lejos de casa de Muka había uno. Kiro entró acompañado de su estudiante, y alegremente comenzó a escoger numerosas viandas, prefiriendo aquellas que no requerían gran preparación o venían listas. Sabía que era arriesgado cocinar en casa de Muka, así que el sentido común le aconsejó decantarse por aquellos platillos listos que se comían en frío.

****

A lo lejos, una silueta los seguía.

«Vaya, vaya. Con que el tal Muka acompaña a Kiro al abasto; ¿qué sigue ahora? ¿Qué los dos vivan juntos? » pensó con sorna, pero en realidad era envidia. En el fondo, siempre había deseado que su presente amante lo complaciera en detalles así, pero sólo vivía dando órdenes. Aun así, Nyraku lo aplaudía y adoraba siempre que podía.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Cada vez más y más cosas eran agregadas a la bolsa que el primer vendedor que encontraron les dio. Apenas acababa de pagar algo, el profesor ya se estaba alejando al siguiente puesto. “Actúa como un muerto de hambre” pensó siguiéndolo. “Espero que cobre su salario pronto porque ya casi no tengo nada”.

—Por Korr, ¿de verdad piensa comerse todo eso? —comentó viendo la cantidad que llevaban—. ¿Dónde demonios lo guarda?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro soltó una risita.

—Bueno, tenemos la opción de ir a mi casa. —le dijo con una sonrisa ladina —. Y allí guardo mis provisiones. Pero para ello, tienes que dejarme regresar.

Sacó de su bolsillo una tarjeta cuyo rótulo decía “Vyza Mastyrkard”, una de las mejores tarjetas de crédito en Pokáar. Por un cupo de varios drakones —o monedas de plata—, se podían realizar las compras.

—Nunca salga sin ella. —dijo Kiro, y luego se la dio al vendedor, que la pasó por la correspondiente maquinita. Un papel mágico saltó por la ranura, indicando que el pago había sido exitoso.

—Pronto te pagaré todo lo que has gastado, Muka. Por eso no te hagas cráneo. —dijo, mientras cogía las dos bolsas. —. Debiste haberme preguntado antes de ponerte a gastar en mí, pero no importa. Insisto, ya te pagaré.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“Y allí guardo mis provisiones. Pero para ello, tienes que dejarme regresar.”

—Buen intento pero no lo creo —replicó el joven con una media sonrisa.

Aun no estaba seguro de que el profesor no volvería a intentar suicidarse. Es cierto que estaba mucho mejor que la primera vez que lo vio luego de lo sucedido, pero podía ser pasajero y no quería arriesgarse. Cuando el profesor sacó su tarjeta tuvo la tentación de golpearse a sí mismo. Había estado tan acostumbrado a ocuparse del mayor que por un momento se olvidó de que éste también podía mantenerse.

“Debiste haberme preguntado antes de ponerte a gastar en mí, pero no importa. Insisto, ya te pagaré.”

Giró los ojos, un poco irritado consigo mismo.

—Discúlpeme por no ser un adivino como usted —contestó mientras reanudaban el camino—. Podría haberlo mencionado antes, ¿sabe? —Miró sus bolsas. Ahora cada uno llevaba tres y ninguna especialmente pequeña—. No es que me queje del peso ¿pero no tiene ya suficiente? Con lo que llevamos una familia estaría bien abastecida por dos días.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Si vieras mi apetito de verdad, te asustarías. —dijo Kiro, algo avergonzado —. Y te preguntarías por qué diablos no me inflo como globo.

Se sentía orgulloso de su buen metabolismo —claro estaba, ayudado con diez horas en una bicicleta mágica— que le impedía engordar.

—Esto en realidad, sólo me basta para unos tres días, pero ya que estoy en circunstancias fuera de lo común, supongo que tendré que “estirar” la comida para que alcance. —decía Kiro, mientras caminaba —. A todas estas, Muka, ¿no deberíamos decirle a tu madre la verdad? Tarde o temprano me va a pillar en tu cuarto, y pensará que soy un ladrón.

