Así que mi cuento no califica

El rechazo es parte de la vida. Eso lo tiene que saber y asumir cualquier persona que desee dedicarse a cualquier profesión donde dependa de la aprobación ajena, tal como es la literatura en su aspecto menos romántico. Es sano ser rechazado de vez en cuando. Te da humildad, una nueva perspectiva y, a veces, te anima a tratar con más fuerza para la próxima. A probarles a la gente que no creyó en ti que estaban equivocados. A Harry Potter lo rechazaron en doce ocasiones antes de convertirse en el fenómeno que acabó resultando. A Hemingway otras veintisiete. Es así, para el común de los mortales es inevitable.

Pero eso no significa que sea agradable. Y es todavía peor cuando descubres que las razones detrás del hecho no fueron tan inocentes como “no me pareció un buen trabajo.” A veces las razones son un completo asco. A veces la gente que debería dedicarse a leerte con más atención que el lector promedio, a causa de un tema que por lo general es del todo válido, da una repasada por encima y te echan a la basura.

No tengo mucha experiencia con el asunto. Sólo participé en un concurso de blogs antes y el desencanto resultante me convenció de mantenerme alejada de esos eventos por un buen tiempo. No era el haber perdido lo que me desilusionó, sino que el ganador final resultara una porquería pseudo poética que, además, estaba muy mal escrita. Si te van a patear el trasero siquiera esperas que lo haga alguien bueno, no cualquier imbécil de la calle.

Pero este año he decidido cambiar las cosas, me he querido mover y empezar a darme a conocer. El club de las escritoras parecía un lugar tan bueno para empezar como cualquier otro.

Hace unos meses el susodicho club abrió una convocatoria de relatos para su antología anual. Sería de tema romántico para celebrar el día de San Valentín. Mentiría si dijera que estallé de emoción al verlo, pero decidí darle una oportunidad porque al menos me permitiría publicar. Usé el universo de Voces huecas para el cuento y lo envié, más que satisfecha porque hubiera cumplido con el plazo y las condiciones.

Lo querían romántico, así que lo hice romántico a mi manera. Pidieron que tuviera un final feliz, le puse un final feliz. No querían romance paranormal, no puse romance paranormal. Pedían cierto número de páginas así que, aunque tuve que editar y cortar partes, lo ajusté a ese número. Había que enviarlo antes de cierta fecha, lo envié antes de cierta fecha. No debía tener sexo, no le puse sexo. Vamos, que querían un lindo y bonito cuento amoroso para ir acorde a la fiesta. No tuve ningún problema al respecto. A nadie le viene mal algo de azúcar de vez en cuando.

Repasé una y otra vez las condiciones, cuál era el máximo y el mínimo, las reglas. Lo mandé, demasiado ilusionada. Incluso cuando amenazaron con olvidarse del proyecto porque la participación no fue tanta como la esperada, yo fui de las pocas idiotas que dijo lo injusto que sería para las autoras que se esforzaron para presentar un trabajo aceptable. Dije que aunque fuéramos nada más cinco chicas, debía seguir adelante. Era mejor tener un libro de pocos cuentos hechos con esmero que uno de cientos y todos una basura.

Así que esperé hasta que finalmente saliera la lista de relatos seleccionados y veo que no está mi cuento, Le festin. Una decepción, seguro, pero nada digno de cortarse las venas. Habrá sido que los otros relatos eran demasiado bueno, que ya no había lugar para uno más. Me ganaron limpia y justamente, esas cosas pasan. Es lo que estaba pensando hasta que vi alguno de los títulos seleccionados…

Díganme la verdad, ¿qué tanta originalidad esperarían ustedes de títulos como “Reencuentro en San Valentín”, “Volveré en San Valentín” o “Amor Antes de San Valentín”? ¿De títulos como “¿Fueron Los Celos Tus motivos?”, “Te Esperaré Siempre” y “El Día Que Tú y Yo no Pudimos Besarnos”? O de algo que se llama “Rayito de Sol.” ¿Cuál es la primera impresión que les dan esos títulos?

