Aire, aire

Amaneció como todos los días. Respiraba pero había soñado que no. Se levantó y puso orden en el cuarto. Hizo el desayuno, lo comió y llamó al trabajo para decir que no iría. Ondeó la sábana frente a la ventana para quitarle lo sucio. Seguía respirando. Puso nuevas. Ladridos en el pasillo. Un gato escapó del balcón. Seguía respirando. Limpió todo lo que era necesario limpiar y sacó la basura. Su vecina de arriba le saludó. No le contestó. Reordenó lo que le pareció que necesitaba reordenarse. Seguía respirando. Pasos pesados por la escalera. Comenzaron a discutir apenas él atravesó la puerta. Ella le chillaba que no podían seguir así, él le contestaba a los gritos. Buscó una bolsa de plástico y se sentó en el sofá. Ahí arriba, ella era despreciada, él atacado sin razón.  ¿Por qué seguían juntos? En serio, ¿por qué? Él no lo sabía, ¡no lo sabía! Seguía respirando. Ella dijo que mejor se fuera y cerró de un portazo. Lloró con el alma desgarrada apoyada contra la pared.

Abajo, hacía diez minutos que había dejado de respirar.

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