Cambio de atmósfera

Género: fantasía.

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Vacaciones en la granja de la tía Adelle mejoraría las cosas, pensaron los padres de Gustave. Siempre encerrado en su habitación, pegado al teclado de su computadora, unido a sus libros y oyendo música de rock clásico para ignorar cualquier conversación durante la cena, el muchacho necesitaba un nuevo ambiente donde empezar a salir a su concha. Hasta les parecía que sus amigos ya no le visitaban tanto como antes y les preocupaba en lo que semejante enclaustramiento podía derivar.

A Gustave no le gustó saber adónde pasaría sus vacaciones de Navidad, pero, como no tenía por costumbre armar escándalo, acabó aceptándolo en silencio. Los primeros días, mientras la nieve no cesaba de caer y un muchacho del pueblo venía a despertarlo a la mañana por los hachazos que le daba a la leña, pronto se hartó de la experiencia. Tía Adelle le mandaba hacer tareas en cada oportunidad posible, como si creyera que lo único que podía hacer por su cuenta fuera perder el tiempo. Su charla sobre miembros de la familia apenas reconocibles para él y la historia de su juventud, aunque la escuchaba educadamente y respondía acorde a lo que se requiriera, le estaban volviendo loco del aburrimiento.

Una tarde consiguió escapar de su compañía escondiéndose en la parte trasera del granero. Tía Adelle le anduvo llamando desde el interior del mismo por un buen rato antes de rendirse y entrar a la casa. Gustave sabía que la viejita era buena en el fondo y le agradecía las atenciones que tuviera con él. Ni siquiera le molestaba algo de trabajo manual de vez en cuando. Pero necesitaba un tiempo a solas, para recargarse, para pensar, antes de volver a ella. Usó de asiento una vieja caja de madera y apoyó la espalda contra la pared en tanto sacaba una novela de su abrigo: El resplandor, de Stephen King. Estaba por llegar a la parte donde el padre hablaba con el barman fantasma cuando una sombra vino a hacer sombra encima de sus páginas. Gustave alzó la vista hacia un rostro pálido enmarcado por una cabellera negra. La joven llevaba un paragua a cuadros rojos para evitarse los posibles copos de nieve.

-¿Qué lees? –le preguntó ella.

Gustave, en lugar de responder, levantó la tapa para que la viera. Ella los leyó, asintió.

-¿Por qué lees aquí?

Gustave dijo que era… “complicado” hacerlo en casa. La chica sonrió como si le entendiera. Cambiaron otras palabras y, sin saber por qué, Gustave le acabó diciendo la razón por la que lo habían enviado ahí. También dijo que entendía la motivación de sus padres, pero no tenía idea de cómo explicarles que sencillamente se había distanciado de sus amigos a causa de diferentes intereses y prefería pasear por la red, viendo videos o foros de sus temas favoritos, entre ellos el género del terror.

No podía creer que se lo estuviera explicando a una extraña, pero no se molestó en cuestionarlo. La atención y simpatía que emanaba de ella invitaba a las confidencias, a los gestos de complicidad mutua. Antes de que se diera cuenta cayó la tarde y pronto sería hora de cenar.

-Creo que tengo que volver.

-Yo también –dijo ella, viendo el cielo anaranjado-. Me encantan las historias de fantasmas y ese libro tiene de las mejores. Seguro que te gusta el final, es mejor que la película.

-Sí, eso he oído. Nos veremos entonces –se despidió, no sin algo de pena.

-Claro. Buenas noches –dijo ella, Michelle, dándose media vuelta.

Por un momento Gustave no pudo evitar seguirla con la vista hasta el proyecto de cerca inconclusa. Una brisa de aire frío repentina hizo golpear un mechón de su propio cabello contra el rostro, obligándolo a cerrar ambos párpados de forma instintiva. Cuando volvió a abrirlo, ella se había ido.

-Olvidé pedirle el correo electrónico –murmuró para sí, cayendo en cuenta.

Bueno, pensó, ya la vería. Puede que incluso tía Adelle se alegrara saber que había hablado con otro joven por su cuenta.

Pero al llegar a casa, Adelle dijo que no conocía a ninguna Michelle.

Lo único que recordaba con ese nombre era el caso de una chica que habían matado no muy lejos de ahí un año atrás y cuyo cuerpo abandonaron a un lado de la carretera. Ahora que se lo mencionaba, creía que más o menos por esas fechas se había producido el hecho.

Un caso espantoso que tuvo a todo mundo patas arriba.

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Este relato lo escribí para este concurso.

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