A mí me sonaron cursis, la verdad. Si los hubiera visto en fanfictions.net o en una librería los habría pasado de largo. No me sorprendería encontrar esos títulos en los foros de malos fics. De hecho creo que los vi así por ahí. Infantiles, cursis, clichés, empalagosos, ingenuos. Poco interesantes, nada imaginativo. Pero yo no los he leído, así que no puedo juzgar toda la obra sólo por sus títulos. Puedo, y en mi cabeza lo hago, pero no de verdad pues eso sería injusto con las autoras.

La duda, no obsantante, ya estaba ahí. ¿Esos fueron los títulos que me derrotaron? ¿Esos cuentos fueron los que me dieron la patada? ¿Ellos fueron quienes me superaron? ¿Ellos? ¿En serio? Parece una broma, de verdad. Otros títulos sí parecieron interesantes. Buenos, creativos y, de haber sido el resto de ese modo, no habría tenido ningún problema.

Ah, pero la entrada no se acababa ahí. Abajo se mencionaban errores de las obras que sí lograron entrar, dirigidos a las autoras, y como que en ese punto la nariz comienza a picarme porque:

1_Uno no cumplía con la extensión mínima.

2_A otro le falla el desarrollo.

3_ Tres relatos (no uno, ni dos, tres) no tenían el tipo de letra exigida.

4_El mismo que no cumplía la extensión mínima tenía una trama floja, personajes débiles y le faltaba “sustancia.”

Es decir, los había mal escritos, mal presentados, mal desarrollados, forzados… y esos fueron los relatos que lograron pasar. No cumplían con los mínimos requisitos, lo que en otros sitios ya era un “mejor suerte para la próxima” seguro, pero de todos modos los aceptaron, dejándonos a ocho autoras más fuera. Una cosa es haber equivocado la letra o pasarse de página, lo que se puede arreglar relativamente fácil, otra es hablar de la trama y los personajes, el corazón mismo de la historia. ¿Tan malas erámos el resto que a estos cuentos tuvieron que aceptarlos a pesar de todo?

¿No es algo para extrañarse ya? ¿No es suficiente para meter sospecha? Ah, pero con sospechas no se construye el mundo. Quizá sí son excelentes esos cuentos. Quizá sí eran terribles nuestros cuentos en comparación ¿no es así? Sí, sin duda, y yo estoy haciendo un escándalo por nada, veo aliens donde no los hay sólo para no admitir que mi trabajo no es tan bueno, porque no puedo reconocer que no doy la talla. Qué importa que me haya desvelado para poder terminarlo. Qué importa que haya editado varias veces para poder entrar en el límite. A nadie le importa que haya madurado la idea durante casi dos meses. No, no cuando es obvio que el resultado es inferior a lo que tan prestigiosa se merece. Es así, ¿verdad?

Eso, hasta que le pedí a la señorita que organizó todo el evento, Dulce, que me dijera, por favor, qué tenía de malo mi relato que no pudo calificar. A lo mejor era un error que podía corregir para futuras obras, algo a tomar en cuenta y mi inmenso ego de escritora no me permitía discernir. Ella, y esto sí se lo reconozco, fue lo bastante amable para buscar las palabras de las juezas para que las viera.

Oh, y ahí es cuando el picor de nariz se convirtió en peste. Nombres no incluidos. Jueza número 1 dijo:

*”Le festin”: este relato no termina de quedarme claro. Es de ciencia ficción, se ambienta en un futuro donde las personas parecen relacionarse mediante un mundo digital, un ciber espacio donde adquieren apariencias y ambientes a placer. Como Sims 😛 Pero en ese sentido hay confusión, pues los protagonistas no se conocen en persona y sin embargo el narrador parece poder comparar entre el real y ciber Lillyand. Estuve un buen rato confundida porque no me quedaba claro el sexo de los personajes y pese a sus nombres femeninos ambos son hombres. No estoy segura de que el relato cumpla con lo que se pide: el romance es escaso, sino nulo, hay que solucionar estos temas que no quedan claros, no se menciona San Valentín, el final es abrupto, hay que hacer una limpieza de expresiones (no me sorprendería que la autora fuese argentina, abundan los “boludos, carajo, culo”), no creo que los personajes tengan una relación de ningún tipo más allá de la amistad, ciber amistad, aclaro. Creo que hay cosas, expresiones, ideas, que no están claras ni definidas.

