Anti-Odio. 2

Capítulo 2: El karma es un mal amigo.

“Hazte su amigo”

En su propio castillo, Foop lo pensó detenidamente. En verdad, el mayor problema sería el propio Poof, acabó determinando. Porque si Poof no tuviera tan buena suerte, si no fuera tan popular, si no fuera el adolescente favorito de todo el mundo mágico, el mejor deportista ¿qué razón quedaba para odiarlo? Ciertamente no su personalidad. No le era odioso per se. No era tan tonto para despreciarlo (tampoco un genio como él pero ¿quién podría ser un genio como él?). No era extremadamente cursilón ni charlatán. No era el típico chico de las fiestas ni uno de esos trolls que insistían en tirarle manzanas podridas porque sus notas eran las mejores de todo el curso. Todavía recordaba que mientras eran pequeños tomó en serio la posibilidad de ser su amigo ya que su antipatía por el teatro era la misma. Luego tuvo que venir Rizos Dorados con sus ojazos dulces a arruinarlo todo.

Pero ahora ella no contaba. Poof y ella no duraron ni dos meses después de la obra. Para entonces él ya se había dado cuenta de lo poco interesante que era y lo insensato que sería seguir buscándola cuando ni siquiera le entraba en su minúsculo cerebro las cuatro letras que eran su nombre, Foop. Ella y Poof permanecieron como amigos, dedicándose saludos por el pasillo y ocasionales “¿cómo estás?” en cuanto se veían, pero hasta ahí. Así que ni aún cuando le interesara la chica podía seguir resentido con su contraparte por ella, ya que a él no le importaba de ese modo. Eso sería absurdo.

Resumiendo… sí, más que nada era por ser el señor Don Suerte. Muchos de sus planes fracasaron sin que moviera un dedo, simplemente por circunstancias azarosas que resultaron estar en su contra. De más de la mitad Poof ni se enteró. Pero si se cambiara su suerte y se volviera un ser mágico común y corriente, ¿quién sabe?

Así que sólo había una cosa por hacer.

——

Las brujas eran los únicos humanos capaces de controlar la magia. Ellas estaban libres de los inconvenientes de hacer aparecer cosas de ninguna parte, como la amplia posibilidad de perder el control de ellas apenas adquieren pensamiento propio. Lo que les faltaba en potencia lo compensaban en exactitud. Atraían las cosas de una forma más segura y controlada, siguiendo condiciones específicas. Claro que demoraba mucho más tiempo pero respecto a temas muy delicados, lo mejor era tomárselo con calma si se quería un buen trabajo.

Lo malo de ellas era que todas cobraban demasiado. 1000 dólares, 600, 700 por una sesión. Y luego el cliente debía pagarles los elementos a usar. Malditas tacañas, pensó Foop sentado en la sala de recepción de la Bruja Matilda, la bolsa con el dinero que robó de un banco bajo el asiento. Matilda era la única bruja que en toda la Internet mágica se promocionaba como libre de toda regla. Magia blanca, negra, rosa, roja, verde. Ella las usaría a favor del cliente si éste lo deseaba. Y cobraba más que ninguna. 1500 dólares.

Foop había estado investigando y después de dos semanas descubrió que era verdad. Los humanos vivían hablando de algo llamado karma y cómo estos se volvían en contra de quienes obraban para desgraciar a otros. Las brujas de magia negra siempre ponían condiciones molestas para sus trucos. Una paloma viva, el pelo de alguien, la sangre de otro alguien. En luna llena, luna creciente, menguante. En mes de febrero, marzo, abril. Y verse limitadas por ese tipo de insignificancias menoscababa, a ojos del hada, su pretendido poder. Además siempre advertían que las cosas podrían salir “no como uno las planeaba o no resultar en lo absoluto.” Bah. Debiluchas, eso es lo que eran.

—¿Señor Foop? —dijo la recepcionista, una elfo de pelos rojos. Tecleaba en una computadora tras un escritorio gris. Ese mueble, el aparato y ella misma eran lo único de color en la habitación blanca—. Puede pasar ahora.

