Un monstruito se comió mi corazón. 4

Para ser sincera no sé por qué no lo publiqué antes. Si quieren ver los capítulos anteriores basta ver en su categoría correspondientes.

 

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La escuela no había cambiado en lo absoluto. Seguía igual de anodina y rutinaria.

Kiro había tenido que posponer el examen que tenía previsto para la semana que venía, ya que tal como estaban sus alumnos, estaba claro que más de la mitad iba a reprobar. La enseñanza de Nyraku, como era de esperarse, fue totalmente floja y mediocre, así que Kiro, antes de ponerse en su usual plan maléfico y reprobar a sus alumnos, prefirió hacer un refuerzo extra. Si los iba a reprobar, que al menos fuera luego que dieran guerra.

Cuando terminó la clase y hubo recogido sus cosas, algo le llamó la atención: era un sobre. Cuando lo agarró para examinarlo, se dio cuenta que decía “para prof. Kiro”

—Hey, una carta. —dijo con algo de sorpresa a Muka —. ¿Quién me la habrá enviado? Con tal de que no tenga gas venenoso en ella…

Riéndose, rasgó el sobre y extrajo la carta. A medida que la fue leyendo, la estupefacción lo invadió:

Querido profesor,

Lo he estado observando, pero no tengo el valor de acercarme a usted y decirle lo que realmente siento, así que por eso decidí escribirle esta carta.

Se preguntará quien soy yo, y dirá que es una broma, pero ciertamente, ni es una broma, ni le puedo decir nada sobre mi identidad. Lo más que puedo decir es que estoy más cerca de lo que usted cree.

Firmado,

Kymo,

Su admirador secreto.

— ¿Qué? —Kiro releyó la carta varias veces —. ¿Admirador secreto? ¡En el nombre de Korr bendito!

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—Déjeme verla —dijo Muka extrañado. La carta era escueta pero clara. Estaba escrita en máquina por lo que a lo único que olía en ella era a tinta ya seca y metal viejo—. Vaya… ¿y ninguna idea de quién se lo envió?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

—Ni idea, Muka. Ni idea. —dijo Kiro, entregándole la mentada carta Muka, y sin disimular para nada la extrañeza que le causaba esa extraña misiva, cargada de ternura. Algo le decía a Kiro que no era ninguna broma, sino que efectivamente alguien estaba deseando hablarle pero no encontraba como.

«Claro, claro. Soy un profesor que no duda en clavar a medio salón… ¿acaso mis alumnos me querrían? » pensó Kiro, como dándose una bofetada para regresar a la realidad.

— ¿Qué hacemos con ella, Muka? Bien podría ser una broma, pero… ¿y si no lo es?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—¿Y por qué deberíamos hacer algo? —replicó el joven—. De ser cierto alguien se fijó en usted y no tiene agallas para ni siquiera decir su nombre. Tal vez nunca lo haga o se contente con enviarle cartitas así de vez en cuando. De ser una broma, es una realmente pobre. ¿Para qué preocuparse?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro acabó encogiéndose de hombros.

—Tienes razón. De todos modos, como dice el viejo dicho, “lo escrito, escrito queda”, así que me quedaré esto como evidencia. —dijo, guardando la carta en su sobre y depositándola en su portafolio. —. Y ciertamente los tiempos de paranoia ya terminaron.

Como siempre, salieron de clases aparentando la mayor inocencia posible, como cualquier profesor que disfruta de la compañía de un estudiante muy allegado. La verdad, a pesar de la leve incertidumbre que le dejó la misiva recibida, Kiro se sentía bien. En realidad, demasiado bien.

*****

Cuando volvieron a casa de Muka, entre los dos aprovecharon la ausencia de la señora para arreglar todo. Kiro se encontró suspirando de vez en cuando; no quería irse, pero ciertamente tenía que hacerlo porque Muka tenía derecho a seguir su vida. Bastante había sacrificado por él.

—Tengo que hacer limpieza general— comentó, mientras caminaban a su casa —. Bueno, supongo que no hay nada que algo de música no pueda arreglar.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—No se va a poner a cantar, ¿verdad? —contestó Muka burlón.

Entre el profesor y él llevaban tres maletas. Cuando vio a su habitación significativamente menos atestada sintió algo de nostalgia porque ahora sólo permanecerían sus cosas.

Tuvo que admitir que iba a extrañar tener una compañía constante en la casa. No obstante ya era tarde para cambiar de opinión, y en todo caso, no era su decisión. Al llegar a la casa de Kiro empezaron a acomodar las cosas que anteriormente él había sacado. No le entusiasmaba hacerlo pero mientras más pronto acabaran, más tiempo tendrían para sí.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

“No se va a poner a cantar, ¿verdad?”

—No tengo tan mala voz pero si lo prefieres, tarareo. —contestó Kiro con una sonrisa.

La casa estaba en el mismo desorden en que la había dejado.

Al comienzo, Kiro tragó en seco, pues los recuerdos de las últimas —y desagradables— circunstancias en las que entró a la casa amenazaban con volver. Respiró hondo y guió a Muka a su cuarto, que estaba menos desordenado que la sala.

«Bueno, eso lo arreglaré pronto. Un poco de limpieza y ya. » se dijo a sí mismo, mientras entraban a su habitación. Mientras Muka desempacaba, Kiro corría a depositar en una bolsa de plástico las sábanas ensangrentadas. Deseaba quemarlas y deshacerse de ellas. Romper con ese pasado.

Cuando cambió la ropa de cama, fue todo un alivio. Al menos ya su cuarto se veía decente.  Ayudó a Muka a desempacar el resto de la ropa. Mientras la colocaba en los gabinetes correspondientes, se fijó en una caja, y una sonrisa afloró a sus labios. La sacó y la colocó en la cama: era una caja mediana de madera resistente.

— ¿Sabes qué es esto, Muka? —la sonrisa de Kiro se tornó algo pícara; sus ojos azabache brillaron.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Cuando Muka entró al cuarto lo primero que notó es el cambio de sábanas. El olor a sangre seca aún flotaba en el aire pero mucho más débil y desde una bolsa abandonada en un rincón. No culparía al profesor si decidía deshacerse de ella. Él mismo se sentiría encantado de enterrarlas cuatro metros bajo tierra.

Muka se sentó sobre la cama al lado de la caja de madera. Sólo se le quedó viendo con una ceja arqueada. Ya tenía una idea de lo que podría haber ahí.

—¿Porno? —sugirió. Tenía su propia colección (bastante pobre pero ¿qué podía esperarse teniendo 170?) guardada en el fondo de su armario.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro soltó una risita y abrió la caja, cuyo interior estaba forrado de tela suave. Extrajo dos objetos alargados que estaban envueltos en un paño azul. Cuando lo abrió, su rostro se sonrojó:

Eran dos consoladores; uno era color morado y era ligeramente grande. El otro era color beige claro. Ambos eran perlados, moldeados igual que un miembro viril, hechos de un material liso y suave al tacto.

—Son mis consoladores. Los compré con mis primeros salarios como profesor. —dijo Kiro, con una sonrisa —. Siempre los conservo lavados y cuidados, porque la verdad, me costaron demasiado. Fueron mis primeros “auto-regalos” que me costeé con mis ingresos.

Los volvió a envolver y los colocó a un lado. Extrajo una bolsa de tela que contenía una cadena cuyos extremos terminaban en dos enormes pinzas.

—Uno de mis placeres favoritos, y de los primeros que descubrí en esos años…— afirmó el mayor, totalmente ruborizado. Claro, en ese entonces usaba pinzas pequeñas, pero fue tan sólo el comienzo de descubrir lo mucho que me gustaba sentir este tipo de tortura.

Colocó a un lado las cadenas y extrajo el resto del contenido: dos anillas de tortura, dos pesas pequeñas; un par de ediciones de la revista “Dioses de Pokáar” y algo más: un pequeño libro de cómics titulado “Las aventuras del poderoso Amo Ajaku”, que estaba bastante ajado y manoseado.

—Esto se lo robé a un compañero de clases en la secundaria. —contó, con una risita algo traviesa —. Se lo vi en repetidas ocasiones durante las clases. Un día lo dejó abandonado bajo el pupitre, y desde ese momento, es mío. Mi madre me habría asesinado si me lo hubiese conseguido.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka inspeccionaba las cosas a medida que el profesor las sacaba de la caja. Los consoladores fácilmente dispararon imágenes del mayor usándolos y tuvo que dejarlos de lado o si no iba a tener una erección. Las anillas fueron de su inmediato agrado y las pinzas le recordaron a las que tenían los esclavos pagos consigo. El cómic le arrancó una sonrisa divertida.

“Se lo vi en repetidas ocasiones durante las clases. Un día lo dejó abandonado bajo el pupitre, y desde ese momento, es mío. Mi madre me habría asesinado si me lo hubiese conseguido.”

—Lo conozco —comentó tomándolo en sus manos. Olía ligeramente a sudor viejo pero nada más—. El hermano de Pytro tiene toda la colección y me lo enseñó cuando sólo teníamos 140 años y él 150. Hablando de la juventud precoz.

Dejó ir las páginas, ojeando las diferentes torturas que el protagonista dispensaba a diferentes personajes de la historia, hasta dar con una casi al final. En la imagen el Amo Ajaku mantenía a un esclavo dentro de una jaula para animales domésticos y lo pinchaba con una barra delgada de la que salía electricidad. El esclavo se retorcía y trataba de huir del dolor pero el espacio era muy cerrado y la erección dibujada en su entrepierna no hacía más que señalar al techo.

—¿A que mola esto? —comentó enseñándosela al otro—. Siempre he querido intentarlo pero no he tenido oportunidad.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

“Lo conozco. El hermano de Pytro tiene toda la colección y me lo enseñó cuando sólo teníamos 140 años y él 150. Hablando de la juventud precoz.”

Al principio, Kiro miró sorprendido a Muka, y finalmente soltó una cantarina carcajada. Tuvo que quitarse los lentes para secarse las lágrimas que brotaron de sus ojos debido a la risa.

—Vaya, ¡quién iba a creer que “Las aventuras del poderoso Amo Ajaku” lo conocerían las generaciones posteriores a la mía! — comentó entre risas —. Ya, ahora si comienzo a sentirme realmente viejo.

Hojeó la escena que Muka le mostraba, e inmediatamente un calorcillo recorrió a Kiro. Como sabía que el jovencito lo iba a percibir, prefirió admitir lo que pensaba y sentía.

—Tenía tiempo sin mirar esta escena. Recuerdo que durante años, ella hacía gritar a mis hormonas. — tenía la cara totalmente ruborizada. Tomó el libro y retrocedió unas cuantas páginas hasta detenerse en una escena donde mostraba a Ajaku colocando unas pesas en varios piercings situados en sitios estratégicos de un esclavo. De tanto peso que colocaba, éstos se desprendían dolorosamente —. Esta también la he abrigado en mis fantasías, pero nunca me he atrevido por mí mismo, por temor a hacerme más daño del que me gustaría.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka revisó la imagen. Desde luego los dibujantes habían exagerado un poco, amparados en la ficción, porque el torturado había sido prendido con cadenas que tenían pesas tan grandes como su cabeza. De intentarlo con alguien en la realidad la piel podría no regenerarse después. Pero la idea en sí no era imposible.

—Podríamos intentarlo —aseguró—. Lo he hecho aunque con la diferencia de que era tirando de las cadenas hasta liberar las pinzas —Tomó las pinzas y las balanceó frente al otro sonriendo—. ¿Se animaría a eso?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Ante aquello, el cuerpo de Kiro pareció vociferar de placer. Siguió el balanceo de las cadenas con los ojos.

—Me encantaría, Muka. —dijo Kiro, respirando hondo para serenarse y dar espacio a que la calentura se le fuera disipando.

—Bueno, es todo el arsenal que dispongo para que… bueno, te diviertas conmigo. Solía usar agujas también, pero eran de las desechables. También tengo velas…— se levantó para dirigirse a la mesita de noche y extrajo unas cuantas —. Generalmente las guardo para apagones pero… ya me conoces.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Se echó a reír.

—Hombre, ¿realmente cree que es el único que tiene juguetes?

Muka fue a recoger la maleta que se había traído consigo, la única que no habían abierto. La dejó sobre la cama y la abrió descorriendo los cierres a los lados. La parte superior tenía agujas desechables, unos cuantos imperdibles y de un bolsillo sobresalía la parte superior de una engrapadora.

Abajo había largos cordones, pañuelos y pinzas de ropa. También brillaba el metal de una cadena que originalmente usaba para enganchar la billetera a los pantalones y evitar su pérdida.

—Lo preparé mientras se bañaba esta mañana —explicó el joven cruzándose de brazos—. No es mucho pero nos servirá. ¿Qué le parece?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El profesor se quedó alelado con el arsenal que Muka le mostró. Prometía horas y horas de dolor placentero.

Tomó entre sus manos la cadena, y tras mirarla detenidamente, sonrió.

—A esto le falta una cosa.

Fue al closet y sacó uno de sus viejos cinturones; Kiro no era de usarlos demasiado, y podía vivir tranquilamente sin ellos, así que uno menos no significaba gran pérdida para él. Se lo mostró a Muka: era una correa negra, sencilla, con una hebilla plateada muy brillante.

Lo colocó extendido frente a su cuello.

— ¿Entiendes lo que quiero decir?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se levantó para tomar el cinturón en sus manos. Pasó el cuero sobre la cabeza del profesor y tirando hacia sí atrajo el rostro de esté. Muka le mordió la mandíbula con una sonrisa juguetona.

—Creo que me hago a la idea —dijo y ajustó el cinturón alrededor de su cuello.

El pequeño palo de metal en la hebilla no encontraba agujero que atravesar por lo que sólo tirando del otro extremo se mantenía el collar cerrado. Muka aprovechó eso para empujar al profesor sobre la cama y, sin soltar la correa, subirse a su pecho. Apretó aún más el collar, como si fuera a ahorcarlo pero sin hacerle daño, y le preguntó muy cerca de él:

—Tenemos agujas, cuerdas, pinzas y pesas. ¿Qué es lo primero que hace saltar a su amiguito en sus pantalones?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Entre la promesa de dolor y la cercanía del cuerpo de Muka, su miembro reaccionó, presionando contra sus pantalones. La calentura volvió. Fuerte. Rugiente.

