Tres microrrelatos

Relación insana

Eran dos asesinos naturales, pero no lo sabían hasta que se enamoraron. No habían cruzado una sola palabra cuando ya habían eliminado cualquier posible competencia. Destruidos los mundos a su alrededor, se encontraron como los únicos oponentes en pie. La lucha fue lenta, sagaz, punzante como cuerdas bajo la piel. Cortinas sangrientas, violines chillones, gargantas abiertas y lágrimas porque tanta belleza hubiera en este mundo. Hubo deseo bajo el odio, rabia sobre el amor. Al final, fue inevitable el enfrentamiento, bastante cerca de la cama. Mordidas, tirones, un dolor tan placentero que pareció romper al universo entero y destruirlo en húmedas exhalaciones. No se recuperaron al mismo tiempo. Antes el más alto sacó la navaja de debajo del colchón. Susurró “te amo”, antes de hacer uso de su arte.

Apocalipsis

Todo empezó mal. Ella era demasiado fuerte, demasiado veloz, demasiado segura sobre sus pasos. Creían que con haber leído las antiguas novelas tenían definidas a las de especie de pechos hinchados. Se suponía que serían sus sirvientas y ellos las mantendrían a salvo, las atenderían como un tesoro viviente. ¿Pero de dónde salió esa mano de uñas largas encontrándose con su mejilla? Ella escapó.
No podían dejarla ir, a la última que quedaba. Les costó todo regresarla a la vida. La necesitaban. El hermano menor del líder cacheteado fue quien la encontró, viviendo en la intemperie a base de lo que cazaba. No era dulce con ellos, ni amable ni agradable. Los veía cual objetivos para sus piedras cuando ellos querían tratarla como antes. Sólo el hermanito, ignorante, lograba hacerla actuar como una persona en vez de bestia. Le pidieron ayuda para evitar la extinción. Dijo sí. Un sí condicionado.

Sombras chinas

Fue el mejor espectáculo de sombras que vieron alguna vez. Nadie se explicaba cómo un par de manos podían formar monstruos tan intrincados, hacerlos creer que sus alas membranosas agitaban el aire hasta el techo. ¡Y sólo un hombre detrás del espectáculo! Sólo él, sus manos, su ingenio y el toldo para cubrirlo.
Las luces cambiaban. ¡Mira qué espectáculo con ese tono rojo y las figuras de los aldeanos perdiéndose en las nubes negras! ¡Qué realistas los movimientos de las colas sobre las montañas altas! Los niños rieron cuando se comieron a todos los corderos. Los padres aplaudieron cuando el dragón se rió tras destruir las casas de un soplido. Al encenderse las luces, el maestro salió tras el toldo y les agradeció, reverente. Esataba demasiado oscuro para que ellos vieran el sudor que cubría su frente, lo abiertos que estaban sus ojos desde que las nuevas sombras aparecieran.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s