Otra particularidad: Matilda era parte del puñado de brujas que empleaba a criaturas mágicas.

—Gracias, señorita —dijo el anti-hada flotando hacia la puerta.

Comparó la oficina de la bruja con el consultorio de un abogado pero con la ausencia de los diplomas. Ella misma era una mujer en sus treinta, pelo verde manzana arreglado en un estilo moderno y vestida sobriamente de morado. Cuando él se sentó estaba arreglando unos papeles frente a ella. Se acomodó los lentes para mirarle. Ciertamente no le sorprendía que el anti-hada no llegara a tocar en ningún momento el asiento. Ni la piel azul o las alas de murciélago en su espalda. De hecho lo único que observó con relativa curiosidad fue la bolsa con el signo del dólar que tenía en su regazo.

—Buenos días. Leí acerca de su situación en el email que me envió, señor Foop —dijo la bruja—, pero no especificó qué es lo que desea que haga. Y por cierto —Volvió a acomodarse los lentes—, luce mucho más joven de lo que esperaba. ¿Cuántos años tiene, si no le importa que pregunte?

—16 —respondió el anti-hada un poco fastidiado. ¿Qué importaba su edad en ese momento?—. Antes de que se lo pregunte, no, no necesito permiso de mis padres para hacer nada. Me independicé de ellos hace mucho tiempo y estoy aquí completamente por mi cuenta.

—Ya veo —dijo la bruja asintiendo y consultó unas hojas—. Bueno, usted mencionó que es un anti-hada y está buscando la manera de afectar la suerte de un hada, ¿es correcto?

—Así es.

—¿De qué manera quiere que sea ese efecto? ¿Quiere que le vaya mal o mejor de lo que ahora?

“Si le fuera mejor ahora él sería el Amo del universo” pensó Foop molesto por la insinuación.

—Ni lo uno ni lo otro —dijo firmemente—. Simplemente quiere que dejen de irle bien las cosas. Aun sin que él mueva un dedo todo le sale a pedir de boca. Pretendo que eso termine. No me interesa hacerle daño de momento.

La bruja tomó una pluma y comenzó a anotar.

—Entiendo. Así que no es cuestión de agregarle mala suerte, sólo de quitarle la buena.

Por lo menos no era ninguna tonta, se dijo Foop con alivio y asintió su aprobación.

—Correcto.

—Bien, no hay ningún problema. ¿Desea algo más?

“No” iba a hacer su respuesta inicial pero, viendo lo sencillo que parecía, comenzó a pensarlo mejor. Como se tardaba en responder, la bruja lo miró.

—¿Señor Foop?

—¿Sería posible cambiar la mía también? —inquirió el adolescente rascándose la barbilla-. Sé que a pesar de que haya pensado hasta en el último detalle mis planes de dominación mundial se ven rápidamente deshechos por las cuestiones más tontas. Si no es mi culpa, y estoy seguro de que no lo es, debe ser mi propia suerte jugándome en contra. Y siendo así, quisiera eliminar la mala que yo cargo.

La bruja ya había sido informada de que le hablaba al futuro dueño del universo y ser mágico más poderoso de todos los tiempos. En el e-mail le había dicho que si cumplía correctamente sus demandas, cuando gobernara se aseguraría de que no sufriera tanto como los demás. Si todo salía como lo pensaba tal vez incluso lo cumpliría.

—Claro, eso puede hacerse —afirmó la bruja y esbozó una media sonrisa—. Pero le costará un poco más.

—El dinero no es problema —respondió el adolescente.

Siempre podía ir a otro banco y manipular los sistemas de seguridad agitando su pluma. La afirmación pareció complacer a la bruja.

—De acuerdo —Se puso a anotar otro par de cosas y le adelantó una hoja. Señaló una línea punteada con el otro dedo—. Necesitaré su firma aquí y el nombre del hada a quien quiere que le cambie su suerte aquí.

—¿Para qué? —cuestionó Foop por primera vez desconfiado.