“Tenemos agujas, cuerdas, pinzas y pesas. ¿Qué es lo primero que hace saltar a su amiguito en sus pantalones?”

Por Korr, no podía resistirlo; fue como si le presentaran un menú de delicatesen, a cada cual más deliciosa.

—Pinzas y pesas…— le dijo en un susurro ahogado —. Ha sido uno de mis placeres favoritos durante toda mi vida.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—Si usted lo dice —contestó Muka y al levantarse dio un manotazo al rostro del profesor, como si desde ya fuera divertido jugar a despreciarlo. Tiró del cinturón hasta tenerlo de nuevo en pie y buscó en el cuarto pero nada lo que había era lo que necesitaba. Tomó unos cuantos cordones y un pañuelo rojo de su maleta.

—Sígame —le indicó conduciéndolo hacia el vestuario. Ahí encendió la luz y se aproximó a una percha alta, puesta a una altura un poco mayor que la cabeza del profesor. Esa le serviría. Se volvió al mayor.

—Desnúdese.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

En circunstancias normales, no le habría gustado ese manotazo, pero bien sabía que era parte de los juegos de Muka, así que lo aceptó con placer. Lo siguió dócilmente, y ni corto ni perezoso, Kiro obedeció la orden proferida por el jovencito. Muy pronto, estaba desnudo frente a Muka; totalmente ofrecido, expectante.

—Estoy listo…— carraspeó dudoso, sin saber si tenía que llamarlo “Señor” o simplemente “Muka”.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Bien, estaban empezando muy bien.

—Déme sus manos —ordenó y, como anoche, ató ambas muñecas una con otra con el cordón pero esta vez unió también ambos extremos restantes, de modo que le permitiese colgarlo de la percha. Aunque colgarlo fuera una palabra fuerte porque el profesor podía estarse de pie tranquilamente y ni siquiera tenía que levantar mucho los brazos—. Espere aquí.

Muka regresó al cuarto. Encontró de inmediato el mullido mueble donde el profesor seguramente apoyaba los pies mientras leía sentado en el sillón cerca de la ventana. Lo llevó hasta el vestuario y ante el profesor, indicándole que se arrodillara sobre él. Así se vería obligado a alzar los brazos y prácticamente a merced de los cordones sobre su cabeza.

A continuación Muka usó la pañoleta para enceguecerlo. Acarició los costados del cuerpo del mayor. Le volvía loco la idea de tenerlo a su entera disposición pero sabía que lo mejor era ir con cautela.

—¿Cómo se siente, señor? ¿Incómodo o con ganas de continuar?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La respiración se le aceleró. Temblando de expectación, aguardó a que Muka volviera, esta vez con un mueble donde solía apoyar los pies para leer. Cuando el jovencito se lo ordenó, Kiro se arrodilló, quedando con los brazos totalmente alzados… y ahora ciego, por la venda en los ojos. No pudo evitar soltar un gemido mezcla de nerviosismo y placer.

“¿Cómo se siente, señor? ¿Incómodo o con ganas de continuar?”

—Continuemos…— susurró Kiro, ya volando en calentura y placer por partes iguales.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Continuemos…”

A Muka le complació contar con su confianza. Ahora la tenía definitivamente y bajo ningún modo pensaba perderla. Regresó al cuarto a por la maleta, las pinzas del profesor y sus pesas. Estas últimas, todas juntas en su mano, pesaban alrededor de un kilogramo. Las dejó a un lado y recogió las pinzas de ropa.

Palmeó unas cuentas veces en la entrepierna del profesor, estimulándolo con caricias bruscas, para así apresar la piel entre la boca del pequeño instrumento. Lo repitió siete veces hasta tener a todas las pinzas erguidas a lo largo del pene y luego pasó un cordón por un agujero abajo del resorte que permitía la sujeción.

Por fin hizo un nudo al final del cordón, de modo que se quedara dentro de la pinza aunque tirara del otro extremo. Podía percibir cuánto excitaba al profesor sentir la presión y Muka le otorgó un azote en un muslo como mudo reproche por su impaciencia (puro juego, también le agradaba saborear su deseo).

Preparó las pesas pero antes de acercar las pinzas a los pezones del profesor, los recorrió con la lengua y mordisqueó (con algo de brusquedad, cierto, y también hambre) de manera que se asegurara su dureza. Sostuvo uno entre sus dedos y tiró de él, lo retorció.

—¿Listo para lo que viene, señor? —inquirió sin dejar ni un instante el manoseo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Ahora ciego y totalmente vulnerable, Kiro se perdió en la sensación intensa que le provocaba la presión de las pinzas de ropa en la delicada piel de su miembro. Con cada pinza que le colocaban, Kiro soltaba un gemido entre jadeos acelerados. Cada una se sentía como dardos de endorfina pura que pronto comenzaron a sumergirlo en una sensación de placentera intoxicación.

Luego, los dientes de Muka sobre los tiernos botones en su pecho. El profesor se estremeció con fuerza, especialmente cuando uno de esos botones fue retorcido con mucha fuerza. Por Korr, ¡cuánto adoraba sentir esa tortura!

“¿Listo para lo que viene, señor?”

—Sí. —fue lo que contestó Kiro, casi sin aliento.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Tras recibir asentimiento Muka frotó un poco más el pezón en el que trabajaba y tiró de él mientras abría el broche. Lo cerró sobre la piel y dejó que el peso lo llevara hacia abajo. Hizo lo mismo con el otro, de manera que la pesa quedaba en medio del pecho, encima del vientre. Muka se alejó un poco para contemplarlo, dándose cuenta de que el efecto no le satisfacía del todo.

Por eso presionó contra la nuca del profesor al mismo tiempo que con el pie corría un poco la banqueta. El cuerpo del mayor no tendría más remedio que arquearse hacia adelante para seguir apoyándose en el mueble y aún ser sujetado por los cordones. Las pesas se balanceaban y jugó un poco con ella dándoles ligeros golpes. Esperó a recibir respuesta del otro.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Ya intoxicado del todo, Kiro no razonaba ni pensaba. Sólo se concentraba en la sensación intensa que las pinzas le producían a su piel. Pronto las pesas tiraron cruelmente de sus pezones, y el tener que arquearse —provocando que quedaran colgando totalmente, suspendidas en el aire— fue la gota que rebosó el vaso. En su boca se dibujó una mueca obscena de pura lascivia.

—Se siente tan bien…— dijo en un suspiro tembloroso —. Más, por favor, Señor… se lo suplico… este dolor me vuelve loco.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka rió entusiasmado. ¡Ese era el espíritu que le agradaba! Le dio una nalgada y se le ocurrió algo: quitó el cinturón que aún rodeaba el cuello del mayor y con él, a modo de látigo, distribuyó una buena cantidad de golpeas a lo largo de su espalda hasta el firme trasero. Las pesas se movían incontrolablemente llevándose con ellas la porción de piel prensada.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

¡Y qué tortura no estaría completa sin la correspondiente dosis de azotes!

Los golpes que Muka le daba con el cinturón eran firmes y decididos. Cada vez que la correa lo tocaba, la sentía hundirse cruelmente en su piel, quizás lo suficiente para dejar marcas y rojeces bastante pronunciados. Además, eran dados con tanta fuerza que su cuerpo se bamboleaba, causando con ello que las pesas que le colgaban de las tetillas se agitaran locamente. Los tirones que sentía eran para enloquecer… o al menos así lo sentía Kiro en ese momento.

Con cada azote que Muka le daba, Kiro se agitaba y contestaba con gemidos de placer. El pecho se le agitaba con la respiración, y la piel ya se bañaba de pura transpiración. El mayor no dejaba de estremecerse y de jalonear ligeramente las ataduras, pero no para liberarse, sino para descargar tensión.

— ¡Gracias, Señor, esta zorra quiere otro!

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

En esta ocasión Muka no se molestaba en escuchar el próximo pedido; azotaba con auténtico placer, viendo cómo la piel adquiría un intenso color sangre y luego, a medida que aumentaba la fuerza del impacto, unos ligeros desgarrones le llamaron poderosamente la atención.

Muka recorrió cada herida lujuriosamente, esparciendo inofensivas mordidas por ahí. La sangre sólo era un condimento para lo que de por sí estaba resultando delicioso: se había escapado de una clase esa mañana para poder alimentarse y estar cerca del profesor sin problemas. En esa posición Muka extendió un dedo hacia la cadena colgante y tiró de ella hacia abajo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La presión de las pinzas cada vez era más intensa, pero lejos de molestar a Kiro, sólo lo excitaba más y más; estaba drogado totalmente, perdido en aquella nébula de dolor y placer, y sólo se envolvía más y más, conforme sentía los lametones y mordiscos que Muka le prodigaba. Algunas veces percibía unos dientes filosos acariciar su piel.

En eso, dejó salir un grito; Muka había tirado de la cadena anexada a las pinzas en sus pezones. El dolor aumentó para el placer de Kiro, y como sabía que esta vez nadie podría escucharlo, gritó con todo el ímpetu y deleite que era capaz.

Bajo la venda y totalmente indiscretas, corrieron unas lágrimas por el rostro pálido, pero éstas no reflejaban ni el menor asomo de tristeza o de incomodidad, pero tampoco sabía muy bien a qué atribuirlas.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Ese llanto silencioso no le sorprendió. Llegado a cierto punto en su resistencia y disfrute del dolor era inevitable que surgiera toda una explosión de emociones en el masoquista. A Muka le agradaba verlos así, quizá porque lucían más vulnerables y frágiles que nunca. Paralelamente sentía que su deseo de lastimarlos era también una recompensa para ellos por permitirle verles en ese estado. Ya le debía muchas recompensas al profesor.

Se puso de nuevo en frente del profesor y bajo las pesas, empezó a lamer las zonas del miembro que no padecieran el abrazo de las pinzas. Le dedicó una especial atención a los testículos, chupándolos, arrancándoles su curioso saber dulzón hasta que determinó que era bastante y tras inspeccionar la cara del mayor, tiró del cordón que atravesaba las pinzas como si se tratara de un apósito; todas se salieron prácticamente al mismo tiempo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Los jadeos de Kiro tomaron esa nota desesperada tan característica en él. Disfrutó cada lengüetazo, cada mordisco propinado en sus partes bajas. Se relamió la boca obscenamente, en señal de placer.

De repente… ¡RAS! Sintió que Muka le arrancaba varias pinzas de un solo jalón. Kiro soltó un grito fuerte, muy fuerte. El dolor lo pilló desprevenido, que estuvo a punto de correrse. Tuvo que forzarse para no dejar que aquellas contracciones de placer lo enloquecieran y se viniera sin poder controlarse.

—Me encantó, Señor…— dijo en un hilo de voz; apenas podía hablar —. Todo ese dolor… ¡sígame haciendo sufrir, por favor!

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka había percibido el esfuerzo del profesor por no correrse. Sin mediar palabras, ya como si fuera un artista seguro de su última pincelada, tomó las pesas en sus manos y las atrajo hacia sí obligando a las pinzas de pezones a estirar la piel hasta finalmente desprenderse. Las cadenas cantaron lánguidamente al balancear, libres, en su mano.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Ya no podía resistir ni un segundo más. Con aquel templón que finalmente desprendió las pinzas en sus pezones, el orgasmo terminó de derribar la última débil resistencia que oponía Kiro, materializándose en semen viscoso y caliente que brotó de la punta de su miembro. Mientras eyaculaba no dejaba de gemir histéricamente. Terminó colgando lánguidamente, con la cabeza baja totalmente. Un ligero estremecimiento lo recorrió, recordándole del placer que había sentido.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

En el acto Muka corrió a sostener al profesor. Con sus fuerzas reducidas podría correr la banqueta que sostenía sus piernas y darse un buen golpe contra el suelo. Ridículamente (o así se sintió) saltó para alcanzar el cordón que lo unía al gancho de ropa y cuando consiguió sacarlo, buena parte del peso del profesor se le fue encima.

Con lentitud, evidenciando un excelente manejo de los músculos en sus piernas, fue sentándose en el suelo sin dejar de abrazar al profesor. Abúlico como una muñeca de trapo, comprensible exhausto, no protestó ni realizó el menor movimiento cuando Muka acomodó su cuerpo para que su espalda (curada) se posara contra su pecho. El joven le dio tiempo para tomar aire y calmarse un tanto antes de inquirirle sobre su estado.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Se sentía exhausto, como si hubiera trotado un maratón; aun estaba perdido en alguna nébula distante, y apenas podía percibir a Muka, que lo desataba y cargaba diligentemente. Se dejó hacer, suspirando lánguidamente, ahora regodeándose en el ligero calor corporal del jovencito.

Se sentía muy bien anímicamente, pero por alguna razón tenía ganas de llorar, al igual que anoche, así que se descargó —aunque con menos histerismo— en sollozos bajos.

—De las primeras veces en mi vida que he experimentado este placer sin recordar nada. Sin sentirme mal. Sin pensar en nada que no fuese en lo bien que sentía ese dolor que me causabas…— dejó salir un suspiro largo y lánguido —. Gracias… Muka.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se resignó a las lágrimas. Seguía sin tener idea de por qué aparecían de forma tan abundante pero al menos podía estar seguro de que no era malo; no, el profesor se lo habría dicho o lo notaría de ser así. El joven le quitó las ataduras que unían sus muñecas y la banda que lo enceguecía.

Al acomodarlo nuevamente en su regazo, dándole unos cuantas palmadas para calmarlo, se dio cuenta de que aún su erección pugnaba por salir. Muka se la acarició brevemente y soltó un jadeo, oh, sí, eso se sentía bien. La culpa era del profesor, toda suya.