Jueza número 2 dijo:

*Tiene muchos errores y palabras desconocidas (está basado en un relato que se desarrolla en una “realidad virtual” y posee referencias tegnológicas que no se comprenden, solo una la explica). Además, es una relación entre dos hombres, pero uno de ellos se llama Enmanuelle y al inicio lo llama Emma, por ahí yo me confundía sin saber si era un hombre o una mujer.

¿Ya ven lo qué apesta aquí? ¿Ya perciben qué horrible ejemplo de ignorancia y parcialidad estamos viendo? ¿No? ¿Todavía contemplo aliens que no existen? Bueno, entonces tendremos que ir por partes para que se entienda mi punto.

este relato no termina de quedarme claro. Es de ciencia ficción, se ambienta en un futuro donde las personas parecen relacionarse mediante un mundo digital, un ciber espacio donde adquieren apariencias y ambientes a placer. Como Sims 😛

No, no es para nada como los Sims. Si lo vamos a comparar a cosas de nuestros tiempo, el Estado Beta (el dichoso ciberespacio ese), tiene más similitudes con Second Life aunque tampoco sería acertado. Esto se debe a que en ese Estado las personas sienten todo lo que pasa en el universo: si hay viento, si hay frío, si hay calor, si se sumergen en agua… creí que sería más que obvio cuando puse que Emma sentía el suelo bajo sus pies desnudos. Pero ¡qué estoy diciendo! ¡Para eso habría que poner atención a lo que describían las palabras! ¿Y cómo puedo yo esperar que estas honorables juezas pierdan su tiempo leyendo una a una las oraciones en cada trabajo que debían juzgar? ¡Por dios, que hablamos de pobres seres humanos, no máquinas de lectura!

Pero en ese sentido hay confusión, pues los protagonistas no se conocen en persona y sin embargo el narrador parece poder comparar entre el real y ciber Lillyand.

Seré burra yo pero ¿si el narrador, que se mantiene sujeto a lo que Emma conoce y sabe, sabe la diferencia entre el personaje de la realidad y el virtual, podemos deducir fácilmente, tipo uno más uno es igual a dos, que ellos dos sí se conocen fuera de ese espacio? Cómo deben de sufrir mis lectores a diario con una escritora como yo, que los cree adivinos, genios o algo así para andar imaginando esas cosas ellos solitos.

Estuve un buen rato confundida porque no me quedaba claro el sexo de los personajes y pese a sus nombres femeninos ambos son hombres.

No, claro, porque la cantidad de veces que me referí a Emma (diminutivo de Emmanuel, un nombre para nada extraordinario, muchas gracias) con el pronombre “él” y a Lilliand (como se ve, no hay y en ningún lado) como un hombre se presta a confusión fácilmente. Debí haber puesto algo como “Emmanuel Gabriel Mártiz, un hombre bien macho y bien atractivo que, a pesar de su machedad, por caprichos del universo que no nos corresponde a nosotros cuestionar, era llamado injustamente Emma”. Entonces ahí no habría habido ninguna confusión, ¿cierto? De paso dejamos claro lo súper guapo que es el macho, para que los lectores disfruten todavía más, y todos sentirán pena porque lo llamen de una forma tan maricona como Emma. Sí, es así como debe ser. ¡Muchas gracias por apuntarlo!

¡Tengo tanto que aprender de ustedes!

Y sólo para dejar claro: es Lilliand. Creo yo, si te vas a quejar de los nombres de una obra deberías por lo menos escribirlos bien. En mis listas negras literarias, si no me acuerdo cómo se escribía un nombre y me daba pereza buscar, no lo ponía directamente. Me refería a él o ella de otra forma. Aunque el personaje fuera una real basura, les concedía esa mínima muestra de respeto.

