Planes rebuscados

Fandom: Los padrinos mágicos.

Claim: Juandissimo/Remy.

Género: Shounen—ai.

Resumen: Cuando Remy regresa a casa con su padrino mágico, todavía tiene preguntas que hacer.

Después de que Jorgen dejara caer la base de su varita en el suelo, Remy volvió a reconocer el parpadeo polvoroso que presidía al reemplazo absoluto de todo por otro ambiente. En esta ocasión, una de las catorce salas de estar de su mansión. Ni siquiera se preguntó en cuál de todas ellas estaba. Seguía sosteniendo esa cacerola asquerosa que había hecho aparecer Jorgen. El olor no era ni la mitad de desagradable que su aspecto. Ni un dragón podría haber vomitado algo más…

—¿Qué diablos es esto? —le preguntó a su padrino.

Juandissimo estaba “reencontrándose” consigo mismo en el espejo sobre la chimenea. Hacía poses y y probaba sonrisas continuamente, encontrándolas sin excepción, irresistibles. Remy tuvo la sensación de que estaba pasando por un nuevo deja vu.

—Disculpa, ¿qué cosa? —dijo Juandissimo, dirigiéndole una mirada distraída por sobre el hombro. Remy dejó la cacerola innombrable sobre una mesilla y la señaló—. Ah, no tengo idea de si tiene nombre. Junté lo más nauseabundo que encontré en la cocina y lo calenté.

—Aguarda un segundo —Remy frunció el ceño, tratando de hacer memoria—. Si no me equivoco, en el pasado todas tus comidas eran excelentes.

—¡La comida… —dijo de pronto Juandissimo, levantando el puño y golpeando contra su pecho— como la moda es una PASIÓN del alma pura! ¡Los que no pueden apreciar su belleza no merecerían ni siquiera tener bocas!

Fue como una flecha, como una bombilla que se prende, como un vaso que se rompe. De cualquier manera que un autor quiera decorarlo, de pronto Remy lo supo.

—Tú… —dijo. Juandissimo se volvió hacia él y sonrió— tú cocinaste mal apropósito. Y dejaste que Jorgen lo comiera para que así te permitiera volver y luego yo… Hasta fue adrede que escogieras el restaurante favorito de Jorgen, ¿no es cierto?

—Soy masajista del más exclusivo spa del Mundo Mágico —le recordó Juandissimo, volviendo a sus poses—. ¿Por qué iba a trabajar como cocinero? Si lo hubiera hecho yo por mi cuenta habría sido contra la reglas, pero ya que Jorgen está a cargo de las reglas, bueno, puedes imaginarlo.

Remy estaba estupefacto.

—Pero… entonces tú lo planeaste todo desde el inicio. ¿Por qué?

Juandissimo sonrió. Remy la recordaba. Juandissimo decía tener 37 sonrisas para distintas ocasiones. Esa era de las poquísimas que no necesitaban subtítulo, simplemente porque no se suponía que fuera planeada. Salía cuando Juandissimo abandonaba sus afanes de actuación. Sólo fue un segundo. Luego le dio la espalda para volver a su contemplación.

—No es nada hermoso abandonar a un niño que necesita ayuda, ¿no te parece?

Remy desvió la mirada pero nada que hiciera evitaba lo que sentía en su pecho.

—No necesito ayuda —declaró, sonrojado. Pero agregó—: Gracias de todas formas.

—De nada —dijo Juandissimo elevándose sobre él—. Así que ¿te apetece un aperitivo?

Remy miró la cacerola, dudoso.

—Oh, por favor, como si algo tan horrible pudiera salir de estas manos mágicas —resumió Juandissimo haciendo desaparecer el revoltijo de pulpo mutante con un pase de varita—. No tener idea de cómo hacer una cena decente no es nada sexy.

Y le hizo aparecer un banquete que los mejores chefs sólo soñarían.

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