El rock de los amantes

Género: terror, fantástico, microcuento.

nueve

Se había enamorado de él ni bien lo vio arriba del escenario. Nadie miraba las luces, el decorado, ni siquiera quién más tocaba, todos los ojos irresistiblemente atraídos por la figura de ese guitarrista. Era todo lo que él deseaba ser y un algo más que hasta le daba vergüenza reconocer ante sí mismo.

Lo buscó ni bien tuvo oportunidad. Fue sorprendentemente sencillo pasar la noche hasta la madrugada sólo pasando el tiempo, lejos de la cama. Se completaban las frases y reían los mismos chistes. No fue hasta después de un año que se dio cuenta de que no había estado ni salido con nadie y ni siquiera le importaba. No eran novios, no le gustaban las ataduras y sin embargo, tampoco quería escapar de su compañía. Cada día se sentía menos capaz de imaginar un futuro sin su presencia.

¿Y qué importaba si tenía unos pasatiempos fuera de lo común? ¿Qué más daba a quién afectaba si ellos dos lo pasaban bien? A la gente le sorprendería saber lo fácil que era olvidar los gritos de agonía y las manchas de sangre cuando estaba cerca de él. Se sentía invencible, feliz. Al principio la presencia de ese nuevo chico rubio del cual parecía incapaz de separarse hasta llegó a hacerle gracia. Qué ternurita, realmente, pensando que por tanto abrazo y beso conseguiría algo. Él sólo era un visitante ignorante del oscuro mundo al que ellos pertenecían. Si lo conociera probablemente echaría a correr como el mocoso que era.

Luego fue perdiendo la gracia. Las primeras discusiones fueron por su culpa. Su guitarrista no quería escuchar una mala palabra sobre él y se iba de la habitación a la mínima irritación. Le devolvía las llamadas sólo cuando quería, después de días de silencio.

Al final le dijo que estaba bien. No importaba. Si quería meter a ese adolescente de mirada cínica y sonrisa cruel, él lo iba aceptar. Si eso era lo que hacía falta para hacerlo feliz y no tener que sufrir de esa manera, pagaría el precio. Se pintó a sí mismo noble y fuerte por llegar a esa decisión, secretamente confiando en que se acabaría aburriendo del chico. Sólo era un intruso.

La última noche de su vida, sin saber cómo, acabó accediendo a meterse con el chico a la cama en lo que sería ya el segundo trío de su vida. El más joven seguía pareciéndole del tipo que pateaba perros por entretenerse, pero las cosas que hizo y la manera en que las hizo le hicieron creer que debía ser uno de esos raros ángeles sádicos, divinos en su pura abyección. El apretón en el cuello se sintió como parte del juego. Su mente comenzó a distorsionarse. Nunca había alucinado así antes. Veía la espalda del chico destruirse para dejar salir unas alas de murciélago y las manos conocedoras de pronto se veían como garras de bestia mitológica. Distraído con tan interesante novedad, no registró hasta que fue demasiado tarde que en serio no podía respirar y su amor no tenía intenciones de dejarle hacerlo. Tuvo pánico y luchó, pero la alucinación de la bestia gruñía impaciente. Sólo al final entendió que eran garras en su cuello eran las mismas que veía en frente y se desmayó, seguro de que ya no se trataba de su cerebro falto de aire. La cara detrás de la destrozada de su guitarrista de verdad era la de un monstruo, igual al dl que tenía al lado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s