Miel y metal. 2

Capítulo 2: Nobody like you

“Tengo tanto miedo que es difícil confiar”

Cuando Will Schuester se encuentra con la larga fila de chicas dirigida hacia la tabla de inscripciones, una parte de sí se dijo que a lo mejor era a causa del club Glee. Tal vez se había corrido la voz sobre que el lugar de la próxima competencia sería en Nueva York, y siendo así, encontraba lógica tanta excitación. ¿Qué joven no sueña con Nueva York?

Pero aunque su esperanza no era muy grande (del tamaño de una caso, más o menos) su destrucción consiguiente se sintió como el de una mansión al enterarse que las chicas sólo esperaban entrar a las animadoras. Cerca del montón de hojas que Sue había colocado para las candidatas, la solitaria hoja de inscripción que él había puesto permanecía intacta.

.

Tina esperaba sentir algo cuando volviera ver a Artie después de su ruptura durante las vacaciones. Un sentimiento de anhelo, de ternura, algo que le hiciera recordar por qué se había enamorado de él, como siempre sucedía en las series de televisión románticas. Nada. Sólo la conocida irritación por su descuido e incluso eso se estaba desvaneciendo. Hasta le sorprendía un poco pues sólo habían pasado dos semanas.

Su casillero estaba cerca del suyo así que como sea, tendría que hablarle. Tina esperaba que esa falta de hostilidad fuera recíproca. Mientras se ocupaba de sacar y acomodar sus útiles escolares, lo saludó con una sonrisa no del todo forzada.

-Hola Artie.

-Hola Tina.

El muchacho en la silla la miró un segundo con una expresión indescifrable y volvió a bajar la vista. Sin hacer ningún esfuerzo por alargar la conversación puso los libros que necesitaba en su regazo y luchó por cerrar su casillero. Se demoraba adrede y eso fue suficiente para que Tina perciba la incomodidad de la situación, la clase de cosas que de ningún modo hubiera escogido experimentar. Por eso, fingiendo buen humor preguntó:

-¿Así es como va a ser ahora? -Artie frunció el ceño, sin entender. El hecho de que alzara la vista la animó a continuar. Sin eso probablemente se habría acobardado-. ¿Vamos a saludarnos como dos simples conocidos y ya está?

-No veo cuál es el problema -dijo el chico encogiéndose de hombros-. Tú fuiste la que quiso terminar así que ahí tienes.

-Lo sé pero eso no significa que no podamos ser…

-Detente, ya sé lo que vas a decir -la atajó Artie levantando una mano como para regular el tránsito o poner alto a cualquier avance amistoso de ella-. Temo que eso no es suficiente para mí. Tal vez a ti no te importe haber roto conmigo pero a mí sí y no es justo pedirme que actúe como si nada hubiera pasado.

Tina lo sabía y estaba de acuerdo pero aun así la hirió el resentimiento que oía en las palabras de Artie. Después de todo, su intención no había sido ganarse su antipatía o hacerle daño. Se había cansado de esperar gestos romántico pero todavía extrañaba al amigo.

-Así que, sí, la cosas seguirán así. Ahora, si no te molesta, tengo clase de Geografía.

Aun mientras le daba la espalda y empezaba a alejarse, Artie todavía esperaba que ella lo retuviera poniendo una mano sobre su hombro, llamándole, pidiéndole que por favor no se fuera y le diera otra oportunidad para estar juntos. Él se habría mostrado al principio reservado, alagaría su pena tomándose su tiempo para responderle pero al final aceptaría, sólo con algunas condiciones. En su mente tenía preparado todo un guión en espera de ser usado en su primer encuentr luego de la ruptura. Tina podía derramar lágrimas de arrepentimiento y gratitud por mantenerle en vilo durante dos semanas y aun así ser aceptaba por él. Se la imaginaba con el maquillaje negro pintando líneas sobre sus mejillas, sonriendo de felicidad y volviendo a mirarle con la misma adoración que el año pasado.

