Tulpa. 8

portadatulpa

Capítulo 8: Trato de sangre

 

Abi estaba en una isla solitaria. El cielo lila tenía estrellas blancas de claras formas definidas. Estaba descalzo con la ropa con la cual se había ido a dormir y la arena no era arena, sino harina amarillenta que coloreaba las plantas de sus pies, dejando una estela cada vez que se movía sobre ella. No estaba solo, aunque todo sugería que debería estarlo para ir acorde con la metáfora de la persona egoísta.

Alex también estaba ahí, acercándose pasos apresurados desde lo que parecía ser el otro extremo de la isla. Alrededor de sus piernas en movimiento se veían claramente una nube de polvo, pero no lucía como si se estuviera moviendo a una velocidad normal sino más bien como si alguien se hubiera sentado sobre el comando incorrecto del teclado durante la edición de un video y el resultado había sido una extraña ralentización en la que faltaban fotogramas. ¿Cómo reconocer de otra manera el que en un segundo el tulpa se encontrara lejos de él, que en un parpadeo estuviera en la mitad del camino y al siguiente su cuerpo se estrellaba contra él, sus fuertes brazos rodeándole como si hubieran pasado meses desde que lo viera? Abi le acarició la cabeza a falta de una mejor idea de qué hacer mientras miraba alrededor.

Nada había cambiado en el segundo que había dejado de mirar, pero por alguna razón todo le parecía nuevo y extraño constantemente. No recordaba qué se suponía que debía estar haciendo. ¿Debía estar haciendo algo? ¿Qué era? ¿Cómo había llegado a esa isla en primer lugar? Al menos se sentía un poco mejor de estar al lado de Alex. Era lo más cercano a la realidad que tenía y sabía que con él estaría a salvo.

Pero de verdad detestaba la picazón en la parte trasera de su cabeza que le insistía en que algo estaba faltando en la escena y que no podía estarse quieto en un mismo sitio. Ni siquiera podía presentir el porqué de esa idea y eso, además de todo, era molesto. A medida que los minutos pasaban (o las horas, los días o años), se sentía más incómodo dentro de su propia piel y le parecía que el ambiente se estaba congelando. No les costó recorrer la isla muchas más veces de las necesarias, lo que era tan inútil como un vaso vacío llevado a un incendio para aliviar su incomodidad. El cielo sin estrellas, lunas ni nada por el estilo le ponían nervioso, como un techo falso al cual en cualquier momento una persona podría liberar encima de su cabeza.

En el momento en que lo pensó, una grieta se abrió en el horizonte. Al principio le pareció que podría ser simplemente un velero abandonado sin vela deslizándose por las aguas tranquilas, pero unos segundos más tarde esas brazos oscuros se extendieron y alrededor el color se volvía tan oscuro como un ojo golpeando recién al día siguiente. Mientras más parecía aproximarse la grieta una porción de puro negro vacío se extendía por el punto de origen y con él se llevaba también las aguas, igual que si un gigante sediento se las tragara al fondo de una botella.

No tenían ningún sitio al que escapar, y eso debía ser igualmente claro para Alex, pero este todavía se le puso en frente en posición alerta. De pronto la cabeza del rubio se movió como si acabara de escuchar algo y se dio la media vuelta. Para cuando Abi hizo lo mismo, la mano de Ra ya le estaba tironeando.

-Nos vamos, pibe.

Le seguía tironeando con fuerza y Alex les seguía de cerca, esperando la menor señal de preocupación por parte de su dueño para atacar. Pero Abi no se sentía en peligro. Nada de sentía lo bastante real, una sensación que nunca había tenido dentro de ningún otro sueño que recordara, y la comparación más cercana que se le ocurriría si tuviera que explicárselo a alguien más sería la de un videojuego con gráficos impresionantes pero nada más para afectarle.

Cerca de donde estaban un espejo había sido creado de la extraña arena sobre la que estaban. Lucía como una superficie sólida hasta que el brujo hundió el pie en su centro, sin causar ninguna onda y su figura fue tragada, sosteniéndose con fuerza de su muñeca. Mientras se sentía arrastrar Abi tuvo un segundo para captar que el espejo no mostraba ningún reflejo de sus cuerpos antes que su centro de gravedad (¿los sueños tenían gravedad?, se preguntó) cambiara y se supiera caer desde un cielo verde y negro parecido al centro de una tormenta. Caían, pero no había viento ni aire por el que podrían traspasar. La trenza del brujo apenas se balanceaba sobre el hombro de su dueño, sin darle directo en el rostro como debería ser.

Alex se había agarrado de su mano para seguirlos. En esa extraña calma en movimiento indefinido, el tulpa subió por su brazo y en frente de su pecho, cubriéndole los hombros como si se estuviera preparando para protegerlo de lo que sucediera.

