AntiOdio. 16

Capítulo 16: No mami, no papi.

Desde hacía dos meses que la Oscuridad había sido liberada y, contrario a lo que Foop esperaba, todavía estaba aguantando un discurso en lo absoluto deseado acerca… ya no sabía qué. Había empezado con un montón de palabras acerca de la cena que iban a degustar y en cuanto empezó a intuir que nuevas sugerencias respecto a sus nuevos planes iban a ser pronunciados, llevó su mente a analizar unas complejas ecuaciones que había visto en un libro.

Por supuesto, a los minutos de haberla visto ya las tenía resueltas, pero ahora trató de tomarse su tiempo para llevar a cabo cada operación y revisar cada número. De vez en cuando tenía imágenes de Poof saliendo detrás de un ocho y tenía la misma cara que tuvo entonces hacía unos días, en una cafetería destinada a quebrar porque todo lo que daba a sus clientes era diarrea.

Intentó sacarlo la primera vez para no perder la concentración, pero luego pensó que si x era igual a 3 entonces y sería igual a 27 y Poof lo miraba espantado cada vez que mataban a alguien en la pantalla del cine, luego de haber dejado todo el piso resbaloso de otro competidor. Se contentó con una porción de palomitas con mucha sal mientras Poof se había traído por lo menos tres clases de dulces.

Al final las palomitas se las había acabado el hada pero no hubo problema porque se lo recompensó más tarde en la sala de proyección mientras el encargado se tomaba un descanso y, al volver, batallaba con la puerta trancada. Todo idea suya, por supuesto, llevada a cabo sin ninguna resistencia. Poof se mordía los labios para no reírse de los sonidos que les llegaban del otro lado.

Parecía un verdadero diablillo recién descubriendo el mágico sabor de las travesuras. Las personas en la sala reclamaban por la tardanza y algunos sonaban de verdad furiosos. Si al terminar llenaron involuntariamente cada rincón con mariposas y murciélagos, que espantaron al empleado y espectadores, sólo fue la guinda del pastel.

Momentos así se daban muy de vez en cuando, pero se los tomaban sin prisas, alegremente, con lo que parecía más inaudito que todavía no cayera un meteorito desde el cielo a arrasar con toda la existencia. En las Noticias Mágicas se hablaba de la gran nube oscura que había aparecido en los confines del universo y cómo se lo iba tragando todo a su paso.

Cada día se mostraban nuevas imágenes de su avance. Era increíblemente aburrido. La nube se movía tan lentamente que parecía estática o alguna especie de caracol deforme. Tardó varios días antes de que succionara por entero al planeta más cercano y cuando sucedió casi era para aliviarse de que por fin pasara algo.

—¿Eso es la gran Oscuridad? —inquirió Foop, con el esperado escepticismo, viendo la misma pantalla que sus padres en el salón—. ¿Nuestra creadora? Actúa más bien como una abuelita. Todos esos años de cautiverio debieron haberla afectado.

—No deberías subestimarla, hijo mío —reprochó Anti Cosmo, revolviendo su té—. Cuesta mucho trabajo cambiar la naturaleza misma de las cosas de forma permanente, contra cualquier magia o argumento. La Oscuridad primero tomará todo lo que esté a su alcance, lo analizará y regresará a su sitio en la forma en que le fue mandado hacerlo. Mientras más cosas tenga que tomar, más tiempo le costará.

Foop se hizo la imagen mental de una enorme computadora antigua a la que se le introducen demasiados datos de una vez. A él le había pasado con algunas, incluso con las más nuevas, que se volvían lentísimas llegado cierto punto. No había deseado volverse un Pixie más que ninguno de los otros seres mágicos o anti mágicos, pero en verdad resultaba decepcionante esa lentitud. Como un real anti clímax.

De todos modos esa circunstancia tenía sus partes buenas como malas. Lo bueno es que todavía tendría tiempo para hacer las cosas que deseaba, aun con sus irritantes limitaciones encima. Lo malo es que esas limitaciones (también llamadas como “lo que es mejor para la familia”) no acababan con su turno en la cafetería.

—Foop, tengo la impresión de que no me estás escuchando.

—Por supuesto, padre.

—¿Qué acabo de decir?

—Lo que digas, padre.

—De tín marín de don pingue.

Sonido de asentimiento.

—¡Foop! —exclamó Anti Cosmo de improviso. El hijo dejó caer el tenedor de la pura sorpresa, como si acabaran de despertarlo por la mañana. El anti hada se levantó de su asiento—. ¡Jovencito, si vas a fingir que me oyes por lo menos ten la cortesía de inventar respuestas falsas más originales! Es un insulto que creas que puedes llevar toda una conversación con tu padre sólo estando de acuerdo.

“Me ha funcionado bastante bien hasta ahora”, pensó Foop, conteniéndose una risa sarcástica. Como si acabara de darse cuenta de que lo habían llamado, volvió al anti mayor una mirada distraída.

—Disculpa, ¿dijiste algo? —inquirió, con su mejor imitación de Clarice.

