Los hermanos Cabriole

Género: ¿romántico?

1300390894_extras_portadilla_0

Como los hermanos Cabriole había pocos, hombre. Separados eran una bestia. Te pasaba uno de ellos al lado con la pelota y vos ni te enterabas hasta que ya te ha metido gol. Así de impresionantes, te digo. Pero juntos eran una cosa de no creer. Será por haber nacido gemelos y ellos tienen esa conexión sobrenatural que nadie de afuera entiende, pero ellos ni siquiera tenían que verse para dar el pase mágico. Ningún “estoy libre”, ningún “vamos a hacer esto o aquello”. Nada más lo hacían y pobre del pendejo que protegiera el arco contrario.


Pasó lo que creo ya te estás imaginando. Dos chicos jóvenes, activos y amistosos como ellos ¿qué les puede salir en medio para venir a arruinar su perfecta armonía? Una chica, obviamente.
Ella nunca faltaba a un juego. Empezó a salir con el Pato (el que solía meter los goles) y por un rato todo bien, normal. Hasta que ella comienza a animar al Guille (el que daba los pases para el gol), dentro y fuera de la cancha. Por ahí oíamos que habían salido a comer juntos, sin el Pato.
Quizá el Pato por fin escuchó los rumores. A lo mejor la chica se confesó o el hermano, vete a saber. Pero que todo estaba dicho era un hecho que quedó de manifiesto cuando, por primera vez, Guille, que resultó capitán, no pidió a su hermano para conformar su equipo. Nos esperamos cualquier cosa. Se miraron a través del campo con una expresión remil seria que pareció remarcar lo absurdo de todo cuando escuchamos los vítores de la chica desde la sombra de un árbol. Todos queríamos agarrarlos y decirles “no vale la pena, boludo”, pero era demasiado tarde. Sonaron el silbato.
Como siempre sucedía, uno marcó al otro automáticamente apenas tenía la pelota. El resto casi estábamos de adorno mientras ellos dos se disputaban cada anotación. Y en ningún momento dejaban de mirarse, apenas ponían atención sobre lo que tenían entre los pies. A minutos de acabar el partido continuábamos en empate, 1-1. Creíamos que eso era todo. Sí, había habido choques, alguna patada y una derrapada muy fea, pero nada del otro mundo. Una forma válida de descargar algo de rabia para salir fresco de la cancha. Aunque ¿te digo la verdad?
A mí se me hizo que discutían. En su raro idioma mental de gemelos se decían cosas que respondían con su cuerpo en el acto. Al Pato no le convencía mucho lo que Guille pretendía, pero, casi al final, acabó convenciéndolo. Presenciamos un breve retorno de la armonía.
Ese doble patada que hicieron tuvo algo de hermoso, de perfecto. Ni siquiera creo que un par de amantes habrían podido lograr semejante sincronía. La pelota pareció que la conducía una sola mente hacia su blanco elegido: la cara de la chica. Cuando quedó patente que ella no respiraba y tampoco iba a levantarse, ya habíamos perdido de vista a los hermanos. Le hemos dicho a la policía que fue un accidente y lo han creído, pero unos pocos y yo sabemos la verdad. Jamás volvimos a verlos.
Estoy seguro de que en algún lado siguen jugando, y me alegro por ellos, pero no puedo sino sentir pena por la persona que quiera meterse en medio de nuevo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s