****

Nyraku los había estado siguiendo, pero se abstuvo de entrar al abasto, ya que se iba a ver obligado a comprar algo. En cambio, estuvo esperándolos, camuflado en un rincón, hasta que al fin salieron, cuan parejita comprando víveres… ¡y qué víveres, por el amor de Korr! Las bolsas que traían era para una familia entera, pero por lo que sabía, Kiro era un viejo solterón. Sí, aunque tuviese cara de klowny de 200 años, seguía siendo un anciano soltero.

—Y verde. —musitó para sí mismo —. Viejo verde asaltacunas.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“A todas estas, Muka, ¿no deberíamos decirle a tu madre la verdad? Tarde o temprano me va a pillar en tu cuarto, y pensará que soy un ladrón. “

—Sí, claro —contestó el joven irónico—. ¿Y qué le digo? ¿Que lo mantengo conmigo para evitar que se suicide porque resulta que yo lo ataqué? Estaría muerta de un infarto antes de tocar el piso. Le dije que ella no se acercaba a mi cuarto por miedo una vez y es cierto. Precisamente porque teme encontrar algo como esto. Probablemente esto sea peor de lo que ha imaginado. ¿Me creería si le digo que mi madre le tenía pavor a los dientes de mi padre? No sé cómo diablos hicieron para estar juntos, pero que sepa, él jamás la mordió y ella tampoco lo pidió.

Se quedó en silencio y llevó sus manos a los bolsillos, dejando que las bolsas le colgaran desde las muñecas. No solía hablar de ello y no le agradaba.

—Créame, lo mejor que podemos hacer es ser discretos. Decírselo sólo empeoraría todo.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro se le quedó viendo largamente. Primera vez que Muka mostraba una expresión sombría o incómoda. El sentido común le aconsejó guardar silencio y limitarse a asentir.

«Por lo visto no soy el único con una infancia anormal» pensó para sus adentros.

—Está bien. Yo entraré por la puerta de atrás. —le dijo al fin —. No te preocupes por la comida. La escogí fría y de larga duración.

Tomó las bolsas que pudo, y se encaminó a la parte trasera de la casa, que fue por donde mismo salieron. Tan silencioso como pudo, subió los escalones, apresurándose al cuarto de Muka.

De nuevo a la prisión, se dijo a sí mismo. Nuevamente el sentimiento de indefensión volvía a asfixiarlo. Se sentó en una silla y exhaló un suspiro, tratando de quitarse aquellos pensamientos de la mente. Cada vez que recordaba el sentirse prisionero de un… de un… ¿de un qué? Kiro no sabía verlo como un jovencito, pero tampoco podía verlo como un monstruo, como pensó al comienzo, mientras las heridas de su corazón sanaban.

¡Kiro! ¿Qué le haces al bello cuerpo que Korr te dio? ¡Cómo puedes hacer eso!

Hizo una mueca y sacudió la cabeza.

«Por favor, cállate. No empeores las cosas, mamá…»

***

Al final del camino, Nyraku los observó entrar a una casa. No supo si era la de Muka o la de Kiro, pero el verlos entrando juntos con esos víveres, además de lo visto y escuchado en la escuela era suficiente.

—Ya lo verás, Kiro. No sabes la que te espera.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Otra vez esa cara que no le gustaba. El joven no se atrevía a preguntarle en qué era lo que pensaba el profesor cuando estaba en su cuarto, pero podía hacerse una idea desagradable. Acomodó los víveres sobre el escritorio y guardó otros tantos en el armario. Luego se acercó al profesor con pasos sigilosos, esperando tomarlo por sorpresa, y le dio un lametón en el cuello.

—Relájese —le dijo—. El primer día luego de las vacaciones siempre es el más difícil. ¿Quiere que juguemos a algo?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Aquel contacto húmedo y tibio en su cuello lo tomó por sorpresa. Su espalda reaccionó erizándose. La arqueó ligeramente, sin querer, descubriendo el cuello.

Sabía que aquello no era exactamente una pregunta; conociendo a Muka, aquello seguramente era más bien un mandato encubierto en una pregunta. Además, se dio cuenta que ya no podía negársele ni resistirse. Sólo entregarse, disfrutar… tal como aquella vez que lo sorprendió en plena masturbación.

—No lo sé. —respondió finalmente, mordiéndose un poco el labio inferior — ¿qué tienes pensado hacer conmigo?