-¡Pongan los pies adelante! –gritó Ra.

Abi sabía que había gritado, pero apenas consiguió escucharlo y el sonido había salido con por lo menos unos tres segundos de tardanza, de modo que cuando un suelo de madera vino a  enfrentarles sólo Abi no pudo prepararse a tiempo y cayó de rodillas. Alex se empujó y aterrizó con las rodillas flexionadas. Ra fue el único que se irguió como si lo único que hubiera hecho hubiera sido doblar una esquina. Todavía le tenía firmemente agarrado y la fuerza con que lo hacía empezaba a ser dolorosa. Murmuraba cosas ininteligibles en una lengua que ni siquiera conocía.

Le ayudó a ponerse de pie.

-¿Todo bien, pibe?

El sonido había vuelto a la sincronización debida, pero todavía era extraño, como un sonido percibido detrás de unos dedos de algodón.

-¿Qué pasa? –preguntó. No había diferencia si la voz era suya propia-. ¿Dónde estamos?

Sólo era un piso de madera infinito. No tenía idea cómo era posible que consiguieran verse el uno al otro si no había ninguna fuente de luz visible, pero ni bien pronunció su duda esta fue respondida: un foco se encendió en un techo que antes no estaba ahí e iluminó las paredes de un largo pasillo. Por un extremo era la pura oscuridad ininterrumpida y por el otro una puerta roja. Ra volvió a apretarle la muñeca.

Un temblor sacudió debajo de sus pies. No era lo bastante para que se sintieran a punto de caerse pero sí para hacerlo sentir como en cualquier momento eso podría cambiar.

-Aya –se quejó Abi, y entonces se le ocurrió-. Che, ¿no se supone que no debería sentir dolor aquí?

-Mentira, pibe –dijo Ra, volviéndole la espalda para dirigirse a la oscuridad-. Dile a Alex que cambie y prepárate para correr.

-Ni me molesto ya en preguntar por qué, ¿no?

Abi tragó su aprensión (otra cosa nueva dentro de los sueños) y le dijo a Alex que cambiara. El tulpa obedeció al instante, y a pesar de que tenía sus ropas antes, ningún pedazo de tela desgarrada cayó al expandirse de su cuerpo, como si la tela sencillamente hubiera dejado de existir. El temblor se volvió todavía peor y el mantenerse erecto era igual a tratar de conservar el equilibrio en un colectivo de transporte público. Detrás de ellos, el pasillo se sacudió con un golpe y la puerta roja detrás dio la impresión de acercarse un poco más a ellos.

No hizo falta que Ra le indicara que ya era hora de moverse; ellos se pusieron a correr prácticamente al mismo tiempo en que la puerta comenzó a acercarse acorde a los parpadeos en la luz de los focos que se encendían más adelante. Después de haber corrido unos instantes, en las paredes surgían puertas con extraños símbolos en pequeñas plaquetas negras y cuadros que no eran la representación de nada reconocible. El patrón en el empapelado era de líneas doradas sobre un fondo beige.

Por primera vez Abi logró reconocer el sitio; se trataba del pasillo de un hotel al cual había ido con sus padres cuando era niño y todavía lo llevaban a sus trabajos en el exterior porque no tenían a nadie con quién dejarlo. Se habían quedado ahí sólo unos cuatro días, pero lo había detestado demasiado como para pedirles a sus padres que nunca lo volvieran a llevar ahí. No conseguía recordar por qué había sido así. Incluso la puerta roja era familiar ahora que caía en cuenta; esa había sido la habitación de mantenimiento adonde sólo entraban los empleados técnicos.

Al frente se distinguía el final y los esperaba una puerta abierta entreabierta por la que se destilaba una luz débil azulada, como aquella proveniente de la televisión. De pronto esta se veía mucho más grande de lo que debería, el sitio más ancho y ellos más pequeños. La puerta al principio se mantenía lejos de ellos de forma constante, obstinada y deseosa de ser una eterna tentación a la distancia.

Ra extendió la mano hacia adelante con la palma abierta. De sus labios volvieron a salir aquellos murmullos indescifrables en la lengua vibrante en la que usaba toda su boca, emitiendo un sonido suave vibrante que tenían un irresistible atractivo musical. Sea lo que fuera que buscara, no realizaba ningún resultado perceptible. Abi se fijó en que ya sólo faltaba un metro, quizá menos, para que la habitación de mantenimiento los alcanzara. La forma bestial de Alex mostraba sus largos dientes afilados en un gruñido que nunca se acababa. Rompiendo la ilusión de que volvía a ser del tamaño de un niño, él por lo menos conservaba la enormidad de antes.

