Cosas que estoy harta de leer

Nada es original. Lo dicen los críticos, lo saben los lectores. Todo ha sido escrito y lo único que hacemos es representar ideas ya planteadas de diferentes maneras. Saber esto, y encima creerlo, no quita absolutamente nada de la emoción por conocer una nueva historia porque siempre puede haber maneras de darle la vuelta a todo lo que ya conocemos, una verdadera vuelta de tuerca.
Sin embargo, todos los lectores tienen sus preferencias y, a veces, existe ese detalle que para uno no será de gran importancia y para otro acabará arruinando todo el producto, lo quiera o no. Probablemente seamos quisquillosos e injustos al pensar así, de acuerdo, pero no es fácil deshacerse de la sensación de estafa que uno tiene cuando ve ese detalle dentro de un empaque que no se suponía debía ser así. El desagrado aumenta cuando esa cosa mala está rodeada de un montón de cosas malas.

Esta es una lista de aquellas cosas malas que me amargan las horas de lectura. Esta es mi opinión personal y nada más que eso.

1. Amores conflictivos

“Lo amo pero no sé si él me ama.”

“Lo amo pero tiene novio.”

“Lo amo pero es de una orientación sexual diferente a la mía.”

“Lo amo pero es mi mejor amigo.”

“Lo amo pero no puedo ser su novio por razones estúpidas creadas con el único y explícito propósito de alargar esta historia.”

La vida es conflicto. El amor es conflictivo. Una historia sin conflicto es una historia estática en la que no sucede nada. Lo entiendo pero ¿es demasiado pedir que ese conflicto sirva para algo más importante que empezar a salir con un tipo cualquiera? Esto va tanto para tramas heterosexuales como homosexuales. Lo peor es cuando el por qué los personajes no están juntos perdería toda razón de ser si los personajes se molestaran en hablar entre sí y tratar de resolver sus asuntos juntos, en lugar de tirarse mutuamente de los pelos con un “¿lo harán, no lo harán?” que sólo conseguía mantener mi atención cuando miraba sitcoms en Nickelodeon. Ni siquiera el hecho de que los personajes sean adolescentes e inexpertos en todo el tema del amor me parece una excusa válida ya. Es sólo molesto cuando dedicamos párrafos sin fin al mismo lloriqueo y ahí afuera hay un escritor que espera que me lo tome en serio. Precisamente porque ya es un tema tan manido y tan conocido ¿no sería lo más conveniente pasarlo por encima y dejar a una historia de verdad interesante desarrollarse en su lugar?

2. Escrito al primer momento

Detesto cuando veo en sitios de consejos a escritores que recomienden a los escritores escribir su primera novela de un tirón. Sin planear, sin haber pensado nada. Siéntate, escribe y listo, tienes un libro. Si bien este método puede servirle a ciertos escritores (Stephen King es uno de esos afortunados, teniéndole pleno rechazo a las notas), este método muchas veces da lugar a una trama débil, personajes inconsistentes y antagonistas que lo son por pura conveniencia. A lo mejor todo mundo tiene una historia que contar, pero eso no quiere decir que puede escribirla y de inmediato saldrá con algo bueno.

Ese consejo generalmente se lo dicen a escritores novatos, gente que en la vida ha escrito nada, como una manera de empezar a crearles el hábito de escribir. Por ese lado me parece bien, hay que empezar en algún lado y cierto que la mejor manera de trabajar es trabajando. El problema es cuando esos mismos novatos buscan publicar sin jamás ocurrírseles revisarlo, convencidos de que su creatividad es tan grande que sabrá saltar cualquier obstáculo al momento. La parte de sentarse a escribir debería ser la más fácil del proceso creativo, no la única que cuenta. Antes de ello debería haber investigación, planeación, borradores, esquemas y, sino, al menos algo que demuestre que de verdad se está poniendo cerebro en lo que hace, que no es sólo “lo que el corazón me dicte.” El corazón es estúpido y un pésimo escritor, desprendido de la realidad que se supone la literatura debería poder representar.

Incluso si el resultado final no es una obra maestra (y de verdad, sería estúpido pretender que todo mundo es capaz de algo así), al menos estaría bueno saber que detrás de una obra hubo alguien que le puso cerebro al asunto y se interesó por pensar más allá de un primer impulso.