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka arqueó las cejas, sorprendido por esa respuesta. Divertido por ella rodeó el pecho del profesor con ambos brazos y acarició sobre los pezones lentamente.

—Usted es un vicioso —le dijo apoyando la cabeza en su hombro—. Sólo le decía por si no quería jugar a las cartas o algo así. Pero ya que lo sugiere tan amablemente, sí se me ocurre algo que podríamos hacer en su lugar —Bajó una de sus manos y tomó la muñeca del profesor dirigiéndola a su entrepierna, haciendo que la frotara un poco—. La última vez usted salió ganando y yo me quedé con las ganas. ¿Le parece eso justo?

Había una nota broma amistosa en sus palabras, igual que sucedía cuando les proponía a sus amigos lo mismo. Les daba la opción de tomarlo en serio o no. No quería hacer sentir al profesor más a disgusto de lo que ya estaba con su situación imponiéndole satisfacción.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Antes de que Kiro pudiese percatarse siquiera de lo que ocurría, las tetillas reaccionaron bajo los dedos de Muka volviéndose sólidas como guijarros. El mayor se estremeció y los colores se le subieron al rostro.

“Usted es un vicioso. Sólo le decía por si no quería jugar a las cartas o algo así.”

Iba a defenderse, pero cerró la boca, ¿qué podía argumentar a su favor? Se sintió humillado totalmente, amén de tomado por sorpresa. Incluso algo burlado por haberse predispuesto por las caricias de Muka.

“Pero ya que lo sugiere tan amablemente, sí se me ocurre algo que podríamos hacer en su lugar. La última vez usted salió ganando y yo me quedé con las ganas. ¿Le parece eso justo?”

—Supongo que podemos decidirlo con una partida de póquer. —le dijo en un hilo de voz, sin poder evitar acariciar más y más la entrepierna cálida del jovencito —. Si pierdo, haré lo que ordenes.

Ya la “sentencia” —por así decirlo— estaba pronunciada.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—Interesante propuesta —admitió Muka disfrutando de las ligeras caricias—. ¿Y qué sucedería si usted ganara?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

—Supongo que tendrás que complacerme de nuevo. —repuso Kiro, encogiéndose levemente de hombros —. Porque te pediría ya que me dejes ir a casa, pero conociéndote, sé que me dirás que no, así que mejor me decanto por lo más factible.

Aquella entrepierna sólo se abultaba más y más. Kiro no dejaba de acariciarla con sus dedos largos y delgados.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Muka frunció los labios. Ese trato no le complacía mucho pero ya se había predispuesto a ser un buen chico dentro de sus posibilidades y no podía echarse atrás ahora.

—¿Está seguro de que no quiere pasar de las cartas y hacer como si hubiera ganado? Algo me dice que a usted no le molestaría particularmente —Cerró la boca abruptamente porque sintió la presencia de un gemido. Debía admitir que el viejo sabía tocarla—. Y sin duda ninguno de los se arrepentiría.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Oh, ¿qué había sido eso? ¿Un gemido? Kiro no sabía si tomar aquello como un cumplido, o simplemente para darse cuenta que podía retomar sus viejas habilidades amatorias, que pensó olvidadas en un baúl de recuerdos durante 250 años.

—Es como tú quieras, Muka. Acuérdate que yo no decido acá. —le recordó Kiro, entrecerrando los ojos e intensificando las caricias —. Pero si deseas que te complazca, desempolvaré mis habilidades de amante y haré lo que pueda.

Pero, ¿a quién iba a engañar? Él también estaba ansioso. Lo había estado desde aquella lamida suave en su cuello. Últimamente sus hormonas antiquísimas habían comenzado a despertar.

«Soy el ser más contradictorio de este mundo. Hace una semana, quería matar a Muka y alejarme a toda velocidad. Ahora, sólo estoy rendido, complaciéndolo y ajustándome a sus deseos…»

En realidad, la esclavitud ya comenzó. Hace mucho, mucho tiempo.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

—Ah, no —replicó Muka y, lamentándolo un poco, se alejó del profesor. Esa frase, “yo no decido acá”, había traído a su mente los recuerdos sobre cómo habían llegado a esa situación y no pensaba revivirlo—. Si vamos a hacer esto deberá aceptar que también lo desea. No haremos lo que a mí me plazca sólo para que usted me lo viva reprochando cada hora del día durante semanas. Ya me harté de eso. Le reto a decir que no quiere exactamente lo mismo que yo.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Exhaló un gemido de protesta al sentirlo alejarse. Se abrazó a sí mismo y apretó las piernas.