Pero esa soy yo y es obvio que una escritora que cometa la infamia de esperar que sus lectores sea algo más que espectadores debe tener serios problemas de juicio.

A continuación viene una lista de mis horribles crímenes. Los trataremos uno por uno.

Primero:

No estoy segura de que el relato cumpla con lo que se pide: el romance es escaso, sino nulo,

¿Perdón, cómo fue eso? Disculpa, no puedo oírte por el sonido de los fragmentos románticos que estoy tomando de mi propio relato.

Se me está cayendo uno. Se me cae, se me cae…

El día de San Valentín -dijo el hombre, reclinándose hacia atrás. Su camiseta de látex negro mostró el reflejo de la luna concentrándose en su abdomen-. Tuve la loca idea de celebrarlo contigo como lo hacían en los viejos tiempos.

¡Oh, no, aquí viene otro! ¡Echen paja!

-En este punto debo suponer que nunca te han cortejado -manifestó Lilliand.

¿Otro? Bueno, ese ni me molesto ya en agarrar. ¡Cuidado, cabezas!

Los prejuicios en contra del amor homosexual no se consideraban tales. Eran aberraciones que sólo seres indignos de vivir en sociedad podían cometer. Merecías total desprecio si te acercabas a uno de tu mismo género con intenciones amorosas.

¡Pero qué diablos…!

Pero, de vez en cuando, sí surgían parejas que iban más allá del momento lujurioso. En lugar de subir las escaleras a los cuartos del piso superior o buscar un sofá bastante grande en el rincón más oscuro, se quedaban así, disfrutando la música.

Bueno, al menos la avalancha ya acabó. ¿Eh? ¿Dicen que todavía falta más? ¡Eso no puede ser! El romance es escaso, nulo. ¿Nadie sabe lo que significa nulo aquí?

¡No, no lo traigan! ¡Que no lo traigan! ¡No…! Los odio tanto.

Nosotros vamos a encontrarnos en el final.
Pero me lo prometés,¿eh? –susurró, recostando la cabeza en su pecho.
-¿Cómo dices?
-Nada.

Siento tanta verguenza. Tanta pena que no la puedo aguantar. No hay besos. No hay abrazos. No hay regalos de corazones y flores. No hay declaraciones de “te amo” y “te amaré por siempre.” ¡Ni siquiera una buena escena de celos como sin duda la hay en “¿Fueron los Celos tu Motivo?”! ¿Intimidad, baile, música? ¿Lunas con forma de corazón? ¿Y eso a quién le importa si no tenemos miradas embobadas y descripciones de lo bien que se ven los dos personajes en sus ropas? Siquiera destacar lo bellos que son, lo profundos y atractivos que son sus ojos, siquiera eso, pero no.

¿En qué diablos estaba pensando en llamar a eso romance, por amor al cielo?

no se menciona San Valentín,

Oh, no, oh no… ¡Aquí vienen otra vez! ¡Todos al refugio de la ceguera y la ignorancia, rápido!

¡Hola! ¿A quién vas a enviarle un regalo este día de San Valentín?

¿Ya pasó? Mejor me asomo para asegurarme.

¡No, es un error! ¡Corran! ¡Tápense los ojos, los oídos! ¡No escuchen mal, no digan mal, no lean al mal!

Así que ya era 14 de febrero.

¡Huyan! Si cortamos por la senda de la lectura más superficial podremos evitar el siguiente.

El día de San Valentín -dijo el hombre, reclinándose hacia atrás.

¡Vaya! Creo que por ahora sí estaremos a salvo.

¿Qué decías, queridísima Jueza number one?

hay que hacer una limpieza de expresiones (no me sorprendería que la autora fuese argentina, abundan los “boludos, carajo, culo”),

¿Así que culo es una expresión argentina? ¡La primera vez que me siento orgullosa de mi país! Por cierto, Emma también es argentino, porteño encima. Pero eso no tiene nada que ver. Está claro que todos los argentinos, en especial los porteños, hablan en español neutro y jamás, jamás, nunca en la vida, dicen cosas tan feas como “culo” o “boludo.” Eso no sería bonito.

no creo que los personajes tengan una relación de ningún tipo más allá de la amistad, ciber amistad, aclaro.