—Señor… —llamó la atención sobre el hecho y al mirarlo, sonrió con picardía—, ¿le parecería bien, ya sabe —acarició su pecho—, un poco de sexo normal? Me he quedado con las ganas.

“Y la verdad, me gusta más así” agregó mentalmente. Había un algo en la debilidad de Kiro que lo hacía más deseable a sus ojos, un objetivo al que le encantaría poseer hasta verse totalmente satisfecho.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Se secó un poco las lágrimas con el dorso de la mano, y ahora se sintió mucho mejor. En cierto momento que se acomodaba, percibió un abultamiento contra la parte baja de su espalda. Y las palabras de Muka se lo terminaron de confirmar:

“Señor… ¿le parecería bien, ya sabe, un poco de sexo normal? Me he quedado con las ganas.”

Kiro sonrió; se levantó un poco y se dio la vuelta para encarar a Muka. Deslizó la mano en la entrepierna del jovencito y la estrujó. Bajo su mano, la erección crecía y crecía. Se inclinó a lamerla un poco y volvió a encarar a Muka.

— ¿Cómo desea que lo complazca, Señor? —inquirió con los ojos brillándole de lascivia — ¿Una mamada? ¿O desea metérmela hasta hacerme llorar de placer?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—¿Estoy oyendo bien? —cuestionó Muka socarrón—. ¿Es el mismo profesor de siempre quien me hace propuestas indecentes?

Pero le encantaba. Oírle hablándole en ese tono (no había otra palabra para describirlo) tan sumiso lo encendía más que cualquier cosa que el mayor hiciera. Muka lo recostó en el suelo y de inmediato se puso encima de él, reclamando su lugar de pertenencia. Todo su cuerpo era un gentil montón de músculos y huesos que temblaban a su toque pero el deseo de herirlo había pasado. Era un deseo que calentaba, y sin embargo, se hallaba tranquilo en la seguridad de que cumpliría su propósito. Le alzó las piernas y acarició la unión entre sus nalgas, metiendo el dedo en el ano dispuesto y saliendo como si sólo quisiera una probada. Muka se abrió los pantalones y se acarició a sí mismo mientras le subía las extremidades del profesor a los hombros.

Escupió un poco en su mano para lubricarlo y apuntó diligente; se introdujo sin ceremonias. Lo angosto de la entrada le fascinó e hizo hervir aún más. Dejó expresar su satisfacción en un bajo gemido, como de irónica liberación.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Al ver las intenciones claras de Muka, la sonrisa lujuriosa de Kiro no se borró de su rostro, y dicho placer incluso se reflejó en su pene, que adquirió nueva dureza con cada arremetida. Dejó salir un alarido de placer. Su trasero ardía cada vez más, como si le estuvieran prendiendo fuego por dentro. Pensó que iba a enloquecer.

—Coge tan rico… Señor…— dijo Kiro entre jadeos —. Mi trasero arde delicioso…

No pudo decir más porque el placer nublaba sus sentidos; echó la cabeza completamente hacia atrás y sus manos quedaron laxas en el suelo. Estaba ofrecido totalmente, entregado a Muka, sin reserva ni pudor alguno.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Ajustado perfectamente a su miembro era como le gustaba. Una vez más la necesidad de sentir al profesor y sentirse en lo más profundo de él desplazó de su mente cualquier otro pensamiento. ¡Cuánto había extrañado esas sensaciones! Los meses antes de que Kiro se calmara le parecían ahora una auténtica tortura, por impedirle disfrutar de esto al pleno. Lo calentito en el aliento de Kiro y su pulso vivo palpitando sobre sus hombros lo hacían mucho más agradable.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

¿Quién iba a imaginarse que iba a terminar así, disfrutando a montón de justamente alguien a quien consideró poco menos que un monstruo sin corazón? La vida daba muchas vueltas, sin duda alguna. Y no solamente disfrutando, sino entregándose en corazón, cuerpo y alma. No fue solamente sexo. Fue entrega emocional. Le permitió ver cosas que jamás pensó que revelaría a alguien. Le permitió verlo —y sentir placer— en su estado más frágil, pero al mismo tiempo más placentero.

En tan poquísimo tiempo, ¿tales cosas habían pasado en realidad? Por un brevísimo instante, pensó que soñaba. Tal vez despertaría en solitario, con un Muka hostil a su lado. Una brevísima punzada de congoja lo azotó.

—Debo estar soñando…— dijo en un susurro —. No puedo creer que ahora estemos así.

Sus ojos volvieron a llorar, pero fue por una emoción positiva, seguida de algo que Kiro sólo pudo identificar como sumisión.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Debo estar soñando… No puedo creer que ahora estemos así”

Las orejas de Muka se alzaron. ¿Y eso? Volvió a mirar al profesor y por Korr, no, de nuevo ese llanto que no sabía qué venía. Bueno, al menos no era tristeza. La expresión del profesor era de éxtasis, no pesar.

Muka estiró la mano y apretó la erección entre ambos sintiéndola caliente y firme. Las caricias que podía darle dada la situación consistían sólo en estirones rabiosos y bruscas sacudidas, pero esperaba que fuera suficiente para sacar al mayor de donde sea que estuviera metido.

—Los ojos bien abiertos, profesor —soltó la orden.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Las caricias bruscas —sumada a la orden, soltada con hosquedad— despertaron a Kiro de sus pensamientos.

“Los ojos bien abiertos, profesor”

Hizo cuanto Muka le dijo; abrió los ojos y encaró al jovencito encima suyo. Con el dorso de su mano, se secó las lágrimas.

—Lo siento, Señor. No volveré a distraerme.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

El gesto calmó las inquietudes de Muka pues no detectó reproche en sus palabras. De pronto sintió el impulso de morder algo, agitarlo en su boca como agitaba las caderas y succionar de ello. Incapaz de contenerse, el joven mordió la pantorrilla del mayor más cercana a su rostro, con cuidado de sólo usar los dientes frontales. Mordió con fuerza, con rabia. No lo entendía, había comido antes. No debería sentir ese hambre ahora.

Sin embargo sabía que no era hambre, era lo que le daba por llama sed de violencia. Desgarrar, destrozar, romper, como si sólo necesitara confirmar que podía hacerlo. Su cuerpo lo reclamaba y luchó contra él. No lo iba a joder dos veces. No lo iba a joder mordiéndolo en serio, con colmillos y todo, y traumatizándolo y empezando todo de nuevo. O peor, arruinándolo ahora sí sin remedio.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Un corrientazo de dolor hizo que Kiro vociferara y se estremeciera. El grito fue totalmente destemplado y estridente. El corazón se le agitó en el pecho, sintiéndolo como en una caja de resonancia.

Sintió el primitivo impulso de alejar la pantorrilla del rostro de Muka, e incluso de darle un puntapié, pero se reprimió y la dejó en su sitio. Naturalmente, el esfuerzo le costó apretar los dedos hasta hacerlos crujir, y acabar aun más sudoroso y jadeante de lo que ya estaba.

—Señor… por favor cálmese…— dijo en voz baja, tratando de tranquilizar a Muka. Una mirada fugaz a su semblante le dijo que estaba experimento algo… pero no sabía identificarlo.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Ese grito dio tal sobresalto a Muka que por poco se le va toda la excitación. Se apartó como si el sabor de la piel pálida se hubiera vuelto repulsivo, aunque en realidad le era tan apetitoso que con gusto habría sacado los colmillos y extraído el tesoro en sus venas. Cerró los ojos y aceleró, buscando la distracción en lo que se supone sería simple sexo.

—Lo lamento —dijo esbozando una media sonrisa—. Cosas de vampiros, usted sabe.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Evidentemente el grito que emitió desconcentró totalmente a Muka, a juzgar por el gesto de soltarle la pantorrilla. Era como si lo despertara de algún trance oscuro.

“Cosas de vampiros, usted sabe.”

Kiro sonrió con mucha, mucha indulgencia; se apoyó sobre un codo y lo observó detenidamente, aunque sus ojos lucieran cansados y atontados

—Está bien. Algunas veces necesitamos descargarnos. —dijo finalmente. Tras verlo por unos segundos, preguntó: — ¿Puedo ver tus dientes?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Está bien. Algunas veces necesitamos descargarnos.”

Muka se sintió tranquilizado por la falta de reproches. No los habría soportado en ese momento. Todavía era como caminar por una cuerda floja cuando se trataba del profesor y caer no sólo le afectaría a él.

“¿Puedo ver tus dientes?”

Elevando las cejas Muka lo miró. Pero el profesor no parecía asustado ni su actitud condescendiente. A lo sumo curioso. El muchacho se inclinó un poco y abrió sólo un poco la boca, revelando por primera vez a alguien que no fuera su víctima o uno de sus amigos los largos colmillos. Por un rato no supo qué hacer más que seguir el movimiento de sus caderas y permanecer en esa posición.

—¿No le da miedo? —inquirió.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Cuando Muka abrió la boca y le enseñó los colmillos, un ligero escalofrío recorrió su espalda, pero no era exactamente de temor; eran dos enormes caninos, largos, afilados y muy blancos. De repente se le ocurrió que de alguna manera armonizaban con las facciones de Muka.

“¿No le da miedo?”

—En realidad, no. —contestó en voz baja. Estiró la mano hacia Muka, y con un dedo, recorrió el largo colmillo, hasta terminar en la punta. Al tantearla, sintió un pinchazo. Kiro se miró: se había cortado con el filo. —. De alguna forma, armonizan con tu rostro.

Tras una breve vacilación, le ofreció el dedo herido a Muka, mientras meditaba que en algún momento iba a tener que experimentar algo más que un corte en un dedo. Lo presentía.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Claro, debió esperarlo. El escalofrío, la mirada tan fija. Pensó en apartarse y olvidar todo el asunto cuando se dio cuenta de que estaba levantando la mano hacia él. Logró controlar el impulso de impedírselo, en parte porque no quería hacerlo, y sintió algo muy extraño en la boca del estómago cuando empezó a tocarle los colmillos.

Se olvidó de moverse, mirando la fascinación del profesor como lo que era: algo que nunca había visto. Sus amigos se los tocaron la primera vez que se los mostró, pero igual que si fuera un tatuaje nuevo, esperando que se revelara su falsedad. Notaba que no era lo mismo para el mayor aunque no sabría determinar en qué forma.

El olor de la sangre. Siguió con la vista el dedo lastimado, olfateó la dulce intensidad hasta llenarse el pecho con la boca ligeramente abierta todavía. Simplemente no podía dejar de verlo, tan cautivador era el rojo brillando a media luz. El profesor se lo estaba ofreciendo, lo tenía debajo de las narices.

Muka buscó nuevamente el temor en él, trató de leer en ese acto en apariencia tan simple pero nada. Estaba en blanco. Había sido el índice el herido. Lo lamió tentativamente y de inmediato el sabor revivió su necesidad de morder pero más salvajemente que antes. Seguía sin ser hambre en concreto; no obstante lo necesitaba.

Con todo el cuerpo en tensión se lo metió en la boca y lamió de la herida. Cuando, sin querer, sus colmillos lastimaron la palma Muka no se lo pensó más antes de chupar de ella también. Se dio cuenta de lo que sucedía cuando tomó la muñeca en su mano y abrió la boca dispuesto a perforar en ella.

Fue como tensar una cuerda para atrapar a un conejo; sólo que el conejo era su sentido de la realidad y la cuerda una sensación de pánico atraída de golpe. Lo soltó.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro observó con morbosa fascinación la forma en que Muka aceptaba su dedo y se deleitaba en las gotas de sangre que brotaron por el corte. Simplemente no podía quitarle los ojos de encima. Incluso cuando esos colmillos ahora cortaron un poco la palma de su mano y su dueño chupaba de la herida, Kiro se encontró incapaz de desviar la vista. Otro escalofrío recorrió su cuerpo, seguido de una oleada de placer.

Sí, había encontrado placer en sentir los colmillos de Muka. Ahora que comenzaba a entenderlo —o al menos a aceptarlo—, Kiro no podía esconder su deleite. Incluso jadeó cuando notó a Muka dispuesto a perforarle la muñeca. No sabía por qué, pero ¡demonios, cuánto lo deseaba!

Sin embargo, el muchacho lo soltó, con una mirada de nervios. Kiro suspiró y lo tranquilizó con una caricia en su rostro.

—Está bien… tranquilo.

Volvió a tumbarse de espaldas en el suelo y sonrió ofrecido.

—Ven, tómame.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Los hombros de Muka se relajaron. Hubiera esperado una reacción mucho menos tranquila por parte del mayor cuando revelara su hambre insensata pero, bien al contrario, parecía que hasta lo deseaba. El joven se negó a tomar la muñeca de nuevo; demasiada sangre podría hacerle perder el norte y cometer una estupidez.

De modo que abrió la boca sobre la carne blanda que era el pezón y lo volvió piedra a fuerza de muchos lametones. Para hacer esto el cuerpo del profesor debía arquearse sobre sí mismo; menos mal que se mantenía en forma y era flexible. Muka mordió. Como esperaba, la sangre no era tanta para rebasar su boca pero lo bastante para satisfacer su necesidad primaria.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Otro escalofrío recorrió a Kiro, pero éste fue de mucho placer. Entre gemidos, arqueó más y más la espalda, todo lo que podía, ofreciéndole el pecho. Fue entonces cuando sintió el mordisco en esa parte; Kiro no reprimió ni el grito de dolor ni el consiguiente gemido de placer.

Fue una sensación intensa e inusitada, cierto. Un nuevo tipo de dolor al que se tenía que acostumbrar, aceptar y disfrutar. El pecho se le agitó, y su boca se deshizo en jadeos.

— ¡Ah, Muka! —dijo en lo que parecía un ronroneo mezclado con un gemido —. No pares… duele tan delicioso…

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Esta vez los oídos de Muka recibieron contentos el sonido estridente pues lo reconocía. Saber que su tendencia a morder era el responsable agregaba una nueva dimensión a su disfrute; lo hacía sentir más libre, menos limitado para actuar.

