Dos negativos no hacen un positivo

Fandom: Los padrinos mágicos.

Claim: Nega Timmy/Timmy.

Raiting: No apta para menores de 16 años.

Resumen:  Ha pasado un año desde que Timmy perdió la apuesta en las Olimpiadas Mágicas y Anti-Cosmo está harto de su actitud apática. Para cambiarlo Anti-Cosmo traerá a un personaje del pasado

Anti Cosmo ya estaba cansado. ¡Un año, un año entero y no había conseguido ninguno de sus grandes objetivos! Pensar que había estado tan contento después de haber ganado las estúpidas Olimpiadas Mágicas que Anti Wanda tuvo que echarle un vaso de agua a la cara para detener su risa maligna. El primer paso fue el mejor: la despedida. La tristeza en las voces y rostros de los inútiles de sus contrapartes, el llanto histérico de ese bebé que casi provoca un cataclismo y la mirada del niño después… grande, tristona, brillando como un cristal destruido, a punto de llorar en todo momento. A Anti Cosmo le encantaba. Luego esa luz rota se fue apagando, disolviéndose hasta tomar la forma de un ceño fruncido de forma permanente. Poco a poco dejó de parecerse a un niño de diez años y más se asemejaba a un adolescente acomplejado cuyos padres no lo entienden. Apenas si les dirigía la palabra para otra cosa que no fuera advertir que Foop había hecho estallar nuevamente su alcoba.

Nadie podía decir que Anti Cosmo no puso de su parte para cambiar la situación. Excursiones al campo, juegos de competencia extremos, encuentros de lucha libre, estúpideces bárbaras que a los humanos, vaya uno a saber, encantaban tanto. ¿Y cómo se lo agradecía ese pequeño malcriado? Con cuatro intentos de escape, nada menos. El hecho de que ahora estuviera recluido al castillo y sus alrededores era en exclusivo su culpa. Lo único que el anti pretendía de él es que dijera las palabras mágicas, las palabras que harían valer la pena todos sus esfuerzos, y el condenado niño lo sabía. Durante el paso de los meses el silencio de Timothy no hacía más que endurecerse como cemento y su paciencia se estaba agotando.

Su último gesto había dado al traste con ella. Había organizado la mayor fiesta de cumpleaños que el Anti Mundo hubiera visto. Se trajo a las mejores bandas (que en el mejor de los casos sonaban como gatos ahogándose en ácido), a los mejores chefs (que cocinaban arañas de forma exquisita), a los mejores decoradores, arrojó la casa por la ventana, como dicen, aunque en realidad no le costó un centavo pues ser el líder de los antis tenía sus ventajas. Ya todo estaba listo, la pila de regalos en un rincón, las mesas de comida espantosa preparadas… faltaba nada más el cumpleañero. Anti Cosmo lo buscó muy confiado, seguro de que esa muestra de cordialidad acabaría calentando el interior del muchacho y se animaría a darle una mano con su deseo de dominación universal. Creyó tantas cosas. Hasta que notó que el muchacho no estaba en ningún sitio de su habitación y le llegaron los gritos de sus invitados desde el piso superior. Se hizo aparecer a tiempo de ver a Timothy convertir en cenizas absolutamente todo lo que habían preparado. Aparentemente había robado el lanzallamas del cuarto de su hijo en un momento en que nadie se dio cuenta.

Todo quedó arruinado. A nadie le habría importado festejar entre restos de carbón oscuro y adornos convertidos en polvo. Le daba a todo un aire tan deprimente que de hecho habría sido divertido. Pero Timothy insistía en apuntar a todos los presentes hasta finalmente correrlos por las salidas más cercanas, sin dejar de reírse como un real maniaco. De no ser porque estaba a punto de incendiar el salón de su castillo esa risa le habría hecho sentir orgulloso. Cuando el sitio ya se encontró vacío, cuando el último de sus preparativos dejó de existir, en fin. cuando el combustible se acabó, Timothy dejó de reír y le sonrió. Le sonrió como si él hubiera conseguido la dominación universal sin su ayuda. Sólo por eso Anti Cosmo no le quitó la TV.

Pero estaba claro que no podía dejar que algo así pasara de nuevo. A Anti Wanda le tomó varios botellines de leche y golpearse en la cara varias veces con un sartén (menos que no había que temer por daño cerebral) para lograr que Foop dejara de llorar porque usaron su lanzallamas. Y algo le decía que no había conseguido ningún avance con su fiesta.

Esa noche se le quejó a Anti Wanda con que ya estaba harto de esperar en silencio. Barajó, no por primera vez, ponerle algo en su comida para forzarlo a pedir el deseo que esperaba, pero Anti Wanda soltó la contra que le había oído pronunciar cientos de veces.

—El niño tiene que desearlo de verdad, sin iyuencias extreñas, querido.

—Es influencias externas, amor —dijo soltando un suspiro y dejándose caer en su trono—. Si no puedo forzarlo ni hacer que le agrade estar aquí no sé qué diablos hacer con él.

—Tal vez se siente solo —Anti Wanda pronunció esas palabras con su usual acento, rascándose la cabeza mientras miraba al techo, como si el pensamiento lo hubiera recogido del aire y no saliera de ella.

Anti Cosmo alzó una ceja. Jamás lo había considerado. Y eso sí que era sorprendente.

—¿Tú crees?

—Sí —dijo Anti Wanda con la vista perdida. Atrapó a una mosca que volaba y se la metió a la boca—. Mira a nuesto hijo, por ejemplo. Estuvo tanto tiempo en confinamiento solitario que creó a Clarice para tener a alguien con quien hablar. Tal vez si traes a alguien con quien Timmy se sienta en confianza sería más fácil de manejar.

Anti Cosmo no cabía en sí del asombro. Nunca había sucedido que su esposa pensara en algo tan coherente y lógico. Sobretodo algo que no había concebido por sí mismo. Eso podía significar un tremendo avance en las funciones cerebrales de su esposa o…

—Querida, ¿cuántos golpes te diste con la sartén?

—No lo sé —dijo ella volviéndose. Uno de sus ojos lo miró, pero el otro giró hacia abajo—. Unos cientos, creo. ¿Por qué?

“Debo tener esa sartén cerca”, pensó Anti Cosmo levantándose. Qué extraña sensación, la de no estar casado con una cabeza de chorlito redomada. Pero sin duda sería temporal. Tenía que serlo, ¿cierto? Sí, Anti Wanda atrapó otra mosca y trataba de comérsela por la oreja.

—Por nada. Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.

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