Muy bien, tal parece que por fin podremos respirar en paz. No siento nada acercándose.

Bueno, a excepción de…

Sólo pensé que podría ser satisfactorio. Después de todo, eres mi primera compañía estable en un largo tiempo. Recuerdo que las personas solían disfrutar de tener citas especiales.

Y…

Desde hacía tiempo había aceptado que ese hombre que lo visitaba sin aviso y se iba de la misma forma

Y…

Sólo hacía unos días atrás lo encontró triste porque no recordaba quién era antes de Lilliand. ¿Realmente quería negarle ese pedazo de un pasado claro?

Y…

Casi se abrazaban, ni un paso le costaría hacerlo. No era costumbre estar así, tan quietos y juntos de pie, pero daba igual. Si para Lilliand era de lo más normal, como su expresión lo confirmaba, no iba a ser él quien se echara atrás. En su lugar se cuadró mejor sobre sus pies. Algo tenía en mente el otro, aunque no sabía todavía qué.

Ya se está volviendo aburrido, ¿cierto? No me extraña que las honorables juezas hubieran pasado de largo estas frases. ¿Quién tiene tiempo para fijarse en ellas, realmente? Sólo de pensar en ello es tedioso.

Ah, y…

Emma se apoyó contra él, en parte porque sabía que lo esperaba y en parte para oírle mejor

Y…

Lilliand era viejo. Tan, tan, pero tan jodidamente viejo. Tenía libretas de papel, escribía con tinta y no se hacía nada extremo en el cabello, excepto peinárselo.

¡Pero bueno! ¡Ya estuvo! ¡Paremos de una vez con esta exhibición impropia de oraciones sin sentido! ¿Qué pretenden? ¿Sugerir que estas nobles y brillantes señoritas apenas leyeron el texto por encima? ¿Que no cumplieron su trabajo? ¿O acaso quieren dar a entender que apenas vieron que se trataba de dos hombres perdieron todo interés? ¿Es eso lo que sugieren?

¡Pues no es así, que sepan! ¡Qué tanda de desagradecidos tendríamos que ser para no verlo! Estas señoritas son autoras publicadas, tienen novelas (románticas, por supuesto) que escribir, y a pesar de que indudablemente preferirían leer otras novelas románticas, se tomaron un buen par de minutos, puede que incluso tres minutos enteros, para juzgar a las pobres novatas en este fino arte de la literatura. ¡Deberíamos hacerles un altar por semejante generosidad y benevolencia!

Y ustedes me quieren hablar de ignorantes, de prejuiciosas, de lectores irresponsables. Envidia, eso es todo lo que tienen. Seguro que ni por Amazon han autopublicado ustedes. Pura y sucia envidia.

Para demostrarles lo feo que se equivocan les traeré las palabras de la Jueza número 2, quien sin duda con su inteligencia, perspicacia y buen juicio va a cerrarles a todos la boca de una vez.

Tiene muchos errores y palabras desconocidas

Es que es obvio que nadie va a saber lo que significan “esas palabras” (que no sabemos ni cuáles son pero deben estar en algún lado). Es evidente. Fue mi error por asumir que poniendo palabras contenidas en cualquier diccionario la gente me comprendería. Oh, cuándo voy a aprender.

¿Y qué es esa cosa de Anonymous? Dios, pero es que hay gente a la que le encanta inventar cada expresión rara.

(está basado en un relato que se desarrolla en una “realidad virtual”

¡No! No me salgan ahora con que el cuento no se basa en ningún otro relato porque ahí es empujar demasiado. Es demencial, como querer sugerir que esta Jueza ni siquiera sabe el significado de las palabras que escribe. Una idea así es inconcebible, demasiado horrible para darle palabras siquiera. ¿Acaso creen que dejarían a cualquier idiota ser Juez? No, ¿verdad? Entonces calladitos.

y posee referencias tegnológicas que no se comprenden, solo una la explica).