Muka se entretuvo largo rato en la herida hasta percibirla cerrarla y de nuevo atacó el intacto, perforándolo sin contemplaciones.

La nueva sangre le causó el mismo efecto que a un niño el devorar sus dulces preferidos, disfrutando del sabor, de la textura de su blanda cubierta, pasándolo por la boca tan rápidamente que se pensaría que no lo probaba para nada pero, en especial para un vampiro, esto no era así.

Un niño siempre sabe qué es dulce y qué no; un vampiro lo que es deliciosa sangre entrando en su organismo. Y si de paso lo combinaba con un masoquista, ¡tanto mejor!

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Se veía a leguas que Muka estaba disfrutando con todo lo que le hacía; Kiro se sonrió para sus adentros, pensando que entonces iba por buen camino. Se había comprometido a satisfacerlo, a dejar que el jovencito hiciera lo que más le gustara con su cuerpo, y esto era una muy buena señal de que estaba por el “camino correcto”.

Llevó sus manos al cabello de Muka, y mientras el jovencito le seguía hincando los colmillos, succionando con labios inquietos, hambrientos, sedientos de sangre, Kiro se recreó en esa sensación de dulce dilución que le daba cuando era sometido a un dolor intenso pero placentero.

Sí, había sentido lo mismo aquella vez en el salón de clases, pero en esta ocasión, ya no había dolor. Ya no había culpa. Ya no se sentía herido en su alma. Cerró los ojos, y en ese instante, con el placer en pleno apogeo y el dolor en su máxima expresión, Kiro sólo halló una cosa…

Paz.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Esa herida también terminó de cerrarse y la necesidad de Muka por hincar los dientes había sido aplacada en gran medida. Se irguió y apretó en su mano izquierda la pantorrilla que aún tenía sobre su hombro.

Dudó al principio pero en ella también clavó los dientes. En esa posición, ya más cómodo, reinició el vaivén interrumpido mientras continuaba con los dientes clavados profundamente en la carne. La sangre salía mucho más intensamente llenándole la boca, e incluso un poco se derramó por su barbilla. Mientras más y más consciente era del estímulo que su miembro recibía por medio del estrechamiento dentro del profesor con mayor fruición chupaba, y a su vez, sacaba las energías para acelerar el ritmo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro volvió a gritar, pero esta vez no fue el mismo tono de dolor sorpresivo y desagradable. Esta vez fue uno de placer y bien recibido. Volvió a estremecerse y una vez más, se deshizo entre gemidos. La sensación de “dilución” aumentó considerablemente, pero aderezada con el placer que sólo las embestidas de Muka podían darle. Podía sentir sus entrañas contraerse rítmicamente en torno al miembro que las penetraba.

—No pares, Muka…— le decía entre gritos suplicantes —. ¡Muérdeme más, cógeme más, por favor!

Se mordió el labio inferior, y luego se lo relamió, en un gesto de obscena lascivia.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“No pares, Muka…¡Muérdeme más, cógeme más, por favor!”

Tanta pasión iba a volverlo sordo. Muka se repitió mentalmente estas palabras como si no tuvieran sentido o nunca las hubiera oído, mientras saboreaba los últimos restos de sangre antes que la herida sanara. Su cabeza giraba en su cráneo cuando miró al profesor. Lo vio tan indefenso que una punzada en sus dientes le aseguró que los colmillos estaban saliendo nuevamente, más deseosos que al principio. Ahora lo entendía un poco mejor.

Deseaba marcarlo. Algo en su interior lo reclamaba con la misma furia con la que necesitaba la sangre. Los cabellos sudados, los labios brillantes por saliva y el pecho alzado se le antojaron como lo más atractivo que había visto en su vida; fascinado Muka no acertó a hacer otra cosa que moverse rítmicamente, comprobando los cambios que lograba generar en ese klowny cinco veces mayor que él.

Y pronto una sensación que no conocía se apoderó de él, se filtró como un humo de origen desconocido y no pudo olvidarse de ella. Deseó complacer al profesor. No para evitar una catástrofe o que volviera a intentar suicidarse; simplemente, quería hacerlo. Por eso, con gran lentitud, acercó la otra pantorrilla a su rostro y clavó los dientes en la pálida carne, dejando que la tortura se alargara y el profesor se percatara del justo momento en que pasaba de pincharle a hundirse en él.

Era como esos juegos donde los amantes comen chocolate esparciendo los labios por la superficie, igual que si lo chuparan, aparentando que no se daban cuenta de que uno pensaba en sexo oral al verlo. Una reacción puramente física ante el pensamiento estimuló su miembro. Los testículos se le contrajeron mientras una especie de calambre se percibía en su bajo vientre.

Casi con rabia apretó la boca y aceleró el ritmo de sus movimientos de tal forma que el sonido de sus cuerpos chocando se hizo perfectamente audible en el cuarto. Cualquiera que oyera juraría que alguien estaba batiendo palmas.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro perdió la cabeza totalmente; si antes abrigaba alguna duda, ésta se disipaba en este preciso instante. Ya no pensaba, NO quería pensar. Su mente estaba totalmente nublada y bloqueada por el llamado imperioso de sus hormonas hambrientas, de su masoquismo tantos años reprimido, y que ahora es que salía a la luz libremente, sin el impedimento doloroso de la culpa o los recuerdos traumáticos de su niñez y adolescencia. La represa se había roto totalmente, y las marejadas se llevaban todos los restos de culpas y remordimientos, dejando vía libre a la lascivia masoquista.

En cierto momento, sus ojos que brillaban con una lujuria casi demencial captaron el movimiento de Muka; el jovencito estaba mordiéndole la otra pantorrilla, asegurándose esta vez que Kiro lo viera con detalles. Cuando esos colmillos volvieron a hundirse en la piel, rompiéndola, extrayendo la sangre colmada de azúcar, Kiro no pudo hacer otra cosa que gritar. Sí, gritó. Fuerte, muy fuerte.

Éxtasis.

Otra oleada de cálida disolución invadió su cuerpo. Se sentía ahora intoxicado, eufórico y deseoso, tal como si hubiese consumido droga y ahora estuviese experimentando sus efectos.

Masoquismo.

Entonces las primeras contracciones del segundo orgasmo de la noche comenzaron. No pudo refrenarlas. Su mente no funcionaba, y su cuerpo sólo se deslizaba rampante por el tobogán sinuoso de la lascivia masoquista. Kiro sólo fue capaz de decirle a Muka:

— ¡M-ME VENGO!

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

¡Joder, qué gritos se pegaba! Sin embargo, a pesar de la sorpresa, Muka lo tomó como una incitación más para seguir a lo suyo. Solo que esta vez agregó más energía, liberó la carne, rezumando sangre, y clavó violentamente los colmillos un poco más arriba.

Mientras volvía a morder su lengua se afanaba en hurgar en las anteriores mordidas para sacar de ellas hasta la última gota antes de que la piel se regenerara. Fue entonces, al morder por segunda vez la misma pierna, que el calambre se intensificó.  Gruñó como una bestia atacada en pleno festín al terminar. El orgasmo le arrebató las fuerzas y por unos segundos la consciencia. Ya no supo dónde estaba ni lo que hacía al tiempo que se derramaba en el interior del profesor.

Sólo registraba placer, un gran placer tanto físico como mental.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El torrente de semen cálido que lo invadió se sintió extremadamente delicioso. Kiro lo saboreó, casi como si se lo hubieran rociado en la boca. Eso fue lo que finalmente terminó de detonar el violento orgasmo que lo llevó a derramarse sobre su vientre, sin tocarse en lo absoluto. Adoraba acabar así.

Ahora se sentía húmedo, lleno y totalmente satisfecho. Poco a poco fue languideciendo entre largos suspiros de cansado placer. El cuerpo antes tenso, ahora se iba relajando y distendiendo. Kiro cerró los ojos, apenas consciente de la cercanía de Muka, y de los estremecimientos leves de su propio cuerpo, tras el orgasmo tan intenso que tuvo.

Tras minutos que parecieron interminables, Kiro abrió los ojos, pero todo pareció darle vueltas. Claro, debía estar totalmente KO.

—Muka…— dijo en un suspiro apenas audible, y volvió a cerrar los ojos. La cabeza ahora reposaba laxa en el suelo, aun transpirada. El mechón largo de su cabello ahora estaba apelmazado contra la mejilla.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

El joven no respondió. Dejó la pierna, se las sacó de encima a ambas y con la mayor naturalidad se recostó sobre el pecho del profesor. Estaba sudado y respiraba muy profundamente, calentaba y su corazón era como un tambor.

Él se había calentado por su sangre, no respiraba y su corazón latía más lento pero lo hacía. Sólo quería tomarse un descanso y ese le pareció el mejor lugar para hacerlo. Que el profesor pensara lo que quisiera, pero parte de ser su esclavo iba a incluir servirle de cama cuando quisiera y el mayor había aceptado serlo así que no podía quejarse. Si le preguntaba algo eso pensaba responder.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Aunque estaba literalmente devastado por el orgasmo, Kiro pudo sentir los cabellos sedosos de Muka contra su pecho. Imaginó que se había recostado, también tan exhausto como él. Quiso alzar una mano, acariciar esos mechones azabache, pero apenas alcanzó para un leve roce; la mano de nuevo cayó al suelo, laxa y floja como la de una marioneta.

Aun con los ojos cerrados, todo le dio vueltas, pero era una sensación placentera. Como si estuviese flotando en un mar a la deriva. Era delicioso. Era calmo. Ningún recuerdo desagradable. Ninguna incomodidad. Todo era simplemente perfecto.

En su pacífica oscuridad, Kiro agradeció a Muka por haberlo sacado de esa prisión tan dolorosa en la que estuvo metido por más de cuatrocientos años.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

La caricia fue breve y ligera pero bastó para traer a Muka a la realidad. Al parecer su peso no le molestaba al mayor. Se removió un poco, acomodándose hasta que su cabeza justo arriba de donde estaba el corazón y su coronilla rozaba la barbilla del otro. Se sentía más perezoso que cansado.

— ¿Cómo se siente ahora? —inquirió sin levantar la vista. Imaginaba que bien porque ciertamente no había lágrimas, temblores o nada visible por lo cual preocuparse. Sin embargo mejor era comprobarlo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La voz de Muka, aunque la sentía lejana, fue suficiente para volverlo a hacer abrir los ojos. Ante ellos, apareció la visión —borrosa al comienzo— del techo. Exhaló un suspiro largo y apaciguado. El roce del cabello sedoso ahora contra su mentón fue el colmo de lo agradable. Incluso su peso liviano, todo eso era reconfortante.  Kiro sonrió.

—Bien… —dijo en voz baja —. En paz. Sólo eso.

Rodeó a Muka con uno de sus brazos, y volvió a acariciarle el pelo, poniendo un lánguido empeño en ello. Mientras lo hacía, cerraba los ojos nuevamente y suspiraba tranquilo.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se estremeció un poco por el contacto. Incluso sus manos se tensaron pero al fin se relajó, seguro de que no había peligro, llegando a disfrutar de las caricias. Vagamente se le ocurrió que se había movido esperando que hiciera eso pero no se hizo ningún caso. Muka apoyó el mentón en sus manos y observó al profesor.

No era un buen ángulo, tampoco el peor. “En paz” había dicho. ¿Así podía llamar a lo que sentía? Ciertamente era como si no hubiera nada de qué preocuparse.

—Bien —respondió. ¿Qué más iba a decir? Si el profesor se hallaba bien, todo estaba bien para él—. Espero que no se le ocurra arrepentirse ahora de lo que me dijo sobre ser mi esclavo. Esto fue sólo un adelanto de lo que podemos hacer, eso si lo acepta.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

“Espero que no se le ocurra arrepentirse ahora de lo que me dijo sobre ser mi esclavo. Esto fue sólo un adelanto de lo que podemos hacer, eso si lo acepta.”

Durante minutos fugaces, Kiro volvió a recordar todo lo vivido junto a Muka en tan corto pero tan intenso tiempo. Lo que jamás vivió en sus quinientos años de vida, pudo vivirlo en unas pocas semanas. Pensó en el dolor, la confianza, la entrega, el perdón, la intimidad, la mutua comprensión.

Entonces se dio cuenta que todo tenía sentido. Ahora más que nunca. Por eso abrió los ojos una vez más y le dijo a Muka:

—No. Esto es algo que deseo, Muka. Más que desear, lo necesito. No puedo arrepentirme. —los ojos de Kiro se clavaron en los del jovencito —. Acéptame como tu esclavo, te lo suplico…

Hizo una pausa larga, intensa.

—… Amo.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

En el largo momento que el mayor se tomaba para responder, Muka empezó a creer que sí iba a arrepentirse. Razones no le faltarían: el hecho de que fueran alumno y maestro fuera de esa casa, el que era menor de edad o considerablemente más joven en comparación suya, que tuviera colmillos y necesidad de beber sangre klowny para subsistir. Tal vez habría muchas más revoloteando por la mente del profesor ¿pero cómo diablos lo sabría? Sólo un sí o un no habría sido suficiente.

Por fin el mayor se dignó a mirarlo. De inmediato Muka recurrió a su cara más inexpresiva para disimular la inquietud que lo había invadido, expectante. Si su corazón estuviera en el mismo estado que de cualquier otro joven habría latido desenfrenado impidiéndole mantener su fachada; en cambio el suyo se lo ponía más fácil.

“No. Esto es algo que deseo, Muka. Más que desear, lo necesito. No puedo arrepentirme.”

“Menos mal” se dijo Muka sintiendo alivio y un poco de irritación por la tardanza.

“Acéptame como tu esclavo, te lo suplico… Amo.”

La mera palabra disparó un torrente de sensaciones para el joven. ¿Cuántas veces no la había oído de esclavos pagados? Y sin embargo ahora no sabía cómo asimilarla. Había mucho más que lujuria y dinero detrás de ella. Si por casualidad no lo sabía porque su memoria sobre las últimas semanas había desaparecido, bastaba ver la forma en que el profesor la pronunciaba. Con un poco de esfuerzo, de resignación, como si le costara habituarse a su peso pero no estaba dispuesto a abandonarlo. Muka fijó la mirada en sus labios para no verle los ojos y de pronto le parecieron apetecibles. Para morder, chupar, lo que quisiera. Lo que quisiera. Esa era la gracia de ese juego de roles, simplemente hacer lo que deseara. Incluso el maestro, bajo él, haría lo que más deseaba.