“Si vamos a hacer esto deberá aceptar que también lo desea. No haremos lo que a mí me plazca sólo para que usted me lo viva reprochando cada hora del día durante semanas. Ya me harté de eso. Le reto a decir que no quiere exactamente lo mismo que yo.”

« ¿No hemos estado haciéndolo? Que yo esté prisionero aquí es una muestra de ello— pensó Kiro, con acritud —. He decidido hacer lo que digas porque no tengo otra opción. No me dejas otra opción»

— ¿Para qué mentir? De un tiempo para acá, mis hormonas antiquísimas han despertado y ahora están rugiéndome con una intensidad que no había sentido desde hace doscientos años…—dijo entre dientes; colocó las manos a ambos lados de su asiento e hizo el esfuerzo de erguirse y mirar a Muka a la cara. —.Tengo sueños húmedos que me hacen despertar con erecciones casi todas las noches.

Tras una breve pausa, Kiro abrió las piernas, mostrándole lo que poco a poco se estaba endureciendo tras sus pantalones.

—Y… y…— el rostro de Kiro se tiñó de rojo intenso —. T-tú lo haces bien, no importa lo que hagas, siempre estás haciéndome disfrutar, a tal punto que no tengo voluntad para resistirme o negarme. Simplemente no puedo, Muka…

Se bajó de la silla y gateó lentamente hacia el jovencito. Sus manos se aferraron a los muslos y los estrujaron encima de la tela.

—Así que tienes razón… lo deseo tanto como tú.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Si semejante confesión no fue lo bastante sorprendente para Muka, sí lo fue el ver a su profesor literalmente arrastrándose por el suelo para aferrarse a él. Muka se tambaleó un poco, sin saber exactamente cómo reaccionar ante eso.

“Así que tienes razón… lo deseo tanto como tú.”

—Ah —contestó y se obligó a decir algo más—. ¿Tanto le costó? Sólo quería escuchar eso.

Le palmeó la cabeza al profesor, mecánicamente, felicitándole por la honestidad tardía. Esa postura estaba aumentando su propia calentura. Lo achacó al hecho de que el rostro del mayor estuviera tan cerca de su entrepierna abultada. Tomó una bocanada para acabar de darse cuenta de que ahora sí tenía pase libre para hacer lo que quisiera, y se relajó.

Suavemente separó las manos del profesor de sus muslos y tiró de una ellas dirigiéndole a la cama. Se sentó en el borde y la mano que llevaba la posó sobre su entrepierna ardiente.

—¿Sabe hace cuánto no he follado con nadie? Lo único sexual que he hecho en estas semanas ha sido la mamada que le di —Se abrió el pantalón y aunque los dedos del profesor, guiados por los suyos, sólo le rozaron lo sintió como algo maravilloso—. Así que no se preocupe por ser espectacular. Llegado a este punto creo que me conformaría con cualquier cosa.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Nuevamente, no razonó. Su mano sólo se deslizó por el pantalón abierto, en busca de la erección que se ocultaba allí. Una vez que la liberó, sin pensarlo dos veces, se la metió a la boca, engulléndola de la misma forma que engullía los dulces. La misma hambruna a la hora de comer, se veía nuevamente reflejada en la voracidad con que Kiro devoraba aquella erección.

Sus hormonas ahora reaccionaban tan ferozmente como las de cualquier jovencito de ciento cincuenta años.

Los labios delgados succionaban la piel de aquel miembro, y de vez en cuando se lo sacaba para prodigarle lametones enfáticos.  Algunas veces los dientes pellizcaban ligeramente la piel o tiraban de ella un poco. Kiro gemía cada vez que lo hacía.

Se detuvo un momento y dejó que esta vez sus dedos se ocuparan de estrujar y masajear la erección. Ciertamente todo se sentía como manejar una bicicleta; sus habilidades seguían allí presentes, no estaban olvidadas, a pesar de tantos años.

