Juego de la tarde

Género: homoerótico. BDSM.

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Después del trabajo, Enigma se quedó en los alrededores del área de cierto gigantón rubio. En cuanto el Control Master indicó que GiantDrop podía retirarse, la torre mayor tomó el camino usual hacia su habitación. Enigma vio que no estaba especialmente cansado ni en mal estado antes de seguirlo hasta un rincón entre dos edificios. Sus pasos eran callados y sigilosos, sentidos en alerta como un león saliendo de caza. En un momento dado pisó adrede una lata desechada de agua electrificada.

Los hombros de GiantDrop se tensaron. Antes de que tuviera oportunidad de girarse, Enigma lo atrapó de pecho a la pared y le gruñó cerca de la oreja.

-¿Qué hacés paseando por aquí sola? ¿No sabés la clase de hijos de puta que hay por aquí?

GiantDrop, incluso sin verlo, lo reconoció en el acto y se relajó un poco. Luego cayó en cuenta de cuál se suponía que era su papel y se volvió a tensar, como una fiera dispuesta a atacar. Enigma, que siempre tenía la ventaja de ser un poco más alto y joven, lo aprisionó en su sitio sin darle posibilidad a escapar.

-¿Adónde te pensás que vas, puta? Me has andado haciendo agua la boca todo el día yendo por ahí tan fresca ¿y ahora ni siquiera te vas a hacer cargo de lo que provocaste? -Le restregó el bulto en sus pantalones entre las nalgas. Desde que lo estuviera observando en la distancia y la persecución había tenido tiempo y oportunidad de imaginar lo que haría, con lo cual sentía el rugido de sus hormonas destilar-. Qué irresponsables que sos vos.

GiantDrop le rugió en una pantomima de descontento y trató de zafarse de nuevo. Enigma sacó un antifaz del bolsillo y se lo puso en los ojos con una mano. Con la otra le puso las manos a la espalda y se las ató con un cordón.

-No, perra, ahora no te vas a quedar quieta -indicó, obligándolo a ponerse de rodillas en el suelo-. Por ahí he escuchado que sabés usar bien la boca, puta. Más te vale que empieces a comprobarla si no querés verte en problemas.

En ese momento, sabiendo que el rubio necesitaría un poco más de persuasión (aunque no mucha, porque había notado el subidón de feromonas en cuanto sintió la reacción de su cuerpo), Enigma hizo sonar un chasquido eléctrico de la varilla que tenía colgada de la cadena en su cintura.

-No se te ocurra hacer ninguna tontería -le advirtió en un bajo gruñido de su lengua madre.

Agarrándolo desde la cabeza rubia, Enigma fue capaz de percibir el breve pero intenso estremecimiento que sacudió al humanoide mayor. Desde luego, debía hervir de ganas tanto o más que él. Habían pasado semanas desde la última vez que jugaran así y ya le hacía falta. El rubio, una vez se hizo a la idea de cuál era su posición frente a él, se entregaba con la misma dedicación que un humanoide mucho más joven. Verlo ahí, fingiendo bien que estaba indefenso y vulnerable a sus deseos, calentó su interior aún más. No iba a costarle nada sacarle su miembro afuera.

Lamiéndose los labios, Enigma se abrió los pantalones y le restregó su bulto fragante a GiantDrop por el rostro. El humanoide mayor percibió los aromas que manaban de la calentura del humanoide y, olvidándose de que se suponía que lo hacía a regañadientes, se lanzó a la tarea de trabajar la zona con su boca. Sabía lo que tenía que hacer y pronto obtuvo los resultados deseados golpeándole la nariz, embriagándolo con una explosión de olor y sabor que lo intoxicaba. En cuanto le forzaron la cabeza a recibir la punzante erección, no lo dudó: abrió la boca hasta el máximo y tragó hasta el fondo de su garganta. Le debía a ese chiquillo impetuoso el recordar esa técnica enseñada por su padre, ahora usada otra vez desde una posición sumisa.

No obstante lo fácil que habría sido asociar malos eventos con el presente, Enigma no le oyó pronunciar el gruñido especial que tenía acordado cuando las cosas fueron por mal camino. Lo percibió excitado y hambriento, lejos del temor y la tensión anteriores. Lo felicitó en silencio por ese gran avance. No le extrañaba que alguien que hubiera aguantado tanta mierda como ese viejo acabara volviéndose un alfa tan fuerte.