No obstante era vergonzoso que las palabras ahora no le salieran. Muka las pensó, hizo un boceto mental de cuáles serían, uno bastante vago.

—Está bien —murmuró y su pena se acrecentó al notar su propia inseguridad. Se sentía como en un camino que conociera, que se suponía conocía al dedillo, y a la vez no. Se conminó a controlarse a sí mismo y esta vez, al fin, alzó la vista irguiéndose sobre sus brazos —. Pero le recuerdo cómo es el asunto: usted será mi esclavo, lo que quiere decir que no tiene que obedecer, seguir ni honrar a nadie más que a mí. A cambio yo haré lo que pueda para que no sea en vano y a su vez usted se beneficie. Puedo imponerle un protocolo y un montón de reglas en apariencia absurdas pero a fin de cuentas todo se reduce a eso: al placer mutuo. Es libre de acabar con todo cuando quiera, si es demasiado para usted. ¿Me sigue?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

¿Era su imaginación o Muka lucía bastante inquieto o expectante? Aquello alegró mucho a Kiro por dentro. Entonces para el jovencito, también era algo nuevo.

“Pero le recuerdo cómo es el asunto: usted será mi esclavo, lo que quiere decir que no tiene que obedecer, seguir ni honrar a nadie más que a mí. A cambio yo haré lo que pueda para que no sea en vano y a su vez usted se beneficie. Puedo imponerle un protocolo y un montón de reglas en apariencia absurdas pero a fin de cuentas todo se reduce a eso: al placer mutuo. Es libre de acabar con todo cuando quiera, si es demasiado para usted. ¿Me sigue?”

—Sí, te sigo, Amo. —le dijo en voz baja. Un leve estremecimiento lo recorrió, pero no era de índole sexual. Estaba ahora demasiado cansado para excitarse. Además, era algo más profundo, que nació luego de estarse “incubando” en su corazón y mente durante días. —. Lo he entendido todo hasta ahora.

Antes odió pensarlo. Luego le dio temor. Ahora sólo le llenaba de alborozo: reconoció por dentro que le pertenecía a Muka. No importaba si Kiro le llevaba más de trescientos años de edad, o si en el mundo exterior eran un profesor y un alumno. Incluso el hecho de que Muka fuese un vampiro tampoco importaba mucho; Kiro se habría rendido de todas formas igual si fuese un Joker común y silvestre, porque era algo en la actitud de Muka: en la forma de llevar las cosas, en la forma de reaccionar, en la forma de plantear las cosas, y el cómo lo había guiado por un largo camino de sumisión —porque si de algo Kiro estaba convencido, es que la relación Amo/esclavo comenzó hace mucho— y entrega totales. Esto en realidad era la materialización y confirmación de algo que venía tan sólo intuyendo.

Incluso lo de Hako, el crimen cometido, la complicidad… todo ello unió los lazos.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—En ese caso no se diga más —respondió Muka con una sonrisa. Le iba a costar un tiempo habituarse a ser llamado Amo por el profesor pero sin duda no le desagradaba. Era como un justo halago, un premio o un regalo largamente deseado.

Se acabó de levantar. Arrodillándose a un lado del mayor pasó los brazos por su espalda y piernas para levantarlo en brazos, cargándolo sin dificultad hasta la cama hasta dejarle recostado ahí. Una franca alegría le impedía bajar las comisuras de los labios, hasta se sentía ligero de pies. Acomodó la caja de madera, su maleta y lo demás en el suelo, para que no le estorbaran las piernas.

—Necesita comer algo después de perder tanta sangre —explicó tratando de componer una expresión más seria. Tanta sonrisa acabaría haciéndolo parecer un idiota—. Espere aquí, veré si hay algo debajo.

Sin embargo no se fue de inmediato. Arregló la almohada debajo del profesor. Sólo un roce de su cabello en su mano le hizo dar cuenta de su consideración y se sonrojó, confundido por tal impulso.

—Ya vuelvo —masculló, ahora sí, retirándose del cuarto.

En la cocina obviamente no había nada, excepto una necesidad urgente por una buena limpieza. Una perceptible capa de polvo cubría los muebles, y aunque no parecía del todo abandonada, el descuido era patente. En la cocina aún se amontonaban botellas de pociones para dormir que de inmediato echó a la basura. Tenerlas a la vista le recordaba el olor a sangre derramada que no esperaba encontrar la primera vez que apareció en esa casa. Por fin, encontró una bolsita con dulces de chocolate y fresa. Gracias a sus envolturas herméticamente cerradas, como comprobó Muka olfateando por un agujero que hizo en ellas, todavía conservaban su calidad de comestibles y su contextura blanda. Regresó arriba y se las ofreció al mayor sentándose a su lado en el colchón.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Mientras Muka lo cargaba y lo depositaba diligentemente en la cama, Kiro se sentía en las nubes, flotando por una suerte de limbo, aunque desconocido, muy agradable. Se dejó hacer, con una sonrisa algo atontada. Observó a Muka también arreglándole la almohada.

Entonces, sus ojos entrecerrados captaron que volvía a ruborizarse. Sonrió como tonto, dejándose envolver en un arrebato de ternura al verlo así. Jamás de los jamases se habría imaginado antes que Muka era capaz de sonrojarse y sentir pena o timidez.

«Pero claro, vampiro o no, sólo tiene 170 años, y dentro de todo, lleva las cosas bien… condenadamente bien, mejor dicho…— pensó Kiro para sus adentros —. Mejor que muchos adultos, pero en algo se tenía que reflejar su juventud e inexperiencia.»

Cuando Muka abandonó momentáneamente el cuarto, Kiro aprovechó para estirarse con las pocas fuerzas que le quedaban; los músculos se distendieron y los huesos crujieron deliciosamente. Se sintió mucho mejor.

Minutos después, sintió los pasos de Muka, y luego su peso en el colchón; Kiro abrió los ojos y lo vio ofreciéndole una bolsa de Kyzzes de fresa y chocolate. El mayor sonrió agradecido.

—Gracias, Amo. —le dijo en voz baja, aceptando la bolsa. La rasgó y comenzó a comer con cierta avidez.

Otro silencio, pero uno donde nuevamente volvían a entenderse y los sentimientos flotaban, aunque éstos no fuesen verbalizados por ninguno de los dos.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Mientras el profesor se daba el gusto, Muka se levantó y salió nuevamente hacia el vestuario. Olvidado en el suelo el cinturón del profesor lo esperaba. De vuelta en el cuarto Muka se inclinó sobre el profesor, interrumpiendo momentáneamente su comilona, y volvió a colocarle el cuero alrededor del cuello.

Muka tiró del extremo más largo para que se cerrara bien, sin hacerle daño al otro, y apreció el efecto que le producía tenerlo desnudo, a su disposición y de cierta manera marcado como de su propiedad.

—Por ahora podemos usar esto como su collar —comentó acercándose. No quedó mucha distancia entre sus rostros. El joven percibía su aliento azucarado con sabor a chocolate—, pero en cuanto tenga oportunidad le haré otro mejor. Por supuesto, antes de recibirlo deberá enseñarme cuánto lo quiere —Muka palmeó sus mejillas amistosamente; en él, el gesto encerraba la negativa a ser demasiado efusivo, apenas unos toques y ya—. No se preocupe, le gustará y a mí también.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Su pequeño festín fue interrumpido con la sensación del cuero ciñéndose en su cuello. Dejó al jovencito obrar a gusto con lo que ahora sería su primer collar, señal de que oficialmente le pertenecía a Muka. Otro estremecimiento lo recorrió.

Ahora pasó a ser propiedad de alguien.

«Suyo…»

El corazón latió aceleradamente en su pecho. Estaba a punto de ponerse eufórico.

—Gracias, Amo. Lo he entendido. —sus ojos negros brillaban. —. No le defraudaré, Señor.

***********

Pasaron varias semanas desde que Kiro aceptó ser esclavo de Muka.

Asistió a clases e hizo su labor como siempre. Naturalmente, cuando se trataba del trabajo, no se podía jugar. Sin embargo, cuando paseaba sus ojos hacia donde Muka solía sentarse, sentía sus penetrantes ojos negros traspasarlo. Aquello disparaba un torrente de excitación en plena clase; Kiro se sentía culpable y avergonzado, pero por otro lado, disfrutaba la sensación, y agradecía que al menos tuviese pantalones no muy ajustados que le permitiera disimular un poco.

Aún así, sabía que Muka sabía. El olfato de ese jovencito no fallaba.

Empero, así como sus días de esclavo marchaban emocionantes, también tuvo otro “aditamento”: las misteriosas misivas. Todos los días las encontraba en su cajón cuando llegaba al salón. Llegó a coleccionar al menos doce cartas, todas firmadas por el misterioso “Kymo”, y todas cargadas de ternura, anhelo y algo de tristeza por igual.

Sé que no es legal sentir esto. No está bien que alguien más joven se enamore de alguien de su edad, aunque su hermoso rostro terso disimule sus años decía el misterioso admirador Pero no puedo evitarlo, profesor Kiro. Usted es un ser maravilloso, ¿y sabe algo? Sinceramente disfruto mucho la clase. Sólo me aburrí mucho cuando estuvo ese suplente con cara de kirshau.

Ante esta línea, Kiro soltó una carcajada fuerte. Menos mal que se hallaba a solas con Muka, porque de lo contrario lo habrían visto feo.

—En cosas como estas se nota que es una criatura. —dijo Kiro, señalando la mencionada línea —. Y por lo visto, no éramos los únicos disconformes con el cabrón de Nyraku.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se había sonreído divertido por la descripción tan exacta del suplente. Ambos estaban sentados en el sofá en el salón de la casa del mayor después de acabadas las clases. Recién leían la última misiva del desconocido admirador.

“En cosas como estas se nota que es una criatura. Y por lo visto, no éramos los únicos disconformes con el cabrón de Nyraku.”

—Cómo no —acotó Muka bufando despectivo—. Por si no fuera bastante tener que oír su monótona voz estilo dictado de libro, ver su aburrida carota era una tortura. Eso de la cara de kirshau pudo haber salido de cualquiera con ojos.

Muka volvió a tomar la cara, escrito en papel para máquina, y lo puso a contraluz aunque desde luego no pudo descubrir nada nuevo en ella. Echado en esa posición se la devolvió al maestro.

—Esto ya se está volviendo un tanto obsesivo, ¿no cree? —comentó—. Al principio creí que acabaría por pasar a otra cosa y se olvidaría de sus cartitas pero cada día son más largas y más cursis. Vamos ¿realmente no tiene ninguna idea de quién pueda ser? Alguien tan flechado como este sujeto no puede pasarle desapercibido.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

“Por si no fuera bastante tener que oír su monótona voz estilo dictado de libro, ver su aburrida carota era una tortura. Eso de la cara de kirshau pudo haber salido de cualquiera con ojos.”

—Sí, pero la forma de expresarse es típica de un jovencito, no de alguien mayor. El insulto tiene cierto dejo aniñado. —comentó Kiro, cuando Muka le devolvió la carta —. Y ciertamente concuerdo contigo. Esto es obsesivo ya, y desde luego, no se trata de una broma. No iría tan lejos.

Se puso a meditar entre los alumnos con los que mantenía una relación más o menos cercana, pero cortés; ¿Debra? No, qué va. Ella tenía novio. Además, algo le decía a Kiro que no era de esas chicas tímidas. Intentó pensar en alguien más.

¿Pytro? Nah, se dijo Kiro, burlón. Nunca en su vida se expresaría con cartas. La actitud y el modo de desenvolverse indicaban claramente que era un klowny trébol muy gregario. Tampoco podía considerarlo como sospechoso.

Entonces recordó a uno en particular que solía intervenir mucho en clases, aunque no siempre la atinaba; aún así, a Kiro le gustaba verle el empeño y la atención que ponía… ¿Cuál era el nombre de ese chicuelo? Ah, sí, Myko. Habían tenido alguna que otra charla cortés y superficial. Un encanto de chicuelo, a pesar de su vestimenta bizarra —el chico solía usar camisas rotas en el cuello y las mangas, junto con botas claveteadas— y el pelo corto pero peinado en picos alborotados.

—No tengo idea quién podría ser, si te soy franco. Ninguno de los alumnos con los que he tratado más o menos de cerca cuadra con esto. —dijo Kiro finalmente.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—Hum —expresó Muka cruzándose de brazos.

La verdad a él tampoco se le ocurrían candidatos pero no significaba la gran cosa: a lo que mayor atención ponía durante las clases en los últimos días era al bulto discreto que a veces percibía en los pantalones del profesor y en el que, si la oportunidad se daba, ponía las manos encima en cuanto tocaba la campana.

Además, de por sí sabía que el profesor atraía a unos cuantos en el aula. Si no por su aparente juventud era por su actitud abierta y serena, tan opuesta a los agrios semblante que se solían ver en los otros docentes. La idea de que alguno se cansara de embobarse mirándolo para finalmente expresarse por cartas no era descabellada, el problema es quién se atrevería. Resolvió que lo averiguaría, de alguna manera.

—En fin —determinó encogiéndose de hombros—. Menuda decepción se llevará si pretende ir más lejos de estas cartas.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro exhaló un suspiro.

—Bueno, me inventaré una coartada. Nadie puede saber nuestro “cálido” secreto… ¿verdad, Amo? —miró a Muka con cierta intensidad. —. No tengo ganas de vivir otra como con Hako y su lamesuelas Nyraku.

*****

Apenas amanecía en la pequeña aldea Paraynaku.

Myko se despertó más temprano de lo habitual, e inició la rutina de cualquiera: lavarse los dientes, desayunar y luego vestirse para ir al colegio.

