Un monstruo se comió mi corazón. Cap 3

Mismas advertencias y notas que el anterior capítulo.

Candy Von Bitter & selene18 darkside & zuster{CVB}

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

El día empezó bien para Nyraku. El sol brillaba, los klownys asistían a clases. Se sentía tan bien que causó extrañeza entre sus alumnos por su sonrisa constante y la indulgencia dada a un muchacho atrapado mientras pasaba notas. En lugar de dar un discurso acerca de la responsabilidad y el respeto al maestro, lo envió alegremente a la sala del director.

A medida que pasaban las horas se volvía más impaciente y ansioso. Las horas entre desde que entró al colegio y el momento que esperaba le supieron demasiado largas, pero al fin obtuvo su recompensa cuando la benigna campana de la última hora sonó por el pasillo. Sin perder tiempo, con una sonrisa de autosatisfacción patente, Nyraku penetró en el aula. Dirigió su mirada directamente hacia el fondo.

—No es necesario que te retires, Muka. De hecho me gustaría cambiar unas palabras con ustedes dos.

Muka frunció el ceño, extrañado por esto. Se cargó la mochila al hombro y se colocó al lado del profesor Kiro, cruzándose de brazos en inmediata desconfianza.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Al día siguiente, como siempre, llegó acompañado de Muka. Ya a Kiro dejó de molestarle su presencia, y en cambio, curiosamente, le reconfortaba.

La clase transcurrió con tranquilidad. Luego de pasar dos horas explicando las falacias de apelación a la vergüenza y falsa autoridad, la clase concluyó, no sin antes dejarles algo de tarea. Aunque bien sabía que en el caso de Muka eso sería pedirle peras al olmo, igual lo hizo.

Iba a sentarse a conversar con el jovencito, pero una voz a sus espaldas lo hizo girarse.

“No es necesario que te retires, Muka. De hecho me gustaría cambiar unas palabras con ustedes dos.”

Kiro apretó los dientes y entrecerró los ojos. Con Muka a su lado, en cierto modo, se sentía reconfortado.

— ¿Qué es lo que quiere? —preguntó entre dientes y en tono nada amigable. Estaba comenzando a cansarse de Nyraku. Si volvía a joder, esta vez Kiro le rompería la nariz, y con este estaba más que de igual a igual.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Nyraku sonrió con esos aires de suficiencia que a Muka le provocaban una instantánea molestia.

—Quizá le convendría ser un poco más amable, Kiro —dijo, no dejando de notar la posición de Muka, casi como preparándose a defender al otro—. Sobre todo cuando le cuente lo que he descubierto sobre ustedes y la clase de relación que mantienen.

“Otra vez con esas” pensó Muka, fastidiado.

—Estoy seguro de que al director le gustaría enterarse —continuó Nyraku.

—No me diga —replicó el joven, burlón, nada dispuesto a conservar una fachada de estudiante respetuoso. El tono petulante del sujeto le podía—. ¿Y qué pruebas tendría para ello?

El profesor Nyraku pareció encantado con la pregunta. Tal vez esperaba por ella.

—No necesito pruebas, Muka. Lo que he visto con mis propios ojos será suficiente. Dígame, Kiro, ¿de quién era la casa a los que les vi entrar tan juntitos el día anterior? ¿Suya o de él? No es que haga una gran diferencia, de por sí es escandaloso, pero siento curiosidad.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

El corazón de Kiro tronó como no había tronado nunca antes. Los latidos, de tan fuertes y acelerados, casi eran dolorosos. Apretó los dientes y contó hasta mil.

— ¿Ha estado espiándonos? ¿Qué acaso no tiene nada mejor que hacer? Y no, no me da la perra gana de decirle nada, ¿qué más da? Si tan buen espía es, debería saberlo. —espetó Kiro con rabia, dispuesto a romperle la nariz —. Además, Nyraku, ¿Cuántos profesores no visitan a sus alumnos? Siguiendo su absurda lógica, entonces todos los profesores que visiten a sus alumnos entonces tienen relaciones con ellos…

Lo miró de arriba abajo con asco y desprecio nada disimulados.

—Creo que tendré que dar clases de cero a los alumnos. Alguien tan falaz como usted sólo pudo haber dado clases inútiles.

Nyraku sonrió con indulgencia.

—Deje la violencia, Kiro, y actuemos como adultos. Asuma su responsabilidad: sabe bien que es indecoroso que un profesor tenga relaciones con sus alumnos…— soltó una risita —. Sobre todo si éste es tan jovencito…

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—¿No ha oído? —espetó Muka indiferente, aunque las palabras de Nyraku sí le habían preocupado un poco—. El profesor Kiro me acompañó porque le debía una charla a mi madre, nada más.

—¿Eso es verdad, Kiro? —dijo Nyraku a éste, sin haberle dedicado ni una mirada al joven, como si éste ya hubiera perdido importancia en la escena—. Supongamos que voy al director a comunicarle mis sospechas. Bien sabe que las acusaciones de esta índole se toman muy en serio. Lo llamarían, y como no se puede confiar en la palabra de un pedófilo, lo someterían a los efectos de una poción de la verdad. Si eso sucediera, ¿realmente diría que acompañó a Muka para hablar con su madre?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Tres…

Dos…

Uno…

Kiro perdió el control de sí mismo. No razonó nada. La cara se le retorció de ira totalmente, haciéndose irreconocible. Se levantó y plantó un derechazo directo en el rostro de Nyraku. Sin darle oportunidad de desplomarse, lo tomó por el traje y lo aventó de golpe contra el encerado. Allí, le dio otro derechazo, esta vez en el estómago. Fue un golpe dado con fuerza totalmente bruta, una que Kiro no sacaba a menos que estuviera ciego de ira.

— ¿Quiere que le desfigure la cara? ¿Quiere que lo mate a golpes? —le dijo entre siseos cargados de ira; los ojos le brillaban pero estaban desorbitados. Parecía una mantícora furiosa —. Puedo hacerlo, sí que puedo…

Nyraku no pudo responder. Los golpes eran fuertes y como él era de contextura fragilucha, le sentaron muy, pero que muy mal.

Mecánicamente, Kiro se viró a Muka, y le hizo un gesto con la boca, como invitándolo a saciarse con este sujeto.

— ¿Quiere conocernos, Nyraku? ¿Quiere? Sólo pídalo… sólo pídalo… asqueroso de mierda.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka se quedó de una pieza cuando el profesor se lanzó como una fiera sobre la delgada figura de Nyraku. Vio cómo Kiro golpeaba sin la menor vacilación al otro, completamente llevado por la ira. A él, las necias palabras de Nyraku claro que le molestaron y había estado a punto de soltarle alguna grosería antes de que sintiera la brisa que dejó la carrera del profesor.

Una vez asumida la escena sonrió de lado y descansó su peso sobre un pupitre, disfrutando del espectáculo. Merecido se lo tenía Nyraku. Negó con la cabeza ante el gesto de Kiro. Por mucho que detestara a ese sujeto no iba a morderlo. Además de por las cuestiones morales que su padre le implantó, la verdad le daba algo de asco hincarle los dientes.

“¿Quiere conocernos, Nyraku? ¿Quiere? Sólo pídalo… sólo pídalo… asqueroso de mierda.”

—¡Suélteme en este instante! —exigió Nyraku. Los golpes les había arrancado el aire de los pulmones por lo que, más que gritar, lo que hacía era soltar las palabras entre jadeos—. ¡Lo voy a denunciar con las autoridades! ¿Cómo se le ocurre? ¡Atacar a un colega en el colegio a mano limpia como un vulgar asaltante!

—Oh, ya cállese —espetó Muka molesto—.  Se lo ganó por andar metiéndose donde nadie lo llama y acusar a la gente con tonterías.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Ante las palabras de Nyraku, Kiro reaccionó con más y más golpes. Se descargó con el pobre diablo hasta tenerlo bien rendido y lastimado.

—Escúcheme bien, malnacido de porquería: cállese la boca. Le conviene, créame. Ni Muka ni yo somos unos santos, es cierto, pero algo me dice que usted tampoco lo es…— la boca de Kiro se curvó en una mueca maligna —. Si dice una sola palabra más, tan sólo una sola, sin que Muka o yo se lo permitamos, le romperé absolutamente todos los dientes. Tendrá que usar una maldita plancha, ¿entiende? ¿ENTIENDE?

Nyraku no pudo decir nada más. Entre los golpes, la falta de aire y el dolor, había quedado baldado.

—Y una cosa más: pedófilo es el que se folla a niños, cosa que Muka no es. Está próximo a los 180 años, lo cual es mayoría de edad. No es ningún niño de 100 o 120 años. Así que cállese, por el amor de Korr.

Nyraku soltó una risita.

— ¿Va a matarme, Kiro? Adelante, le reto. Luego verá qué hacer con el cadáver, y a sabiendas que se enterarán de que usted fue el último en verme. Será blanco de sospechas, idiota. —dijo el malnacido, entre jadeos —. No le conviene, querido colega; ¿por qué mejor no se calma y escucha lo que tengo que decirle?

Kiro apretó los dientes y contó hasta mil. No había sido buena idea golpearlo, pero realmente ese imbécil se lo había buscado. Se levantó lentamente y dejó a Nyraku tendido en el suelo.

—Hable. —dijo Kiro con sequedad.

Nyraku lo miró con una sonrisa irónica.

—En vista de este ataque abusivo a mi persona y lo que sé sobre ustedes, les ofrezco un trato a cambio de mi silencio— dijo Nyraku —. Usted se deshace del chicuelo y se viene conmigo y mi pareja. Verá, es alguien que aún lo recuerda, y desea que usted venga a someterse a sus deseos.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Usted está loco, ¿se da cuenta? —soltó Muka sin poder evitar liberar una carcajada—. ¿Así es la cosa? ¿Tan incapaces son de encontrar a alguien dispuesto a retozar con ustedes que necesitan recurrir a estos trucos para conseguirlo?

Nyraku volteó al joven. Un rictus de incontenible desprecio le hacía temblar el labio superior.

—Nadie está hablando contigo, Muka. Quedas libre de todo este asunto. Puedes irte si lo deseas.

—No se me antoja —replicó el joven con la sonrisa de alegre burla todavía en los labios—. Quiero ver en qué resulta esto —después de un tiempo, agregó—: Sabe que existen los rakuenk, ¿verdad? ¿O es que el sueldo de los profesores realmente es tan bajo como dicen?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

—No es asunto tuyo, mocoso. —espetó de repente Nyraku, incapaz de contenerse —. Esto es entre Kiro y nosotros.

— ¿Nosotros? — repitió Kiro con incredulidad —. Ya escuchó a Muka: no tiene caso que lo excluyan, y dudo mucho que él se doblegue ante su simple palabra. En caso de que acepte, le exijo dos cosas: que vayamos tanto Muka como yo, y que me diga QUIEN es su pareja. Tengo derecho a saberlo, ¿no le parece justo?

Nyraku lo miró largamente, y asintió resignado. Ya vería luego qué hacer con ese jodido mocoso. Tal vez a su amante le gustaría después de todo.

—De acuerdo. Estoy seguro que el nombre “Hako” se le hará conocido, ¿cierto, Kiro?

Kiro palideció; su mente viajó 300 años atrás, cuando recién entró a esta institución a enseñar Lógica.

“Déjese de tonterías” le había dicho el anciano prepotente “Sólo sometiéndose a mi obtendrá la satisfacción que desea”.

—Debí haberlo imaginado…— susurró Kiro, asqueado de recordar a aquel Joker bizarro, viejo y arruinado.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Hako… ese nombre le sonaba bastante.

—¿Hako no es el viejo verde que enseñaba Química? —inquirió Muka recordando vagamente una gran nariz en un rostro demasiado serio y peinado ridículo—. El mismo al que despidieron hace unos meses porque se decía que se tiró a un alumno, ¿cierto? —De pronto, se rió—. ¡Joder! ¿Con esa cosa es que sale usted? Ahora entiendo por qué el chantaje es su último recurso para follar en grupo.

Su risa abierta y despectiva encendió la ira de Nyraku. Sus manos se apretaron con tal violencia que las uñas le dejarían marcas por un buen tiempo.

—Para tu información, pequeño idiota —dijo en casi un siseo—, todo eso no fue más que un error. Se tergiversaron las cosas y Hako RENUNCIÓ —remarcó como un juez golpeando en el estrado, clamando orden en la sala— porque se hartó de soportar las habladurías sin fundamento de las personas.

—¡Sí, cómo no! —contestó Muka con vivo sarcasmo. Giró los ojos—. Ese maldito viejo no pudo conservar lo poco que le quedaba de klowny varón en los pantalones y lo descubrieron. Quién sabe, a lo mejor fue su culpa. No le bastó con que le recibía así que fue a buscar mejores ofertas en otro lado. Bien, puede olvidarse de que participaremos de su orgía. Si se tratara de follar con una mantícora, tal vez, ¿pero tratar con ese vejestorio narigón?  Me voy con la mantícora.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Nyraku al fin perdía la cabeza. Kiro sonrió.

—Y no sólo eso, Muka. También me acosó sexualmente, so pretexto de que yo tenía que rendirme a un verdadero “klowny macho” para que pudiera sentir verdadera satisfacción. Lo mandé a comerse un jodido continente de mierda. No tenía ganas de follarme a alguien tan repugnante y prepotente…

— ¡Silencio! ¡Silencio! — Nyraku se estaba estremeciendo de la rabia —. Una sola palabra y voy corriendo a hablar con el Director sobre ustedes. Más les valdrá seguirme o lo lamentarán.