Que no, que no y que no. ¿Cómo se atreven a mencionar que “tegnológicas” no es una palabra? ¿Acaso no están al tanto de la lengua española ustedes? Es evidente que la Jueza número dos, una señora cuya sabiduría nosotros apenas podemos concebir, está definitivamente al tanto y “tecnológicas” ya debe ser un sueño lejano para ella, apenas un recuerdito insignificante. No es su culpa que el resto de nosotros vivamos todavía en la Edad de piedra.

Además, es una relación entre dos hombres, pero uno de ellos se llama Enmanuelle y al inicio lo llama Emma, por ahí yo me confundía sin saber si era un hombre o una mujer.

¡Ya es suficiente! ¡No se atrevan a contradecirla! Si ella dice que se llama Enmanuelle (un nombre demasiado exótico y hermoso para que ustedes siquiera lo conozcan, pobres campesinos; si es la primera vez en sus vidas que lo leen es sólo prueba de su increíble falta de cultura), es porque se llamaba Enmanuelle. Es así y ya.

Sé mi valentín, Emmanuel

¡Suficiente! ¡Ni una palabra más! No se puede tratar con gente así, tan inmadura y caprichosa. Seguro que ninguna de estas citas ni siquiera es de verdad. Se las inventaron nada más para querer manchar el buen nombre de estas excepcionales señoritas, cuyo incansable esfuerzo y dedicación todos deberíamos imitar algún día.

¿Homofobia? ¿De qué diablos estamos hablando?

¡Me largo!

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8 pensamientos en “Así que mi cuento no califica

  1. Hola.
    Pues no hace poco me suscribí a tu blog gracias al club de las escritoras. Confieso que me sorprendió mucho esta entrada. Primero que nada, lamento que no hayas sido admitida en la antología. Yo tambien envie mi relato y fueadmitido, ya me imaginarás nerviosamente aguardando el momento en que mencionaras mi relato mientras leía. Afortunadamente no lo hiciste. ^^
    Al igual que tu, yo tambien envie mi relato con gran expectacion, la dinamica que utilizaron esta vez me parecio acertada. No veo por que el fallo del jurado sea sospechoso. Yo no tengo contacto con las chicas. Se prohibió hacer referencia al autor en los relatos. Las juezas desconocian nuestra identidad asi que no veo por que pensar que actuaron prejuociosamente. Mi relato tambien se basa en un amor homosexual asi que por ahi no va la cosa. Desde luego que tampoco he leido tu relato, quizas conociendolo sea posible echar mas luz al asunto. Por el momento descuida, ya habrá mas concursos y oportunidades. No te desanimes. Hay que tener siempre muy presente que nuestro trabajo puede o no agradar al público, pues no somos perfectas. El chiste es aaumir las cosas con madurez y humildad, tratando de manejar las situaciones antes de que ellas nos manejen a nosotros.
    Tu continúa escribiendo, que al fin y al cabo es lo que nos gusta hacer. A disfrutar de lo que nos apasiona ^^
    Saludos.

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    • Si el tuyo también era romance gay y te lo aceptaron, pues me alegro. Al menos me quita esa idea de encima, pero fíjate en qué otros asuntos fueron unas completas inconscientes. Mencionan errores que yo no me cometido (que no se hace referencia a San Valentín, que no hay nada de romance), lo cual demuestra que apenas si le pusieron atención a mi relato. Encima escribieron mal los nombres de mis personajes, lo cual ya es un claro agravío contra cualquier autor. Es una muestra MÍNIMA de respeto hacerlos bien, pero ellas no consideraron pertinente esa cortesía con mi obra.

      Ellas eran jueces, su trabajo era leer juiciosamente mi relato, y es demasiado obvio que no lo hicieron. De eso me quejo en esta entrada.

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  2. Todavía me embarga la incredulidad. Es decir, se nota A LEGUAS que ni leyeron su relato con la debida profundidad de la cual se espera de alguien que asume el papel de “juez” en un concurso X, y ahí usted fue desmintiéndolas.