Mientras arreglaba la mochila y ponía los libros de las asignaturas que le tocaban hoy —Lengua, Historia, Arte y Lógica— , contempló un sobre que había preparado la noche anterior, empleando a hurtadillas la vieja máquina de escribir que usaba su padre hace un tiempo y que ahora guardaba en el sótano. En el sobre decía “Para Prof. Kiro”, en letra mecanografiada también.

Tenía meses guardándose ese secreto, incluso de sus propios amigos. No podía arriesgarse a decirlo: temía las burlas, además que no deseaba poner a Kiro en un aprieto por su culpa. Un día, no pudo más y resolvió dejar salir lo que sentía, amparándose en el anonimato.

—Profesor…— exhaló un suspiro y un calorcillo le recorrió la pierna. Rápidamente guardó el sobre en el bolsillo de su mochila y salió corriendo a la escuela.

Como siempre, los pasillos estaban desolados; ni un alma cerca. Myko sonrió y caminó sigilosamente hasta el salón de clases: sabía que Kiro daba clases a primera hora de la mañana y siempre, siempre, en el mismo sitio. Abrió la puerta con todo el cuidado que pudo, y se acercó al escritorio.

Antes de depositar el sobre, deslizó la mano por la superficie, y fantaseó con estar allí frente a su profesor. Un intenso rubor subió a su rostro, seguido de otra oleada de calor en la entrepierna. Suspirando de placer y con el corazón tronándole en el pecho, depositó la carta en el gabinete.

Finalmente, como un pequeño fantasma, salió corriendo por los pasillos, buscando donde esconderse hasta que llegara la hora de clases. Ni sus amigos podían darse cuenta que había llegado temprano, o comenzarían a sospechar.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Bien temprano en la mañana, el estómago de Muka rugió. El hambre le pegó tan duro que ni siquiera lamentó no poder dormir un rato más. Se vistió, preparó sus útiles escolares, ya que de cualquier modo después de comer debería ir al colegio directamente, y salió por la puerta trasera. Las nubes se vestían de un rosa casi chillón.

Le fue difícil encontrar a alguien despierto a esas horas pero quiso Korr que se tropezara con un robusto klowny que sabía solía armar disturbios en las tabernas por la menor tontería. El sujeto intentó golpearle la cara mientras se alimentaba de él y Muka tuvo que romperle las muñecas para calmarlo pero pronto perdió las fuerzas, enflaqueció de los pies a la cabeza y cuando ya no hubo nada que lo sostenía cayó al suelo bocabajo.

El amanecer aún no se completaba pero ya habrían abierto las puertas del colegio. Luego de penetrar en el edificio Muka fue directo al baño para ver si no tenía señales de su reciente asesinato. Más que una pequeña mancha de tierra en sus pantalones que se quitó de una palmada, nada anormal. Cuando salió al corredor le llamó la atención el aroma de un klowny circulando por ahí: podría haber sido del conserje, de algún profesor que llegaba temprano pero no.

Dobló por una esquina y vio la figura de su amigo Myko metiéndose en el aula del profesor Kiro. Al principio no sospechó nada pero verlo salir y darle potencia a sus piernas como un perseguido fue lo que disparó el “¿qué diablos?” en su cerebro. Además, pensó esnifando, ¿era su imaginación o andaba sonrojado? Las piezas cayeron sin peso, justas y precisas.

En el aula, en el escritorio, otra carta de esas esperaba. Muka la tomó y la olfateó. Sí, además del metal y tinta había un residuo de Myko en ella. Myko, Kymo. Pensó en cuántas veces escuchó la voz de Myko en el aula del profesor. No supo cuántas pero debían ser muchas si lo recordaba. La obviedad del asunto le dejó sorprendido por su tardanza para descubrirla. Y luego se sintió estafado. ¿Por qué diablos no había sabido nada de eso? ¿Que no eran amigos? Sin ningún remordimiento Muka abrió la carta (ya le explicaría a Kiro que sólo fue para estar seguro) y leyó, asombrándose cada vez más de nunca haber sospechado de él.

Se quedó pensativo acomodado en el asiento del profesor. Ahora que lo veía tan claro no parecía en realidad tener mucho sentido pero si le cabía duda algunas, todas las pruebas estaban ante sus narices.

“Mi amigo y mi esclavo” pensó y frunció los labios. Sonaba al título de una película porno de bajo presupuesto.

Decidió guardarse la carta y esperar a Kiro para ponerlo al tanto.

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Cuando Kiro llegó para dar la clase, acomodó sus cosas como siempre, y luego disimuladamente abrió el gabinete, esperando encontrar otra misiva, mientras con disimulo, echaba una mirada a la clase, buscando algún rostro tenso o sospechoso. Sin embargo, para su sorpresa, no encontró ninguna misiva nueva. Vaya, ¿sería que hoy el admirador misterioso se tomaba un pequeño descanso? Se encogió de hombros y se presentó a la clase.

—Buenos días, señores. Hoy vamos a empezar con las mejores recomendaciones para argumentar y reconocer las falacias…

*******

Mientras tanto, Myko estaba tenso en su asiento, observando los gestos de Kiro; ¿por qué se había encogido de hombros así? ¿Por qué no sacó nada del gabinete, como en las otras ocasiones? ¿Estaría disimulando? Tal vez. Lo veía ojeando la clase, y cada vez que posaba sus ojos azabaches, Myko sentía un estremecimiento de placer recorrerle. La entrepierna le respondió endureciéndose un poco, como en muchas otras ocasiones. Juntó las piernas y las frotó un poco, fingiendo tener algún tic nervioso, mientras se embobaba observando al profesor ir de un lado a otro, explicando las mejores recomendaciones para detectar falacias y argumentar mejor…

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Es penoso” opinó Muka observando de reojo la conducta de Myko. No sabía por qué lo hacía. Podía notar ahora con ridícula nitidez el sutil olorcillo de su erección cada vez que los ojos de Kiro se paseaban por ahí o conseguía una mirada directa levantando la mano. Sonreía sin motivo, sólo viéndolo. ¿Cómo era posible que nunca hubiera visto nada de eso antes? A pesar de que sabía que jamás ponía mucha atención en ciertas clases, no encontraba una explicación convincente para su ceguera.

“Está más caliente que una mantícora en celo” siguió pensando. “Sólo le faltan los corazoncitos en los ojos y suspirar como una chica.”

¿Y Pytro? En lo suyo, el cabrón, jugando con un lápiz en la mano y el mentón sobre la otra, probablemente reflexionando sobre su última cogida. Tal vez un día de estos se venía a enterar que estaba enamorado de Nyraku en secreto y le enviaba besitos mentales. De inmediato sintió asco de su propio pensamiento y se olvidó de él.

El resto de la clase transcurrió tranquilamente. Cuando finalizó Muka pretendió demorarse en acomodar las cosas sin despegar ojo de Myko. Descubrió que éste era uno de los últimos en salir, después de dirigirle una sonrisa de despedida (y de maricón enamoradizo, agregó Muka) al profesor. El aula quedó en silencio. Muka sacó la doblada carta de sus pantalones, se colgó la mochila y le presentó el sobre al mayor.

— ¿Buscaba esto?

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Kiro miró sorprendido a Muka.

— ¿Pero tú…? —los ojos del profesor se abrieron en sorpresa — ¿Cuándo recibiste esa carta, Muka?

Notó que estaba abierta.

—Seguro la leíste primero… —la ojeó, y una de las líneas le llamó la atención:

No podré resistir más tiempo escondiendo esto, profesor. Estoy que ardo por usted… por dentro.

A Kiro se le subieron los colores al rostro.

—En nombre de Korr… Muka, por cierto, explícame, ¿cómo obtuviste esto? ¿Y cuándo? ¿Madrugaste para venir hasta acá o qué?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se sentó en el escritorio, cruzándose de brazos.

—Me dio hambre esta mañana y cuando acabé el colegio ya estaba abierto. Vi cuando le dejaban la carta y la leí para asegurarme que era lo que pensaba. Le apuesto lo que quiera a que el cabroncete tenía una erección de campeonato cuando lo escribió.

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Los ojos de Kiro se abrieron como platos.

— ¿Dices que viste cuando me la dejaron? ¿Y viste quién era? — exhaló un suspiro y colocó la carta a un lado —. Ya esto me puede, ¿no hay manera de que lo pueda descubrir de una vez y hablar claro?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—Creo que hemos unos idiotas por no darnos cuenta antes —dijo Muka un tanto irritado—. Es Myko. Qué tontería la nuestra, ¿verdad? Es el único que tiene un principio de erección cada vez que lo mira y no cesa de levantar la mano como si lo pincharan por detrás—miró al profesor—. Me resulta difícil creer que no lo sospechara. Cuando caí de repente parecía lo más obvio del mundo. Esa sonrisita, la insistencia en que lo viera… francamente, qué ciegos estábamos.

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Kiro se quedó con la boca abierta, e inmediatamente comenzó a recordar las veces que charlaron. Notaba que Myko siempre se le acercaba, dizque con pretexto de preguntarle algo, y terminaban hablando. En clase, tal como decía Muka, levantaba la mano con frecuencia, aunque eran más las veces que se equivocaba que cuando atinaba. Kiro al comienzo había interpretado eso como un interés halagador. Además, siempre le traía las tareas, asistía sin falta y no sacaba malas notas en sus exámenes —aunque debía admitir que las notas de Muka eran mejores—.

Se dejó caer en la silla, aun asombrado.

—Vaya, qué pequeño es el mundo, ¿no? —dijo al fin —. Quién iba a creerlo. Justo ayer mientras meditaba entre los posibles sospechosos, pensé en Myko.

Por un lado lo halagaba pero por otro lo decepcionaba un poco… ¿entonces todo ese interés era por querer agradarle?

—Entonces hay que terminar esto, porque no podemos dejarlo crecer más. Voy a inventarme una coartada para eliminarle esas falsas esperanzas. —dijo Kiro —. Será amigo tuyo pero no creo que sea conveniente que sepa lo nuestro, Muka. No sabemos qué cosas puede hacer estando herido.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—No lo conoce como yo, profesor —acotó Muka y se quedó un silencio un momento—. Aunque tal parece que ni siquiera yo lo conozco como creía. De todas formas pienso que lo mejor es decirle que no está disponible. Así de simple. Con suerte perderá todas las esperanzas y lo dejará en paz.

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Por unos brevísimos instantes, Kiro volvió a pensar en Myko, en sus ojos brillantes, y luego recordó las notas; ¿quién iba a imaginar que un jovencito que viste como un pankgotk pendenciero abrigara esos sentimientos y los expresara de esa forma? Realmente iba a doler ver su cara de decepción y sufrimiento, pero no había de otra. Este tipo de cosas formaban parte de la vida misma, y bien que Kiro lo sabía tras haber sufrido de forma similar a la edad de estos chicos.

—Vamos a buscarlo entonces. Cero rodeos, Muka…— tras hacer una pausa, preguntó: — ¿Dónde vive él?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—¿Ahora?  —se sorprendió Muka. Luego frunció el ceño—. ¿Irá a su casa, en este momento, sólo para decirle que ya sabe que es el de las cartas y no está interesado en él? Incluso yo me doy cuenta de que eso es brutal. No, sugiero que lo hagamos citar en algún sitio. Mete la mano en su escritorio así que si hay una carta para él ahí sin duda la verá. Entonces podrá contarle.

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Muka tenía razón. Ya la idea de no ser correspondido iba a dolerle demasiado.

—De acuerdo, Muka. —contestó Kiro —. Y se la escribiré a mano, ya que conoce perfectamente mi letra por las correcciones que le hago en sus tareas.

Esa misma tarde, luego de corregir una tanda de tareas y los quices realizados hace varios días, Kiro se sentó con Muka. Tomó su pluma y comenzó a escribir:

Estimado Kymo,

Como ya seguramente has visto, he recibido todas tus cartas. Estoy muy halagado por el interés que demuestras por mi persona. Sin embargo, desearía que dejáramos esto y nos viéramos para que conversáramos sobre estas cosas. Creo que todo klowny, independientemente que sean alumno o profesor, se entiende con el diálogo sereno.

¿Qué te parece si mañana luego de clases me acompañas a mi casa y conversamos? Estoy seguro que podremos entendernos bastante bien.

Atentamente,

Prof. Kiro.

Tras garabatear su firma, Kiro le mostró la carta a Muka.

— ¿Qué te parece?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“¿Tenía que ser su casa?” pensó Muka pero suspiró. Tal vez fuera lo mejor. Una charla cortés, algo para relajar a Myko antes de recibir el golpe. Le iba a doler, de eso estaba seguro.

—Está bien —aprobó devolviéndosela—. Espero que podamos dar fin a todo esto. Si le digo la verdad nunca me gustaron esas cartitas suyas.

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Kiro sonrió.

—No es que me gusten, pero me despierta ternura ver la forma en que demuestra sus sentimientos. Es tan genuino, pero al mismo tiempo tan aniñado. —comentó, todavía sonriendo con cierto dejo paternal —. Quien iba a creer que tras sus atuendos de klowny pankgotk se escondía un chiquillo tan sensible.

Cogió un sobre y escribió “Para Kymo, de Prof. Kiro” e introdujo la carta, tras doblarla cuidadosamente. La colocó en su portafolio y se volvió a Muka.

—Háblame un poco de él, Muka. —dijo Kiro, con cierta gravedad —. Necesito tener algo de trasfondo ya que me tocará lidiar con sus sentimientos y no quisiera herirlo más allá de lo que ya le tocará. Sé lo que es tener el corazón roto por este tipo de decepciones, pues lo viví cuando tenía tu edad y la de él… pero aun así, no sé qué puedo esperar.