Pero frente al aula de la clase, ninguna mano fue en su búsqueda. Estaba tan soltero y sin visibles perspectivas de dejar de serlo como hace dos semanas, cuando Tina dijo que estaba harta de las películas de ciencia ficción. Sintió que había sido herido (nuevamente) en su amor propio ante aquella ausencia, como si acabara de perder en una apuesta en la que ya intuía el fracaso pero de todas maneras puso todas sus monedas. “Ya caerá” se dijo para darse ánimos y entró.

—–

Cuando Mike Chang llega a la escuela su mano cubierta por un pañuelo ya estaba en alto para atrapar al estornudo que desde hacía rato le picaba en la nariz. Su madre le había enseñado, y él estaba de acuerdo, que estornudar sin cubrirse era asqueroso. Pero el estornudo no llegó, la picazón se fue y creyó tener la libertad para suspirar de alivio. Ya estaba hasta las narices de sonar la nariz.

Por desgracia, un baño rojo sabor frutilla le quitó el momento de paz. Sin darse cuenta había estado caminando justo al lado de Kurt y parte del recibimiento que era para él aterrizó en su rostro. Ni siquiera tuvo tiempo de sorprenderse, indignarse o tener cualquier reacción luego de que los responsables se alejaran; por fin, estornudó. Parte de su pañuelo se manchó de rojo cuando se tapó a tiempo.

Kurt se giró. Algunos mechones esparcieron gotas dulces. La alarma en su mirada, temiendo un segundo ataque, se apagó cuando cayó en cuenta que sólo se trataba de Mike. Su piel blanca era disimulada por el rojo del granizado pero Mike lo reconoció pronto por el elegante traje que llevaba y alzó la mano para un tímido saludo. Sacó otro pañuelo de sus pantalones para sonarse la nariz; era obvio que Kurt lo necesitaba más que él de modo que se lo ofreció. Era el último que le quedaba y el paquete lo compró apenas ayer.

Ligeramente sorprendido por esa cortesía, Kurt lo aceptó, al menos para evitar que el granizado se le metiera en los ojos. Llegó a secarse la frente antes de que el pañuelo se volvieran en algo inútil y lo arrojó a un contenedor de basura cercano.

-Gracias -dijo y arregló las solapas de su traje como si así pudiera recuperar algo de dignidad perdida. Seguir ahí como si nada parecía otra manera de hacerlo sin éxito-. Bueno, esta sin duda no es la bienvenida que esperaba.

-Somos dos -concordó Mike.

Al pasarse la mano por el cabello se lo notó pegajoso y la sensación le resultó asquerosa. Estornudó contra su antebrazo.

-Para colmo de por sí estás enfermo -dijo Kurt y sólo en su tono estaba contenido el meneo reprobatorio de su cabeza. Le tomó del brazo no estornudado-. Ven conmigo a que te limpies.

-De acuerdo -dijo Mike con la nariz tapada, por lo que sonó “de acuedo”.

Se dejó conducir sin voluntad por su compañero hasta el baño de chicos más próximo. La impresión por ese recibimiento helado, la enfermedad y estar en presencia de una persona, si bien no amiga, familiar, le impedían oponer la menor resistencia. En el cuarto de baño era como si Kurt ya supiera exactamente qué hacer; sacó un montón de papel higiénico del expendedor al lado de los lavabos, los empapó en agua del grifo y se lo pasó por el rostro. Mike se dio por satisfecho en, primero, dejarse la nariz despejada y después poner la cabeza bajo un chorro de agua caliente y revolverse los cabellos como perro impaciente. Cuando se terminó todo le goteó y le dejó humedecida tanto la espalda como el pecho.

-No sé si esto te va a sonar raro -le dijo a su compañero señalando las manchas de humedad- ¿pero no tendrías una camisa guardada o algo así?

La respuesta que esperaba era sí ya que, por lo que recordaba, a pesar de los ataque casi diarios de granizado que recibía, Kurt se las había arreglado el año pasado para siempre lucir impecable.

-No, lo lamento -respondió Kurt pasándole más papel higiénico-. Será mejor que te seques si no quieres empeorar -Hizo una bola con lo usado por él y la desechó lanzándola con fuerza, con rabia contenida hacia el resto de la basura-. Solía traer un repuesto para casos como estos pero no sé por qué hoy no lo hice.