—Pura formalidad —contestó la bruja sonriendo—. Y si tengo su firma será más fácil rastrearlo en caso de que no tenga el dinero.

Foop se olió una maldición detrás de las letras morado brillante. Tomó el contrato en sus manos y se tomó su tiempo para leerlo detenidamente, en busca de letras pequeñas que pudieran perjudicarle. Su padre siempre le había dicho que en cuestión de contratos mágicos nunca se podía estar demasiado seguro. Era una letra pequeña lo que le forzaba a quedarse hasta el postre cuando iba a cenar con sus padres.

—Modificación del karma —leyó en una parte, interesado. El contrato decía que el cambio de suerte se consideraría una modificación del karma y debía tomarse como tal—. ¿Qué es esto del karma? Lo oí de otras brujas pero parece un concepto tan vago cuando se refieren a él.

—Es bastante sencillo en verdad —dijo la bruja—. Es una acumulación de buenas o malas acciones que influyen en la vida de los individuos. Esta hada a la que, según usted, le sale todo a pedir de boca seguramente viene de una larga familia de hadas que hicieron el bien por mucho tiempo. Lo que llamamos buena suerte no suele ser más que un buen karma heredado por los padres. Claro que también está el otro lado, los que tienen mal karma heredado por sus padres y abuelos.

—Eso tiene sentido —comentó Foop pensando en la propia malignidad de su padre. Fue su padre uno de los anti-hadas que creó la enfermedad de la vaca loca y propagó la mala suerte en los días de Martes trece. En cambio tío Cosmo y tía Wanda habían salvado el universo más de una vez así que lo que le explicaban tenía su lógica—. De modo que, cambiando nuestro karma…

—Haciendo que desaparezca —aclaró la bruja.

—¡No me interrumpa! —exclamó el anti-hada—. Así que haciendo que nuestro karma desaparezca, nuestras suertes cambiarán.

La bruja continuó impasible. Había tenido clientes más difíciles y el pequeño arrebato no le afectaba.

—Exacto. También es parte del trato asegurar que no haya nuevo karma, de manera que no vuelva a haber ni buena o mala suerte.

Foop se tiró suavemente del bigote mientras esbozaba una sonrisa maligna. Obviamente había sido lo más listo acudir ahí. Pero un nuevo pensamiento le hizo fruncir el ceño.

—No hay forma de que esto me perjudique en algún futuro lejano o cercano, ¿verdad?

—No, claro que no —respondió la bruja moviendo la mano como espantando una posibilidad ridícula—. La falta de karma elimina que la magia se le vuelva en contra.

—Mmm —dijo Foop rascándose la barba mientras volvía a leer el contrato. Aclarada su duda ya no tenía nada que objetar acerca de lo que ahí había. De pronto le emocionó la eficiencia de la bruja y la idea de que tal vez sería amo del universo antes de lo que pensaba. Sin duda sería indulgente con la bruja cuando eso sucediera. Sonrió como niño al que prometen contarle por centésima vez su historia favorita—. ¡Está bien!

Con su propia firma escribió alegremente su nombre al final de todo y un poco más arriba puso “Poof Fairywinkle-Cosma”. Cuando le entregó el contrato a la bruja no pudo resistir lanzar una de sus carcajadas malvadas que venían de familia en su caso. La bruja le dejó ser mientras ponía su propia firma y guardaba la hoja en una carpeta rosa.

—Páguele a la recepcionista al salir, por favor —dijo cuando el anti-hada, todavía riendo, se dirigió a la puerta—. Se le enviará una factura con el precio total cuando todo esté listo.

Foop hizo un gesto de estar de acuerdo y salió. Ya un poco más calmado dejó la bolsa de billetes caer sobre el escritorio de la elfo y, sin prestarle atención al “que tenga buenos días” de ella, se retiró flotando.

“Prepárate para tu nuevo mejor amigo, Poof” pensó y no pudo evitar demostrar su satisfacción con otra malévola risa. Agitó su pluma y desapareció en medio de una nube de polvo azul.

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