De pronto las luces se apagaron. ¿Los había atrapado la habitación? ¿Qué significaba eso? Un sonoro click llegó a sus oídos y ellos no estaban en la habitación en la cual su familia se quedaba, si no en el baño de una estación de servicio en la que se habían detenido en el camino a llegar a su destino ciudad. Un baño asqueroso en el que flotaba el olor de la orina en el aire y el piso, la primera vez que entró, estaba negro por miles de cucarachas que se esparcieron en varios montones para escapar de la luz recién encendida. Pero esas cucarachas no tenían miedo de la luz, pero sí tomaron la ocasión para tomar acción y empezar a subirles por las piernas.

El tulpa gritó enfurecido y sacudió sus brazos para sacarse de encima los bichos, los cuales crecían a cada segundo y aumentaban su peso, llevándolos tanto a él como su dueño a inclinarse a un lado. Ra ya había conseguido sacarse la mayoría, pero apenas se libraba de una molestia dos nuevas venían a reemplazarla. El brujo estampó su pie contra una cucaracha especialmente gorda que había conseguido desprender de su brazo. En lugar de estallar o dejarse atravesar mientras estaba de espaldas agitando sus patas, la criatura se hundió en la cerámica del suelo del mismo que ellos, haciendo cada vez más difícil de levantar los pies.

Si no se libraban de esas cosas iban a acabar siendo aplastados o ahogándose en el piso. No podía evitar esa imagen mientras los insectos crecían todavía más, obligándole a inclinar la espalda.

Oráculo se había puesto una camisa pesada, una gorra sobre su cabello recientemente cortado casi hasta el cuero y unos jean sueltos sostenidos por un cinturón. Sentía la presión del par de sostenes deportivos en su pecho. El maquillaje le daba ganas de rascarse la cara todo el tiempo, pero había aprendido a ignorarlo. No le importaba que más se parecía a un chiquillo todavía en la secundaria antes de un nombre de 20 años de vida en la tierra con un mismo cuerpo, mientras al menos no fuera una de esas mujeres. No le evitaba la incomodidad del todo, pero desde joven había descubierto que era lo más que al menos calmaba la sensación de que su forma física le era extraña.

No era para él, desde luego. Él sabría cuáles eran sus ideas acerca del género limitante y limitador de la especie humana, de modo que sabría evitarlos los más posibles y, en caso de imposible, recurrir al masculino más cómodo. Él estaba en la banca esperando por el transporte que debería llevarlo a la casa adonde lo esperaba a su madre, después de haber hecho unas compras inofensivas en ese lugar. Susodicha madre iba a morir dentro de dos meses al ser apuñalada durante un asalto en la calle. La gente llamaría a la policía y a una ambulancia, pero ya sería demasiado tarde.

En el tiempo en el cual se encontraban, el cuerpo del brujo había nacido hacía solo 17 años. Su madre iba a morir unos días después de haber llegado a los 18. No le gustaba mucho la idea de tener que despertarlo siendo tan joven, pero las circunstancias le forzaban a cumplir con la promesa. Promesas rotas siempre eran un mal karma. Oráculo se sentó en el otro lado de la banca y lo examinó por curiosidad debajo de su gorra. Era sólo un jovencito. Rubio, ojos grises, rostro en la que todavía quedaba la suavidad de la infancia pero ya se asomaba el hombre que sería. No tenía idea de si era lindo, atractivo o qué. Tampoco le importaba.

De uno de los bolsillos de su camisa, Oráculo sacó un pedazo de hilo blanco. Era meramente simbólico, pero para lo que necesitaba los símbolos eran probablemente lo más importante. Lo sostuvo entre los dedos índice de sus manos y lo acarició con el pulgar en círculos, siguiendo la dirección de las agujas de un reloj. Tomando una inspiración profunda, Oráculo tiró hasta ver al hilo romperse.

La reencarnación del brujo había estado escuchando música del celular que sostenía firmemente en su mano. Movía de vez en cuando la cabeza siguiendo un ritmo privado. Pero cuando el hilo blanco fue partido, de pronto se irguió con la vista perdida en el espacio, indiferente a los auriculares que tenía metidos en las orejas. Luego de unos segundos el joven se frotó la frente, como confundido. Al mirar alrededor se dio cuenta por primera vez que había otra persona sentada a su lado. A pesar de que tenía un diferente cuerpo que la última vez que se vieron e incluso a ese buscaba disimularlo, pareció que su visión le calmaba un poco su confusión.

-¿No te hace calor con todas esas cosas encima? –preguntó.

-No me lo recuerdes –contestó Oráculo con una mueca.

El joven examinó su remera con la imagen de una banda de rock y sus muñequeras cn tachas metálicas.

-Soy un niño –expresó antes de suspirar con resignación-. Supongo que es esto lo que me toca.

-Todos tenemos nuestras luchas –dijo Oráculo, limpiándose la frente húmeda-. Mi deuda sólo era por darte tu mente de antes de vuelta. El resto ya irá por tu cuenta.