-Dale un ronroneo a tu Amo, puta -gruñó.

GiantDrop actuó como si no hubiera necesidad de repetirle nada. Mientras Enigma se dedicó a enviarle leves descargas eléctricas en la porción de trasero que debido a su traje siempre quedaba a la vista, GiantDrop ronroneó y ronroneó en torno a su miembro igual al gran león al cual los humanos podían compararlos. Enigma contó hasta 15 muy lentamente y luego, porque sabía que luego del 20 no podría hacerlo, lo apartó de su erección. Acostándolo sobre el césped, Enigma pinchó con la varilla el bulto que se asomaba justo al final del traje del mayor.

-¿Tanto te gusta chupar la polla? -Le lameteó la entrepierna caliente, siempre hablando en lengua humanoide que a un oyente común parecerían sonidos animalescos-. ¿Y qué tal recibirla por detrás?

Antes de que pudiera responder, Enigma le dio vuelta y penetró de un golpe. El rugido de dolor proveniente de la torre mayor le mantuvo atento a sus intentos de liberarse y su reacción corporal, pero aparte de agitarse un cuerpo parecía que sólo aceptaba la inevitable invasión a su interior. Abrazaba el dolor con ese lado que Enigma había percibido en él desde la primera vez. Para hacer más humillante la situación, le puso de piernas abiertas y la espalda en curva para mantener elevado su punto de acceso.

Al poco tiempo, en tanto las embestidas continuaban sin descanso, incapaz de pelear de cualquier forma, reducida a una hembra reclamada, GiantDrop cambió el tono de su voz: de quejumbroso pasó a volverse plañidero y deseoso. Enigma se le subió a la espalda y le lamió el cuello, sintiendo su respiración partirse en amplios jadeos y el pulso golpeándole contra la lengua.

-Me pregunto con cuántos machos has ido a abrirles las piernas, sucia. Te siento el olor a calentona como no tienes idea. Por eso tuve que venir a buscar mi parte y tú que vas de encantada. No tienes ya ninguna dignidad, perra.

La humillación verbal siempre había sido uno de los puntos débiles de la orgullosa torre. Quedó patente cuando la erección de GiantDrop salió finalmente.

-Y encima tienes el descaro de disfrutarlo.

Le mordió el cuello, manteniéndolo aplastado bajo su peso, en tanto embestía contra las nalgas inmensas hasta estar seguro de que había tenido lo que necesitaba del otro y se corrió en abundancia desde el interior del rubio, llenándole hasta el punto en que después de salirse seguía segregando esperma de la entrada. Enigma le dio media vuelta, le desató de las manos y le dijo, cámara en mano, que no tenía permiso para acabar a menos que lo hiciera en un video.

No era la primera vez que el aparato aparecía en uno de sus juegos, por lo que pronto GiantDrop le cogió gusto a la idea. Se sentó en el suelo con las piernas dobladas y se mantuvo en equilibrio con una mano. La otra se dedicó a darse el contacto que tanta falta le hacía. Enigma agarró una buena imagen de la torre mayor con su mirada azul nublada y los labios siendo humedecidos una y otra vez entre inspiraciones desiguales. También hizo un pequeño acercamiento al sitio que dejaba entre su retaguardia y el piso, por donde se veía un hilillo blanco. Al final obtuvo una demostración gráfica de la mezcla de los dos, deslizándose por la piel oscura hasta el suelo.

Enigma apagó la cámara y le sonrió.

-Muy bien hecho, rubito -le dijo ya en humano-. Vamos a darnos una ducha, ¿te parece?

GiantDrop, después de un tiempo, asintió e intentó levantarse pero las piernas comenzaron a temblarle. Enigma se lo cargó al hombro (sin duda con un poco más de esfuerzo del que necesitaría emplear con su mocito o incluso Condor) hasta la canilla más cercano, donde lo dejaría como nuevo. GiantDrop ronroneó bajó el chorro de agua tibia, cerrando los ojos plácidamente, y Enigma no pudo resistirse a darle un lametón.

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Este es un regalo de aniversario para mi bella thayCVB. Los personajes usados son de su propiedad. Y si les gustó y todavía tienen ganas de más relatos calientes, que encima tengan una buena historia, corran a leer su serie Ciudad Mágica.

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