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—Sólo con eso sabe más que yo —replicó Muka con algo de amargura. Se apartó un mechón de cabello para ponerlo tras su oreja—.  Trate de decírselo como le hubiera gustado que lo trataran a usted. Tiene que dejarle en claro que no tiene oportunidad pero no es su culpa. Que es simplemente eso. Si es listo como supongo lo dejará en paz. Si me equivoco hasta en eso no sé qué podría pasar. ¿Prefiere que esté aquí por si las dudas? —sugirió repentinamente pasado un tiempo. En realidad no creía que Myko presentara problemas pero por alguna razón deseaba estar ahí cuando sucediera.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

—Me gustaría, si te soy franco. —contestó Kiro —. Y en caso que cualquier cosa suceda, te pido amablemente que cuides de él, por favor. Luego de esto, posiblemente no quiera verme ni en pintura… al menos por unos días.

Frunció la cara y suspiró largamente, pero fue un sonido de nerviosismo. Le aterraba este tipo de situaciones, pero tal y como estaban las cosas, era algo que tenía que aceptar. Como bien habían unos que envidiaban, codiciaban o consideraban maldita su apariencia ajena al paso del tiempo, también habrían unos que gustaban de dicha cualidad, y que quizás por eso se sintieran invariablemente atraídos.

—Algunas veces desearía no ser tan… “agradable” a la vista ni verme tan joven teniendo la edad que tengo. Lejos de lo que muchos creen, la mayor parte del tiempo esto no suele ser una bendición ni una súper ventaja. —comentó Kiro, tomando a Muka en brazos y sentándolo en su regazo. —. Claro que de no ser así, no nos hubiéramos conocido.

Dicho esto, abrazó a Muka y recostó la cabeza en su pecho.

— ¿Me habrías tomado en cuenta de yo haber contado con algunas líneas de expresión en mi rostro y que se me note la edad que tengo?

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“Y aquí vamos otra vez” pensó Muka cuando sintió el abrazo. El instintivo deseo de apartarlo todavía estaba ahí pero en los últimos días había conseguido dominarlo mejor. Ni siquiera se estremeció esta vez. Sólo hubo una breve tensión que se desvaneció al momento.

“¿Me habrías tomado en cuenta de yo haber contado con algunas líneas de expresión en mi rostro y que se me note la edad que tengo?”

Muka se quedó en silencio, pensando por un largo momento. Era algo que nunca se había planteado.

—Tal vez —contestó—. Aunque lo veo difícil porque todo el tiempo esperaría que me regañe por no hacer mis deberes. Cosa que hace de todas formas —el joven esperó arrancarle una sonrisa con eso. Revolvió los cabellos negros, sedosos y abundantes, sin rastros de calvas—. Realmente no lo sé, señor. Es el tipo de cosas que nunca sabes a menos que sucedan. ¿Usted me hubiera visto de no ser por lo que hice?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro rió. Sí, lo hizo. Se sacudió, sin soltar al muchacho.

—Te lo digo por tu bien, ya no como maestro ni nada. —contestó finalmente, luego de controlar las risas.

“¿Usted me hubiera visto de no ser por lo que hice?”

Kiro se quedó meditabundo, acariciando el terso vientre de Muka, por debajo de la camisa.

—Yo creo que sí, Muka. —dijo al fin —. Sin embargo, Korr quiso que por alguna razón, ambos pasáramos por lo que pasamos. Quizás de otra forma, nuestra relación no habría sido tan fuerte. O tal vez no te habría valorado como lo hago hoy por hoy. Quién sabe.

Alzó la mirada y enfrentó los ojos negros de Muka.

—Pero de algo estoy seguro: me llenas de energías cada vez y le das alegría a la que una vez fue mi vida gris y aburrida, llena de culpa y malos recuerdos. —exhaló un suspiro, pero éste era un sonido de tranquilidad —. Si alguna vez creí que los mayores no podemos aprender de los jóvenes, estaba muy equivocado. Las mejores experiencias de mi vida y las mejores enseñanzas las obtuve justamente de ti.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

El rojo subió al rostro del joven al mismo tiempo que apartaba la vista. A veces la intensidad de los sentimientos del profesor le apabullaban, casi le intimidaban. Se obligó a buscar una respuesta, lo que sea con tal de no quedarse como un ridículo tomate mudo.

—Eso… eso es bueno. Me alegra saber que no lo arruino y usted está bien.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El profesor deslizó uno de sus dedos alargados por el perfil de Muka; delineó la delicada nariz, el contorno de los labios y bajó hasta el mentón.

—Te ves precioso cuando te sonrojas. Ya podremos hacer competencia para ver quien se sonroja más. —dijo Kiro, con una sonrisa, mientras lo bajaba nuevamente de su regazo y se levantó —. Bueno, ya hicimos la carta, yo corregí mi tanda de trabajos y tengo preparadas de antemano varias clases, así que cuento con la tarde y la noche libres… ¿hay algo que deseas que hagamos?

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Te ves precioso cuando te sonrojas. Ya podremos hacer competencia para ver quien se sonroja más.”

Muka esbozó una media sonrisa. A pesar de que le molestaba no poder evitar una reacción tan tonta como el sonrojo, tampoco podía dejar de notar lo guapo que se volvía Kiro cuando lo miraba así.

“Bueno, ya hicimos la carta, yo corregí mi tanda de trabajos y tengo preparadas de antemano varias clases, así que cuento con la tarde y la noche libres… ¿hay algo que deseas que hagamos?”

—Ahora que lo dice… —respondió Muka con una sonrisa apretando una nalga del profesor— se me ocurren algunas ideas de lo que podemos hacer.

El joven apretó, estrujó la firme carne. Luego deslizó un par de dedos por el medio del trasero, presionando con insistencia como para hundirse por ahí.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El mayor dejó salir un suspiro de sumo deleite. Un calorcillo recorrió uno de sus muslos y se alojó en su miembro, causando que éste se endureciera un poco. Apartó algunas cosas del escritorio y se recostó, exponiéndole el trasero al jovencito.

—Cuando me miras en clase siempre siento mis hormonas rugir. —le dijo con voz ronca —. Es como un secreto sucio pero que a veces tengo la impresión de que otros lo supieran, aunque sabemos que no es así.

Abrió las piernas y dejó ver el abultamiento que comenzaba a apreciarse entre ellas.

—Se siente un poco embarazoso tener erecciones en plena clase, debo admitirlo. Tengo la sensación de que no solamente tú te darás cuenta de ello. Por eso uso pantalones menos ajustados.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka frotó las nalgas cubiertas de tela, como un instrumento al cual valorara antes de utilizar.

— ¿Está seguro de que tiene la edad que dice? —inquirió quitándole el cinturón pero sin bajarle la prenda que sujetaba—. Con tanta calentura no tiene que envidiarle nada a ningún joven de mi edad. A mis 170 años sé cuándo es apropiado pensar en obscenidades y cuándo no. Un día de estos se va a notar ¿y qué explicación le dará a su clase? ¿Que la apasiona su materia? —Muka condimentó la burla con una breve risa. Dobló al cinturón por la mitad y acarició el trasero de los pantalones. Le dio un par de suaves golpes —. ¿Puede imaginárselo? Está recordando alguna de nuestras sesiones pasadas o de repente desea que lo toque y ¡buenas tardes! su amiguito saludará a un montón de jovencitos. Sólo un cuarto de la clase se escandaliza. El resto se relame los labios y piensa que para ser un viejo está muy bien cuidado. Pero sucede que sólo yo puedo probar qué tanto le gusta Lógica, ¿no es así? —Azote de cinturón—. Ni Myko, ni Pytro, ni nadie. Sólo yo. ¿O me equivoco?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La humillación disparó de golpes varios grados de calor en el cuerpo de Kiro.

—Tienes razón, soy un calentón sin remedio…— se mordió el labio pero de puro placer. Miró a Muka por encima del hombro, arqueando y ofreciendo aún más el trasero.

“¿Puede imaginárselo? Está recordando alguna de nuestras sesiones pasadas o de repente desea que lo toque y ¡buenas tardes! su amiguito saludará a un montón de jovencitos. Sólo un cuarto de la clase se escandaliza. El resto se relame los labios y piensa que para ser un viejo está muy bien cuidado. Pero sucede que sólo yo puedo probar qué tanto le gusta Lógica, ¿no es así? Ni Myko, ni Pytro, ni nadie. Sólo yo. ¿O me equivoco?”

Soltó un gemido con el azote; se estremeció con la imagen mental que Muka le estaba pintando. Se vio “ostentando” una gran erección frente a los ojos de algunos jovencitos escandalizados y otros que más bien manifestaban notoria hambre.

—Sólo tú, Amo, tienes derecho sobre mi cuerpo sucio y calentón. —contestó entre jadeos; ahora el abultamiento era absolutamente visible, aun cuando el pantalón era oscuro y no muy ajustado.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka empezó a pensar: ¿qué tan diferente serían los azotes con la ropa puesta? Buscó la erección que estaría bajo los pantalones y trató de rodearla pero le era difícil.

—Hum —expresó y abrió los cajones del escritorio, casi rozando la pierna del profesor. De uno de los de arriba sacó una tijera—. Quédese bien quieto, voy a hacerle un favor.

Sin la presión del cinturón los pantalones estaban más sueltos, permitiéndole a Muka llegar hasta la ropa interior tirando de ellos hacia un costado en lugar de hacia abajo. Así el joven cortó la tela de la ropa interior que pasaba por las piernas y la cadera, con lo que pudo tirar libremente de ella hasta sacarla afuera. Volvió a tocarle la entrepierna, ahora le era más fácil. Agarró del profesor desde el cabello y lo atrajo hacia sí; le embutió en la boca la ropa interior rota. Sonrió casi burlón.

— ¿A gusto, señor?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

¡Amordazado con su propia ropa interior! Aquello si era nuevo para Kiro, pero no por ello menos excitante. Su pene, ahora liberado, rozaba y se apretaba contra el pantalón, pero dejando ver gran parte de su medida. Cerró los ojos y se estremeció de placer.

“¿A gusto, señor?”

Kiro sólo pudo asentir, obviamente. Su boca estaba bien rellena con los retazos de su ropa interior.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—¡Perfecto! —dijo Muka exagerando su entusiasmo y lo liberó.

Sin piedad los golpes del cinturón cayeron entonces sobre el pantalón.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Ahora que no contaba con la “protección” de la ropa interior, los azotes se sentían muy intensos, debido a la fuerza de Muka y a lo fina de la tela de su pantalón. Como mínimo iba a quedarle el trasero bien sonrojado luego de la cueriza.

Empero, como ya conocemos a Kiro, a él no le molestaba tener ese rojez, y menos aún le molestaba que su Amo lo azotara y humillara. El masoquismo que consumía al profesor sólo abría sus grandes mandíbulas y ansioso, devoraba todo el dolor físico y emocional que el jovencito le causaba, transformándolo en disfrute, el cual sólo podía comunicar mediante gemidos ahogados por la prenda en su boca.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka dejó de golpear en determinado y alzó un poco el pantalón. Como un caldo destapado, el dulce aroma de la piel herida lo llenó causando un retortijón de hambre en su pecho donde su corazón le dolió en un furioso latido de ansiedad. Se lamió los labios tratando infructuosamente de controlarse. Se acercó al profesor, casi recostándose en su espalda.

—Señor… —dijo cohibido. A pesar del miedo perdido todavía no estaba acostumbrado a esa parte de su relación—, tengo hambre.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Un leve escalofrío recorrió a Kiro al escuchar a Muka decirle que tenía hambre. Bueno, esto iba a venir tarde o temprano, así lo supo desde aquella noche cuando acarició los largos caninos del jovencito. No tenía caso ni asustarse ni acobardarse. Además, había prometido servirlo como su esclavo, y eso naturalmente, incluiría darle de comer.

Pensó en quitarse la mordaza pero sabía que no debía, así que en vez de eso, miró por encima del hombro a Muka y le hizo un gesto de restar importancia; acto seguido, ladeó un poco la cabeza, exponiendo el cuello totalmente.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

El corazón en su pecho pareció relajarse un poco en una nueva sensación de calor. No le habría extrañado en nada que el profesor le dijera, tras quitarse la mordaza, que lo esperaría mientras buscaba algo de comer; es más, esperaba esa respuesta. Así que oír, más bien ver, exactamente lo contrario le sorprendía pero de la mejor manera posible.

Dejando el cuero de lado, Muka besó su cuello en un gesto de gratitud (las mejillas coloreándose de rojo) mientras le bajaba el hueco para la cabeza de la camisa. Anduvo por el camino de una vena invisible desde el hombro descubierto hasta el lóbulo de la oreja, que lamió como a una golosina.

—Relájese —sugirió en voz baja. Se sentía realmente cursi, hasta ridículo haciendo todo eso, pero no podía evitarlo. Actuar de otra manera le hubiera resultado imposible—. Cálmese o será peor para usted.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El profesor exhaló un suspiro largo; era deleite por lo bien que se sentía los labios y la lengua del jovencito, que recorrían esa piel sensible y delicada. Sus mejillas se tiñeron de intenso rojo carmín. Vaya, lo que comenzó siendo una sesión con humillación y todo, iba a terminar convirtiéndose en otro momento de entrega total.

“Relájese. Cálmese o será peor para usted.”

Kiro trató de destensar el cuerpo; cerró los ojos y se dejó llevar. Ya había entregado su cuerpo. Había entregado su corazón y sus pensamientos más íntimos. Había entregado su libertad.

Ahora iba a entregar su sangre, parte de su vida… y con ella, su alma.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Por lo menos el profesor estaba siguiendo correctamente su orden. Desnudarle el parte del hombro fue sencillo después de abrirle unos botones de la camisa. Dejó salir los colmillos (ese cosquilleo, anuncio de que crecían) y lo más rápido que pudo los clavó en la blanca carne. Un torrente rojo empapó su boca y fue inmediatamente engullido para servir de alivio a su corazón.

Cuando los primeros tragos pasaron por su garganta Muka sintió como su propio cuerpo se relajaba, saciándose, y sus latidos se volvieron más acelerados que lo usual. El sonido era como un tambor que alguien estuviera tocando en el cuarto pero debía mantenerse lo suficiente consciente para saber que sólo estaban ellos dos y no  podía permitirse perder el control. Ese no era un burdo criminal o buscapleitos al que no le importaría verlo morirse bajo su apetito. No era un borracho al que nadie esperaba en casa.