3. Historia sobre personaje

La historia de Juegos de tronos es aburrida para mí. Se trata básicamente de un thriller político dentro de un ambiente fantástico. Ya desde el título se habla de la lucha del poder y todo lo que eso implica: corrupciones, mentiras, apuñaladas por la espalda. Bastante simple, en verdad. Pero lo que destaca a la serie, aparte de la inclusión de dragones, son los personajes. Estos personajes son fuertes y el autor se preocupa porque nosotros, los lectores, formemos una relación con ellos antes de verlos morir o pasar por un cambio de vida radical. Incluso si los personajes no siempre nos agradan (no puedo soportar a Sansa ni a su madre), al menos podemos entenderlos y comprender los motivos detrás de sus acciones dentro del thriller. Si se enamoran, si odian, si desprecian, si algo le es indiferente, los lectores están involucrados y mantenerse interesados. Llevan la historia adelante, son el gancho que nos llevan. Las cosas no les pasan a ellos y así avanza la trama, sino que las cosas pasan y ellos reaccionan de acuerdo a sus mentalidades establecidas.

No es así en muchos libros de ahora. Cosas pasan y otras cosas pasan. Los personajes nada más son nombres que hacen, dicen o mueren sin dejar ninguna impresión trascendental en el lector y cuyas motivaciones a nadie le interesa aclarar demasiado. Son “personajes”, no personas y así se rompe cualquier pretensión de credibilidad. Es como ir al teatro esperando ver actores desgarrándose el alma en el escenario y en su lugar tenemos un espectáculo de marionetas golpeándose con mazos de goma.

4. Malas descripciones

“Sus ojos eran como caliente chocolate… o algo así” (Cincuenta sombras de Grey)

La elocuencia es un arte. No es, como muchos se piensan, el tener las palabras más bonitas, sino en tener las palabras justas para dar con la nota apropiada. Para tener una buena narración hay que tener un buen sentido del ritmo y un buen oído para escuchar el sonido que las palabras hacen en el cerebro del lector. “Querer” y “amar” podrían ser intercambiables en varios casos, pero al final la utilización de una palabra u otra afecta el efecto final.

“Te quiero” como expresión de amor es lo que le decimos a nuestros amigos, mascotas, libros, familia. Les expresamos afecto de una manera ligera, clara y no muy trascendental.

“Te amo” es lo que se suelen decir los padres a sus hijos o las parejas en momentos puntuales. Es difícil decirle lo mismo a los amigos a menos que la ocasión sea de vida o muerte. No nos tomamos en serio cuando una pareja que acaba de conocerse se dice “te amo” de inmediato, porque estamos acostumbrados a pensar que “te amo” tiene un peso que necesita ser sostenido en un apropiado contexto. Si lo hicieran, se sentiría raro.

Pero muchos escritores no se dan cuenta. Sueltan las palabras sin pensar en lo que significan. Escriben sin escuchar qué está saliendo. De por sí esto es malo cuando tratan de describir las emociones de los personajes, porque hacen imposible que alguien los entienda, pero por alguna razón se me hace todavía más irritante cuando intentan pintarme una escena, un edificio o el aspecto de alguien y fallan miserablemente.

Dicen que alguien es sexy, pero no saben cómo transmitir esa imagen de sensualidad y confían en que el lector haga todo el trabajo. Dicen que algo luce grande, pero no hablan de una sensación de pequeñez en comparación. Escriben que un sitio se ve abandonado, pero no de qué manera o siquiera abandonado por cuánto tiempo. Un adjetivo solo es un gasto de espacio y una pérdida de tiempo de leer.

Si se pretende crear una atmósfera dentro de una novela, lo cual puede reforzar el tema de la misma y sumergirnos en la narración, una descripción justa hace toda la diferencia. Una mala es señal de incompetencia, aburrida.

5. Déjame contarte acerca de esta novela que he escrito

El dicho “muestra, no cuenta” me resultó difícil de entender la primera vez que lo oí. Un escritor cuenta historias, ¿no? ¿Por qué sería malo contar? ¿No es ese el punto? No fue hasta mucho más tarde que entendí a lo que se refería: tienes que hacer que el lector crea en lo que le cuentas.

Si un personaje está triste, que llore. Si está feliz, que sonría. Si está asustado respirará más rápido y si está nervioso tendrá las manos sudorosas o se moverá incómodo. Decir que un personaje es amable, bondadoso, irónico o simpático, que ama a su esposa y le encanta mirar películas de comedia es fácil, demasiado. Poner escenas adonde el personaje tenga diálogos llenos de ironía, gestos bondadosos y amables con otros y sea considerado con su esposa, agregando escenas en las que mira películas de comedia o tiene su propia colección de comedias… eso es lo que requiere trabajo y tiempo. También es lo único de verdad efectivo para darle credibilidad a la obra.