-Sí… me acuerdo de eso. ¿Qué tengo metido aquí? –El joven se sacó los auriculares y miró los auriculares con asco. Oráculo arqueó una ceja. ¿Se había olvidado de su vida actual? ¿Tendría que aprender de nuevo todo acerca de las cosas tecnológicas? Eso iba a ser sólo un gran inconveniente para él. Pero en lugar de actuar con confusión, el joven volvió a levantar el celular que tenía en su regazo y lo encendió sin problemas para pasar por la lista de música-. Buenísimo. Tengo un gusto horrible en música.

-Pobrecito –Oráculo se levantó-. Entonces todo está bien ahora. Buena suerte.

-¿Qué tan cerca estamos ahora? –preguntó el adolescente, cambiando la expresión por una definitivamente más seria que casi parecía fuera de lugar en ese rostro-. Te pedí que lo hicieras con tiempo de antelación.

-¿Quieres una aproximación? ¿Tienes cómo pagarlo?

-Acabo de regresar, no tengo nada ahora. Voy a tener que reponerlo todo.

-Entonces vas a tener que quedarte con la duda como todo el mundo. Sólo se lo dije a unos cuantos y ya el rumor se expandió. Diría que todos los que están activos se han enterado.

El joven resopló con clara irritación. A pesar de que sus conocimientos de la vida moderna seguían intactos, todavía tenía mucho con lo cual ponerse al día. Oráculo había cumplido con su trabajo, con eso debía ser suficiente.

-Nos veremos.

-¿Es una predicción? –preguntó el rubio.

Oráculo se limitó a encogerse de hombros como toda respuesta. Compartir suposiciones llevadas por su lógica y experiencia era gratuito, pero verdadera información tenía su precio. Sacó de un bolsillo de sus pantalones un papel doblada con su número actual y otros datos de contacto. Sólo se había traído una, imprimida sólo para él, aunque todavía no podía asegurar que no le haría falta sin dudarlo hasta que la información acabara de rescribirse después de lo que acababa de hacer.

Sería el lugar de otras personas el lamentarse o no por ello.

Ra chasqueó la lengua con patente irritación. Le tomó del antebrazo y dio un pisotón nuevo en el suelo. Inexplicablemente el impacto fue sólido y las cucarachas salieron despedidas de ellos dos y podían caminar por el pasillo de los cubículos y lo orinales. Los insectos ahora parecían ser repelidos a centímetros antes de llegar a ellos.

Alex, defendiéndose por su cuenta, había empezado a meterse las cucarachas en la boca y masticarlas con fiereza en tanto los seguía. Después de dar un salto impulsados por el lavamanos sucio volvieron a sumergirse en el interior del espejo. Del otro lado, si es que había otro lado, salieron rodando por lo que parecía una colina rocosa en la que no tuvieron otra opción que separarse. Abi sólo consiguió de girar cuando Alex lo atrapó de sumergirse en el bosque que lindaba con la colina.

Tenía la impresión de que cuando habían aparecido ahí el ambiente estaba iluminado con la potencia familiar de una tarde, pero a medida que pasaban los segundos una noche tormentosa corría a toda prisa a ocupar su lugar. Hasta que Alex logró tomarlo de la cintura y subirlo a su hombro, subiendo justo detrás del brujo gritándoles que se apresuraran, Abi llegó a vislumbrar sombras de puntos blancos moviéndose entre la arboleda progresivamente más oscurecida. Desde su posición era como si nunca fuera a ser capaz de ver las copas.

-Tenemos que saltar desde arriba –indicó el brujo en voz alta antes de ponerse a murmurar sus palabras.

La tormenta ya estaba encima de ellos y desde el cielo descendían delgados brazos como enormes gotas de lluvia. Dedos largos se incrustaron en el bosque y una porción del suelo que ya habían dejado. Figuras oscuras que apenas simulaban ser humanoides con varios ojos blancos brillantes a lo largo de sus cuerpos.

-¡Prepárate para saltar! –gritó Ra, volviéndose un segundo, en la punta de la cocina.

Alex le puso las dos manos encima, una en su cintura y la otra abrazándole las dos piernas, tanto para sostenerlo en su sitio como para prevenir que alguien intentara robárselo de encima. Eso no le gustó para nada a Abi, quien sólo pudo moverse como podía para aferrarse al ancho cuello disponible.

Se sintió ligero en el aire dos veces, primero cuando el tulpa saltó desde el borde y luego cuando el impulso del movimiento se terminó, dejándolos caer en el aire. Por la posición en la que estaba Abi todavía podía ver el risco agudo siendo consumido por la oscuridad y nuevas manos avanzaban en su dirección. En frente de ellos vislumbró de reojo que se acercaban a las copas del bosque debajo. Apenas fue consciente de ellos, los árboles subieron a su encuentro y en un instante se encontraron rodeados de ramas picudas. Imaginaba que si lo intentaba descubriría que al fondo habría nada.