Kiro sintió un revoltijo en el estómago. Miró a Muka largamente: sabía de lo que era capaz si estaba furioso. Finalmente se viró a Nyraku:

—De acuerdo. Llévanos con él.

Nyraku sonrió con resentida malignidad mientras guiaba a los otros dos. Salieron del colegio y recorrieron un largo trecho, hasta llegar a una casa más o menos grande.

Kiro se sonrió para sus adentros.

«Cómo es tan horrendo y espantoso supongo que tiene que compensar de otra forma, ¿no? » intercambió una mirada fugaz con Muka, y por sólo un brevísimo instante, se sintió compenetrado con él: totalmente cómplice. Ya no era un enemigo a derrotar, ni un monstruo que soportar.

«Quizás todo ocurre por una razón» pensó Kiro.

—Entren. Hako los espera dentro.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¡Silencio! ¡Silencio! Una sola palabra y voy corriendo a hablar con el Director sobre ustedes. Más les valdrá seguirme o lo lamentarán.”

Muka se estaba hartando. No tanto por la situación en sí, si no por la presencia de un ser tan repelente como Nyraku. “Igual de insoportable que el viejo aquel”, pensó. “Son tal para cual.”

A decir verdad estaba a punto de decir que fueran con quien sea para hablar de lo que quisiera, cuando captó la mirada de Kiro. Inmediatamente recordó lo que habían pasado ayer y se mordió la lengua. A él no podía afectarle gran cosa lo que dijera Nyraku, no tenía tanto que perder como el profesor. Sabía cómo se vería desde fuera: Kiro sería visto como el culpable.

“De acuerdo. Llévanos con él.”

Resignado, el joven siguió a los dos adultos. La inmensa casona parecía apropiada para el dúo de klownys que vivía en ella, un par de frustrados. Por la forma en que Kiro giró a él no había sido el único que pensaba eso y le sonrió de medio lado, con aire de entendido.

“Entren. Hako los espera dentro.”

—No puedo esperar —comentó Muka con falso dramatismo y se adelantó al interior antes de que pasara Nyraku. Lo hizo simplemente para deleitarse en la molestia que le causó al klowny, siendo tratado de portero.

De inmediato localizó al viejo verde sentado en un sofá, bebiendo una copa de vino dulce. Sí, era la misma nariz tremenda, el mismo peinado que pretendía ser juvenil y actual pero daba risa. Hako abrió mucho los ojos al verlo y luego pasó una mirada reprochadora a Nyraku.

—Se suponía que sólo lo traerías a él. ¿Qué hace este niño aquí?

Nyraku cerró la puerta tras él, cuando ya Kiro hubo pasado, y mostró una expresión apenada y resentida.

—No pude librarme de él. Kiro dijo que sólo vendría si lo acompañaba.

Hako frunció los labios, obviamente molesto, y dio una larga mirada al joven al lado del objeto de sus deseos. Muka presintió el fin de esa evaluación y una sensación de asco le recorrió la espalda.

—Ni se le ocurra —advirtió frunciendo el ceño—. Antes me iría al infierno.

Hako decidió no prestarle atención a su comentario.

—Asumo que este pequeño impertinente es el nuevo amante de Kiro del que me comentabas, Nyraku.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

“Asumo que este pequeño impertinente es el nuevo amante de Kiro del que me comentabas, Nyraku.”

—Así es, señor.

— ¿Niño? —dijo Kiro, con evidente desprecio —. Este “niño” es MI pareja.

Nyraku lo miró molesto, como diciéndole “cómo te atreves a hablarle así a mi Señor”, pero no dijo nada, temiendo enfadar a Hako. En cambio, el mayor miró a Kiro con una media sonrisa.

—Anda, Kiro, no sabía que te gustaban tan jóvenes. Seguro te aprovechas de tu piel tersa para que caigan en tus redes. —picó Hako, agitando un poco la copa —. No sé qué puede tener de sensual un mocoso que ni se sabe lavar los pantalones el solo.

—Mira quién habla de gustar de “niños”. Tú, que fuiste despedido por acosar sexualmente a un joven diamante, el cual tenía incluso menos edad que Muka… —hizo un gesto de fingirse pensativo — ¿140 años? ¿150 años? Vaya, súper jovencito, ¿no lo cree así?

— ¡Cómo te atreves a hablarle así a mi Señor! —dijo Nyraku, sin poder contenerse. Hako le hizo un gesto de “abajo”, y el otro sólo se arrodilló a su lado.

—Lamento informarte que no hubo tal acoso. Fueron rumores, y como alguien de mi categoría no tiene que soportar habladurías de gente calenturienta y morbosa, decidí renunciar. —dijo Hako; su voz apestaba a arrogancia, a altanería pura. —. Así que a ver si cierras la boquita, Kiro. Un profesor de tu categoría baja no debería hablarme en ese tono.

Kiro sintió ganas de vomitar allí mismo. Hako le repugnaba a niveles indescriptibles. Lo que sintió las primeras semanas hacia Muka no era NADA comparado con lo que sentía hacia este anciano asqueroso.

—Bájese de la nube. —contestó Kiro, cruzándose de brazos —. Y no voy a ponerme a lamerle las botas. Me importa una mierda que lleve toda su vida enseñando, usted sigue siendo una escoria a la cual NO voy a rebajarme.

Hako se levantó y se encaminó hacia Kiro; se colocó frente a él y lo tomó del mentón.

—Kiro, Kiro, Kiro… no me refería a categoría por años de enseñanza, sino a lo que eres: un imbécil que se deja dominar incluso por un niño de 170 años; ¿y qué puede hacer ese niño que no pueda hacer yo? Yo puedo dominarte y sacar ese esclavo que bulle dentro de ti.

Kiro soltó una risotada.

— ¿Qué sabe usted de Muka? Será joven, pero me ha hecho sentir vivo. Me ha dado la satisfacción que buscaba… ¿acaso tú puedes darme eso, Hako? ¿Cómo demonios me harías entender que tú eres lo que busco, y que sólo tú mandarías en mi vida, eh?

Hako lo miró fijamente.

—Preguntas tú, ¿cómo te lo haría entender? Muy sencillo: primero, echaría fuera a ese niñato en tus narices para que entiendas que yo soy el que debe mandar en tu vida. Luego te llevaría para que te colocaran un piercing mágico en alguna parte de tu terso y joven cuerpo, con mis iniciales. Quien te lo haga sabrá con qué intención te marco. — la voz de Hako se tornó ronca y lasciva —. Entonces, estimo yo, que tu sumisión sería inmediata y al fin me aceptarías como tu dueño.

En ese instante, todo pareció nublarse para Kiro. Lo vio todo rojo. Le asestó un derechazo violento.

—NO vuelva a tocarme, maldito asqueroso. Primero muerto antes de rendirme a usted…— le dijo entre dientes —. JAMÁS me separará de Muka. Yo soy de él, y me importa una mierda lo que ustedes piensen. Él será joven pero es más hombre de lo que pueden ser ustedes dos, un par de viejos arruinados y podridos.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Este “niño” es MI pareja.”

Muka sonrió para sus adentros. Ni siquiera dirigió una mirada a Kiro, era obvio que les tomaba el pelo. Y mientras siguiera viendo a ese vejestorio siendo despreciado por el profesor, podía asumir felizmente la broma. Luego del bien ganado golpe (recién se enteraba que tenía tanta fuerza), Muka decidió que era hora de interpretar su papel.

Sin darle tiempo a recuperarse del impacto, Muka tiró de una de las coletas del anciano y lo obligó a doblarse hacia él. Exhibía una calma perfecta pero sus ojos brillaban de malicia.

—Veamos si puedo dejárselo claro, señor —dijo el joven y de inmediato lanzó un puñetazo a la gran nariz, quebrándola, a juzgar por el sonido que percibió. No lo soltó —. No me gusta que nadie ande tocando mis propiedades –Lo obligó, siempre tirando de la coleta, a encogerse aun más—. Y si vuelvo a verlo poniéndole una mano encima o siquiera dirigiéndole la palabra, Nyraku tendrá que buscarse a otro mentecato que le haga de director particular.

Muka le dio una patada directa en la entrepierna. Jadeando, liberando un sonido como de globo desinflado, Hako cayó al suelo. Nyraku gritó alarmado pero ninguno de los dos les prestó atención. Muka le susurró al anciano.

—A diferencia de usted, yo no necesito artilugios mágicos para convertir en esclavo a nadie. Me basto yo solo –entonces le asestó un rodillazo en la mandíbula y por fin liberó el montón de pelo.

Nyraku, boquiabierto, no podía creerlo. ¿Cómo diablos un niño había podido hacerle eso a su Señor? ¿De dónde sacaría la fuerza? La mancha de sangre que vio en la alfombra, proveniente de la nariz rota de Hako, fue la gota que derramó el vaso. Con un alarido de furia se lanzó a por el joven pero éste le asestó un puñetazo en medio del estómago antes de que sus manos extendidas lo rozaran. Falto de aire, retrocedió, sorprendido y adolorido.

Los golpes que antes recibiera de Kiro le pasaban factura; dolían, y junto a lo último, Nyraku se sentía mareado y algo confundido.

—Usted es igual de asqueroso que él —le señaló Muka, de pie cerca de su señor caído, con una mueca de desprecio. Sus palabras le llegaban tardíamente—. Va de lamebotas tras él como si tuviera el culo lleno de dulces sin importarle lo que haga. Me repugnan los dos —se volvió a Kiro, sonriente—. ¿Seguirías haciendo los honores, “mi amor”?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Muka no tenía ni qué decirlo dos veces.

Se había sentido tan complacido de verlo desplegar su furia animal contra ese par de viejos prepotentes y asquerosos. Los vio tendidos en el suelo, quejándose por los golpes. Kiro sonrió y colocó la suela de su bota en el rostro de Hako.

— ¿Dijo usted que me marcaría dónde? ¿Qué dónde me iba a poner los piercings mágicos? —preguntó con burla — ¿Sabe algo? Coja esos piercings y colóqueselos en ese par de bolas viejas e inútiles que tiene. O mejor, póngaselos a ése…— señaló con desdén a Nyraku —. Creo que los necesita más que yo. Después de todo, él sí que es su fiel esclavo, ¿no es así?

Pateó con fuerza a Hako en la cara. Kiro se estremecía de la rabia. En ese momento iba a cobrarse por el acoso sexual hace casi 300 años atrás. Se subió al estómago de Hako, con todo y botas. Las restregó contra el cuerpo de su ahora presa, como si se limpiara con una alfombra vieja.

—Hace 300 años, usted me dijo que sólo con usted hallaría la satisfacción que deseaba. Incluso me tocó, me manoseó y me azotó como le dio la real gana. —Kiro brincó sobre el estómago de Hako — ¡Me quitó de golpe todo el apetito sexual!

Cuando dijo esto, volvió a saltar sobre Hako.

—Asqueroso, malnacido, infeliz… te creías la gran mierda. Ni siquiera eras bueno en química. Te atorabas en las explicaciones, tus alumnos se morían de aburrimiento y ninguno, óyeme bien, NINGUNO, tenía interés en escucharte… —descargó fuertes pisotones en el vientre, peligrosamente cerca de la entrepierna de Hako —. Gran Amo, gran machote, gran profesor… ¡JA, JA, JA! Qué buena broma.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka no se esperaba tanta… pasión por parte del profesor. Aunque ahora que conocía mejor la historia que unía a esos dos podía entender un poco mejor por qué al mayor le había afectado tanto lo que le hizo en la escuela. Por un momento se encontró pensando que él no era muy diferente de aquel anciano prepotente y soberbio, y, para su desazón, reconoció que era cierto. Puede que él no tuviera la cabeza tan inflada, pero, en cuestión de acciones, eran del mismo nivel. Por primera vez Muka sintió auténtico asco por lo que había hecho.

“Más razón para joderlos, ¿no?” se dijo inesperadamente. “Soy un cabrón. Los cabrones hacen eso. Se descargan sobre los demás sin importarles nada.”

Por este pensamiento Muka dio un nuevo puñetazo a la cara de Nyraku, a medio camino de erguirse del suelo. Le golpeó una y otra vez liberando toda la frustración que el descubrimiento que le causara.

No le importó el gesto que Nyraku hizo para intentar defenderse la cara. Muka lo tomó de los cabello, elevándolo hasta la altura de sus ojos, y creyó ver los rasgos de Hako en ese rostro destrozado y sangriento. El olor de la sangre sólo aumentó su ira.

“Me dan asco los dos.”

“Se un buen chico.”

Lo siento, padre.

Lo pateó en las costillas. La fuerza del impacto envió al klowny contra la pared y cayó al suelo, donde quedó apenas respirando y sangrando por la boca y la nariz.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Durante esos segundos, Kiro veía todo rojo. Su mente estaba dividida, entre el recuerdo de casi 300 años y el presente. Apretó los dientes y avanzó hasta el vientre de Hako. Apoyó el poco o mucho peso corporal que tuviese para causarle dolor, mucho dolor.

—Voy a sacarle las tripas aquí mismo, Hako. —dijo Kiro, con cierto tono demencial —. A punta de pisotones —descargó uno y otro en el vientre del otro, sin importarle si le causaba una hemorragia interna. —. A usted le importó una mierda mi salud mental. Le importó una mierda ser uno de los responsables de mi letargo. Ahora me importa una mierda usted.

Vamos, Kiro. Ríndase. Aprenda a pensar como esclavo y verá que todo se le facilitará.

—Esclavo, mis nalgas. —respondió en un siseo —. Primero me corto el cuello antes de serlo.

