La esclava perfecta

Advertencia: yuri/femslash, BDSM, rutinas Amo/esclavo.

Nota: Regalo para Selene.

La esclava perfecta

La esclava amaba a su Ama. Como su Ama solía ser muy sincera (o como Ella solía decir, casi en broma, casi como disculpa, “una bocona”), la esclava oía comentarios acerca de cuánto le excitaban las chicas con tatuajes y mechas de colores extravagantes, de piel tan pálida como muñecas de porcelana. Decía a veces su Ama que las vestimentas que revelaban la espalda eran muy sensuales y le gustaban unos brazos firmes y bien definidos, en lugar de dos tiras de fideo. La esclava veía cómo era ella en cambio: piel olivácea, limpia de cualquier marca, y de brazos flácidos. Un día el Ama tuvo que dejarla por razones de trabajo y ahí decidió la esclava que intentaría darle una sorpresa en cuanto llegara.

Probó a ponerse un tatuaje con una rosa en el hombro pero resultó ser alérgica a la tinta, y aunque la esclava tenía mucha devoción que entregar, apreciaba lo bastante su propio cuerpo para desistir de eso. Probó a ponerse mechas azules. El peluquero confundió las mezclas de la tintura y se las hizo rubias platinadas en medio de su rubio cobrizo natural. Trató de remediarlo con otra capa de tintura pero al final sólo terminó con castaño oscuro. Nuevamente lo intentaron, aunque el ardor en su cuero cabelludo ya estaba siendo muy irritante, y volvieron al rubio, sólo que unos tonos más oscuros. El peluquero le dijo que lo sentía pero si continuaban iba a acabar calva o con pelos de escoba, por lo que la esclava tuvo que pagar por todos los tintes y marcharse decepcionada.

Intentó aclararse la piel poniéndose una base de distinto color. Para cuando terminó de pintarse la cara de un aceptable tono pálido, se había terminado el pote de maquillaje y ya no le quedaba dinero para comprar otro y continuar con su cuello pues lo había gastado en la peluquería. Pretendió probar con uno de esos vestidos que no usaba hacía tiempo y renovarlo para que tuviera la espalda descubierta, pero en cuento se lo colocó encima y se vio en el espejo, ¡horror!, cayó en cuenta de cuán poco atractivos eran sus rollos y del frío que hacía así que desistió de eso también, llorando desconsolada. Para cuando su Ama regresó ella se lanzó a sus brazos y le contó de todo lo que había intentado para hacerle ese regalo, de todo lo que le salió mal, de los idiotas errores del peluquero, y cuánto lamentaba no haber podido conseguírselo. Su Ama la abrazó y la mantuvo contra sí acariciándole el pelo hasta que la esclava se serenó un poco. Entonces el Ama la tomó del mentón para elevarle la cabeza y mirarla a los ojos.

-¿E hiciste todo eso porque creías que lo quería?

La esclava cabeceó, sus ojos volviendo a derramar lágrimas.

-Lo siento, sólo quería complacerte. Sé cuánto te gusta esa imagen de chica ruda y pensé que si tenías una esclava que luciera así te haría más feliz.

Para desconcierto suyo, el Ama se echó a reír.

-Perrita, si no fuera feliz contigo ya, ¿crees que te hubiera entregado esto? –Y señaló su collar-. Además me gustas y no por cómo te ves.

-Lo sé pero…

-No, no lo sabes. Al menos no lo suficiente. Veamos… tú me quieres a mí, ¿verdad?

La esclava asintió.

-¿Me querrías si fuera gorda, de pelo pajizo y dientes chuecos pero aún te dominara como hasta ahora?

-Por supuesto.

-¿Me querrías aunque dejara de maquillarme, no me pusiera esos tacones que te encantan ni esos sostenes con escotes?

-Claro que sí.

-¿Me querrías aunque fuera todo eso y además dejara de ser tu Ama, y me convirtiera en una simple mujer que te quiere lo bastante para que le gustes tal cual eres? Olvidemos por un instante tu propia necesidad de someterte. Te pregunto por tus sentimientos, no por tu apetito sexual.

-Sí, igual te querría. Pero no entiendo por qué…

-Déjame acabar. Dime por qué lo harías.

La esclava desconcertada respondió a media voz.

-Porque te quiero. Aun cuando no me tratas como tu esclava porque estás muy cansada o no tienes ánimo para eso, me siento feliz de estar contigo y que me hables y te preocupes por mí.

-En otras palabras ¿me quieres más a mí que a la yo Ama?

-Sí.

El Ama le dio un beso en la frente y la abrazó.

-Entonces ya eres la esclava perfecta para mí.

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