    Encima, me parece una falta de respeto hacia el autor que ni se hayan molestado en escribir bien los nombres de los personajes. Se supone que leyeron el relato a profundidad, por lo que AL MENOS se espera que sepan que es EMMANUEL, y no Emmanuelle, y es LILLIAND, no Lilyand. Ya con eso solo perdieron TODA CREDIBILIDAD para mi. No, me sabe a casabe si fue “solo un dedazo” o “no tuve tiempo de escribir mejor mi impresión”. NO. Y encima, que me salgan con barbaridades como “tegnológicas”. O sea, si eres juez, ¡da el ejemplo escribiendo bien! Alguien que me salga con ese tipo de errores ya me pone en seria duda su credibilidad y lo siento, no puedo ni aceptarlo ni tomarlo en serio.

    Si vas a ser juez de algo, se espera a que lo seas A CABALIDAD y no a locas y a tontas. A mi una vez me tocó ser juez en un concurso de relatos eróticos, y traté de ser lo mas profesional y seria posible. Poco me importa si el concurso es en un informal foro o un blog, o en una institución conocida: donde sea, tienes que ser profesional. La mediocridad y falta de profesionalismo no se permite a ningún nivel.

    Pero claro, esa soy yo. Nadie tiene por qué imponerse altos estándares si no quiere. Son libres de convivir en su mediocridad si así lo desean.

    Pero lo que si me choca es que juzguen con mediocridad algo que se le debió dedicar profundidad. Lo que dijeron las juezas a mi ver es una BARBARIDAD, siendo que todos los elementos que señalaron estaban presentes en el relato de Candy. El romance estaba ahí, sólo que claro, no era el caramelo asqueroso que algunas esperan, sino un tipo de romance más a lo old fashioned. Las citas expuestas por Candy lo dicen CLARAMENTE.

    ¿Que no se menciona el San Valentín? Virgen María purísima, ¡al principio del relato esta la referencia a ese día! Y durante el mismo, mencionan todo el tiempo el bendito San Valentín.

    Personalmente, me parece una estrechez mental pensar que San Valentín es sólo globos de corazones, ramilletes gigantes, toneladas de chocolates, bombones y declaraciones pastelosas y vomitivas. Es como querer encasillar el amor en una sola forma, por dios. No todo es “chica enamorada de chico en un bello atardecer rosado de un día primaveral”. NO. Algunas veces el amor (o el romance en sí) puede ser expresado con el simple gesto de entrega como el de Emmanuel al recostarse de Lilliand y la consiguiente promesa de seguridad emocional. Lo que requiere para verlo obviamente es AMPLITUD MENTAL y no limitarte a la idea recontra-cuadrada, cliché, vendida y puteada del San Valentín como la que expresé anteriormente.

    Pero tonta de mi, que yo creía que romance no es sólo frases cursis, sino gestos y abrazos que te traen seguridad emocional y conexión mental y espiritual. Tonta de mi.

    En fin, mi Reina, de todos modos le digo, siga adelante, porque confío en que vendrán jueces con veredictos (sea para bien o para mal) mucho más profesionales e imparciales. A los mejores escritores los han rechazado los estrechos miles de veces.

    Un besote de su chienne.