En eso, un impacto tremendo lo trajo a la realidad; era Muka, que pateaba al lamebotas de Hako con todas sus ganas. Sus ojos negros brillantes de rabia chocaron contra los del jovencito, que ardían por igual. Estuvo así por fracciones de segundos, hasta que al fin apartó la vista. Se bajó del cuerpo de Hako y se sitió frente a su entrepierna. Retorció el tacón de la bota sobre su miembro, y descubrió que le gustaba la sensación de aplastamiento bajo su pie. Sus ojos negros brillaron con sadismo.

—Ruegue, Hako. Implore por su vida. Esta es la parte donde le corresponde ese papel.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Todo le dolía. Hako aprovechó que Kiro finalmente se le bajaba de encima para tomar una profunda bocanada de aire, que envió horribles corrientes de dolor por su pecho. Creyó que eso sería suficiente hasta que percibió la presión contra su entrepierna y sus ojos se abrieron. Mientras tanto Muka vio la situación como ideal. Agarró nuevamente a Nyraku de los cabellos y lo acercó hacia el par.

—Mire bien, Nyraku —dijo cruelmente—. Ese hijo de puta inválido en el piso no es otro que su gran señor.

Nyraku no quería mirar, y sin embargo, no podía apartar la vista. Su mente se aferraba a la idea de que ése klowny viejo y derrotado no era Hako, si no otro que habían traído ese dúo de locos. Simplemente no podía ser él.

“Ruegue, Hako. Implore por su vida. Esta es la parte donde le corresponde ese papel.”

La vieja furia renació en Hako. El poder de su orgullo herido subió como una flecha hasta su cabeza y, de momento, se olvidó hasta de sus heridas.

—Ni en tus sueños, inútil —escupió, junto a cierto montón de sangre, producto del rodillazo que le diera el joven. Jadeaba cada tanto—. Yo que tú no me daría tantos aires. Admito que me equivoqué al pensar que podía volverte en un esclavo. No eres más que un necio que no sabe distinguir a un verdadero Amo de un niñito jugando a que es adulto.

Nyraku se sintió reconfortado por estas palabras. Esa era la voz de su señor, sin duda. El consuelo le duró poco; Muka lo liberó, enviándolo al suelo por no haberse apoyado en las piernas, para dar unos pasos hacia Hako. Apretaba los dientes y las manos cerradas hablaban de una ira incontenible.

—Váyase al diablo —masculló y le propinó una potente patada justo en la boca. ¡Qué bien se sintió! —. ¡A ver si ahora aprende a dejar de soltar tanta mierda, viejo verde de porquería!

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro soltó una carcajada y descargó un fuerte pisotón en su miembro.

—Si yo soy un necio, usted es un crío atrapado en el cuerpo de un anciano que juega a ser Amo. No hay nada más patético que eso, créame. Y de paso, un crío con un ego gigante. — descargó otra andanada de pisotones —. Prefiero a Muka y su frescura juvenil, que un viejo asqueroso y arruinado como usted.

Abandonó momentáneamente la entrepierna de Hako y se acercó a Muka; deslizó los dedos entre los cabellos azabaches; bajó y rozó el cuello con ambas manos, y finalmente acarició los hombros estrechos. Debía admitir que de hecho, Muka tenía una belleza juvenil muy especial.

—Su pergamino no es rival para esta piel tersa y hermosa. —dijo Kiro, con una sonrisa —. Tampoco es rival para alguien capaz de mantenerme en el suelo y hacerme disfrutar de complacerlo.

Se alejó de Muka y regresó a su “deporte”: zapatear en la entrepierna de Hako. Se le montó encima y emuló los pasos de una bailarina que zapatea contra el suelo, haciendo resonar los tacones. Claro, las botas de Kiro no resonaban, pero si infligían mucho dolor.

—Este “necio” y este “niño que juega a ser adulto ahora mismo los han hecho trizas. Si tan verdadero Amo fueras nos tendrías a ambos pisoteados y bien dóciles, pero no es el caso… ¿por qué crees que sea esto?

— ¡Cállate! —exclamó Hako, tosiendo más y más sangre. El dolor era increíblemente barbárico — ¡Eres un necio y además un abusivo!

Kiro se detuvo y se inclinó mirando a Hako directo al rostro; entonces, le escupió un buen salivazo.

—Abusivo la abuela suya y toda su maldita familia.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

El contacto en su cabello definitivamente lo tomó desprevenido. Muka, alarmado, experimentó el impulso de echarse atrás para evitarlo pero se obligó a permanecer quieto, no sea que eche a perder la tomadura de pelo ahora. Aguantó tan estoicamente como pudo las siguientes caricias del profesor, procurando mirar para otro lado. Siempre actuaba así cuando otros iniciaban el contacto en lugar de él. No sabía por qué, pero lo hacía sentir vulnerable y algo disgustado.

Por fin el profesor volvió a lo suyo y él liberó un suspiro para sus adentros. Sólo ver a Hako le hizo recordar que era por él que estaban ahí y la necesidad de darle su merecido por tanta alusión a su edad renació. Miró a Nyraku, desmayado o al menos quieto bocabajo en el suelo, y luego a la mesita cerca de él, sobre la cual un florero estaba. Muka la dejó en el suelo antes de agarrar una pata del mueble y, de un vigoroso tirón, arrancarla. Era de un modelo antiguo, moldeado en la parte de arriba como el muslo de un pollo y abajo redondeada semejante a un pequeño puño.

—Profesor —llamó con una sonrisa. Golpeó la madera en su palma abierta, ostentoso y amenazador—, ¿está pensando en lo mismo que yo?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Luego de divertirse zapateando en la entrepierna de Hako, el llamado de Muka lo “despertó”. Alzó la mirada. El jovencito tenía en la mano un trozo de madera con grosores considerables. Kiro soltó una risita.

—Me parece que sí, monstruito. —le dijo en tono cariñoso. Se bajó de Hako, y echó una mirada en derredor. Caminó grácilmente encima del cuerpo inerte de Nyraku y registró un cajón de una cómoda. Encontró una caja de guantes desechables.

—Creo que deberíamos protegernos las manitos. Ya sabes, no se sabe qué gérmenes puede tener esa escoria. —dijo Kiro, con una risa de desprecio genuina. Era un sonido cantarino pero totalmente cargado de desdén. Se acercó a Muka y le tendió un par, y luego el mismo Kiro se colocó unos en sus manos.

—De hecho, ahora que estoy recordando las ganas de “marcarme”, pienso que más bien debería yo marcarlo. —echó una mirada de odio a Hako —. Tal vez tenga fuego azul embotellado por acá.

Ante aquello, Hako se retorció furiosamente.

— ¡NI SE LES OCURRA!

Kiro le asestó un puntapié fiero en la entrepierna.

—Los putos esclavos NO hablan. —dijo entre dientes, con los ojos brillándole de ira —. NO refunfuñan, y por supuesto, NO se niegan.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Definitivamente se ha vuelto loco” pensó Muka poniéndose los guantes. El profesor estaba mucho peor que los primeros días en su casa. “Pero no puedo negar que es divertido verlo.”

Volteó a Nyraku y sí, el maldito estaba inconsciente. Muka de todos modos le arrancó la ropa e hizo tiras lo más largas posibles con ellas. Luego se acercó a Hako y (muy benignamente, le pareció) le tapó la boca usando un montón de tela como mordaza.

El viejo ya apenas podía respirar por la nariz rota y los dolores que le provocaba Kiro lo habían vuelto mucho más manejable, por lo que sólo tuvo que sostenerle la mandíbula para lograr callarlo. El anciano se agitó en protesta cuando Muka empezó a quitarle los pantalones. Esta vez Kiro no tuvo que hacer nada; Muka lo resolvió dándole un puñetazo en la entrepierna.

—Ja, como lo imaginé. Apenas un maní —se burló señalando el miembro descubierto ante el profesor. En realidad no era tan pequeño como un maní, pero sí más que el suyo y eso era suficiente—. No me extraña que sea tan prepotente y miserable. ¡Algo tenía que hacer el desgraciado para compensar semejante vergüenza! Vamos, señor, ayúdeme a ponerlo patas arriba.

El viejo aún se agitaba pero fue ignorado por los dos klownys, que lo llevaron hasta la escalera. Muka uso las tiras más cortes para atar e inmovilizar sus muñecas y las más largas fueron a los tobillos. Subió unos cuantos escalones con estas últimas, las pasó por unos postes y tiró. Mientras abajo el anciano sentía elevarse sus piernas y trataba de liberarse dando patadas,  Muka ató una y luego otra hasta tener ambas tiras bien sujetas.

Vio su obra desde arriba del barandal. Como los postes estaban muy alejados uno del otro, el viejo estaba obligado a abrir las piernas y darle una visión muy clara de su trasero. Muka le hizo un gesto a Kiro para que subiera y luego señaló el palo de madera.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Mientras hurgaba y revisaba entre los frascos, Muka se dedicaba a hacer de las suyas. Kiro se sonrió para sus adentros, y se maravilló de las vueltas que podían dar las cosas en cuestión de semanas o tan sólo días.

Encontró una botella de fuego azul junto a una vara de metal. Sonriente, se regresó con Muka, quien ahora le instaba a subir al viejo Hako a las escaleras. Sin borrar la sonrisa de su cara, colocó a un lado el fuego azul y la vara, para asistir a su… ¿qué? ¿Compañero? En su obscena obra de arte.

Kiro subió las escaleras en lo que Muka le hizo el gesto, y vio a qué se refería, así que tomó el palo de madera —junto a la botella de fuego azul y la vara metálica— y se acercó al jovencito.

— ¿Quieres hacer los honores, monstruito?

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¿Quieres hacer los honores, monstruito?”

—Con gusto, “mi amor” —replicó el joven y tomó el palo. Se agachó pasando la mano con él entre las barras y golpeó el trasero del anciano-. ¿Se imagina lo que viene ahora, viejo verde? —el susodicho se revolvió, inútilmente—. ¡Exacto! Lo mismo que ha hecho a sus esclavos, incluido el idiota de Nyraku, por el horrible crimen de tener opiniones propias. Se habrá reído de lo lindo mientras veía sus caras volverse rojas por la sangre que les subía a la cabeza. Y siempre usando un consolador porque esa porquería que tiene no podría llenar ni a un insecto. ¡Disfrútalo, hijo de puta, porque viene sin lubricante!

Palabra y acción se unieron. Con su fuerza sobrenatural Muko logró enterrar el palo hasta lo más profundo sin preocuparse por los consiguientes chillidos que consiguió de su víctima, pese a la mordaza. El dolor debía ser terrible. Muka olfateó el dulce aroma de sus lágrimas. Pronto, al soltar la pata de madera, advirtió con satisfacción que se quedaba derecha por su cuenta. La sacó un poco, degustando el olor a sangre y de los tejidos rotos, volviéndola a meter al rato. Hizo lo mismo muchas veces, con saña, viendo a la sangre derramarse sobre la piel, perdiéndose entre las nalgas, y deslizándose por el barniz. Por fin, simplemente dejó la madera ahí.

—Su turno, señor.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro no podía estar más gustoso. Sonrió como un demente a Muka, y aceptó el enorme trozo de madera. Miró a Hako, que berreaba y lloriqueaba a todo pulmón, aun con la mordaza.

Sonrió con sadismo. Maldad. Cosas que en circunstancias normales no había abrigado hacia nadie, ni siquiera hacia Muka. Sus ojos negros no dejaban de brillar.

— ¿Qué le parece, Hako? ¿Esto iba a hacerme a mí, si yo aceptaba sus propuestas obscenas? — posó la punta en toda la entrada del lastimado ano y la movió suavemente, dando vueltas.  — ¿Me iba a tener así, abierto, delante de todos, mientras me insertaba tubos de ensayo o frasquitos de diversos tamaños y colores?

En eso, reparó en la erección del viejo. Kiro soltó una risotada.

—Mira monstruito, el manicito se le ha despertado. —la risa de Kiro seguía sonando cantarinamente despreciativa. —. Le gusta lo que le hacemos… ¿eso te dice algo?

De improviso, Kiro hundió el palo nuevamente en las entrañas de Hako, hasta que no quedó sino una pequeña parte de la que podía tirar para sacarlo. Lo extrajo con salvajismo, y lo volvió a insertar. Una y otra vez, hasta que el brazo se le cansó.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka se apoyó en la barandilla, viendo con una sonrisa cómo el profesor se entretenía. Estaba encontrándole el gusto a eso de verlo volverse loco. Era un cambio hasta agradable luego de las semanas de fría hostilidad. Cuando vio que el mayor se detenía, Muka tomó el frasco y la barra que se trajera. Abrió la tapa e introdujo la punta en ella. Al sacarla la punta relucía en medio de llamas azules.

Se agachó nuevamente al lado del profesor, notando (joder, se la hundió hasta el alma) que efectivamente el anciano estaba excitado. Muka picó la erección como un niño curioso ante un borracho desmayado. La piel quedó inmediatamente marcada con un punto, una herida.

Se notaba que era un fuego mágico cuando uno se daba cuenta de que no dejaba olor a carne quemada en el ambiente y lo que se quemara con él, quemado permanecía. No recordaba en qué clase había aprendido que ese material era el único capaz de marcar la piel de un klowny. La erección no había bajado.

—Trate de adivinar lo que escribo, viejo verde. Es una palabrita que no se cansará de oír.

De inmediato Muka se puso a trabajar en las nalgas. Usando la barra como un grueso lápiz el joven marcó la piel con letras grandes y claras. La contra estaba en que para leerlo bien uno debería verlo del revés, lo bueno es que la palabra se identificaría a primera vista.

“Puta”

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

—El fuego azul marca la piel irremediablemente— dijo Kiro, con una sonrisa —. A diferencia de las quemaduras hechas con fuego corriente, que sanan igualito que las heridas.

