Microcuentos variados

Amor a primera vista

Se mentían tan seguido, a la cara y espaldas, que al encontrarse en un bar se enamoraron de tan nueva persona.

Desengaños

Ella se formó una novela en su cabeza antes de que hablaran. Congeniaron fácilmente y se veían a diario. El día que ella pensó se confesaría por fin, el muy tímido le soltó muy rojo: quiero que conozcas a mi novio.

Almas gemelas

Viajaban lado a lado por caminos opuestos, flotando sobre lava y deslizándose en el hielo. Hallaron las huellas al darle la vuelta al mundo y se siguieron hasta curiosos reflejos sin espejos.

Fantasía caducada

Leía cada historia suya con el mismo cariño. Un día su personaje favorito salió de entre las páginas. Salieron por un mes hasta que ella se hartó de su fantasía y lo empapó con una manguera. Él la llamó puta puerca con su último aliento.

Justicia divina

Manejaba la hoz mortal contra la gran familia. Este por pedofilia, aquel por destripamiento, ese por chantaje y el resto por cómplices. Al final dejó al niño, asesino temprano, y le prometió darle a su miserable vida un mejor uso. Desde entonces es su aprendiz.

Cuento grosero

El sonido de la carne jugosa en su boca era casi obsceno. Pero, en verdad, cuando se desayunan bebés es cruel ponerle límites a las expresiones de placer.

El castigado

Los primeros días después de la decapitación no le supusieron un problema. Su esposa decía sonriente (o así sus dedos se lo hacían saber) que estaba mucho mejor ahora. Apenas peleaban por nada ahora. Pero pronto hubo inconveniencias: nadie quería a un empleado ignorante de dónde tenía la cabeza.

Devoción

Tenía la espalda cubierta de alas. Algunas de aves y  unas de dinosaurio, más otras combinaciones indescifrables. Una aureola de pelo plateado y rostro de primate. Cayó del cielo sin aviso. Se lo adora cual ángel.

Consentido

Ella deseaba al perro de la vecina y lo robó apenas tuvo ésta su accidente. Lo cuidó y mimó más que a cualquiera de sus hijos. Un día él la mandó a la mierda, llevándose todo su dinero para más drogas.

Final alternativo

Caperucita dijo: no lo ataqué, me defendí. Pero nos sigue pareciendo innecesario el haberle cortado los miembros del cazador y hacerse abrigos con su piel.

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