Una de las cosas más molestas que he encontrado es cuando la narración de una obra se desespera por contarme acerca de las bondades de un personaje, pero las acciones de este sólo me dejan saber una y otra vez que no se merece tanto crédito. Contar y no mostrar es la forma de estafa literaria más clara y obvia que puede haber. Los lectores no están para contemplar a una historia desarrollarse en frente de sus ojos, sino para escuchar las ideas que el escritor tiene para una novela que escribirá algún momento en el futuro.

6. Sinopsis que prometen dejarte X sensación

¿Quién no ha leído en la contraportada de una novela frases como “la novela que te impactará, sorprenderá y te dejará deseando por más al final de cada página”? Aparte del hecho de que muchas veces resulta siendo una soberana mentira, siempre me deja la sensación de que me están tomando por una idiota si de verdad esperan que compren un libro porque ellos digan que es lo mejor de lo mejor en la tierra. Por no mencionar que yo puedo querer seguir leyendo algo sólo para saber qué tan espantoso puede ser. Esa es casi la única razón por la que pude terminar la trilogía de Divergente. De modo que si lo que quieren vender es calidad, esa fórmula, aparte de cansina, sólo evidencia una increíble falta de creatividad por parte del marketing. Y si el marketing tiene que recurrir a estas cosas ¿a qué cosas recurrirá el libro en sí para mantener mi atención?

Es peor todavía cuando veo esas frases en historias publicadas en línea, sin siquiera tener la excusa de que esa fue la mejor idea que tuvo otra persona, porque para mí dice demasiado acerca de la confianza que un autor tiene en su propia obra. Tener confianza está bien, pero si no cumples con esa promesa (lo cual, hasta ahora, nadie ha hecho) la impresión que acaba dejando es la de un novato arrogante que será muy difícil aprenda a mejorar, precisamente por esa arrogancia suya.

Entiendo la idea, que hay que venderte en la red o nadie va a verte, sobre todo si tú escribes temas mainstream como romance heterosexual. Tienes que saber distinguirte o es como si no existieras. Pero una manipulación así de chapucera y barata me parece ya abyecta, un insulto hacia la inteligencia del lector.

7. Me gusta esto y eso es suficiente para sostener una novela entera

Películas fetichistas no son nada absolutamente nada nuevo. Hitchcock tenía algo por las rubias y así varias de sus protagonistas eran rubias. Sin City es lo que resulta de un director enamorado de determinado estilo. Tener novelas, cuentos, películas o videojuegos adonde un creador se está dando el gusto a lo grande glorificando aquello que él ama no tiene nada de malo de por sí.

Lo que sí es malo es cuando dejan que los fetiches pretendan ser el único atractivo, olvidándose de hacer buenos personajes, tener una historia sólida o al menos un contexto creíble para que ese fetiche tenga tanta importancia. En lugar del corazón o la zona racional de sus cerebros, dejan que el control lo tome las zonas de placer.

Escribir sexo por el simple sexo es tan válido como cualquier cosa, en tanto se sepa que es sólo un fantasía indulgente hecha para entretener, tan puro y sencillo como eso. Cincuenta sombras se supone que es una fantasía escapista adonde una tipa no tiene absolutamente nada digno de destacarse pero aun así obtiene un esposo guapo, rico y se vuelve dueña de su propia empresa, sin tener que preocuparse por nada nunca más. Pero la insistencia de las fanáticas y la propia autora de llamar eso como una historia de amor digna de ser imitada nos lleva a preguntar qué tan jodida está la sociedad, dando a luz a otras que pretenden definir igualmente lo que es el amor dentro de los mismos estándares de “si me gustas tengo derecho a acosarte, sexual y físicamente.”

Si se quiere, esto podría ser una variante de escribir las cosas en el calor del momento sin querer ponerle más pensamiento al asunto. La fantasía escapista, la romántica o incluso de violación no tienen por qué ser responsables de basura incomible, pero su terrible manejo y el absoluto rechazo de los autores por tener cualquier base en la realidad es lo que vuelve a esas cosas en basuras incomibles. Lo ideal es que esos gustillos sean sólo el condimento de un plato de por sí delicioso, lo cual, de nuevo, cuesta a veces demasiado trabajo, sobre todo para autores que toman el “yo escribo como pasatiempo” como una válida excusa de no poner el menor esfuerzo.