Hojas conteniendo nubes tormentosas caían alrededor y el brujo, cayendo por su lado, las recogía en puñados en grandes puñados en cada mano. Se llevó los montones más cerca de su rostro y escupió en ellas, convirtiéndolas todas en una bola de nubes grisáceas antes de arrojarlas hacia abajo con fuerza.

Abi se irguió lo más posible para ver la bola extenderse en una forma circular plana, convirtiéndose en otro espejo que se negaba a mostrarles su reflejo.

-Este va a ser algo más diferente –advirtió el brujo. De alguna manera el tiempo se había hecho lo bastante flexible e indefinido para que pudieran hablar sin apresurarse. Le gustaría poder decir lo mismo acerca de las sombras seguían deslizándose por los troncos en su búsqueda-. Vamos a estar más cerca ahora. Está recurriendo a mis recuerdos porque no ha podido tomarnos con los tuyos.

-¿Qué pasa si nos agarra? –preguntó Abi.

-No sé y no siento deseos de averiguarlo.

Algunas manos salían de las superficies. Alex lo tomó en sus manos para ponerlo en frente en previsión. Estaba empezando a sentirse una muñeca. Encima del hombro abultado notaba cómo ya no había troncos, ramas ni ningún risco. Luego fueron consumidos por el espejo. El tulpa lo abrazó, rodeándolo con sus dos brazos, preparado a cualquier cambio de ambiente que sucediera. Lo único que estaba al alcance de sus ojos eran sus músculos restregándose contra su rostro y una porción de negro.

Adonde sea que fuera que habían llegado, el tulpa tuvo que reajustar su posición apenas un poco para recuperar el equilibrio. La fuerza con la que le retenía aumentó. Los pies se le quedaban colgados en el aire.

-Suéltalo –escuchó Abi que pronunciaba la voz del brujo.

La única respuesta de Alex fue un gruñido. En la realidad probablemente le estaría asfixiando llegados a ese punto, pero ahí, en ese estado que era y no era sueño a la vez, esa dedicación para variar le hacía sentir protegido. No le gustaba mucho, como si fuera alguien indefenso incluso si en varias situaciones mágicas no tenía idea de cómo manejarse.

-Si lo tienes así no vas a servir para protegerlo luego. Bájalo.

Abi pudo escuchar el apremio de su voz. El corazón le dio un latido fuerte.

-Hacele caso –ordenó a media voz-. Hacele caso, anda.

El tulpa soltó un pequeño resoplido que se sintió como una brisa sobre su cuello antes de doblar las rodillas y dejarlo ponerse de pie antes de liberarlo. Nuevamente no pudo ubicar el lugar. El suelo era de granito negro. Más adelante había una gran fuente impresionante hecha de plata nueva. Estaba al primer momento seca y la construcción sólo era un enorme adorno, pero cuando ellos se acercaron siguiendo al brujo unas aguas comenzaron a salir disparadas desde la parte superior en un irónico paraguas de gotas. Lo más extraño era que el agua no se decidía de qué color quería ser, si morado, si verde, si naranja o si una combinación oscura de los tres.

Ra se acercó y buscó en un bolsillo del pantalón que usaba de pijama, sacando al fin una pequeña bolsa de plástico en la que se veían unas hierbas mezcladas con piedritas y otros productos de la tierra. Después de haber tomado un gran puñado de lo más que cabía en su mano, arrojó todo en las aguas y sólo entonces las aguas adquirieron su natural cualidad cristalina. Ra también se había traído su navaja, de alguna manera, y apuntó con ella hacia el centro de la fuente. Por la forma en que su pecho se expandía y sus labios se movían, estaba claro que gritaba algo pero aunque Abi estaba a unos pasos de distancia no podía escuchar ni una sola palabra.

Al principio pareció que no pasaba nada. Pero luego el agua se cortó bruscamente y la parte inferior de la fuente se secó con rapidez, sin siquiera dejar una gota a la vista.

-Atrás –dijo el brujo retrocediendo, empujándole con el brazo extendido-. Está por venir.

Abi sintió que la figura monstruosa de Alex se le ponía a sus espaldas y el súbito contacto le hizo estremecer con brusquedad. No quería saber qué era lo que venía, pero fuera lo que fuera prefería por mucho que no lo hiciera.

Había decidido que conservaría el apodo que le había asignado su madre siendo muy pequeño, Wolf. Cuando era pequeño su juguete favorito era un peluche de lobo que su abuela le había dado al nacer. Incluso cuando el juguete empezó a desgastarse y descocerse, lo llevaba a todos lados. Le gustaban los lobos en general. Ese recuerdo infantil podía tener relación o no, daba igual, pero le gustaba el efecto posterior. Ya todas las personas que lo conocían en su nueva vida lo llamaban así, lo que era un inconveniente menos del cual encargarse.