Kiro volvió a reír, sin dejar de ver a Hako, que berreaba con cada dolorosa y ardiente caricia de la barra encendida al azul vivo, un fuego originado de la energía de Jokers, los únicos capaces de producir magia y electricidad.

Cuando Muka hubo terminado, Kiro contempló con placer su obra.

—Es perfecto, monstruito. Ahora déjame trabajar a mí.

Volvió a impregnar la vara con fuego azul, y se sentó junto a Hako. La acercó a sus ojos dilatados de terror.

—Una marca en el trasero es fácil de ocultar, siempre que no se baje los pantalones ante nadie. Sin embargo, yo no seré tan suave: voy a dejarle una humillación permanente… ¡PÚBLICA!

Dicho esto, sostuvo con una mano a Hako, por el cabello, para mantenerle la cabeza derecha. Luego acercó la barra ardiente a la frente y escribió la palabra “viejo verde” en letras medianas, perfectamente legibles.

Hako berreaba de dolor y se convulsionaba literalmente.

— ¿Quiere más? No fastidie, sino quiere que le marque los mofletes con las iniciales mías y de Muka.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Creo que lo eso es precisamente lo que desea, señor —intervino Muka desde arriba de la escalera—. Mírelo, el maní sigue tan tieso como la barra.

Bajó las escaleras hasta posicionarse al lado del profesor y tomó la barra flameante. La paseó ostentosamente frente a los ojos del anciano, cual apetitosa golosina.

—¿Lo quiere, miserable puerco? Sí, ¿verdad? Asienta con la cabeza y habrá mucho más fuego azul para usted.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Evidentemente Hako jamás asentiría, pero aquella cosita entre las piernas endurecida con el maltrato recibido sólo le decía lo contrario.

Kiro soltó una risita y empujó la cabeza de Hako fingiendo un movimiento de asentimiento.

—Si quiere, si quiere. —remedó con voz aguda —. Y con esto, incluso se le quitarán las ganas de denunciarnos. Oh, no querrá ir con la policía y decirles que alguien le escribió “viejo verde” y “puta” en el culo, porque se reirán en su cara. No lo tomarán en serio.

Miró a Muka con una sonrisa demente.

—Le marcas tú uno, y yo el otro. Más humillación. Más dolor. Y con eso, queda marcado para siempre como “propiedad nuestra”. Sabrá él ahora A QUIENES pertenece. —dijo Kiro, con una risita —. Claro que no piense él que lo vamos a acoger y a cuidar… NO. Será como el cubo de basura.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Guácala —expresó Muka—. Y eso que bastante asqueroso es de por sí.

Sin embargo no tuvo inconvenientes en marcarlo con una gran eme que abarcaba desde la nariz rota hasta la frente marcada. Y sólo por diversión, aprovechando la oportunidad, escribió “marica” en el estómago del anciano, zona descubierta por lo corto de su camisa.

Otro pinchazo en la erección, uno más profundo, y luego la forma de un ridículo corazón impreso para siempre en el miembro. Haciendo esto cayó en cuenta de la forma en que los testículos se contraían.

—Va a terminar —informó sin darle importancia, pasándole la barra al otro.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro se encogió de hombros.

— ¿Y? Que acabe. Gran cosota. Eso sí, bien lejitos de nosotros. No querrás ensuciarte con sus fluidos asquerosos. —soltó una risita —. Pásame la barra y no acapares, deja un poquito para mí.

Cuando tomó la barra, rozó la mano de Muka momentáneamente. Kiro la alejó cautelosamente, disimulando el gesto.

—Ohhhh, ¿está ansioso nuestro viejito porque el objeto de sus deseos lo marque como su propiedad? —dijo Kiro, parodiando un tono tierno. Aplicó la barra y escribió una enorme “K” a todo lo largo de la mejilla y la sien de Hako. Luego bajó a los pectorales y escribió “amo recibir una polla gorda en mi culo” a todo lo largo.

Por Korr, no recordaba haberse divertido tanto. Miró a los ojos a Hako, y se dio cuenta que esos ojos ya no brillaban. Bueno, qué mierdas importaba. Se las iba a cobrar de quien acabó con su apetito sexual gracias al acoso y chantaje perenne al que lo sometió durante 100 años.

— ¿Quiere correrse? Hágalo. Eso nos dará la razón una vez más: resultó ser una escoria masoquista tras su fachada arrogante y de gran Amo. Con eso comprendo que entre más arrogante, más bajo caes…

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—En otras palabras, la cagó desde el principio pretendiéndose quién sabe qué —acotó Muka con tono aburrido—. Debería haber sabido que tarde o temprano alguien se la iba a cobrar justamente. El sólo hecho de ignorarlo indica muy bien que además de todo, es un idiota.

Muka miró su mano y luego la erección palpitante. Invocó unos naipes explosivos pero de una intensidad disminuida. El brillo era mucho más pequeño que su palma. Después de todo no quería hacer volar al anciano. No ahora al menos.

—Por lo general no me gusta usar magia —comentó viendo el resultado—. Pero por un viejo marica tan jodido como usted, puedo hacer una excepción. Luego no diga que no soy considerado.

Lanzó los naipes directo a la erección. Como eran de baja intensidad el golpe fue como una descarga eléctrica más que como una llama. El viejo se convulsionó agitando incluso sus ataduras y liberó su semilla entre roncos gemidos amortiguado. Como estaba boca abajo parte de la misma aterrizó en su pecho y su mandíbula. A su pesar Muka percibió el olor a dulce y otro que nunca sabía identificar con otra cosa que con lujuria.

—Guácala —repitió haciendo una mueca.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

—Debería sentirse honrado de que mi Am…— carraspeó un poco y se corrigió —. Muka se haya tomado la molestia de usar su magia con usted.

Ahora sí se sentía de maravillas. Totalmente saciado y a gusto.

—Esto sí que fue un desahogo. Con esto me olvido de que pronto tendré que reprobar a media clase por la enseñanza mediocre de ese que es su esclavo. —comentó despreciativamente —. O tendré trabajo extra reforzando para que no claven en los próximos exámenes.

Escupió nuevamente en el rostro de Hako y entonó en voz ronca.

—Como nos denuncie, puede despedirse de su trasero. Antes de irnos a la cárcel, usted habrá expirado, querido. Así que luego de esto, asuma sus marcas como pueda y no haga estupideces. Créame, lo lamentará.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Luego de haber aclarado las cosas con Hako, Muka recogió la mochila que había tirado en medio de su pelea con Nyraku y esperó al lado de la puerta hasta que el profesor lo siguiera. Ambos echaron una última mirada sobre los dos desgraciados antes de cerrar la puerta tras ellos. Muka empezó a caminar sin decir palabra.

Se sentía bien, por una parte, porque esos dos ya no estarían en su camino, pero sus anteriores pensamientos acerca de lo similar que él mismo era a ese anciano volvían para incomodarlo.

“Debería haber sabido que alguien se lo acabaría pagando tarde o temprano”

Eso fue lo que salió de su boca y, por lo general, era algo en lo que creía. Pero luego de lo que hizo a Kiro y sabiendo que no permitiría venganza alguna ¿no estaba siendo un hipócrita? Al principio había creído que era suficiente con evitar que se matara y luego cuidarle hasta que se recuperara ¿pero era realmente así? ¿No debería pasar por lo mismo que le hizo y…?

“No es igual” se dijo inmediatamente. Él no era masoquista. Quiera o no, el profesor lo disfrutó. Incluso el anciano acabó gozando. Seguía diciendo eso y no acababa de convencerse de que fuera una excusa muy sólida.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro esbozó una sonrisa, y cogió su portafolio; Muka lo aguardaba junto a la puerta. Salió siguiéndolo dócilmente, con la mirada algo baja. No por vergüenza ni nada de lo que había hecho, porque bien sabía que el maldito de Hako se las iba a pagar todas.

Alzó la vista y la fijó en Muka. Recordó las palabras dichas en el calor del momento.

No me gusta que nadie ande tocando mis propiedades.

Se sonrojó intensamente al recordarlo. Un sentimiento muy extraño se coló en su interior. El corazón se le aceleró un poco.

A diferencia de usted, yo no necesito artilugios mágicos para convertir en esclavo a nadie. Me basto yo solo

« ¿Y a poco no es cierto? Muka usó su fuerza y algo más para mantenerme bajo su control. Lo quisiera o no, lo aceptara o no, era la realidad: se había apropiado de mi vida. » pensó Kiro para sus adentros; esa sensación de indefensión no podía ser falsa. Por más que dijera que quería evitar el no suicidarse otra vez, lo cierto es que estaba actuando como si Kiro fuese en efecto, una posesión.

Se puso todavía más rojo y bajó la vista. Ahora mismo, toda la pasión y venganza se habían esfumado, dejando a un simple profesor aturdido y lidiando con algo extraño que se asentaba en el interior de su corazón…

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka miró de reojo al profesor, extrañado por su actitud. Mientras más bajaba la cabeza, más sangre subía a su rostro y olía a pena. Bah. Con lo mojigato que era seguro el sonrojo venía a causa de lo que le hicieron al anciano. Llegaron a casa y entraron por la puerta trasera. Muka entró a su cuarto, soltó su mochila y se dejó caer en la cama soltando un suspiro. No estaba cansado físicamente pero se sentía como si hubieran pasado horas desde que saliera del colegio tras Nyraku.

—Vaya fiesta que nos agarramos allá, ¿no? —comentó.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

De vuelta en la habitación de Muka, Kiro colocó el portafolio a un lado. Luego ocupó una silla, viendo desde allí como el jovencito se desplomaba en la cama. Por unos segundos, el mayor no supo qué hacer, ni qué decir.

“Vaya fiesta que nos agarramos allá, ¿no?”

—Sí…— contestó, aun sonrojado —. No pensé que íbamos a terminar desplegando tanta violencia… y he de confesar que es primera vez en mis 500 años de vida que me pongo tan violento. —exhaló un suspiro largo —. No me gusta ser así, suelo evitarlo pero… hay cosas que me descontrolan. Y más esos dos, que tanto daño me hicieron en el pasado. No soportaba la idea de volver a aguantar que volviesen a tocarme.

De repente, su estómago gruñó audiblemente. Kiro soltó una risita.

—Tanta violencia me ha dado hambre, supongo…— se acercó a una de las bolsas y extrajo una caja de ensalada con salsa de cebolla dulce. Kiro se lo pensó un momento, y finalmente se decantó por una sencilla ensalada de frutas. Abrió la cajita, y comenzó a comer con algo de avidez disimulada.

¡Kiro! ¡Deja de comer como un cerdo; te vas a poner como un globo y serás horrible de por vida!

—Cállate, mamá. —masculló para sus adentros y volvió a concentrarse en Muka, mientras comía.

—Han quedado marcados y hechos unos tachos de basura. La verdad no me arrepiento. Ellos no se arrepintieron de todo el daño que me hicieron, así que yo tampoco debo hacerlo.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Y no debería —concordó Muka levantando la cabeza. No pudo evitar sonreír cuando notó el esfuerzo que le costaba al otro comer sin parecer un muerto de hambre—. ¿Para qué los modales, señor? Ya lo he visto comer como un cerdo antes. Lo que me recuerda…

Se dio la media vuelta y buscó debajo de la cama. Tuvo que apoyarse en una mano para alcanzarla pero cuando al fin se irguió ya tenía en su mano lo que necesitaba. Una botella nueva de vino dulce.

—Myko me debía algún dinero. Como ayer me dieron mi mesada no lo necesitaba así que decidí comprar esto —se lo pasó lanzándolo por el aire—. Si no me equivoco le gusta el de fresas. Disfrútelo.

Si el profesor le preguntaba por qué lo había comprado estaba arruinado. Ni siquiera él lo sabía. Simplemente se había puesto a pensar en lo sucedido la otra noche, cuando al fin pudo tener un orgasmo con ayuda de otro que no fueran sus manos, y vio la tienda abierta en su camino a casa luego de alimentarse.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

— ¡Oye! Justo eso me decía mi madre…— masculló Kiro, sin dejar de comer —. Solía decir que me iba a poner como un globo e iba a ser feo para siempre.

Mientras comía, vio a Muka hurgar bajo su cama con mucho empeño, hasta que al fin sacó algo: una botella de vino dulce nuevecita.

“Myko me debía algún dinero. Como ayer me dieron mi mesada no lo necesitaba así que decidí comprar esto. Si no me equivoco le gusta el de fresas. Disfrútelo.”

Kiro atrapó la botella y se quedó atónito viéndola. Efectivamente, el de fresas era uno de sus favoritos, junto con el de mora y manzana. El rubor esta vez decidió instalarse definitivamente en su cara, mientras intentaba reprimir una sonrisa algo atontada y avergonzada.

— ¿Qué te hizo comprarlo? El vino de fresas es carísimo, Muka…—dijo en voz baja, a veces mirándolo de reojo, sin atreverse a verlo a la cara —. Esto… yo… —dudó unos segundos, y tras carraspear, replicó al fin: —… Gracias…

Cogió un vaso y se echó un poco. Era una de las mejores compañías para las ensaladas de cualquier tipo. Exhaló un suspiro débil de placer al sorber el vino. La bebida le supo muy dulce, y de alguna manera, el sabor le hacía pensar en el cuerpo de Muka, el cual ya había tocado y hasta saciado a placer.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¿Qué te hizo comprarlo? El vino de fresas es carísimo, Muka…”

—Si no lo quiere lo devuelvo —replicó Muka fingiendo molestia para disimular la pregunta.