Claro que sabía. Fue porque esperó a que ya no fuera necesario y todos se dejarían de hacerle esa bromita que nunca fue graciosa. Una parte de sí desconfiaba, le decía que llevara una camiseta extra, por si las dudas, pero prefirió acallarla por sus sueños de adulación estudiantil. Y ahora pasearía por ahí con una de sus mejores chaquetas y su camiseta nueva pegajosas y manchadas todo el día. Lo único bueno que se le podía ocurrir era que al menos ya conocía la manera de dejar las telas como nuevas. De resto, hubiera preferido faltar ese día.

-Eso debe apestar -comentó Mike.

Kurt lo miró. Debía ser la primera vez que lo bañaban de ese modo en mucho tiempo, si es que alguna vez lo hicieron. Dentro del club Glee Mike había sabido mantener un bajo perfil haciendo de coreografo y guardándose de abrir la boca para entonar una nota. De hecho, ahora que lo pensaba, no recordaba ni una sola vez en que lo oyera cantar. Observando su cabello húmedo, aplastado contra el cráneo y la piel transparentándose sobre la camisa alrededor del cuello, pensó “bienvenido al infierno Glee.”

-Pues sí, apesta -confirmó acabando de acomodarse el el cabello antes de salir del baño.

En la entrada lo recibió una cámara de video y un micrófono sostenido por un pelirrojo.

-Kurt Hummel, ¿cúal es tu respuesta a los rumores que dicen que estuviste todo el verano en un campamento para quitar la homosexualidad y por lo visto fracasó?

Kurt suspiró tragándose su rabia. Si aún le lanzaban granizados a la cara, lógico sería que dijeran cosas a sus espaldas. Se habría enfurecido aun más de no saber que quienes esparcieron ese rumor eran una tanda de charlatanes ociosos sin nada mejor que hacer e iba a expresar su opinión cuando fue interrumpido.

-¿Sabes qué? -dijo Mike saliendo detrás de él. Su aparición fue tan sorpresiva para Kurt como para los otros dos-. Para ser alguien que dice ser el informante de la escuela sueltas muchas estupideces -Aferró la cámara que el chico sostenía sin quitársela, tapando una etiqueta en la que se leía el nombre de la escuela-. ¿En esto es que gastan el equipo del club de audivisuales? Qué desperdicio.

Dicho esto empujó la cámara hacia adelante. El camareográfo se quejó cuando sus lentes recibieron el impacto y mientras su compañero le preguntaba si la cámara estaba bien, Kurt aprovechó para escabullirse lejos de los paparazzis. Fue instintivamente detrás de Mike con una sonrisa de incrédula alegría en el rostro. No acababa de asimilar que eso había sucedido. Que un chico del equipo de fúbtol cuya madre no saliera con su padre lo defendiera de por sí era extraordinario pero el que resultara ser el miembro de Glee que menos hubiera pensando era un hecho meritorio del clásico “guau.”

Unos pasos más adelante, Mike se detuvo y con él Kurt. Sólo entonces se preguntó por qué lo seguía y el bochorno por haber cometido una tontería involuntaria se le subió al rostro. Tenía claro que una parte dentro de sí desconfiaba de esa ayuda desinteresada, aunque sabía que no era justo ni racional, y esperó en silencio a que el otro lo sacara de su incertidumbre. El asiático se dio la vuelta y al encontrarlo ahí suspiró, como si estuviera pasando lo que ya esperaba.

-No debí responderle así, ¿verdad? -dijo y giró los ojos, cual si Kurt hubiera afirmado en lugar de quedarse ahí sin reacción-. Lo sabía. Ahora dirá que estuve en un programa para el control de la ira y fracasé.

-¿Y eso sería tan malo? -respondió Kurt reponiéndose de la impresión-. No son más que tontas habladurías sin fundamento. Además, pese a todos sus intentos por hacer ver su pequeño blog como el New York Times puedo asegurarte que ni siquiera el 10% de la escuela lo lee.

-Es cierto, ¿no? -coincidió Mike sonriendo.

Kurt le correspondió. Ambos notaron lo extraño que era esa nueva concordancia entre dos personas que se habían visto cientos de veces a lo largo de un año y sin embargo, jamás habían hablado de uno a uno sin tener al resto de sus compañeros de Glee alrededor. Mike debió ser el primero en incomodarse por ello porque continuó la conversación en el punto dejado.

