Sugar Daddy. 3

Sin título-1

Capítulo 3: La buena vida

 

Christian se dio cuenta de que lo que estaba sucediendo entre él y ese joven esa noche no era normal. Todos aquellos a los que había invitado a su casa para quedarse habían sido atractivos de una manera o de otra, se podía ver sin problemas tocándolos y sacando de sus cuerpos el placer que él buscaba al contactarlos. Cuando lo había visto a Jack en el baño, después de que se cansara de esperarlo en el comedor y lo encontrara tomando una siesta en lugar de ponerse en camino.

Christian había pretendido por un lado hacerle saber cómo serían las cosas debajo de su techo (nadie lo hacía esperar, todo debía ser cuando él lo deseara en la manera en que lo deseara) y por el otro quería empezar a inspeccionar qué clase de perro había escogido. Siendo que lo había sacado de las calles se imaginaba que no iba  estar en el mejor estado posible, pero de verdad no se esperaba que estuviera así, tan… descuidado, como un juguete que alguien hubiera tirado en un rincón para no volver a jugar con él.

 

Su piel era blanca, pura, o lo sería de no ser pequeñas e inconvenientes cicatrices que se extendían por su cuerpo delgaducho. Ninguna parecía ser el centro de entrada para agujas llenas de vayan a saber qué droga moderna, lo que suponía que estaba bien, pero de todos modos Christian Grey no estaba preparado para las emociones que le embargaron cuando vio exactamente el estado en que estaba. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que alguien le había dado una comida en toda regla? ¿La última vez en que el chico había podido sentarse en paz, masticar todo lo que quisiera y sólo disfrutar de la comida sin ninguna presión? Incluso si fuera sólo unos días, había sido demasiado tiempo.

 

De pronto, en ese momento en que le veía los huesos y le sentía la piel fresca por el agua tibia, Christian tuvo la certeza absoluta de que necesitaba cuidar de ese joven en particular, mucho más que a cualquiera de los otros que hubiera traído en el pasado. No podía dejarlo ir simplemente. No sabía qué haría si incluso después de que le hiciera la propuesta el joven decidía que prefería mucho más conservar su independencia incluso si eso significaba continuar viviendo como hasta ahora. Tuvo unos segundos de pánico interno en los que dudó seriamente sobre de lo que sería capaz si llegaba a presentarse semejante escenario. La solución más inmediata que se le ocurrió era ofrecerle aunque fuera una sola noche en su casa, bajo su techo, en una cama cuya calidad los hoteles más exclusivos y costosos podrían aspirar a obtener.

 

Esa solía ser su respuesta para esa clase de chicos que todavía tenían un aire de desafío en ellos pese a  exudar pobreza por todos los costados, pese a sus ropas harapientas y sus alientos menos que apetecibles de tener cerca. Una sola probada de lo que era vivir como una persona decente no era jamás suficiente. Al final siempre pedían más. Necesitaban más.

 

Christian Grey sintió la inseguridad y la tentación de reírse de sus ridículas preocupaciones, todo en un mismo momento. ¿Qué ideas habían sido esas? Eran perros sarnosos arrancados directo del basurero. Tendrían que ser una clase muy especial de idiotas para no apreciar de inmediato las maravillas que ponía en frente de sus ojos. ¿Y quién decía que él quería gente así bajo su cinturón, cuando lo tuviera puesto y cuando no? Pero obviamente que ese nuevo chico no iba a ser así, ¿verdad? No se veía capaz de matarse de hambre por mero orgullo. Sencillamente no lo haría, ¿verdad?

 

Y sin embargo… sin embargo, ni en sus sueños más calenturientos habría podido esperar que el joven aceptara totalmente de la manera tan perfecta en que lo había hecho. Ya en el baño la única cosa que lo había mantenido a raya de agarrar a ese jovencito y dejarle el trasero en carne viva tras incontables azotes, así aprendiera a tomarse a la ligera una reunión con él, o quizá simplemente follárselo contra el suelo de su baño, había sido la necesidad más imperiosa de primer alimentarlo y llenar su estómago. No le atraía follarse a un esqueleto.

 

Pero después de que le hubiera dicho el real propósito de su estadía, el joven, por su propia voluntad y sin que nadie se lo indicara, le había dado la visión más hermosa que podría representar poniéndose de rodillas con la cabeza completamente baja, entregándose por completo. ¿El muchacho sabía siquiera lo que significaba eso? Y si lo sabía, ¿quién se lo había enseñado? ¿Seguía vivo? La idea resultaba de lo más irritante.