Sólo que al profesor no le interesaba mucho la respuesta. Menos mal.

“Esto… yo… Gracias…”

Muka se rió un poco. La incomodidad de Kiro, extrañamente, lo alentaba a él a ignorar más fácilmente la suya propia.

—¿Nunca le han dicho que se sonroja demasiado? Parece una virgen en su primera cita —Muka subió las piernas a la cama y se acomodó relajadamente. Todavía tenía esa idea picándole la cabeza y si no la soltaba… probablemente no pasaría nada pero deseaba hacerlo. Para sacarla de una vez. Hako de alguna forma se la había plantado—. Señor… —“Suéltalo, anda”—, ¿todavía está pensando en volver a su casa? Puede hacerlo si lo desea. No lo detendré.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

“¿Nunca le han dicho que se sonroja demasiado? Parece una virgen en su primera cita”

Kiro no pudo evitar reír… pero eso no le quitó el color de la cara. Ni siquiera sabía por qué ocurría.

—No puedo evitarlo, pero no sé muy bien por qué me ocurre. —contestó finalmente, con la mirada fija en su vaso de vino.

“Señor…  ¿todavía está pensando en volver a su casa? Puede hacerlo si lo desea. No lo detendré.”

La pregunta tomó desprevenido a Kiro. Se quedó boquiabierto por unos segundos. Tras minutos interminables de silencio, carraspeó ligeramente.

— ¿Estás hablando en serio?

Frunció la cara, y a su mente le vinieron nuevamente esos momentos en los que lloró y suplicó libertad. Momentos en los que vivía encerrado en sí mismo. Momentos donde las discusiones eran cada vez más borrascosas.

Muchos sentimientos encontrados le hicieron colisión: por un lado, estaba el misterioso sentimiento de estar a gusto con Muka, ya acostumbrado a estar bajo su control. Por otro, todavía estaba la “espinita” clavada por las circunstancias en que estaba allí. Aquello seguía doliendo, pero ahora también tenía estos sentimientos extraños de apego, y el hecho que no veía a Muka ya como un monstruo, aunque sí alguien que se había hecho con el control de su vida.

—Supongo que lo aceptaré, pero más que todo para no seguir siendo un estorbo para ti, Muka. Después de todo, aunque protesté y me quejé, me acostumbré a estar a tu lado y una parte de mi terminó disfrutando tu compañía. —el corazón latió con más fuerza todavía. Casi dolía —. Pero no te haré perder más tiempo cuidándome. Estoy demasiado viejo ya para que otros me estén cuidando, además. No me esforcé como burro estudiando y sacándome un título en Lógica para depender de otra persona más.

Hizo una pausa, y alzó cautelosamente la mirada; tenía los ojos entornados, pero a través de esas pestañas, las pupilas negras no se despegaban de Muka.

— ¿Qué tal si paso una última noche contigo? Mañana por la mañana me marcharé a casa.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Supongo que lo aceptaré, pero más que todo para no seguir siendo un estorbo para ti, Muka. Después de todo, aunque protesté y me quejé, me acostumbré a estar a tu lado y una parte de mi terminó disfrutando tu compañía. “

Muka asintió en silencio, sintiendo un peso gordo en el pecho. En todo ese tiempo él también había llegado a acostumbrarse a ese olor de klowny vivo en su cuarto, al peso extra en la cama y al calor en la noche. Pero no podían continuar como prisionero y carcelero. Antes era para mantenerlo lejos de una cuchilla, ahora sería porque él era bastante tonto para no ver que el riesgo no existía. Aun así… en lo más profundo de sí habría deseado otra respuesta, aunque ésta no le tomara por sorpresa.

“¿Qué tal si paso una última noche contigo? Mañana por la mañana me marcharé a casa.”

Eso no lo esperaba. Pasado un rato de reflexión Muka decidió aceptarlo. ¿Qué podía perder?

—De acuerdo —dijo y esbozó una sonrisa al levantarse de la cama para dirigirse al profesor. Le quitó el vaso y la botella para depositarlas en su escritorio. Se sentó sobre su regazo y paseó su mano por el pecho del mayor. Un pecho ancho y de músculos modestos pero marcados. No podía que negar que le excitaba—. ¿Qué dice si tenemos una última revolcada? Para celebrar su libertad.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Con ojos febriles, contempló a Muka acercarse a él. Su peso liviano se instaló en su regazo, y seguido de ello, el cosquilleo de su mano en el pecho. Kiro estaba ahuevoneado viéndolo. No resistió el impulso de rodearlo con los brazos y colocar su sien contra el pecho de Muka. Sabía que lo incomodaba, pero no podía resistir ese impulso. Ese cuerpo delicado, terso y joven lo tentaba.

«Hermoso…»

—Lo siento…— musitó, separándose un poco —. Tenía que hacerlo.

«Hermoso…»

Alzó la mirada y sonrió ante la propuesta de Muka.

— ¿Por qué no? —dijo finalmente, con una sonrisa. Su entrepierna comenzaba a reaccionar con la cercanía de Muka. —. Después de todo, mi cuerpo fue otro que se terminó haciendo “amigo” del tuyo, no sé si me explico.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

 

“Después de todo, mi cuerpo fue otro que se terminó haciendo “amigo” del tuyo, no sé si me explico.”

Muka, pasado el susto por ese extraño abrazo, sonrió con perversas promesas y posó una mano sobre la entrepierna incipiente, empezando a estimularla. Sí, lo entendía muy bien.

Había una química innegable entre ellos. El joven no sólo se excitaba pensando en el cuerpo del profesor, también interactuando con él. Dejándose tocar (luego de que lo permitiera) o tocándolo (lo permitiera el otro o quisiera hacerlo pero no lo manifestase) se sentía bien. Incluso aquel día en el aula había sido consciente de lo que le gustaba en el profesor.

Pasó el brazo libre por el cuello del mayor y lo atrajo hacia sus labios, mordisqueando de forma juguetona unas veces y lamiendo lascivamente en otras. Qué bien que se había saciado antes de salir del colegio porque en esa posición le habría resultado en extremo difícil resistirse a pegar un verdadero mordisco. Iba a ser la última vez que lo tuviera para sí e iba a aprovecharlo bien.

Muka siguió subiendo, apretó la mandíbula entre sus dientes y besó la boca. Antes de cobrar consciencia de sus actos se halló besándolo como besaba a sus amantes. La mano de abajo, apretando la erección, y la otra perdiéndose entre los cabellos como mensajeras del hambre y exigencia de satisfacción.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Se había dado cuenta del leve sobresalto y tensión en Muka cuando lo abrazó. Era una reacción algo extraña, pero lo achacó a que tal vez no estaba acostumbrado a alguna muestra física de afecto.

Sin embargo, tuvo que sepultar momentáneamente esa nota mental cuando sus hormonas rugieron con las caricias que ese jovencito le prodigaba en la entrepierna. Las oleadas de calor fueron intensas, endureciendo la erección, haciéndola hervir bajo la tela. No sólo eso, sino que experimentaba el roce con esos labios jóvenes y tersos. Todo aquello fue demasiado para Kiro; sólo se encontró devolviendo el beso, como había aprendido durante aquellos años mozos. Fue como montar en bicicleta luego de un largo tiempo.

Las caricias entre sus piernas se intensificaron; las manos de Kiro fueron a la espalda y tocaron la piel suave; recorrió sus líneas corporales con la mano, memorizándolas. Una sostenía a Muka por la nuca, y la otra, seguía viajando hasta la rabadilla… y finalmente apretó una nalga, entre suspiros de placer.

«No puede ser, me estoy poniendo a mil… parezco un chiquillo de secundaria loco por el sexo…» pensaba para sus adentros, suspirando y gimiendo contra los labios fieros y dominantes de Muka. Esta vez no iba a ser una simple mamada, de eso Kiro estaba seguro…

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka se estremeció cuando notó ese nuevo abrazo pero, curiosamente, no sintió el inmediato impulso de apartarlo. “Es la costumbre” pensó. “Tantos días teniéndolo al lado.”

No obstante, se alejó. Reconoció las habilidades del profesor para besar con un lametón a sus labios entreabiertos y se levantó de su regazo. Llevó sus brazos al aire para empezar a quitarle la larga camisa.

Muka pellizcó uno de los pezones para después recorrerlo con los labios, presionando contra él. Al mismo tiempo le abrió el cinturón y en caricias lentas, lentas y relajadas, exasperantes, su mano se coló entre la ropa interior para aferrar el miembro ya completamente enhiesto y sacarlo al exterior. Muka deslizó la mano un poco más atrás y estrujó dentro de un puño los suaves testículos.

—¿Qué es lo que desea, señor? —inquirió, algo impaciente, volviendo a estimular el miembro—. Dígame qué desea.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Nuevamente el raciocinio cogió sus maletas y se fue de vacaciones, dejando a Kiro vía libre para entregarse a sus deseos más lascivos.

Dócilmente, se dejó quitar la camisa; entrecerró los ojos y dejó salir un gemido al sentir el pezón pellizcado, cosa que envió otro torrente de calor directo a su entrepierna, que era estimulada con caricias torturantes que lo impacientaban a ratos. La mano de Muka era habilidosa. Kiro se rindió a ese placer que le daba.

“¿Qué es lo que desea, señor? Dígame qué desea.”

Kiro cabeceó, con los ojos brillosos y cargados de lascivia. Colocó las manos hacia atrás, como fingiendo tenerlas amarradas. Abrió las piernas y le dijo entre jadeos suaves:

—Que me sometas. Que me folles y me des duro hasta que no pueda ni levantarme. —se relamió el labio inferior —. Por favor… te lo suplico.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

La primera impresión de Muka ante esas palabras fue de sorpresa. Esperaba oír deseos de que follárselo a él, recibir un beso negro o algo por estilo. Algo más específico y sin duda menos sumiso. Muka sonrió como si el asunto fuera algo ligero, sin dejar de masturbarlo diestramente.

—¿Qué pasó con todo eso de que no sería un esclavo por ningún motivo, señor? —preguntó. A pesar del tono, en realidad deseaba saber. Una parte de sí conocía la respuesta y por eso ansiaba oírla confirmada—. ¿Se le ha olvidado? ¿Qué ha cambiado ahora, aparte del grosor de su amigo?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Se sintió desnudado con aquella pregunta. Tragó en seco y trató de calmarse, a la par que reunía valor para decirle lo que había estado inquietando su corazón desde hacía días, y ahora intensificado con las palabras dichas mientras masacraban al imbécil de Hako.

—Verás…— dijo en voz baja, sintiendo su rostro sonrojarse en todo su esplendor nuevamente —. Desde… hace unos días para acá, he tenido la extraña sensación de que soy tu esclavo. Al principio me asustaba, Muka…— hizo una pausa para reprimir un gemido —. Pero una parte de mi me fue susurrando que no se sentía tan mal el hecho de que tú tuvieras control sobre mí de alguna forma…

La erección contestó engrosándose aún más. Las piernas de Kiro comenzaban a flaquear.

—Y está el hecho que tú me vuelves loco también. Se me han mezclado tantas cosas dentro…— prosiguió Kiro —. Y para rematar, tus palabras en casa de Hako me estremecieron, cuando dijiste que yo era tu propiedad. No he dejado de pensar en eso desde que salimos de allí.

Pudo casi, casi, ver la sorpresa de Muka.

—Suenan a desvaríos de calentura, lo sé…— suspiró Kiro —, pero son demasiado persistentes para ser simples desvaríos, ¿no lo crees así? Aun así, lo deseo, Muka.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“No he dejado de pensar en eso desde que salimos de allí.”

Sí, Muka estaba sorprendido. Pero además estaba entendiendo: esa la razón del sonrojo mientras volvían a su casa, no lo que habían hecho. Y este descubrimiento vino aparejado con otro; realmente la idea también había cruzado por su mente una que otra vez pero solía desecharla asumiendo que los deseos del profesor no iban por ese camino.

Ahora, sin pretenderlo de algún modo, veía la posibilidad de cumplir esas fantasías. La impresión no le dejó actuar por unos momentos.

“Suenan a desvaríos de calentura, lo sé…, pero son demasiado persistentes para ser simples desvaríos, ¿no lo crees así? Aun así, lo deseo, Muka.”

Qué va, para obligarlo a decir la verdad es que insistía en excitarlo mientras le hablaba. Así era seguro que sólo diría lo que verdaderamente deseaba, sin innecesarias inhibiciones de por medio.

—Ya veo —comentó en tono reflexivo y se alejó. Caminó hasta el otro extremo de la habitación dándole la espalda y se volteó, sonriendo—. Si lo que quiere es ser dominado empiece por pedirlo como corresponde a un esclavo. De rodillas.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

“Si lo que quiere es ser dominado empiece por pedirlo como corresponde a un esclavo. De rodillas.”

Otro estremecimiento nubló la mente de Kiro. Si su raciocinio no se había largado aun, ya en ese instante definitivamente había cogido sus maletas. Con los ojos nublados, cargados de lujuria y algo más, Kiro se deslizó hasta el suelo y se arrodilló a pocos centímetros de Muka.

« ¿Qué estoy haciendo? »

—Por favor, mi Señor… le imploro la imposición de su disciplina, para entender quién manda aquí… —le dijo con voz trabajosa.

«Una parte de mi tiene tanto miedo aun… pero la verdad, lo deseo, y no creo que haya nadie más apropiado que este jovencito, que se hizo con el control sobre mi…»

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Esa tarde, Muka se estaba llevando varias sorpresas. Sabía que el profesor en plena calentura podía hacer estupideces, pero aun así creyó que se rehusaría o que al menos tendría mayores reparos en literalmente arrastrarse hacia él. Una extraña sensación se alojó en su pecho cuando lo vio y luego al oírlo.