-Ya me tenía harto. Cada año se inventa estúpidos chismes sobre todos y usa el que todos estuvieran de vacaciones como excusa para no pedir confirmación.

-Lo sé, es de lo más indignante. Sólo la prueba de lo que hace uno con complejo de inferioridad. Cree que haciendo ver a los demás como de lo peor nadie notará sus múltiples defectos.

-Seguro -dijo Mika removiendo la asadera de su mochila, lanzándole una mirada entre evasiva y curiosa.

Kurt miró al cielo.

-¡Oh, mi Dios! No estuve en ningún campamento de fanáticos religiosos contra la homosexualidad si eso es lo que quieres saber.

-Bien, yo tampoco -afirmó Mike sonriendo un poco cohibido. Alzó su mano con el pedazo de papel higiénico-. Mis padres querían enviarme a un campamento pero me pasé todo el verano enfermo. Lo último fue un resfríado.

Kurt percibió una leve, conocida sensación de ternura en su interior. Había un algo ingenuo e infantil en la forma en que Mike le confesaba eso que no le costó verlo bajo una nueva luz completamente distinta.

-¿Y por qué viniste al colegio si aún estás enfermo?

El timbre indicó el inicio de la primera clase.

-Es obvio, ¿no? -dijo Mike encogiéndose de hombros-. Asistencia perfecta. Ya debo irme a mi clase. Nos vemos en Glee.

-Nos vemos.

En cuanto el asiático desapareció por una esquina, Kurt se permitió sonreír todavía. Su optimismo renació. Tal vez ese año escolar no fuera tan insoportable.

—-

A la hora del almuerzo aún era una cantidad considerable de chicas las que enfilaban hacia la inscripción a las porristas y Sue Sylvester no había acabado de regocijarse en su aplastante éxito. Will pensó que hasta que no terminaran las audiciones no se cansaría de hacerlo. Hubiera preferido evitarla en lo que restaba del día pero por ese pasillo era el único camino hacia el comedor de los profesores. Afortunadamente Sue estaba entretenida gritándoles por el megáfono a un par de adolescentes pasadas de peso. Sí lo notó unos momentos más tarde, cuando las chicas se derretían en lágrimas, y Will continuaba parado en frente de las inscripciones.

-¿Qué pasa, Will? -preguntó acercándosele-. ¿Es este otro ejemplo de tu masoquismo moral que te impide dejar de revolverte en tu fracaso?

Cosa extraña, Will sonreía.

-No, Sue. Esta vez no -Y volvió a mirar la tabla.

Por impulso, Sue lo imitó. Un nombre encabeza la lista debajo del título “Nuevas Direcciones”.

-¿Te alegras por eso? ¿Un solo nombre? Eres como uno de los niños pobres de África, que matarían a su propia madre por un mísero pedazo de pan; patético.

-Di todo lo que quieras, Sue, pero esto significa que Nuevas Direcciones tiene un nuevo miembro.

-Eso si no es una broma, Will -dijo la mujer-. Vi cuando lo escribían y tu nuevo miembro tenía toda la pinta de ser un delincuente juvenil. No me sorprendería saber que ese es un seudónimo -Colocó un dedo sobre el apellido, remarcándolo-. ¿Qué clase de apellido es Torrison? Suena a un especial del día en un restaurante temático texano. Jamás en mi vida había visto un apellido más ridículo.

Will en su interior tuvo que darle la razón en una cosa: era la primera vez que oía ese nombre. Y una broma de la índole que sugería Sue no sería nada del otro mundo pero no iba a darle el placer de verle dudar de su pequeño triunfo.

-Ya lo veremos el jueves cuando sean las audiciones.

-Audición, Will. Cuando sólo una persona va a audicionar, o así te lo hicieron creer, se dice audición.

Will prefirió alejarse sin respuesta.