Aunque claro, esa excusa ya no sirve de nada cuando pretenden publicar y conseguir dinero con sus palabras, volviéndolo un trabajo que debería requerir, ya saben, verdadero trabajo.

8. Si le funcionó a uno, me va a funcionar a mí

Cuando Crepúsculo salió en las librerías, de repente todo mundo escribía romance hetero paranormal y amaba a los vampiros. Cuando salió Cincuenta sombras, todo fue porno, sadomaso y kinky. Y cuando venga la siguiente cosa que reemplace a Cincuenta sombras, todo será acerca de eso.

Es estrategia de mercadeo, lo sé. Las editoriales incentivan esto para tener ganancias y varios autores sólo quieren ganar reconocimiento de forma fácil. Por ahí será que ellos sentían una verdadera pasión por X tema (sean vampiros, sea cosas kinky) antes del éxito con X, pero muchas veces se siente como una carrera por ver quién puede copiar la fórmula más rápido. Apenas se acaba el atractivo por X cosa y viene Y a reemplazarlo nunca se vuelve a oír de esos mismos autores otra vez, lo cual hace suponer que toda su creatividad la derramaron en la idea de otra persona.

9. Visión unilateral

Cada autor tiene su propia visión del mundo. Eso es lo natural. Lo que no lo es cuando su visión se limita a una pequeña porción del mundo y tienen una grave falta de empatía. Cualquier asunto grande que se plantee son en blanco o negro, el protagonista siempre tiene la razón y el malo es malo maloso malote. Son como cuentos infantiles pero con la ocasional mención de sexo metido por ahí, como si de alguna manera los autores tuvieran terror de que la gente de verdad los tomara por un racista genocida sólo porque ha escrito un personaje tridimensional que resulta ser un genocida racista.

Hay mal y hay bien en el mundo, y es perfecto que seamos conscientes de ello en la literatura. Pero en cada asunto siempre hay un lado bueno y otro malo. Ignorar cualquier bueno en favor del malo es no darle crédito a la capacidad de los lectores por salir con sus propias conclusiones después de haber conocido los hechos.

En el momento en que leo una novela en la que está claro lo único que importa es la manera en que el autor ve las cosas y no como las cosas podrían ser, se siente menos como leer una novela y más como una clase de catequesis a la que no quería ir en la que un tipo o tipa me está agitando sus dedo censurador en la cara en cada párrafo.

10. Personajes estáticos

Lo mencioné esto en mi crítica a Bajo la misma estrella. El personaje protagonista empieza obsesionada con un libro. La novela acaba con ella exactamente igual. Cincuenta sombras empieza con una tipa insegura que se dice estar enamorada de un tipo abusivo. Acaba de la misma manera. Cuando un personaje acaba en el mismo lugar, la misma mentalidad y haciendo las mismas cosas en el final que hacía en el inicio, la sensación que acaba dejando el libro es que una no ha hecho otra cosa que perder el tiempo.

No me importa cuál sea el cambio, si para bien o para mal, pero el libro debería dejar un impacto de peso sobre la vida del personaje si luego pretende dejárselo al lector. Esto sólo sería válido en el caso que hablemos de una historia adonde el objetivo de la historia sea repetir su inicio en una especie de mensaje pesimista “no puedes cambiar las cosas”, porque ahí al menos lo estático es intencional y tiene un propósito determinado. Rebelión en la granja sería un buen ejemplo de esto; los animales empezaron siendo sometidos por los seres de otra especie y acaban de esa manera, sólo variando en el tirano que los somete.

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2 pensamientos en “Cosas que estoy harta de leer

  1. Somos monos de repetición. Venimos del mono y volvemos al mono. Todo lo que se escribe son monadas y pavadas. Los libros que poco o nada me gustaron fueron siempre los premios Planeta; lo mismo que la mayoría de las películas premiadas que, aunque vestidas de seda, Una “plasta” se quedan.

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  2. Después de leer tu artículo me he convencido de que jamás podré escribir una novela. Alguna vez estuve segura de lo contrario. Pero las buenas intenciones no bastan. Se necesita mucho esfuerzo. Esfuerzo que no estoy dispuesta a hacer porque me falta la pasión para hacerlo. Sin embargo, creo que me sería posible escribir historias cortas, muy cortas. Excelente artículo.

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