“Por favor, mi Señor… le imploro la imposición de su disciplina, para entender quién manda aquí…”

Bien. No estaba seguro de qué era pero se sentía bien. Y raro. También lo deseaba. Muka se tomó unos segundos para poner sus ideas en orden. Estaba en su cuarto, tenía lo necesario.

—Manténgase quieto —indicó y adelantó un pie. El profesor ya tenía la cabeza baja, Muka la obligó a presionarse contra el suelo. Lo dejó en esa posición un instante, encontrándole de inmediato el gusto a tener a alguien bajo sí, y luego rodeó el cuerpo hasta colocarse detrás de él. Apretó una de las nalgas—. Hace días que vengo pensando en hacer mío este culo espectacular que tiene. Me ha tenido frustrado por días y siempre resultó que usted también lo deseaba. Voy a hacerle pagar por eso, ¿le ha quedado claro?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro no dejaba de temblar. No sabía si era de nerviosismo ante lo que estaba por vivir, o de plano se estaba volviendo loco. Quizás ambas cosas.

Ahora estaba totalmente postrado, como un esclavo total. Una sensación extraña lo invadió. No supo identificarla con exactitud, pero también había otra que si conocía. Era el placer. Placer no sólo por la parte que apretaba, sino por su postura, por la sumisión en la que ahora se comenzaba a envolver.

“Hace días que vengo pensando en hacer mío este culo espectacular que tiene. Me ha tenido frustrado por días y siempre resultó que usted también lo deseaba. Voy a hacerle pagar por eso, ¿le ha quedado claro?”

—Sí, Señor. —contestó Kiro en voz baja —. Aceptaré mi castigo humildemente y contento. Gracias por tomarse su tiempo para educarme.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Sí, Señor. Aceptaré mi castigo humildemente y contento. Gracias por tomarse su tiempo para educarme.”

Eso era todo lo que necesitaba. Muka buscó en su armario hasta hallar una pequeña raqueta; un óvalo de maderas con hoyos en el centro y el mango un poco más corto que su antebrazo.

—Contra la pared, ande —ordenó.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

La voz de Muka había cambiado; antes había sido simplemente lasciva y a ratos burlona, pero ahora era demandante. Totalmente dominante. Fue casi hipnótica para Kiro.

“Contra la pared, ande”

Gateó hacia la pared más cercana, y se puso lentamente en pie; se apoyó contra ella con las piernas algo separadas y los brazos extendidos. Mantenía la mirada baja, pero no en señal de vergüenza ni nada, sino en completa sumisión.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Realmente el profesor estaba volando en calentura, a juzgar por el potente aroma a sangre que descendía y se colocaba impacientemente entre sus piernas. Muka se sentía cerca de acompañarlo sólo percibiéndolo. Se puso al lado del profesor, la raqueta en ristre. Dejó que la parte superior rozara la curvatura de las nalgas, tentándole, amenazándole o advirtiéndole, para luego dejarle un firme azote en el centro.

—Vamos a hacer las cosas bien esta vez, señor —dijo reanudando las caricias en perezosos círculos—. Yo sé que usted es masoquista y usted lo sabe. Tal como ambos sabemos que lo más desea es que le de tantas nalgadas que no pueda sentarse. Así que haremos esto —otro azote—. Por cada golpe que reciba dirá “gracias”, seguido de “esta zorra quiere otro, por favor”. ¿Entendido?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Las palabras de Muka reverberaron en la mente de Kiro. Ya de por sí se estremecía aun antes de que lo tocara con un objeto redondo y plano. Por el rabillo del ojo se dio cuenta que era algo parecido a una palmeta o raqueta. Soltó un grito al sentir el azote; la madera era fuerte e impactaba duramente contra su piel desnuda.

“Vamos a hacer las cosas bien esta vez, señor. Yo sé que usted es masoquista y usted lo sabe. Tal como ambos sabemos que lo más desea es que le de tantas nalgadas que no pueda sentarse. Así que haremos esto. Por cada golpe que reciba dirá “gracias”, seguido de “esta zorra quiere otro, por favor”. ¿Entendido?”

—Lo que ordene, Señor…— contestó Kiro, con las piernas temblándole.

Entonces, vino el primer azote. Kiro creyó que iba a quedarse sin aliento; la respiración se le hizo trabajosa y difícil. Muka golpeaba con muchísima fuerza.

— ¡Gracias, Señor! ¡Esta zorra quiere otro, por favor! —suplicó entre jadeos.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¡Gracias, Señor! ¡Esta zorra quiere otro, por favor!”

Muka no hacía más que complacerlo. Una sensación que rara vez conoció estaba creciendo en su pecho aumentando su adrenalina. El sonido de las nalgadas le fascinaba tanto que tenía que casi no esperaba a oír la petición del profesor para dar la siguiente. Progresivamente la piel pálida se volvió roja, el olor de la sangre pareció llenar cada rincón de su mente.

Muka continuó, dándole tiempo al otro sólo para decir su línea, hasta que notó su brazo demasiado pesado. Su ritmo cardíaco, por lo general inexistente, había aumentado y podía oírlo palpitar en su pecho.

El joven se apoyó en la espalda del profesor como en busca de un descanso, pero sus manos siguieron moviéndose para pellizcar con fuerza los pezones que encontraba. Se deslizó luego hacia abajo para apretar la base de su miembro y otorgarle una paja serena, relajante.

En verdad estaba impresionado con lo bien que lo sobrellevaba y esas caricias eran parte de la recompensa. No era algo que pensara, si no más bien que le provocaba hacer. Era curioso; ya había estado con esclavos (pagados todos) antes y sin embargo no tenía esa clase de impulsos. Tal vez era saber que el anciano podría estar ahí, y en cambio, él tenía libertad de acción. Kiro podría haber aceptado al anciano por las sensaciones y escogió hacer caso omiso de sus proposiciones, para en su lugar dejarlo a él dominarlo.

Una sonrisa perversa se le asomó. El viejo tenía todo tipo de heridas y viviría con un buen trauma por un largo rato mientras él probaba el bocadillo que le negaron. Eso se sentía bien.

—Lo está manejando bien, señor —comentó y dio una mordida a uno de los omoplatos. Se separó—. Ahora dese la vuelta y arrodíllese.

Empezó a desabrocharse los pantalones.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Nuevamente le llegó la sensación de que iba a derretirse. Era una sensación que no había experimentado sino aquella… aquella vez.

«No, no puedo recordar eso… — pensó Kiro, azorado —. Tengo que dejarlo atrás, por mi bien. Las cosas han cambiado, ya no es igual…»

Yo sé que usted es masoquista…

 

Es un masoquista. No hay nada sorprendente ni malo en eso.

 

¡Kiro! ¿Qué es lo que le haces al bello cuerpo que Korr te dio?

 

Señora, hicimos lo que pudimos con él, pero sigue experimentando placer a partir de estímulos dolorosos.

 

¡Qué voy a hacer contigo! ¡Me has defraudado! ¡Mi único hijo, una criatura maldita que no envejece y le gusta que le peguen y lo lastimen!

«No, basta… por favor, por favor… no quiero seguir sufriendo más a costa de esto… lo deseo, pero entre Muka y tú me voy a confundir… ¿qué está bien o qué está mal? — pensó Kiro, temblando con cada azote que recibía —. Lo he hecho a escondidas, sentí ira cuando Muka lo aprovechó para descargarse contra mi…»

Pudo sentir al jovencito recostársele detrás; Kiro gimió no sólo con los pellizcos y caricias que le prodigaba el chicuelo, sino además por el roce doloroso contra sus nalgas seguramente enrojecidas.

La voz de Muka lo despertó súbitamente.

“Lo está manejando bien, señor. Ahora dese la vuelta y arrodíllese.”

—Gracias, Señor. —contestó Kiro en voz baja. Lentamente se deslizó desde la pared hasta el suelo y de ahí se arrodilló como mejor pudo, aunque a veces el roce con sus aun enrojecidas nalgas le molestaba un poco.

Contempló con notoria hambre cómo Muka se abría el pantalón. Aguardó expectante, jadeando como perra en celo.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

 

Muka estaba a punto de bajarse la cremallera cuando una idea cruzó por su mente, y decidió dejársela arriba. No, sería demasiado fácil. Rebuscó en sus cajones y encontró cordones de zapatos, en el armario una corbata que no recordaba hace cuánto no la usaba.

—Levante las manos —ordenó al profesor.

Con los cordones ató sus muñecas y la corbata a los cordones, para poder guiarlo como a una mascota. Lo hizo dar unos pasos moviéndose sólo por las rodillas hasta la cama y ahí anudó la corbata con una de las patas, por debajo del colchón, lo que obligaba al profesor a inclinarse un poco dada su estatura. Así estaba a la altura perfecta para Muka. El joven se tocó la entrepierna abultada descaradamente en sus narices.

— ¿Quiere esto, señor? Tendrá que pedirlo bien.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Ya a estas alturas, Kiro había dejado de pensar, y ni siquiera razonaba lo que hacía. Sólo se limitaba a obedecer cuanta cosa Muka le ordenara. Por eso, caminó trabajosamente con las muñecas atadas, hasta que lo ataron a la cama, como un perro. El profesor sólo jadeó, desde su postura algo empinada; alzó la vista hacia Muka, que ahora se estaba tocando de tal forma tentadora. A Kiro se le hizo agua a la boca. Pudo sentir el pequeño hilo de saliva corriendo por la comisura de la boca.

“¿Quiere esto, señor? Tendrá que pedirlo bien.”

—Por favor, se lo imploro, Señor, deme a comer de su verga. — se relamió los labios obscenamente —. Este esclavo está hambriento de su polla…

Abrió la boca y jadeó, dejando colgar la lengua, como si fuera un perro realmente hambriento.

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka decidió que le daría el gusto. Obviamente a él también le complacería pero era agradable hacerlo ver como si sólo fuera un premio para el otro, como si los gestos del profesor no estuvieran teniendo un efecto devastador en su mente. Se sentía como en una nube, y extrañamente, en perfecto control de todo.

El joven jugó un poco golpeando la cabeza de su miembro contra el rostro del profesor, alejándose cuando notaba sus intentos por engullirlo. Le hacía saber que lo harían, ambos muy gustosos, pero a su modo y con sus reglas. A veces Muka frotaba concienzudamente contra sus mejillas y volvía a apartarse de la boca hambrienta.

Cuando creyó que ya era suficiente de tortura (qué diablos, él también estaba ansioso) Muka le sostuvo de la cabeza con una mano y empezó a “follárselo” por la boca sin más dilación, entrando y saliendo mientras lo mantenía al otro fijo en su sitio.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

¡Vaya que Muka disfrutaba torturándolo!

Cada vez que le restregaba la erección contra la cara, Kiro gemía y trataba de alcanzarla, entre jadeos. Le era frustrante cuando Muka se la alejaba. Algunas veces el mayor protestaba entre gemidos.

Dejó salir un suspiro cuando al fin el jovencito se la embutió. El hecho que lo obligara a engullirla completita y a su manera excitó aún más a Kiro. Algo indefinido en él sólo pareció impulsarlo a complacerlo, a servirle totalmente.

Algún día vas a lamentar no haberte quitado esa maldición que llevas encima. Le había dicho su madre antes que Kiro se fuera de su casa.

Engendro miserable…

Pero Kiro, al igual que muchas otras veces, no la escuchó.  

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Eso estaba muy bien. Muka movía las caderas rítmicamente y sentía las cálidas caricias de la lengua, la succión de los labios. Recordó una visita a un club sadomasoquista al que lo llevó Pytro; en una pared delgada, a determinada altura, había hoyos por los cuales asomaban labios o un miembro erecto.

Muka probó a dejarse engullir por una de esas bocas anónimas. Como el del otro lado no podía hacer gran cosa era Muka quien debía hacer casi todo el trabajo, entrando y saliendo a voluntad, hasta hallarse satisfecho. Kiro ahora era esa boca, sólo que sin pared, y estaba sujeto por cordones y una corbata. Pero el placer de utilizarlo para ese fin, como si sólo fuera otro hoyo en la pared, algo que estuviera ahí sólo para complacerlo, resultaba igual de embriagador.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Si Kiro alguna vez tenía dudas si tenía madera de esclavo, ahora mismo se le acabarían. No sólo estaba disfrutando con la sensación de sumisión intensa a la que lo sometían, sino que de alguna manera, sentía que pertenecía allí, que el servir y complacer a otros era parte de sí mismo, tal como lo era su masoquismo, a pensar de que la zorra de su madre lo acusaba de estar maldito y hasta lo había sometido a terapia de electrochoque. Pero ahora ella no estaba en este mundo —había fallecido cuando Kiro tenía 350 años— aunque sí las marcas quedarían.

Aunque había logrado esconder su masoquismo exitosamente por los 300 años siguientes desde la partida de su casa —Kiro se limitaba a masturbarse y a causarse dolor en la seguridad de su cuarto—, Muka se cruzó en su camino, y ahora el jovencito simplemente había abierto la compuerta para dejarlo salir, cosa que Kiro recordó haber resentido, pero quizás tal vez era por sus mismos prejuicios. Por su madre, malhaya sea esa mujer santurrona y demente, que lo marcó al rojo vivo con eso de que estaba maldito.

Y ahora, con todos estos sentimientos por dentro —incluyendo la atracción que sentía hacia Muka—, esa compuerta prometía no cerrarse más nunca. La sumisión y sus tendencias masoquistas habían salido de su escondite, y nunca más volverían a esconderse.