Uno de los muchos pasos que debería dar para ir recuperando lo que había perdido en su última muerte debería ser su asistente. Los contratos requerían un pago especial con cada renovación. Después de hacer unas cuentas consultas con el destino por su cuenta, descubrió que por fortuna contaba en su nueva vida con todos los elementos necesarios para conseguirlo.

En el jardincito de niños Floricienta trabajaban varios profesores, y uno de ellos era una mujer joven que había ganado su título sólo hacía dos años, pero igual adoraba su trabajo. Ella tenía un hijo pequeño de un año que dejaba con su padre mientras salía a trabajar. Había denunciado a su pareja, el padre del bebé, más de dos veces por diferentes asaltos físicos en uno de los cuales había resultado con el brazo roto. Sólo había sido un par de semanas desde que consiguiera reunir el valor para echar al hombre definitivamente del departamento que familiares de ambos ayudaron a pagar. Desde entonces había cambiado de teléfono, fijo y celular, de cerradura, puesto cadenas y todo lo necesario para cortar cualquier comunicación posible.

Pasaba días en los que no podía salir de casa debido al miedo y debía llamar al trabajo para inventar que estaba enferma. Tenía su buena cantidad de experiencia con las mentiras, de modo que por ese lado ya no tenía problemas. En ese día en el que Wolf decidió infiltrarse en el edificio y esperar en una de las aulas en desuso (casi ni fue necesario emplear el encantamiento de invisibilidad, no tenían ninguna más seguridad que una portera), la profesora estaba de buen ánimo y la sonrisa se le salía bastante fácil al hablar con sus pequeños estudiantes. No era bonita, pero eso no importaba.

Había llegado a la hora en que los pequeños dormían la siesta y los profesores pasaban el tiempo dentro de sus salones de descanso. Nadie revisaba las aulas de primaria que todavía no habían sido ocupadad. Si tenía que guiarse por la forma en que se manejaban en su propia escuela, no irían a limpiar hasta que todo el edificio se hubiera vaciado por completo a la tarde.

No sabía cuánto rato tendría que esperar, pero en tanto tuvo oportunidad de preparar un pequeño altar para preparar un ritual de canalización. Sólo necesitaba a una vela blanca (con olor a cereza), su navaja recargada con energía de la luna llena (que tenía incluso antes de despertar) y el encendedor de mamá que no usaría hasta que fuera el momento apropiado.

Este llegó cerca del mediodía, cuando ya faltaba una media hora más de clases. Un hombre bajito pasó por la entrada del edificio. La portera lo vio, pero lo reconoció por las otras ocasiones en que había venido para recoger a su esposa y asumió que eso mismo estaba haciendo, de modo que estaba bien. No sabía nada acerca del divorcio, de las peleas ni nadie le había enseñado a revisar a los visitantes en busca de armas. ¿A quién se le ocurriría entrar semejantes cosas en un jardincito infantil? En el curioso caso en que lo hubieran hecho, habrían encontrado sin problemas el cuchillo de carnicero que sobresalía de su cinturón en la parte trasera de su pantalón, encima de la camisa pero oculto por una pulóver abierto. El cuchillo era nuevo.

En cuanto el hombre entró en el aula adonde la profesora estaba, pasaron unos momentos de silencio. Manteniendo los ojos cerrados, Wolf logró percibir el exacto segundo en que el hombre agarraba a su ex esposa, quien trataba de convencerlo de que se fuera todavía luchando por mantener un tono razonable para no asustar a los niños, y el hombre, como una explosión de rabia roja sangre, le rajó el cuello.

Nadie gritó al primer segundo. El shock fue peor. El hombre no creía que iba a poder tener el valor o el poder para hacerlo. Apenas la profesora perdiera la fuerza de sus piernas, deslizándose sobre la pizarra de plástico contra la cual él la había empujado, el hombre salió del aula con el paso a medio camino entre la caminata y el correr.

Wolf encendió la punta de la vela y pronunció las palabras enterradas en lo profundo de su alma, aquellas que había conocido, repetido y pronunciado más veces de las que podía contar. La energía del hecho violento que acababa de pasar se transferiría a su propia navaja. Esperaba que todavía aceptaran que no fuera él mismo quien realizara los sacrificios.

El hombre tenía los pantalones, el pecho y el puño de una mano manchados con sangre, pero la portera no estaba poniendo atención y no notó que hubiera nada extraño cuando el hombre salió dejando a la puerta cerrándose a sus espaldas.