Miró de reojo a Muka; acto seguido, cerró los ojos y abrió la boca todo lo que pudo. Engulló la erección nuevamente, sin detenerse, hasta llegar a la base. Permaneció unos segundos quieto, dejándosela sentir contra las paredes de su garganta. Finalmente reanudó los movimientos de penetración, pero en cada uno, engullía el miembro totalmente.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“Maldita sea” pensó Muka desprevenido cuando la boca del profesor saltó sin demora sobre su erección. No sabía si era la abstinencia a la que se había sometido o el profesor tenía habilidades ocultas, pero se sentía muy bien. Hasta que los dientes salieron.

—No muerda —masculló—. Recuerde que el masoquista es usted, no yo.

Apartando ese detalle, todo le encantaba. La forma en que lo llevaba hasta el fondo de su garganta, en que lo rodeaba con sus manos y el ritmo de sus movimientos. Por unos segundos no pudo evitar visualizarse penetrando al profesor, como si en lugar de la boca, el cálido refugio en que se encontraba fuera su estrecho trasero. Era una fantasía bastante frecuente en él, que, para variar, dejó que aumentara su temperatura. Apretaba la mandíbula cada vez que la lengua le acariciaba vorazmente.

—Debí saber que usted sería igual de glotón que con la comida —comentó lamiéndose los labios—. ¿Verdad que esto le gusta tanto o más que a una golosina, señor?

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

“No muerda. Recuerde que el masoquista es usted, no yo.”

—Lo siento— musitó alzando la vista momentáneamente —. Mi hambre me cegó un poco…

Y no era mentira. Estaba totalmente desaforado, como no había estado en muchísimo tiempo, desde su juventud. En ese momento, no le importaba más nada, salvo saborear cada centímetro de ese falo entre sus manos. Sus labios volvieron a apoderarse del glande y lo estimularon con fuertes succiones; Kiro recordaba que solía enloquecer a sus ex-amantes con este movimiento, entre muchos otros.

“Debí saber que usted sería igual de glotón que con la comida.  ¿Verdad que esto le gusta tanto o más que a una golosina, señor?”

—Tanto, Muka…— respondió entre jadeos —. Quien me ve comer piensa que soy igual en la cama.

Volvió a engullirlo con igual desesperación, succionándolo con tanta fuerza como si le fuera a extraer el alma. Oh sí, le encantaba. Esto era un recordatorio de su apetito voraz.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Mientras más lo atendía el mayor, todo el cuerpo de Muka permanecía en una conocida tensión que no hacía sino crecer, en especial percibida en sus piernas. Los dedos se le cerraban sobre las sábanas y los latidos le sonaban como dentro de una caja de resonancia. No, podía estar seguro que no era sólo la abstinencia. Kiro sabía lo que hacía.

—Bastardo —dijo cerrando los ojos, concentrándose más y más en la imagen del mayor desnudo, ofreciéndosele completamente—. No deje de hacer eso. Más rápido.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Kiro aceleró el movimiento. Se dio cuenta de lo agradable que era el atenderlo y darle placer. Por eso se apoyó de lleno en las caderas de Muka y movió la cabeza frenéticamente. Algunas veces se detenía para relamerse los labios. Los ojos negros de Kiro emitían aquel destello característico de la lujuria desenfrenada, de la glotonería pura.

—Déjame probarte, Muka…— le dijo en un gemido que más se asemejaba a un ronroneo —. Te lo suplico…

Chupó con fuerza, a modo de ruego no verbalizado.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“Déjame probarte, Muka… Te lo suplico…”

“Maldito, maldito, maldito”. Ese sonido mitad gemido, mitad palabra estaba poniendo a prueba su autocontrol. Muka apretó los hombros del mayor y se encogió un poco sobre sí mismo, deseando mantenerlo en su lugar.

—Sólo hágalo de una vez —dijo impaciente.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Los dedos largos de Kiro se cerraron en torno a la base de la erección. La apretó un poco, deleitándose con su calor y su grosor. Hacía tanto tiempo que no sentía una verga. Sí, estaba despertando de lo que pareció ser un letargo eterno.