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  3. Hola; no hace falta mencionar que soy nueva aquí, pero lo mencionaré igual.
    Llevo un tiempo viendo tu blog; soy de esas “lectoras fantasmas” que les da cosa comentar y tienen que juntar valor para hacerlo. Esta última publicación tuya fue la que me llevó a, finalmente, dar mi opinión.
    Es injusto lo que hicieron. Vaya uno a saber, si nos guiamos también por el comentario de Nina Benedetta, cuál fue la verdadera razón por la que fuiste rechazada. Tal vez se cansaron de leer y aceptaron a las primeras que llegaron, como si fueran doctoras que atienden no por caso sino por orden de llegada. Leí tu relato; y también leí los primeros dos capítulos de Voces Huecas y me encanta tu forma de escribir. Discrepo, igual o más que vos, en las supuestas razones del rechazo. No sé si es porque yo ya leí de qué trata Voces Huecas, pero no me resultó tan difícil darme cuenta de que el nombre completo de Emma es Emmanuel y que tanto él como Lilliand son una pareja homosexual. Se abrazan, se toman de la mano, bailan juntos, hablan de la homosexualidad en tiempos pasados… La verdad es que son indirectas que pasan desapercibidas, deberías esforzarte más (modo irónico: Off).
    Leí ya un par de entradas de El Club de las Escritoras y parecían mujeres maduras e inteligentes. Pero sus supuestos motivos me hacen creer que se trata de niñas que todavía no saben qué es una Mary Sue y la siguen a donde sea.
    Y con los títulos estoy totalmente de acuerdo. Un poco de originalidad no es malo. Harán unos meses me encontré con un concurso de “Odio la Navidad” en el que no participé, pero que las historias no tenían títulos como “La peor Navidad” ni cosas así. A lo que quiero llegar es: si querés llegar a los lectores, atraerlos, el título es importante. Ser original no mata, habría que hacer pasacalles para las autoras con esa frase.
    Luego, de que no se menciona San Valentin… No lo leyeron. Definitivamente no lo leyeron. Está, literalmente, en el primer renglón del relato. Es fácil darse cuenta cuando no leyeron el relato. Palabras desconocidas… Existen diccionarios. Y cualquier lector y escritor sabría reconocer dichas “palabras desconocidas” o buscar su significado.
    Mejor no sigo; voy a terminar por decapitar a las “juezas” por incompetentes. Menos mal que no trabajan en tribunales.

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    • La justicia ya está demasiado echada a perder como está sin gente como ellas. Que si llevan sus libros con la misma atención con que leen relatos ajenos no quiero ni leerlas.

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  4. ¿En serio?, no, de verdad, ¿En serio?
    O sea, un mundo virtual donde al entrar hay ofertas de San Valentín, la luna es un corazón y el anfitrión ha preparado una velada especial para ese día, y una de las juezas se atreve a decir “no hay referencias a San Valentín”. Es lo que más me ha impactado.
    Oye, me parece muy bien que te lo descarten, es su antología y ellas ponen el baremo, pero si lo hacen que sea justificadamente, que no cuesta decir “No me gustó” si era realmente lo que pasó.
    No he leído las otras historias, por lo que no puedo compararla con esas y no puedo saber dónde estaba el nivel, el cual puede ser superior a su habilidad para poner títulos, ¿quién sabe? Pero sí que he leído otras cosas tuyas, y Le Festín me choca mucho con tu estilo, quizás porque te estabas ateniendo a unas normas que no eran las tuyas. O sea, querías complacer y darles lo que ellas entendían por romanticismo, lo cual no es lo que todo el mundo entiende por romanticismo. Eso te llevó a echarle demasiado azúcar en la mezcla y, cuando el azúcar se quema, el caramelo sale amargo.
    Asegúrate de alejarte de personas que encasillen el amor en unos cánones tan facilones y busca retos de tu talla. Los lectores también te lo agradeceremos, por eso de que nos das buena literatura 😉
    ¡Ah! y, por cierto, ¿qué estupidez es esa de “hay que hacer limpieza de expresiones”? Una cosa que me encanta de Voces huecas es precisamente su vocabulario, que le da realismo y lo ubica en el lugar -y en el tiempo, con los neologismos-. Ellas son las que necesitan enriquecer el suyo. No hay nada más aburrido que una historia neutra donde se han matado todos los acentos.
    Besos,
    Rosa.

    P.D.: Me has hecho morir de la vergüenza con lo de los nombres. Yo también procuro escribirlos bien cuando tengo que publicarlos, pero ya eres consciente de que de vez en cuando se me escapa alguna entrevista mal redactada y esas cosas.

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    • Rosa, un dedazo lo tiene cualquiera, no te preocupes. Al menos yo sé que lo tuyo fue un accidente sin más, mientras que lo de estas señoronas, demostrando a las claras que no habían leído nada de mi relato y encima se daban el lujo de criticonearlo, representa un insulto con todas las letras. Me metí a la convocatoria por experimentar, por salirme de mi propio molde, pero qué chasco que me he llevado intentándolo.

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