Nadie se dio cuenta de nada hasta que el llanto histérico de los niños los alertaron. Ellos mismos no habían salido por temor de que el hombre volviera, varios se acabaron orinando en sus guardapolvos. Cuando empezaron a escuchar los sonidos de varias personas moviéndose en dirección del aula y alguien gritando que debían llamar a alguien, Wolf se las arregló para abrir una ventana trasera que daba al parque trasero. De ahí a subir por la reja mientras en el interior comenzaba a armarse un verdadero escándalo, entre los niños y los adultos, fue mucho más sencillo que tratarse de hacerse su camino en medio.

Lamentaba lo que le había pasado a la mujer, pero incluso si hubiera puesto de su parte para evitar el hecho sólo habría sido posponer lo inevitable, ya fuera con la sangre de él o de ella. Algunas uniones se habían hecho sólo para destruirse el uno al otro.  Ojala tuvieran una mejor suerte en sus vidas próximas.

Ahora tenía trabajo del cual encargarse.

El suelo debajo de ellos tembló como un epiléptico en pleno ataque. Alex, sin ganas de esperar más, tomó a su dueño y se lo cargó nuevamente a su hombro, listo para echar a correr y dejarlo en el sitio más seguro posible antes de encargarse de la amenaza. De la fuente empezó a manar una materia oscura  que se deslizó hacia el suelo como un montón de serpientes de distintos tamaños fusionadas juntas. La forma en las colas parecían moverse regodeándose de antemano dirigiéndose hacia ellos tenía algo asqueroso que le revolvió las tripas a Abi.

Desde lo que bien podría haber sido ninguna parte, Ra sacó una espada con los colores de su navaja y lo clavó en la figura, haciendo que esta desprendiera un brillo blanco cegador desde la herida antes de que más materia oscura viniera a cubrirla .

-¡Vuelve aquí! –gritó el brujo, cortando un trozo de la materia y haciéndolo caerse al suelo, adonde siguió revolviéndose con energía. De nuevo una serie de palabras desconocidas antes de darle un pisotón, haciéndolo desvanecerse en una pequeña explosión de polvo gris. Alex no le escuchaba, retrocediendo mientras exhibía los dientes-. ¡Pibe, lo necesito! ¡Tiene que empezar a comérselo! ¡No puedo hacerlo todo!

Por un breve segundo Abi deseó ordenarle a Alex que se diera la vuelta y saliera corriendo en dirección opuesta, pero no podía dejar al brujo por su cuenta.

-¡Vete con él! –ordenó a los gritos, apenas conteniendo el miedo-. ¡Anda, carajo, ayúdalo!

Alex gruñó, pero no tenía otra opción que obedecer. Le dejó en el suelo con cuidado y saltó al frente del brujo, lanzando sus garras envueltas en su brillo dorado para encajarlo en la materia antes de abrir la boca para comenzar a masticar. Entre ellos dos se encargaron de encoger la materia a medida que continuaba saliendo de la fuente. Ra continuaba separándolo en pequeñas partes para que continuara siendo devorado por el tulpa, en tanto este emitía horrendos gemidos hambrientos. Abi no podía estar más aliviado de que los dos estuvieran de su lado. Cuando por fin esta se redujo y dejó de regenerarse, sólo quedaba unas cuantas porciones para hacer desaparecer.

A partir de ese punto el temor se le había bajado considerablemente. Cuando por fin consiguieron hacerlo desaparecer, pensó que eso más bien había sido anticlimático. Cuando el último trozo dejó de ser visible, Ra se volvió hacia él con la espada en alto. Alex extendió las garras hacia él para detenerlo pero no llegó a tiempo.

-Hora de despertar, pibe –le indicó el hombre antes de clavarle la espada en el pecho.

Abi abrió los ojos en su cama. A su lado Alex se levantó y le pasó por encima sobre el colchón. Se dirigía hacia el brujo, el cual se irguió de un salto y salió de la cama, evitando las velas apagadas, con las manos en alto.

-¡Está bien, está bien! –gritó moviéndose hacia el otro lado de la mesa-. ¡Míralo, idiota, está bien!

No tenía la cabeza para gritos tan fuertes temprano a la mañana. Le estaban dando un dolor de cabeza tremendo.

-¿Qué carajo están haciendo? –exigió, restregándose los ojos.

Tenía la sensación de que había dormido por días enteros, el cuerpo pesado y perezoso. No guardaba ningún recuerdo acerca de lo que había soñado, pero le quedaba algo de aprensión en el pecho. Estaba en la mitad de un bostezo cuando Alex se lo arrojó encima, abrazándole y restregándole el rostro contra el pecho. Los dos cayeron encima del colchón.

-Te dije que estaba bien –dijo Ra, regresando a su círculo para empezar a recoger las velas, algunas de las cuales se habían derretido hasta sus bases-. Casi me había olvidado de lo imbéciles que pueden ser.

-¿Qué pasó? –preguntó Abi durante un nuevo bostezo-. ¿Por qué está así? ¿Hicimos algo anoche?