Por eso, Kiro disfrutó el ser usado como un triste objeto sexual; por eso disfrutaba la sensación de dominio, de control, que ostentaba Muka sobre él.

«Es hora… de comenzar a olvidar. »

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Oh, diablos, Muka conocía ese estrujamiento en sus partes bajas. Salió de la boca de Kiro de inmediato tirando de su cabeza hacia atrás, no sea que termine ahí mismo. No era eso lo que deseaba (bueno, su cuerpo sí). Desató la corbata de la cama y tiró de ella hacia la cama, en muda exigencia de subirse a la cama.

—Échese y quédese quieto —le indicó.

La corbata giró y se afianzó esta vez en la cabecera de la cama, acortando mucho la tela, de manera que casi las muñecas tocaban también la madera. Muka tomó una de las almohadas, la enrolló y la colocó justo debajo de la cadera del profesor, así éste debía arquear un poco la espalda dejando el trasero mucho más expuesto.

Buscó otro par de cordones y se encargó de atarle las piernas a las patas de la cama. Estaba totalmente dispuesto para él. El color rojo de las nalgas del profesor había desaparecido. Muka recogió la raqueta que había dejado atrás y le propinó un potente azote.

—A ver, señor, ¿en qué habíamos quedado que usted diría?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Sin vacilar ni un momento, Kiro obedeció el mandato de Muka. Yacía ahora totalmente bocabajo, con el trasero expuesto a los caprichos del jovencito. El mayor se estremeció momentáneamente, en pura ansiedad anticipada, expectante… hasta que sintió el potente azote.

“A ver, señor, ¿en qué habíamos quedado que usted diría?”

— ¡Gracias, Señor! ¡Esta zorra quiere otro, por favor! —espetó Kiro, sin dejar de temblar. Estaba estremeciéndose cada vez más. Los ojos negros le brillaban, sí, pero de pura lascivia.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¡Gracias, Señor! ¡Esta zorra quiere otro, por favor!”

El joven siguió el ritmo de sus peticiones al pie de la letra y pronto el sonido de la voz de Kiro se mezcló con el de los azotes, de la raqueta desgarrando el aire, de sus pechos palpitando y el olor de la sangre era tan apetitoso. Su erección no lo soportaba más.

Muka dejó caer la raqueta al suelo y se vino encima del profesor. Escupió en su mano y lubricó apenas un poco el ano, metiendo dos dedos directamente de paso y abriéndolos tanto como era posible. Cuando creyó que estaba lo suficientemente dilatado (no era la idea ser un bruto, debía recordarlo), Muka dirigió su miembro hacia la entrada expectante y entró de una estocada.

Se introdujo entre gemidos y rechinidos de dientes. Todo bien, apretado y sensual.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Cada vez que Muka lo azotaba, Kiro vociferaba pidiendo otro azote. No sólo era porque Muka se lo había dicho, sino porque realmente lo deseaba. El golpe de la dura madera contra su piel, enrojeciéndola, haciéndola sensible al tacto, todo aquello era demasiado para alguien como Kiro, tan masoquista.

Empero, aquello no era nada comparado con la perspectiva de su primera follada desde hace 250 años. Ansioso, sólo gemía y se contoneaba cuando Muka lo preparaba y finalmente lo penetraba. Fue cuando Kiro dejó salir un gemido algo fuerte.

Por Korr, había pasado tanto tiempo desde que había sentido un miembro viril traspasando sus entrañas. Ahora mismo el sexo de Muka se sentía de gloria; incluso la brusquedad con que entró se sintió demasiado bien. Arqueó aún más la espalda, ofreciendo aún más el trasero.

— ¡Duro! —decía suplicando, mirando a Muka por encima de su hombro —. Te lo ruego, dame duro, métemela con fuerza…

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Cállese —gruñó Muka agarrando la única porción de cabello negro del profesor lo bastante largo para eso. El joven obligó al profesor a girar la cabeza hacia él hasta tener sus orejas a la altura de sus labios—. Las putas no hablan a menos que se los pida. Disfrute gimiendo, eso lo hace bien.

Era parte del juego. En realidad a Muka le daba igual que hablara pero era divertido tratarlo de esa manera desconsiderada y egoísta. Casi se sentía como un niño que, poniéndose una corona de papel en la cabeza, cree que es el rey del mundo. La diferencia estaba en el calor nada infantil que rodeaba su miembro y lo condenadamente bien que era hundirse en él.

¿Cuántos años le dijo el profesor que habían pasado desde la última vez que alguien pasó por ahí? No lo recordaba pero seguro eran muchos, muchos años, lo cual explicaba tan delicioso estrechamiento.

—Mierda, usted sí está apretado —comentó Muka sin dejar de embestir—. Es casi como follar a una virgen.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

“Cállese. Las putas no hablan a menos que se los pida. Disfrute gimiendo, eso lo hace bien.”

Aquella frase pareció reventarles todos y cada uno de los fusibles a Kiro; el tono, las palabras, e incluso el cosquilleo de su aliento… el mayor se sintió volar, como si de repente le hubiesen inyectado alguna droga. Su masoquismo emocional le permitió disfrutar de ese trato grosero y desconsiderado.

Ante aquello, entonces sólo respondió en el único idioma que le era permitido expresarse: entre gemidos. Así, conforme Muka iba empujando con creciente fuerza en sus entrañas apretadas, más aumentaban los gemidos de Kiro, al borde de sonar en algo rayano en lo animal.

“Mierda, usted sí está apretado. Es casi como follar a una virgen.”

Kiro sólo le pudo contestar con otra sinfonía de gemidos casi animales. Eran sonidos que en circunstancias normales jamás podría emitir, ni siquiera aunque se lo propusiera. Alzó el culo y lo restregó contra el pubis de Muka. Algunas veces apretaba la erección que se movía en sus entrañas, producto de contracciones de puro placer.

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Ese movimiento  que lo apretaba aún más, intentando retenerlo, le encantaba. A medida que pasaba el tiempo descubría más cosas acerca de su profesor. ¿Quién diría que tras los lentes y las camisas ridículamente largas había un esclavo tan apetecible? El hambre de su boca, la incitación en sus gestos, el cuerpo. No se le ocurría qué sería mejor. No recordaba haberse sentido así de (sí, esa es la palabra) pleno en mucho tiempo. Había placer carnal pero también algo indefinido, un gustillo que sólo podía descubrir con esclavos pagados o rakuenks muy obedientes.

Muka aceleraba. La mamada de antes lo tuvo por poco al punto sin retorno y gustoso estaba volviendo a él. Pero mejor: el profesor sabía poner de su parte incluso desde abajo. Ahí se daba cuenta de que no era un objeto para placer, si no que buscaba el placer.

La cabeza se le disolvió, o al menos eso le pareció. Nada más quedaba en el mundo entero que seguir follando. Ni siquiera lo pensaba, era una necesidad moverse. Muka se apoyó sobre los costados del profesor, para poder erguirse un poco, y penetrarlo con más facilidad. Los sonidos salían de su boca sin pretenderlo; no por falta de aire si no ausencia de éxtasis. Igual que un atleta en plena maratón en busca del oro.

—Creo que ya estoy a punto —dijo entre resoplido. Tenía tenso el cuello por la energía acumulada—. ¿Verdad que le encantaría que acabara dentro de usted como ya lo hice en su boca en otra ocasión?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

“Creo que ya estoy a punto. ¿Verdad que le encantaría que acabara dentro de usted como ya lo hice en su boca en otra ocasión?”

La idea pareció enloquecerlo. De hecho, estaba tan afiebrado y llevado por la lascivia que no tenía palabras para expresarse. Nuevamente lo hizo en ese único idioma que tenía: los gemidos. Contestó a la pregunta con otro contoneo y un gemido largo que tenía cierto dejo desesperado e histérico.

«Me siento envuelto en fuego líquido. Ya no puedo pensar con claridad… no puedo ni siquiera hablar…» pensaba Kiro en medio de la bruma de la lujuria.

Intentó arquearse más, pero las ataduras de sus pies lo mantenían dolorosamente inmóvil. Las jaloneó un momento, entre semi-gruñidos de protesta.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Muka le dio otro jalón a sus cabellos, esta vez con intención de amonestarlo.

—Dije —gruñó— “las putas no hablan a menos que se los pida”, no “aunque se los pida”. Dígalo alto y claro, para que yo lo oiga.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Volvió a estremecerse al escucharlo. La voz de Muka, dominante, cortante, y áspera, lo estaba drogando a niveles inimaginables. Kiro respiró hondo y cerró los ojos por unos segundos, como intentando “recordar” cómo hablar.

—Sí, Señor… este esclavo ruega porque Usted acabe en su interior…— dijo con voz trabajosa y jadeante — ¡Déjeme sentir su semilla en mis entrañas, Amo!

« ¿Qué diablos…? — Kiro cerró la boca un momento cuando escupió aquello. —. Ya la regué, por Korr…»

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“¡Déjeme sentir su semilla en mis entrañas, Amo!”

¿Qué? Oh, pero qué importaba. La palabra ya había activado una parte oculta de su cerebro (o de su miembro) causándole tal orgasmo que Muka se sintió fuera de sí por un momento, alucinando sobre nada, mientras se derramada entre el refugio cálido que era un cuerpo ajeno.

Su mente aún volaba incluso cuando acabó pero su cuerpo empezó a sentirse bien presente, mucho más pesado que antes. ¿Así era tener sexo? Qué estúpida pregunta, y sin embargo Muka se encontró pensando en ella seriamente antes de salir del profesor.

El joven comenzó a desatarlo mecánicamente. A penas terminó con los pies y las muñecas (dejando caer los cordones y la corbata en cualquier parte), a Muka le alegró tener una suave cama a la que echarse a descansar. El problema, que no era tanto en realidad, era que no tenía demasiado espacio para estirarse y debía estar de lado para no caerse por el borde ya que el profesor ocupaba el centro. Muka se quedó mirándolo, no sabía si esperando algo, una reacción, alguna palabra, o porque sólo le apetecía.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

No pudo contenerse. Dejó salir un grito de placer al recibir esa descarga caliente y húmeda en su interior; se había olvidado lo bien que se sentía tener semen ardiente en su interior, inundándolo con su viscosidad y luego rebosando hasta chorrear por sus testículos y muslos. Kiro pasó un buen rato estremeciéndose con la sensación, hasta que se sintió llegar al punto del no retorno también.

Se mordió un poco el labio antes de suplicar a Muka.

—Señor… se lo ruego, permítale a su esclavo acabar…— dejó salir un siseo lascivo —. Por favor… se lo suplico… no aguanto más.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Por favor… se lo suplico… no aguanto más.”

Idiota, se dijo Muka. Se había olvidado de eso.

—Quédese quieto —ordenó.

Sacó la almohada que lo obligaba a estar inclinado, dejándola caer al suelo, y puso el cuerpo del profesor del costado. Aferró el miembro y empezó a acariciarlo aceleradamente, sabedor que movimientos suaves era lo último que necesitaba el profesor.

En esa posición era inevitable que se miraran. Muka le sostuvo la mirada con una leve sonrisa de socarronería que ocultaba su satisfacción. Había sido más suave de lo esperado pero podía cambiarlo, mejorarlo. Por ahora la sangre dulce palpitando en sus dedos, el sudor e incluso el aroma indefinible de la lujuria estaban más que bien.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Ciertamente no era el primer orgasmo que experimentaba, pero las circunstancias que lo rodeaban le daban un toque único. La sumisión que experimentó, y que seguía sintiendo al hallarse a tres pasos de eyacular, bajo los ojos lascivos y burlescos de Muka.

El orgasmo lo atacó, nublando sus sentidos por breves instantes. Una de sus manos aferró la tela de la colcha, mientras arqueaba la espalda. Cuando los abrió, sus ojos cayeron en la mano de Muka, que ahora estaba cubierta de semen. Se mordió el labio y dijo en voz baja:

—Si lo desea, Señor, puedo limpiar su mano.

No podía evitarlo; disfrutaba la sumisión, disfrutaba el bajar la cabeza, el arrastrarse.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

Le daba pereza levantarse a por una toalla. Muka ofreció su mano como (no pudo evitar la comparación) un rey esperando el beso del sirviente.

—Disfrútela por mí, señor.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Sin titubear, Kiro tomó la mano de Muka y con la mejor de las diligencias, comenzó a limpiarla usando la lengua. Cada gota de esperma era lamida y chupada, aunque con esmero, también con cierto dejo de ansiedad. La mano de Muka era increíblemente suave y no era muy grande, aunque esto último era lo más lógico. No iba a tener las manos más grandes que él mismo.

Cuando terminó y ésta quedó totalmente limpia, Kiro la frotó un poco para secarle los restos de saliva que pudieron quedar, y finalmente remató con un leve beso.

—Gracias, Señor. —dijo en voz baja —. Por darle a su insignificante esclavo el placer de limpiar la mano que lo cuida, disciplina y acaricia.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

—Eh, bueno —dijo Muka un tanto incómodo, retirando su mano. La intensidad de lo que escuchaba lo estaba apabullando, y a su pesar, se dio cuenta de que la cara le hervía. Desvió la vista tratando de disimularlo—. Me alegro… de que esté bien. Supongo que no se siente mareado, insensible o algo por el estilo. Sería normal que así fuera aunque lo dudo porque no hemos hecho mucho.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro se dejó caer en la almohada y permaneció en silencio por un rato largo; ¿era su imaginación o Muka estaba SONROJADO? Era primera vez que lo veía así, y eso sólo alborotó lo que tenía por dentro, lo que ya estaba germinando.

“Me alegro… de que esté bien. Supongo que no se siente mareado, insensible o algo por el estilo. Sería normal que así fuera aunque lo dudo porque no hemos hecho mucho.”