“Pero sabe tan bien” protestó la parte más glotona de sí mismo, chupando con más insistencia. Tan bien, tan bien. Esa parte no lo veía como un esclavo obediente, sólo una fuente que parecía no acabarse nunca.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Dejó salir un quejido de dolor cuando aquellas enormes agujas se enterraron en su cuello. Fue un dolor tremendo, tremendo, de los que Kiro jamás había sentido en su vida. Por otro lado, la sensación era algo que no podría explicar, era demasiado intensa como para ser descrita sólo en palabras.

Su cuerpo se fue aflojando un poco, mientras su cabeza seguía ladeada, con el cuello ofrecido a quien ahora más que nunca, sentía su Dueño. Para Kiro, darle la sangre significaba algo más que ser un mero alimento, era cederle parte de su vida. En ese momento, lo único que sabía era que si alguna vez abrigó dudas de si realmente le pertenecía a Muka, ya todas éstas se habían esfumado de golpe.

Bueno, Muka ya lo había salvado muchas veces. Ahora a Kiro le tocaba entregar algo a cambio, aún si el jovencito no lo veía de esa manera. Por eso la expresión de placer y entrega no se borró del rostro del profesor, a pesar del dolor que sentía.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Como un monstruo voraz su pecho se sentía cada vez más pleno sólo cuando el azúcar rojo llegaba hasta él. Gruñendo Muka apretó las mandíbulas, sin permitir que ni una sola gota se desperdiciara. Una vez que comenzaba a comer en toda regla era como si el mundo se diluyera como helado bajo el sol y sólo quedara su fuente de energía y aquel tambor y las venas reviviendo por todo su cuerpo.

De pronto tomó de los hombros al profesor y lo atrajo hacia sí, casi abrazándolo sobre el escritorio. De cierta manera él se posesionaba de cada cuerpo que mordía despersonalizándolos. En ese instante se volvían un medio para el fin, como un vaso para beber un licuado o una cuchara para servirse el postre. Los dedos de Muka apretaron a su presa voluntaria.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Volvió a quejarse cuando el jovencito le apretó el mordisco; era realmente doloroso sentir esos caninos moviéndose y encajándose aún más —si es que aquello era posible— en la piel de su cuello. Dejó salir un resoplido, mientras sentía su corazón tronar más y más rápido. Podía sentir también los dedos del jovencito hundirse en sus hombros, como un animal asegurándose de que la presa no se escaparía.

Aun con los ojos cerrados, le daba la impresión de que todo a su alrededor daba vueltas, y de que estaba aislado totalmente, apenas consciente del peso del cuerpo de Muka encima suyo; apenas consciente de los dientes que lo perforaban.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Muka se retiró. La sangre manó, tanto de su boca como de la herida, hacia el escritorio donde relució sobre el barniz. Estaba paralizado. Su cabeza daba vueltas o regresaba de algún lugar muy lejano con demasiada rapidez. El joven se lamió los labios temblorosamente y se esforzó en abrir sus manos; estas parecían más bien garras hundiéndose en el profesor.

El tambor había dejado de ser un tambor y volvía a ser el loco órgano que conocía tronando en su pecho, cada latido más espaciado que el anterior hasta volver al palpitar casi inexistente de costumbre. Pero aún olía sangre. Muka contempló la hemorragia y extrañamente no sintió ningún impulso de volver  a abrirla. Tan sólo se desgarró la piel de las muñecas con un brusco mordisco para iniciar el proceso de curación. El dolor, bien recibido, acabó de espabilarle. Cuando finalizó no se atrevió a tocar al profesor, aunque seguía encima suyo. Podía oírle respirar pero no ver su cara, que volteaba hacia el otro lado.

—Señor… —Cerró la boca, vacilando. Realmente no sabía qué decir. Una avalancha de pensamientos se abalanzaron sobre su mente, y entre la desorientación, no alcanzaba a expresar lo que sentía, fuera lo que fuera. Al fin se abrazó al mayor, pasando los brazos por su pecho, y enterró la mejilla en su espalda —. Gracias.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Para Kiro, le pareció que pasaron centurias. Abrió los ojos trabajosamente. El dolor había desaparecido, e incluso había dejado de sangrar. Trabajosamente se sacó la mordaza de tela que tenía.

“Señor… Gracias.”

El mayor sonrió, pero volvió a cerrar los ojos y dejó caer la cabeza contra el escritorio. Se sentía extremadamente débil.

—Llévame a la cama, monstruito. —suplicó en voz baja —. Y quédate conmigo… te necesito.

Levantó la mano débilmente hasta sentir la de Muka; los dedos largos de Kiro se entrelazaron entre los suyos y los apretó ligeramente. El rostro del mayor seguía con una sonrisa lánguida, pero de uno de sus ojos cerrados manó una lágrima, producto de la marabunta de emociones que se agitaban luego de aquella muestra de entrega.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Llévame a la cama, monstruito.”

“¿Mons… qué?” se preguntó Muka extrañado. Era la primera vez que el profesor lo llamaba así. No estaba seguro de si le gustaba o no pero, en fin, en otro momento le preguntaría por él.

“Y quédate conmigo… te necesito.”

Una punzada casi dolorosa en el pecho cuando Muka se apercibió del débil apretón de manos. De todas formas Muka le respondió con otro, aunque no sabía por qué. Luego le soltó para obligarlo a enderezarse y permitirle que lo cargara en sus brazos. ¿Era su imaginación o estaba más ligero que antes? No quería pensarlo.

Recostó al mayor en su cama, sobre las sábanas y, como le pidió, se acostó a su lado quedando cada rostro frente al otro. Muka sólo estaba ahí, inmóvil, intuyendo que vendría otro de esos momentos que lo incomodaban, pero sin idea de qué esperar.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró con el rostro de Muka frente al suyo. El frescor y la suavidad le indicaron que el jovencito efectivamente lo trajo a su cama.

—Lo siento. —susurró —. Algo pareció apoderarse de mi cuando me mordiste.

Exhaló un largo suspiro.

—Sé que estabas alimentándote, pero para mí, entregarte toda esa sangre fue… ¿cómo te lo explico? —hizo una pausa: —. Como si te estuviese entregando una parte de mi vida… y digamos que eso fue demasiado. Nunca me he entregado a nadie, como lo he hecho contigo.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Como si te estuviese entregando una parte de mi vida…”

“Y lo hizo” pensó Muka. Para él no se trataba de algo intrascendente el que el profesor le permitiera morderle. En los momentos que más sentía su dominio sobre el profesor más evidentes eran las punzadas en sus colmillos deseando apropiarse en todos los aspectos de lo que se ofrecía. Al aceptar su lado vampiro, el profesor acababa aceptando la parte más difícil de sí; esa que engendraba un miedo constante en su vieja madre. Tan sólo unos instantes más y el profesor hubiera perecido. Sin reservas, sin miedos, había puesto la vida en sus manos.

Aunque no sabía gran cosa del sentimiento de entrega y la sumisión, podía hacerse una idea del gran impacto que realizar semejante sacrificio causaría en alguien. Él también viviendo cosas tan nuevas y tan numerosas que llegaba a preguntarse qué diablos se había metido y por qué no volvía con los servicios pagos. Pero de alguna forma siempre terminaba olvidándose de esos pensamientos y los reemplazaba con nuevas sesiones, nuevas ideas dedicadas al mayor. Pytro, aunque lo intentó, jamás le hizo experimentar algo así. A veces tenía miedo. A veces deseaba tanto tener al profesor que debía contenerse para no visitarle en medio de la madrugada.

Lo que el profesor había hecho, le había permitido hacer, era una de las razones por las que se quedaba, de eso estaba seguro. Sin embargo no tenía las palabras para expresar tal idea, no de una manera coherente y lógica que no lo pusiera en completa vergüenza. De modo que, combatiendo sus propios sentimientos, Muka se limitó a acercarse al profesor y dejar reposar su cabeza sobre el pecho de éste. Prefirió no verle mientras repetía “gracias” y se sentía arder el rostro.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

La sonrisa no se borró del rostro de Kiro. Más bien se limitó a suspirar y a recibir a Muka en su pecho. El contacto cálido, el “gracias” en susurros apremiantes y algo ahogados eran recompensas suficientes para el profesor.

«Mi estúpida madre estuvo todo el tiempo llamándome maldito, cuando al fin el mentado masoquismo sólo me trajo paz » pensó Kiro, sonriendo para sus adentros, mientras rodeaba a Muka en sus brazos y le acariciaba detrás de sus largas orejas.

—Que te den, pendeja. —fue lo que susurró con una risita satisfecha.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Que te den, pendeja.”

— ¿Y eso? —inquirió Muka desde su cómodo refugio, algo somnoliento—. ¿A qué viene?

Las caricias detrás de sus orejas parecían desenredar los hilos que habían mantenido tenso su cuerpo.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Sin dejar de acariciarlo, Kiro contestó en voz baja:

—Me refería a mi madre. Que le den. A la final, ser “maldito” fue lo que eventualmente me liberó y me trajo paz…— los dedos de Kiro iban y venían detrás de la oreja de Muka, y subían un poco al cráneo —. Pero no lo habría logrado de no ser porque me liberaste de aquella prisión horrorosa en la que estuve metido durante más de cuatrocientos años.

Acunó al jovencito, que seguro se sentía adormilado por las caricias y la llenura de su estómago. Kiro entendía un poco la sensación, nada como una comilona y una siesta para ser feliz.

—Has estado tan tenso. Relájate, y déjame cuidar de ti, tal como lo has hecho conmigo.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

“Has estado tan tenso. Relájate, y déjame cuidar de ti, tal como lo has hecho conmigo.”

Muka se sonrió.

—Usted es el que ha perdido medio litro de sangre y aún dice eso —comentó y entonces se irguió, de repente alarmado—. No se siente mareado, ¿verdad? Puedo traerle algún dulce o algo de vino, si quiere.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Kiro le ofreció una sonrisa tranquilizadora.

—No, Muka. Sólo me siento un poco débil. Creo que vino y una bomba de chocolate puede ponerme en forma. Podrás conseguirlo todo en la cocina. —contestó, sin dejar de acariciarlo. Aprovechó que se irguió para deslizar el dorso de su mano por su rostro suave y marfileño.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

La caricia, tan simple y ligera, causó otro principio de sonrojo en el joven que se deslizó de encima del profesor y se dirigió a la cocina sin decir palabra. Una vez encontró la comida y una botella de vino ya abierta se las llevó al profesor.

Para entonces su rostro había vuelto a ser tan pálido como siempre y se quedó sentado de piernas cruzadas esperando que el profesor se complaciera. Echó un vistazo al reloj sobre la cómoda y se asombró de que hubiera pasado más tiempo del que creía. Vio las ventanas. Apenas ahora se daba cuenta de la baja intensidad de la luz solar. Su madre ya debería haber vuelto a casa de su trabajo como secretaria en la Horda de la Risa.

—Oiga, debo hacer una llamada. Para decirle a mamá que me quedaré a dormir en la casa de Pytro esta noche. ¿Le importa que use su teléfono?

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

Cuando Muka le trajo la comida, devoró y bebió con avidez. Quizás era por la urgencia de su organismo por reponer la sangre y los azúcares perdidos. Mientras comía, escuchó la petición del jovencito.

—No hay problema. —señaló el teléfono que estaba en la mesa de noche —. Ve con confianza.

Mientras Muka se disponía a llamar, Kiro prosiguió su comilona. Se estaba sintiendo un poco mejor, pero por dentro estaba feliz. Indescriptiblemente feliz.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

—Sí, má. No, su mamá está de acuerdo. Iré con él mañana a la escuela, tengo todo lo que necesito aquí  —El joven hablaba de espaldas al mayor. Tenía la sospecha de que si lo miraba mientras su madre lo oía por el auricular se le escaparía algún comentario que, como mínimo, sonaría extraño o se echaría a reír—. Vale. Nos vemos.

Arreglado el asunto, Muka colgó el teléfono y se recostó en la cama estirando todo el cuerpo, como si ya la sintiera propia. Miró al techo colocando sus manos bajo la nuca y cruzando los tobillos. Esa iba a ser la primera vez que se quedara a dormir en la casa del mayor pero no sentía ninguna ansiedad, si no más bien una sencilla calma y algo de pereza.

Se quitó el calzado con el talón del pie opuesto y, descalzo, dio un ligero empujón a la rodilla del profesor como un recordatorio de la situación: “oiga, estoy aquí, acabo de morderlo, usted está vivo y no me he sentido mejor en mucho tiempo.” Una media sonrisa delataba lo último.

Kiro ~~ Es oficial, monstruito: te amo, aunque aún no estés listo para saberlo ~~:

El profesor escuchaba a Muka hablar con su mamá, y una media sonrisa se coló en su rostro. Algunas veces le costaba volverse a acordar que Muka seguía siendo un jovencito. De un tiempo para acá, y especialmente luego de aceptar ser su esclavo, se le hacía demasiado difícil.

Para cuando Muka colgó, Kiro ya había terminado de comer, y sólo sorbía una copa de vino de fresa. Se hizo a un lado para hacerle lugar, y dejó la copa en la mesa. Cuando Muka le dio aquel golpecito, Kiro sonrió como tonto. Se le quedó viendo fijamente antes de abrazarlo y dejarse llevar al mundo onírico.

Muka ~~ No sé por qué, pero siempre quiero estar junto a usted, ¿por qué será? ~~:

Apenas el mayor encontró su acomodo se había dormido como un tronco. No le extrañaba: perder tanta sangre, pese al vino y la comida, tenía que dejarte molido. Muka se movió lo suficiente para colocar una almohada larga bajo sus cabezas y decidió que se tomaría aquel sueño él también. Si despertaba en medio de la noche con ciertas necesidades (y no necesariamente alimenticias) ahora podía estar seguro de que no tendría por qué reprimirse.

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Un pensamiento en “Un monstruito se comió mi corazón. 4

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