-Cumplimos con el trabajo, pibe. Con eso es suficiente.

Ra se dirigió hacia la cómoda adonde estaba apoyado el muñeco y lo tomó en sus manos para acostarlo sobre la superficie. De pronto, sin el menor aviso, le aplastó la cabeza con un puño cerrado, dejándole un hueco en su lugar. Después de desprenderse de los pedazos, tomó el juguete y lo arrojó al suelo, haciendo que se rompiera todavía más.

-Nadie va a usar esta línea ahora –aseguró Ra, procediendo a estirarse con parsimonia. Sus músculos se tensaron e hizo tronar el cuello-. Lástima. Podrían haberlo vendido para conseguir algo bueno.

El ritual estaba preparado. Había conseguido los elementos necesarios y, después de haber encendido las velas, sólo faltaba mezclarlos en un bol de vidrio que normalmente se usaba para contener un centro de mesa. En cuanto empezó con el ritual, arrojó un fósforo para dejar que se encendieran los elementos expulsando un humo blanco. Luego de un tiempo mezclándolos con su mano y la navaja militar en forma circular, en el centro apareció un portal negro. Con movimientos delicados y controlados, Wolf lo movió hacia abajo en frente del bol. Luego arrojó el contenido del bol, esparciendo un continuo de polvo alrededor.

Las llamas de las velas se apagaron de un soplido. Wolf esperó, sabiendo que algo acababa de atravesar hacia el otro lado. Un extraño frío que ya conocía envolvía a toda la habitación y un olor indefinido a algo antiguo, guardado hacía años, se dejaba respirar. De pronto todas las se encendieron de vuelta y en frente de él alguien avanzaba hasta ponerse en el punto adonde antes estaba el portal. Justo detrás de él la oscuridad se extendía, dando la impresión de que todo detrás del nuevo ente había dejado de existir. Eran piernas, seguro, aunque no podía darles ningún color ni altura específica. Wolf no se molestó en erguir la vista porque sabía que ahí arriba sólo distinguiría una sombra con la figura de una cabeza calva.

-Wolf –dijo el ente, usando el nombre con el cual se había presentado al inicio del ritual-. ¿Aceptas este trato?

-Lo acepto –afirmó Wolf y tomó de nuevo la navaja.

Se cortó el costado de su mano, aguantándose el dolor con una mueca. La sangre se deslizó caliente por su muñeca. La extendió hacia arriba con la cabeza hacia abajo en señal de respeto por las fuerzas que le permitían esa reunión. Alguien ahí arriba le tomó de la mano y se la estrechó con fuerza, demasiada. Ardía, pero él sabía que sólo estaba en su mente y aguantó, apretando el puño de su otra mano y los dientes.

Justo en el punto cuando creía que ya no podría aguantar el dolor, el ente le soltó primero. Respirando profundamente, Wolf recogió su mano y se la curó con un simple hechizo rápido.  Las luces regresaron. De nuevo podía ver el escritorio sobre el cual estaban los nuevos libros de ocultismo que había sacado de la biblioteca. Lo único de verdad diferente era al hombre alto que estaba de pie en frente de él.

Wolf ahora sí miró de arriba abajo. Ofrecía una fachada de humano completamente normal y corriente. Los demonios podían saber lo que hacían al querer mezclarse entre los humanos en las raras ocasiones que deseaban visitar, pero la pinta de motociclista que ofrecía este llamaba demasiado la atención para ser el producto de esa intención. Su largo cabello de intenso rojo le caía hasta debajo de los hombros. La barba que llevaba le rodeaba la boca en forma de candado.

-¿Por contrato? –preguntó Wolf, manejándoselas para ponerse de pie.

El hombre le ayudó tomándole del hombro. El primer impulso de Wolf fue empujarlo de un codazo, pero se contuvo. Era la falta de costumbre, nada más.

-Sí –dijo el hombre. Tenía la voz de un fumador y unos ojos celestes claros aue parecían habituados al buen humor. Wolf disimuló su decepción. Un demonio por contrato no era tan potente como uno de nacimiento y no le hacía falta ser un genio que lo más probable era que fuera la primera vez que alguien lo hubiera convocado-. El nombre es Rocky.

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Un pensamiento en “Tulpa. 8

  1. La verdad me fue bastante vertiginoso seguir el ritmo de la primera parte. Confieso que a ratos me perdi y capté muy poco. Pero me alegró de todos modos ver que Ra como siempre, puto amo y resolvio el asunto a pesar de los sustos que pasaron.

    Y por otro lado…

    BIG YAY!!! Lindos Rocky y Wolf al fin tienen su canon! Hoooray!!! ❤ Ya era hora, se lo merecen! ❤ Ahora a ver como participan en este despelote.

    Besos!

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