La cara de Anti Cosmo se puso morada. Eran placeres así de pequeños pero satisfactorios lo único que hacían llevaderas a esas cenas. Y este fue todavía más pequeño porque pronto Anti Cosmo se obligó a recuperar la calma. Lo logró con mucha más rapidez que de costumbre, quizá por la práctica a la que lo sometía su hijo.

—Foop, ¿por qué tenemos que hacer esto cada noche? —preguntó de pronto.

Foop siguió sin despegar los ojos de su plato y se encogió de hombros. Tenía por lo menos mil millones de respuestas que darle a su padre, pero no quería alargar la cena más allá de lo necesario. Comenzó a comer el postre, rápido pero fingiendo tranquilidad, aunque sabía que su padre lo estaba mirando.

—Hijo, deberías saber que si te hablo de todo esto es sólo por tu…

Sus últimas palabras fueron eclipsadas por una ruidosa alarma que llenó el salón comedor. Foop vio que luces moradas comenzaban a dar vueltas y vueltas desde varios lugares en la pared. Sin molestarse en lo absoluto en explicar nada, Anti Cosmo hizo la mejor impresión que Foop le hubiera visto de alguien completamente tomado por sorpresa.

—¿Tan pronto? —preguntó a nadie.

—¿Tan pronto qué? —preguntó Foop casi gritando.

—Nuestra madre viene —anunció Anti Wanda, por primera vez, igual de desconcertada que su marido.

Foop apenas le entendió algo.

—¿Qué?

Pero no hizo falta que nadie le respondiera. El desprendimiento del techo, con los crujidos y pedazos de madera volando por todas partes, fue bastante aclaración. No fue propiamente succionado, si no tragado por una enorme nube oscura. En las fotos no se veía pero no era la Oscuridad yendo hacia sus objetivos, ella los atraía con la fuerza de una aspiradora industrial mientras se quedaba en un mismo sitio. Las paredes más cercanas al ángulo por donde venía la nube desaparecieron e igual la chimenea completa.

Los cabellos de Anti Cosmo se movieron hacia arriba, en un curioso estilo punk, y se aferró a la mesa en cuanto su cuerpo comenzó a elevarse también. Las uñas se clavaron en la madera y esta también se movió con él. Las patas perdieron contacto con el suelo en el mismo momento en que todo el banquete desaparecía.

—¡Se suponía que tardaría al menos una semana más con Marte! —chilló el anti hada, mucho más irritada que alarmada.

Al final tanto él como el mueble fueron levantados en el aire y desaparecieron en medio de la algodonosa oscuridad. La blusa de Anti Wanda se estiró.

Foop, sin tener la menor idea de lo que hacía, estiró la mano y agarró la muñeca de su madre en cuanto esta fue atrapada por la fuerza del viento. Antes la estupefacción le había mantenido paralizado como si alguien le hubiera inyectado un veneno en las venas, pero ahora su cuerpo pareció moverse por voluntad propia. Incluso se escuchó a sí mismo pronunciar la palabra “no”, aunque no se dio cuenta.

Lo único que mantenía a Anti Wanda en el Anti Mundo era la mano de Foop.

Este trató de llevarla hacia sí pero era difícil teniendo que luchar contra la misma fuerza para que no lo llevara a él también. Sus pies, a los cuales había llevado al suelo para intentar reducir aun más las posibilidades de arrastre, resbalaban continuamente. Se agarró a un pilar sólido.

—Está bien, pequeño —le dijo Anti Wanda, sonriéndole. La ignorancia sí que debía ser una bendición porque no estaba en lo absoluto preocupada. Sólo estaba ahí, como si ese fuera cualquier otro día—. No importa. Tú ve con Poof, con él estarás a salvo.

—No —repitió Foop con una voz muy, muy chiquita.

No quería soltarla.

—Está bien, yo quiero acompañar a tu padre —le aseguró su madre, comprensiva—. Y seguro tú estarás bien con el hada aquel. No te preocupes, estaremos bien del otro lado.

—No… —dijo Foop, sintiendo que la mano se le iba. Su madre había abierto los dedos, renunciando a cualquier resistencia. Él agarraba los dedos como podía pero era imposible no notar que era una batalla pérdida—. Espera…

—Ve con Poof, pequeño —reafirmó Anti Wanda, soltándose del todo. Foop estiró la otra mano, sin conseguir nada. En menos de un par de segundos su madre estaba muy lejos de su vista, un punto azul entre tanto negro—. ¡Y recuerda comer tus vegetaleeeees! —pronunció antes de desaparecer.

Foop sólo se quedó ahí. La nube continuaba ahí, tan campante, y avanzó un poco en cuanto descubrió lo que quería tragarse necesitaba de su cercanía. Parecía una inmensa mole, una montaña tan alta que se mezclara con el cielo. Imponente. Puro poder concentrado en una figura tan grande. Era prácticamente la madre de todo el universo. Era hermosa.

Y ella quería devorarlo.