Deslizó un dedo en el frenillo del pene, acariciándolo con insistencia, sin que la mueca lasciva abandonara su boca. Luego su lengua lo reemplazó, estimulándolo con insistencia. Luego los labios lo trabajaron a fondo, entre lascivas chupadas. Recordaba que ese punto era especialmente sensible. No sólo por experiencia con antiguos amantes en su juventud, sino también al comprobarlo sobre sí mismo.

Cuando volvió a tragarse el miembro, las manos de Kiro se ocuparon de los muslos del jovencito. De repente, sentir esa piel tersa, propia de los jóvenes, se volvió un afrodisiaco para Kiro.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Eso sí sentía bien. ¿Hace cuánto no había vuelto a tener un placer semejante por causa de la misma persona que se lo estaba entregando? Estaba casi dispuesto a creer que había valido la pena cuando el mayor abrazó sus piernas y su erección se hundió aún más en el otro. Al mismo tiempo Muka se deslizó un poco más al borde, facilitándole la actividad y enterró los dedos entre el cabello negro que le acariciaba el vientre.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Las orejas de Kiro se doblaron hacia atrás en reacción a las caricias en su cráneo. Los dedos de Muka, aunque estaban casi enterrados en su cabello, los sentía como roces suaves y placenteros.

A estas alturas, ya las mejillas de Kiro ardían en rojo carmesí. La transpiración corrió por la frente, pero su dueño, arrebatado por la fiebre de complacer a Muka, no parecía reparar en los pequeños hilos de sudor que bañaban su frente. Ni siquiera se daba cuenta de que sus labios ya estaban casi enrojecidos por la excitación y la constante fricción con el sexo del jovencito.

« ¿Para qué negarlo? Este chicuelo me recordó que aún tengo hormonas, y en lo desesperado que estoy…» pensó, sintiendo su propia erección rozar contra su pantalón.

Se detuvo nuevamente por unos segundos y alzó la vista nuevamente: se consiguió con los ojos negros de Muka, que brillaban exactamente como los de Kiro en esos instantes febriles. Tras volverse a relamer el labio inferior, reanudó su tarea, pero no se detuvo. Con cada chupada, parecía implorarle a gritos mudos.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

“¿Qué es esto?” pensó Muka cuando encontró un espejo de su lujuria en la mirada del mayor. Todo su interior pareció contraerse en su interior, sus puños se cerraron, las piernas le flaquearon. El gemido huyó junto a un orgasmo devastador que se extendió desde la coronilla hasta la punta de los dedos de los pies. Literalmente se sintió ligero y pesado al mismo tiempo.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

¡Al fin lo recibía!

El semen del jovencito bañó sus labios enrojecidos y corrió salvajemente por su mentón. Kiro se lo relamió y se inclinó a limpiar el resto del esperma que brotara del sexo de Muka. Más de ese líquido borboteó a su garganta, inundándola con su sabor dulzón. Cuando todo estuvo limpio, se apartó un poco y se limpió lo que quedaba en su rostro con la mano. Los dedos húmedos se los metía a la boca y los chupaba hasta dejarlos limpios.

Se estremeció con fuerza, y desde su posición arrodillada en el suelo, observó a Muka satisfecho.

 

Muka ~~ Por el amor de Korr, ¡reaccione de una vez, profesor! ~~:

Jadeando, Muka todavía se estremeció cuando Kiro le dio los últimos lametones para limpiarlo. Como estaba inclinado un mechón de cabello sudado le balanceó hacia el frente y él lo apartó de un soplido, dándose cuenta entonces de la mirada del otro. Una inexplicable sensación de alegría lo invadió y le revolvió el cabello con una sonrisa. No de burla, no irónica, una sincera.

—No ha estado nada mal, señor.

 

Kiro ~~ Herido por dentro y por fuera ~~:

Algo indefinido se anidó dentro de Kiro con aquel gesto. No sabía que era; no tenía idea si era satisfacción por dejarlo complacido, o algo más. Fuere lo que fuere, Kiro reaccionó moviendo las orejas, manteniéndolas hacia atrás, totalmente relajadas. Sonrió.

—Gracias, Muka. —fue lo que atinó a decir en voz baja. Miró a Muka ahora con ojos nuevos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s