Miel y metal. 15

“¿Eres paciente y comprensivo?”


—————–

No fue del todo casualidad, pero Kate no lo diría. Sabía que esa mañana había otro alumno a parte de ella llegando temprano a la escuela cuando el conserje, después de recibir su soborno correspondiente, le preguntó si estaba en algo con la “otra chica.” La joven le preguntó a qué otra chica se refería, pensando en algún cerebrito que realizaba un proyecto de ciencias antes de iniciadas las clases, pero el hombre la desconcertó al decir “esa chica judía criticona.”

De todos modos tenía que dirigirse al aula del coro. El armario del fondo guardaba una hoja con la ubicación de todos los grupos de la escuela en las mesas de la cafetería, dejado la tarde anterior por un nerd al que prometió el número de Brittany. El número que casualmente Brittany cambiaría antes de que pudiera llamarla. Pero en lugar de la oscuridad mitigada por el sol matinal usual, las luces estaban prendidas y algunas notas salían del piano. Cuando abrió la puerta oyó que no era lo único que había ahí. Sollozos, de los que se mezclan con hipidos y deja sin aire.

El largo cabello castaño y la espalda de un suéter bordado, seguro con un animal estampado en el frente, le aclaró cualquier duda que pudiera guardar sobre su identidad. Lloraba indudablemente y de vez en cuando tocaba las teclas blancas distraídamentes. Canciones infantiles, simples, mecánicas. No supo bien qué hacer. Pensó en la opción de retirarse del aula, esperar en otro sitio a que saliera y pretender que no se había enterado de nada. Incluso puso la mano sobre la puerta para cerrarla silenciosamente y respetar su privacidad, pero en cuanto dio el paso hacia atrás Rachel se encogió sobre sí misma y lanzó un gemido irreprimible. No, no podía dejarla así.

Se aproximó con cautela, sin estar segura de cómo proseguir. Desde el episodio en el techo en el que la morena no la delatara ya no sabía bien qué esperar de ella y no podía imaginar cómo sería tomada su presencia.

—Hey —dijo con voz suave.

Rachel reaccionó como si de un disparo se tratara. Se irguió de pronto y comenzó a enjugarse el rostro con un pañuelo sacado a toda velocidad.

—Buenos días —respondió con voz tensa, sin volverse—. ¿Vienes para hacer otra de tus bromas?

—Más o menos —contestó Kate, dando otro paso—. Hey ¿estás bien?

De inmediato se sintió tonta por decirlo. Rachel continuó dándole la espalda.

—La verdad no —respondió. Luego de un momento de tensión, agregó—: Finn y yo terminamos.

—Eso jode —comentó Kate—. ¿Qué pasó?

—Bueno… —dijo Rachel volviéndose de lado, mostrándole una mitad de su rostro levemente colorado—. La versión corta es que nos dimos cuenta de que las relaciones a larga distancia no son lo ideal para nosotros. La larga es algo de lo que preferiría no hablar ahora.

—Lo lamento —dijo Kate, sin poder evitar sentirse una intrusa ahí. Pero ¿qué podía hacer? “Es muy triste lo tuyo pero tengo mejores cosas que hacer en este momento.” La chica no le caía tan mal.

Rachel no parecía esperar gran cosa de ella. Se pasó el pañuelo por justo debajo de los ojos otra vez y se levantó de su asiento, dirigiéndose al bolso que había dejado en las gradas. Kate aprovechó el breve receso de la mayor incomodidad para sacar la hoja de papel que sobresalía de debajo de la puerta del armario y guardárselo en el bolsillo trasero de sus jeans.

—¿De qué se trata esta vez? —preguntó Rachel, mirándola de reojo.

Kate encontró cierto alivio en ese cambio de tema. La miró directamente, a ella con sus ojos rojos y parpados hinchados y cualquier rastro de recelo se esfumó en el acto.

—Las mesas de los grupos en la cafetería. Todavía no sé qué hacer con eso, pero siempre es bueno saber.

—Claro —respondió Rachel. De la nada, como si alguien hubiera presionado un interruptor, enterró el rostro en sus manos y se sentó en la grada. Los puños los apretaba tan fuertes que los huesos le sobresalían blancos bajo la piel.

Kate esperó, incapaz de moverse. Los sollozos volvieron al poco rato. La rubia cerró los ojos y respiró profundamente. Terminó sentada al lado de la chica y esta, al sentir la mano en su hombro, se volvió hacia ella para aferrársele mientras dejaba salir la tristeza y otro montón de cosas que antes había guardado para sí. “Lo lamento” murmuró enterrando el rostro en su hombro. Kate se quedó estupefacta al principio pero, instintivamente, como parte de un reflejo, le palmeó la espalda con torpeza. Estaba divida entre la simpatía y la confusión. No estaba acostumbrada a la franqueza inmediata de las personas extrovertidas.

El momento duró uno o dos minutos, pero pareció mucho más tiempo cuando el torrencial de emociones se calmó. Kate no se atrevía a moverse. Rachel fue la que empezó a alejarse, restregándose las mejillas. La rubia no sabía qué decir.

—Lo lamento —dijo Rachel sin mirarla, con la voz algo agitada—. No pretendía hacerlo. Me dejé llevar por el momento.