—–

Pulcra, recta, con el pañuelo sobre el regazo, las piernas jamás cruzadas y el emparedado de bordes cortados; así era como Emma comía cuando Will la abordó. Ya había hablado por la mañana pero aún había una parte de Will que no estaba del todo cómodo cerca de ella. Por si alguna vez pensó que las vacaciones bastarían para desvanecer sus sentimientos, se arrepintió de inmediato al verla. Pero ahora era distinto. No sabía qué era lo que pasaba por la mente de Emma y, aunque le mataba no saberlo, tampoco deseaba presionarla para que se lo dijera. Por la forma en que lo trataba era como si sólo hubieran vuelto a ser amigos.

Hasta que encontrara la ocasión perfecta para hablar sobre eso, Will volvió a decirse que trabajar en la misma escuela tenía sus ventajas. Para no hablar de las películas que podrían ver, los musicales que ambos adoraban, básicamente de cualquier cosa que representaría un terreno inseguro, siempre estaban los problemas de trabajo para discutir sin ninguna implicación demasiado personal. Cuando le contó acerca del nombre que vio en la lista, la pelirroja reaccionó cabeceando.

-No te preocupes, es real.

-¿Entonces la conoces? No sabes el alivio que eso me da. Por un momento me temí que Sue tuviera razón con lo de la broma.

-No, realmente es una estudiante de esta escuela -afirmó asintiendo-. Figgins me dejó ver los expedientes de los nuevos alumnos por si alguno quiere verme. Dos de ellos vienen de otras ciudades y tal vez sientan ansiedad por su nuevo entorno.

-Bueno, ¿y puedes decirme algo de ella?

Emma elevó la vista, buscando en su memoria la fotografía requerida.

-Es una de las que vienen de otra ciudad. Por el trabajo de su padre se mudó aquí. Buenas notas aunque no excelentes. Fue expulsada de su vieja escuela, así como de las dos anteriores -Esto último lo dijo bajando la voz y mirando la mesa.

“Tenía toda la pinta de un delincuente juvenil” recordó Will y fue como si la mansión se estuviera viniendo abajo nuevamente.

-No sé por qué creo que lamentaré preguntar -dijo apoyando los codos sobre la mesa y juntando sus manos- pero ¿por qué fue expulsada?

Emma vaciló.

-Las dos primeras por pelearse con estudiantes y en la última, bueno, por intentar incendiar el auto de un profesor.

“Delincuente juvenil.”

-¿Estás segura de que es ella? -preguntó viendo que definitivamente la mansión de sus ilusiones con Glee se derrumbaban.

-Me acordaría de cualquiera con esas referencias, Will. Debería estar en la correccional pero al parecer su padre movió influencias y lo llamó un accidente.

Un sordo “click” y de pronto la mansión era escombros, de nuevo. La única persona en toda la escuela que se animaba a unirse a Nuevas Direcciones era la misma que casi mató a un profesor. No creía que en la suerte pero esa debía ser una prueba de lo que era la mala.

-Emma… eso no puede ser bueno.

-Lo lamento, Will -se compadeció Emma sinceramente. Su educación no le permitía agregar que esperaba que la chica nueva no la necesitara. No porque sintiera algo negativo hacia la joven en particular, si no porque le parecía que tenía problemas más graves de los que ella estaba capacitada para afrontar-. ¿Aun así la aceptarás?

Will liberó un suspiro.

-No lo sé. Ha sido la única que se ha inscripto, y necesitamos doce integrantes.

-Sí pero ¿has pensado en cómo puede afectar a los otros chicos?

-Crees que podría ser una mala influencia, ¿no?

-Bueno, si a eso vamos lo mismo podríamos decir sobre Noah Puckerman.

-Puck no ha estado cerca de matar a nadie -En el momento en que lo dijo Will se arrepentió-. ¿Qué opinas, Emma?

Emma se tomó su tiempo para considerarlo. Había leído lo suficiente sobre sociología para conocer acerca de la teoría del etiquetaje. Si empezaban negándole el derecho a la joven a audicionar a causa de sus antecedentes viviría enjaulada en el rol de buscapleitos, causando, irónicamente, que se volviera una y desperdiciara su potencial. Por no mencionar la simple injusticia de tal acción.

-Creo que debes dejarla intentarlo -respondió al fin-. Espera al jueves y ve qué tal lo hace. A partir de ahí decides si aceptarla o no.

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