Tras vacilar un poco, Kiro contestó en voz baja:

—Tú piensas que has hecho poco, pero en realidad has hecho más de lo que te imaginas. —volvió a sonrojarse intensamente —. Tanto, que no sé ni cómo explicármelo a mi mismo. — Se acercó un poco a Muka —. Sé que te molesta que te toque, y te pido perdón por ello, pero es algo que no puedo evitar…

Dicho esto, volvió a abrazar a Muka… y rompió a llorar.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Sé que te molesta que te toque, y te pido perdón por ello, pero es algo que no puedo evitar…”

Antes eso Muka ya se imaginaba lo que se proponía del profesor de modo que pudo soportar la impresión. Para lo que no estaba preparado era el llanto que sacudió al otro y empezó a humedecer su cuello.

Al principio la estupefacción no le permitió responder pero pronto le pareció que permanecer así, indiferente, sería algo demasiado cruel y procuró darle unas palmadas en la espalda. No sabía cómo tomar esa reacción, si como algo bueno o malo. Jamás le había sucedido antes.

—Ya, ya —dijo inevitablemente sintiéndose torpe—. Suéltelo todo si lo necesita. Vamos, desahóguese.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro no dejaba de llorar; buscaba aferrarse a Muka todo lo que podía, como si de repente ese jovencito se hubiera convertido en su pilar de salvación.

—Ha sido todo tan jodidamente difícil, Muka, lo sé. Para los dos, sin duda alguna. —dijo Kiro, entre sollozos ahogados —. Aunque disfruté tanto siendo tu propiedad, y el que me usaras como te diera la gana, sin preguntarme, sin peros ni porqués, no pude evitar recordar lo ocurrido… pero además, algo que me ha estado carcomiendo por más de 300 años, mucho antes de que hubieras siquiera crecido en el vientre de tu señora madre.

Era momento de decirle la verdad, de explicarle por qué se había sentido como se sintió aquel día en el salón de clases. Tal vez si lograba exorcizarse de ello, entonces al fin ambos podrían dormir tranquilos… y cuando decía “ambos”, lo hacía porque de algún modo, se imaginaba que Muka estaba disconforme también por todo lo acaecido.

—Cierto, tuviste razón en aquellos días al decirme que lo disfruté. Para qué negarlo, ya me cansé de hacerlo por mis propios complejos psicológicos…— sollozó Kiro, estrujando a Muka, acariciándole el pelo, las orejas, los hombros, como buscando consuelo en lo que hacía —. Sin embargo, estos complejos no son simples premisas de “porque disfruto con el dolor, hago algo malo”, porque cuantas cosas hago que son catalogadas de malas y no siento culpa… como por ejemplo, comer como cerdo hambriento, o lucir siempre con más de 200 años menos. —Kiro soltó una risita —. En realidad, no te he contado lo que mi madre me ha hecho, y que me marcó por siempre…

Se separó unos centímetros de Muka, pero sin dejar de abrazarlo.

—Yo tenía 150 años cuando pasó esto; estaba en mi cuarto, como siempre, disfrutando precisamente de mi masoquismo, un placer que encontré a la edad de 112 años y que de lo bien que se sentía, creía que no hacía nada malo. Entonces ella se volvió loca, y me gritó “Kiro, ¿qué le haces al bello cuerpo que Korr te dio?” —en este momento, casi, casi, volvió a escuchar la voz de ella —. Me forzó a vestirme y me llevó corriendo al psicólogo de la aldea en ese entonces. Luego de examinarme como mil veces, dijo que me someterían a terapia de electrochoque para que dejara de asociar el dolor con el placer, porque se suponía que yo no debía disfrutar de algo que era negativo y que el cuerpo usaba únicamente para informarme de su estado de salud.

Estaba totalmente descontrolado, abierto y vulnerable como nunca en su vida se había sentido. En ese momento, no pensaba en nada. Sólo quería sentir que Muka, al menos por esos minutos, estuviese allí a prestarle un hombro y un oído comprensivo… el oído que nunca tuvo en su vida.

—Me llevaron a la clínica Pareykaus y me tuvieron internado por muchos meses. Fueron días horribles, Muka: sometido a medicamentos sedantes, inhibidores de la lujuria, y electroshock. Me colocaban esos malditos artefactos en todo el cuerpo y me pasaban chorrocientos mil voltios hasta que no podía más y me desmayaba. —Kiro volvió a abrazar a Muka con fuerza —. Todo para que luego le dijeran a mi madre que yo todavía seguía reaccionando negativamente. Ahí fue cuando ella me dijo algo que no se me iba a olvidar jamás “naciste maldito, te morirás maldito. Korr debe odiarme por haberme dado a un maldito engendro”.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

A medida que Muka escuchaba la confesión del profesor, menos le importaban las caricias que lo recorrían continuamente. No podía creerlo. ¿Así de enfermas eran las personas en el pasado? Esa señora debió haber tenido algo mal en la cabeza para decirle tales cosas a su propio hijo y, peor, tomarlas por ciertas.  Ahora entendía tanto resentimiento, contra él, contra Hako y contra sí mismo. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Aquellas experiencias debieron ser la gota que derramó el vaso.

—Señor… —dijo cuando un poco de la impresión se le hubo pasado—, esas cosas pasaron hace muchos años. Es diferente ahora. Puede disfrutar de su cuerpo y las sensaciones que tenga con él sin que nadie lo llame enfermo. Todo lo demás es cosa del pasado.

No sabía si lo que decía sería útil de algún modo pero no se le ocurría nada más. Todavía estaba asombrado, confundido y algo asqueado por la moral torcida.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

—No es tan fácil de olvidar, Muka. —dijo Kiro a media voz, ahogado por sus propios sollozos —. No es fácil olvidar esos días horribles en esa clínica, como tampoco años de abusos y desprecios por algo que a la final no me hacía daño, sino más bien me daba placer.

Intentó serenarse un poco acariciando a Muka. En ese momento, para Kiro era su auténtico centro de atención.

—Aun así, quisiera poder olvidar todo esto, incluso lo que pasó en el salón. No quiero volver a escuchar la voz de mi madre, que aún está en mí, aunque ella ya falleció hace 150 años. Además… —intentó secarse los ojos con una esquina de la sábana —. Para bien o para mal, tú has sido mi única compañía desde que abandoné la casa de mi madre. Aunque parejas y amantes no me faltaron en mi juventud, ninguno fue lo suficientemente duradero ni profundo. Sólo tengo estas marcas que estás viendo. Es lo único que me quedó luego de eso.

Volvió a estrujar a Muka, pero ya no había desesperación. Sólo una lánguida petición de consuelo en cada gesto.

—Tal vez te sorprenda ver que un viejo como yo terminó encontrando en ti lo que le faltó toda su vida. Quizás necesitaba una buena bofetada para recordarme que no estoy solo y que no soy el monstruo maldito que mi madre creyó que era, sólo por ser masoquista o siempre, siempre, lucir ajeno al tiempo. — recostó la cabeza en el pecho del jovencito y cerró los ojos —. Tal vez te estoy pidiendo demasiado, pero no puedo evitarlo, luego de recordar tantas veces que quisiste salvarme de mí mismo y que yo sólo vi como martirio.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Tal vez te estoy pidiendo demasiado, pero no puedo evitarlo, luego de recordar tantas veces que quisiste salvarme de mí mismo y que yo sólo vi como martirio.”

—Un poco tarde para decir eso —dijo Muka respondiendo a los abrazos del profesor. Le parecía que lo necesitaba. Era extraño darle eso a un profesor, a alguien de semejante edad, pero su aspecto hacía tiempo le había hecho olvidar todo aquello—. Quiéralo o no, y mucho menos sin pensarlo, estoy metido en esto desde el momento en que lo mordí y traje hasta aquí. También es mi culpa que terminemos aquí.

Muka suspiró. Odiaba esta parte.

—Lo siento —soltó, y a pesar de la punzada que sintió en su orgullo, agregó—: No tenía idea de que le hubiera pasado aquello. Creí que lo suyo eran prejuicios anticuados. De haberlo sabido antes ni siquiera hubiera pensado en hacer todo eso —Muka le acarició la cabeza, ahora con naturalidad pues se había habituado a la idea de tener contacto con él. Las noches de dormir en una misma cama estrecha y rozarse por las noches habían ayudado a calmarle—. Si está jodido en la cabeza qué importa, todos estamos algo jodidos. Pero de esto no voy a desentenderme fácilmente, se lo dije.

La verdad era que le dolía. Haber hecho tanto daño sin darse cuenta de la magnitud del mismo. No quería ni pensar en lo que diría su padre si aún estuviera ahí.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro lo escuchó con una sonrisa, pero ya era más de cansancio y de sincero perdón. Sus orejas se doblaron grácilmente cada vez que Muka lo acariciaba en la cabeza. Era una reacción de todo klowny ante las caricias recibidas en esa zona o simplemente para demostrar satisfacción. Tomó la mano del jovencito para hacerle entender que lo había escuchado y que estaba contento con sus palabras.

—Ahora lo sabes y lo entiendes. En realidad, ni siquiera es necesaria la disculpa. Tu comprensión es todo lo que necesito. —susurró, apretando un poco la mano de Muka —. Quizás porque mi corazón te perdonó mucho antes que mi mente. Cuando estuvimos masacrando a Hako y a Nyraku, me di cuenta que a quien odiaba de verdad era a él, porque… —Kiro soltó una risita algo triste —… vaya, él sí que me hizo daño en forma. No me dijo nada que me ayudara de verdad. No se preocupó por mí de verdad. Sólo estaba con su cuento “ohhh sé mi esclavo, ¡roar!” y al ver que no quise nada con él, usó la fuerza contra mí.

Se hizo un silencio entre ambos, pero era uno amigable, e incluso de ternura. Kiro alzó la cabeza para observar a Muka.

—Ya ves, mientras él estuvo cien años tras mi trasero, avergonzándome de mil maneras, sin preocuparse por el daño que me hacía, tú volviste por mí, me trajiste aquí y me cuidaste. Eso no lo hace una persona con algo de… ah, ¿cómo te digo para que no te rías? ¿“corazón”? — tenía aun la mano del jovencito, y ahora jugueteaba un poco con sus dedos. —. Ayúdame a olvidar, Muka. Quisiera volver a mis 112 años, cuando descubría mi masoquismo, cuando disfrutaba de él y no sentía culpa. Quiero olvidar todo este dolor… ¿me ayudarás? Te lo pido ya como una persona que descubrió lo mucho que necesita de ti.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Ayúdame a olvidar, Muka. Quisiera volver a mis 112 años, cuando descubría mi masoquismo, cuando disfrutaba de él y no sentía culpa. Quiero olvidar todo este dolor… ¿me ayudarás? Te lo pido ya como una persona que descubrió lo mucho que necesita de ti.”

“Tiene algo con las manos” pensó Muka viendo el jugueteo en la suya. El profesor movía sus dedos entre los propios como si descubriera por primera vez el tacto de otro. Ya no sentía la necesidad de retirarlos pero aún no estaba del todo  cómodo con esa atención. Suponía que debería acostumbrarse. Como a que lo abrace y busque tocarle. ¿No sería esa la parte en que se cuidaba al sumiso luego de una sesión?

—Sabe que voy a pedirle muchas cosas, ¿verdad? —preguntó. Aunque la idea fuera agradable no quería problemas futuros—. Y que literalmente me está autorizando a hacer lo que quiera con usted. Porque, lo lamento, no sirvo para sólo darle el gusto a la gente. Soy un asco para ello. Si está de acuerdo en hacerlo será a mi modo. ¿Entiende eso?

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Kiro escuchó detenidamente las palabras de Muka. Se quedó en silencio meditándolas, pero a la final, decidió que tenía sentido. Después de todo lo ocurrido, después de haber desarrollado lazos de complicidad y de confianza, Kiro decidió que lo que sea que quisiera Muka para él, sería lo mejor. Confiaba en el sano juicio de ese jovencito.

—Está bien, Muka. A estas alturas, ya no nos andaremos con desconfianzas. Yo confiaré en ti como tú confiarás en mí. Además… —esbozó una sonrisa ya algo tímida —. Me gusta complacerte. Me gusta dejarte contento. Así que no tengo problema.

 

Muka ~~ Está bien, profesor. No hice bien, ¿contento? ¡Ahora matemos al idiota de Hako! ~~:

“Me gusta complacerte. Me gusta dejarte contento. Así que no tengo problema.”

Muka sonrió. Le gustaba esta faceta nueva del profesor, sumisa y tranquila, casi tanto como la de calentura y desesperación.

—De acuerdo, luego no diga que no se lo advertí —replicó un tanto irónico. Recogió las sábanas echadas de lado y las atrajo hacia sí, cubriendo al profesor también—. A partir de mañana arreglaremos los detalles y empezaremos con lo bueno.

De repente se sentía de buen humor. Contento.  La sonrisa no se le quitaba. Al fin tendría con quien compartir fantasías sádicas sin necesidad de vaciarse los bolsillos, lo que siempre era de agradecer. El sentimiento, sin embargo, era más profundo que eso y lo sabía pero no podía identificarlo bien ni le interesaba hacerlo.

 

Kiro ~~ Aunque me pese admitirlo… cada vez te quiero más, monstruito ~~:

Recibió con alegría las sábanas que lo cubrían. Se aventuró a abrazar nuevamente a Muka, pero esta vez para quedarse profundamente dormido.

Por primera vez en sus quinientos años de vida, Kiro no volvió a sentirse solo, y en cambio, durmió muy feliz.

Continuará…

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