—Está bien —respondió Kate, rascándose la nuca, incómoda—. Tampoco hiciste nada malo.

—Es que aún es muy repentino —dijo Rachel secándose el rostro con el pañuelo. Era como vaso lleno; una vez volteado, nada iba a detener que se derramara—. Todo sucedió recién anoche. Sabía que cuando se mudara iba a ser difícil pero no pensé que todo terminaría así. Habíamos hecho planes para las vacaciones. Iba a visitarme incluso en épocas de clases y él iba a cantar conmigo en mi fiesta de cumpleaños. Todavía no puedo creer que nada de eso pasará ahora.

—Lo lamento —repitió Kate. Se sintió tonta por no poder ofrecer mayor consuelo.

—Yo también —dijo Rachel elevando un poco la vista—. Te dejé manchada la camisa.

—¿Lo hiciste? —inquirió Kate mirándose el hombro. Un leve manchón oscuro de máscara para pestañas había aparecido ahí—. Ah, ni cuenta me di.

La situación no era normal para ninguna de las dos. Aunque habían tenido sus roces, esencialmente eran un par de desconocidas. Kate se mordió el labio y comenzó a tararear en voz baja con la vista dirigida al techo.

—Made a wrong turn, once or twice. Dug my way out, blood and fire —Rachel la miró, inclinando la cabeza—.Bad decisions, that´s alright. Welcome to my silly life.

—¿Qué es eso? —preguntó Rachel.

La rubia sonrió, algo sonrojada.

—Fucking Perfect, de Pink. Es mi favorita de ella.

Dado que el título incluía una palabrota, Rachel encontró el hecho extrañamente apropiado.

—No la conocía.

—No es su canción más popular —comentó Kate, encogiéndose de hombros—. La escuché de casualidad por la radio, justo después de haber terminado con Alice. Desde entonces me hace sentir mejor.

—Eso es lindo —comentó Rachel, asintiendo—. A mí no se me viene ningún título a la mente en este momento.

—¿Sabes qué entendí luego de lo de Alice? —dijo Kate, adquiriendo mayor confianza—. Cuando terminas con alguien, lo que más jode es cómo se siente con uno mismo. Es como “¿qué? ¿no soy lo suficientemente buena para ti?” Y eso apesta.

La mirada de Rachel se volvió distraída, como si recordara cosas pasadas.

—Lo sé. Esta no es mi primera ruptura —dijo, implicando en su tono que no quería ahondar en eso.

—Pues la letra de Pink habla sobre eso. Cuando ella empezó nadie creyó que iría muy lejos. Incluso su propio agente le dijo que debería ser más como Britney Spears si quería triunfar en la música. Nunca le hizo caso ni le importaron las críticas. Y cuando estuvo a punto de divorciarse, en lugar de quedarse sentada escribió “So what?” y resultó ser uno de sus temas más populares. Genial, ¿no? —Rachel no respondió, pero sonrió de medio lado como para dar a entender que sabía adónde se dirigía. Kate ya se sentía más en su elemento al hablar de algo que le era familiar, pero al ver ese gesto estaba más animada—. De hecho, esa canción pensaba presentar en Glee para la tarea de Schuester.

—No funcionará —dijo Rachel de repente.

Kate frunció el ceño.

—¿De qué hablas? ¿Por qué no?

—Sus voces son demasiado diferentes —explicó Rachel. Mientras más hablaba, más se parecía a la Rachel de todos los días. Perfeccionista pero sin falta de razón—. La suya es de tonos más bien bajos y la tuya es aguda. Son prácticamente opuestos. Conociendo otros trabajos suyos, deduzco que las notas más bien reprimirían tus puntos fuertes en vez de exponerlos. Si quieres interpretar correctamente una canción suya deberías modificar la tonada para que se amolde a ti. Ya viste lo que hice con esa canción de Kelly Clarkson.

—Ya —dijo Kate, pensativa—. Pero no tengo ni idea de cómo hacerlo. Apenas sé tocar un La Mayor en la guitarra y eso es todo. Supongo que se lo puedo pedir a Alex o Justin.

—Si quieres puedo ayudarte —soltó Rachel espontáneamente. El ofrecimiento pareció tomarla incluso a ella por sorpresa, por lo que agregó rápidamente, bajando la vista—: Claro, estoy acostumbrada a trabajos así y por lo tanto puedo ofrecerte una excelente calidad.

—¿Segura? —inquirió Kate.

—Por supuesto —afirmó Rachel y luego se encogió de hombros—. Pensaba en trabajar en un proyecto para mí misma, pero, como dije, no se me ocurre ningún título ahora mismo. Y hasta que así sea, ayudarte con tu tarea será algo que hacer.

—¿Qué pasó con lo de la competencia? —preguntó Kate, risueña, y casi al momento deseó no haberlo hecho.

 

No era momento para sacar cosas en cara, no hacía falta ser un genio para saberlo.

—¿La verdad? —dijo Rachel, sonriendo a medias—. En estos momentos estoy dispuesta a dejar ese asunto de lado. Aun así, no creas que esto significa que dejaré de luchar por los solos.

Kate se rió un poco de buena gana. Sólo por eso, pensó que oficialmente la chica le simpatizaba.

—Lo que tú digas, chica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s