—Es hora de irnos, cielito —dijo Clarice usando sus labios y fue la voluntad de Clarice, no la suya, quien agitó la pluma mágica.

Poof y Jeremy estaban en la habitación del primero viendo una película que el segundo se supone que no debería ver. La historia iba de un grupo de amigos que apostaban a quedarse una noche entera en el manicomio. Ellos creían que sus amigos desparecían por miedo, pero en realidad eran asesinados uno por uno por un loco que nunca quiso abandonar su hogar y fue la razón de que clausuraran el edificio.

Poof ya la había visto y sólo por eso estaba seguro de que Jeremy podría soportarla. Apenas había sangre o algo gráficamente violento. Más que nada eran persecuciones, gritos y parpadeo de luces. La restricción de edad era por palabrotas. A él más bien le parecía algo aburrida.

Por eso no se daba cuenta de que Jeremy estaba temblando a su lado y que cada vez que el asesino aparecía, siempre con la camisa mugrienta y manchada de sangre, escondía el rostro tras un cojín.

Estaban justo en el momento clímax, cuando el protagonista y el loco se enfrentan. El protagonista se había ocultado en una oficina y creía estar a salvo de momento, mientras afuera los pasos del asesino se alejaban. Pero no. Se vio en primer plano la cabeza del asesino girar, moviendo la nariz como si oliera algo putrefacto, y volver sobre sus pasos.

El protagonista aferraba la boca de una botella, dispuesto a batirse con ella, aunque nada podía hacer contra su respiración acelerada y el sudor corriendo por su rostro. El arrastre de las viejas botas contra las baldosas. Un paso, dos, tres…

Y un poof azul en medio de la pantalla. Con las luces apagadas sólo pudieron distinguir una figura negra levantando algo que bien podría haber sido un cuchillo. Jeremy chilló con todas sus fuerzas. Poof aplaudió en el acto, iluminando el cuarto. Mientras el protagonista de la película gritaba, la melena revuelta de Foop le provocó una sonrisa que desapareció apenas cayó en cuenta de su expresión desorientada.

—¿Qué sucedió? —preguntó.

Jeremy miró por encima del cojín, primero a su hermano mágico y luego al otro ser. Jamás en su vida lo había visto pero si Poof lo conocía, no debía ser alguien malo. Suspiró de alivio.

—¿Foop? —insistió Poof al ver que no respondía.

El anti hada bajó la pluma y por fin lo miró. Pareció que su cerebro tardaba unos segundos en lograr ubicar su rostro en el banco de su memoria y encontrar la razón por la que se había aparecido en la habitación de su contraparte.

—La Oscuridad apareció en el Mundo Anti Mágico —anunció, con una voz chillona que debía salir de Clarice pero no lo hacía. Era suya. De él y su ansiedad—. Estaba cenando con mis padres y ella se los llevó. Apareció, se tragó al techo y se los llevó. No pude… no pude… no pude…

Hiperventilaba. Foop era una criatura que ni siquiera necesitaba respirar y, sin embargo, estaba hiperventilando. Poof no tenía idea de qué decirle, y a falta de cualquier palabra, lo abrazó. Los brazos del anti lo rodearon igualmente, algo débil, entretanto su lengua parecía trabada en un sólo par de palabras.

—No pude… no pude…

Su voz se hizo cada vez más pequeña hasta finalmente desaparecer. Foop lo estrujó entre sus brazos, como si de su interior pudiera exprimirle algún consuelo. Con su rostro azulado apretado contra su hombro, Poof sintió la humedad contra su cuello y lo único que podía hacer era tenerlo más cerca. No se ponía en su lugar imaginando lo que sentiría si llegara a vivir la misma experiencia. No lo necesitaba para sentir esa opresión en el pecho y el deseo súbito de poder compartir su pena para que ya no le fuera tan molesta.

Jeremy no entendía nada. Sabía que no tenía lugar en esa escena, y sin embargo ahí estaba. Quería irse y dejar que esos dos resolvieran sus asuntos en paz. Comenzó a salir del sofá, deseando con todas sus fuerzas no hacer el más mínimo ruido que los alertara. Ya había logrado escabullirse fuera de la zona del sofá cuando un relinchido le hizo detenerse.

El sonido estaba tan fuera de contexto como él mismo y por eso no podía retirarse hasta saber de dónde había salido. Lo descubrió observando la pantalla tras los dos seres. La película de terror había sido reemplazada por un episodio de My Little Pony. Ni siquiera sabía que lo transmitían a esas horas.

Y no sólo eso. Debajo del par de figuras abrazadas había surgido un amplio prado de flores que se extendía segundo a segundo. El olor de muchas flores dulces llenó el cuarto. Entre sus pies un pequeño conejo blanco retozaba. Cerca de las paredes revolotearon aves de distintos colores, todas piando alegremente. El sofá se había convertido en un arbusto de margaritas. Todo en menos de unos segundos.

“Menos mal que creo en la magia”, se dijo con un sentimiento de aturdido desconcierto. “Porque si no ver esto me volvería loco.”

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