 

Cuando extendió la mano hacia el frente, Christian originalmente tenía la idea de agarrarle del cabello y preguntarle precisamente eso, pero luego se le ocurrió que habría tiempo más adelante para preguntas o hacer una apropiada investigación a menos de profesionales. De modo que en cambio se decantó por un toque suave y volver a sumergirse en las piscinas nocturnas de sus ojos abiertos, demasiado bajos para hasta que él tuvo que ayudarle a mirarlo de frente. Sintió que podría olvidarse de cómo respirar. Sintió que podría olvidarse de dónde tenía los labios.

 

Era hermoso. Era imposiblemente hermoso. Estaba más que claro que su lugar no estaba en las calles. Pertenecía a la seda, al oro, al platino. A su seda, oro y platino. Pertenecía a su jaula, agachándose por él, sacando esa lengua impertinente para saborear el sabor de su amo y sus cuerdas vocales pronunciando todos los títulos que le debía. Maestro, amo, dueño, señor, rey. Probablemente dios. Deseaba que él fuera quien se los dijera. Quería que se los grabara en la piel y si podía ser literalmente todavía mejor. ¿Cómo un tesoro así estaba desperdiciando su brillo en las calles? Sólo de pensar en lo que habría tenido que hacer para seguir adelante se le revolvían las entrañas. Era diferente a todos los otros chicos que se había traído.

 

Incluso con sus insulsos cuerpos y sus gargantas profundas acostumbradas a todos los tamaños, él era diferente. Lo sabía. Lo presentía como una pulga correteando entre sus huesos debajo de su piel y pulsando para llegar a las venas del más joven, empapándose en todo lo que venía de su cuerpo y le podía pertenecer con más derechos que los de un padre sobre su hijo.

 

Sus padres no habían sido más que unos descuidados que jamás le prestaron la suficiente atención ni lo hicieron sentir como parte de su hogar. Ahora las cosas cambiarían y, una vez más, Christian creyó que podría hacerlo con Jack. Todas las piezas estaban ahí. ¿Estaba de verdad dispuesto a armar ese bello rompecabezas y ver la imagen que le esperaba al final? ¿Estaba listo para deshacer las piezas en caso de que no fueran la fotografía que se había prometido?

 

Sí, sí lo estaba.

 

Pero antes de que hubiera decidido nada más se encontró invadido por un hambre repentina, un instinto de poseer al más joven de alguna manera de inmediato antes de que fuera demasiado tarde. ¿Para qué? No tenía idea. Antes de que le dijera que pedía demasiado, que todo era demasiado sospecho y que prefería irse. El beso que le dio tenía mucho de rabia y un intenso deseo por agarrarle desde las nalgas para follárselo ahí mismo, tirando la comida con un amplio movimiento de brazo.

 

¡Y ese demonio apretándose! ¡Deseándolo! ¡Haciéndole sentir el calor de su entrepierna presionándola contra su pierna, dos pares de pantalones inútiles para ocultar el bulto que se había formado por su acción impulsiva! Christian por un momento sólo pudo aferrarle los costados, sabiendo que no podía dejar las cosas continuar así. Tenía un sistema. Tenía un modus operandi. No podía tirar todo eso a la basura por algo de calentura. ¡Vamos, Grey, despabílate!, pareció gritarle su erección desde abajo. “Ya hemos decidido conservarlo. No lo arruinemos ahora. Él todavía no ha firmado nada.”

 

Tomó una gran aspiración, llevándose el aliento (gracias a Dios, tolerable) del más joven a su boca, reviviendo contra el paladar el movimiento impaciente de su lengua debatiéndose contra la suya, y empleado una impresionante cantidad de fuerza de voluntad, lo alejó con cuidado y firmeza de sí. Estuvo sólo a un pelo de echar cualquier reserva por la ventana, escuchara quien escuchara, cuando el joven se puso a lamerse los labios con lo que no podía ser otra cosa que lujuriosa intencionalidad. ¿Estaría volviendo a probar el vino que su nuevo padre había probado? ¿Le sabría bien?

 

-Come –ordenó y le repitió la orden a su miembro ahí abajo, esperando que un estómago lleno fuera todo el placer que fueran a obtener de esa espectacular cena.

 

A pesar de todo, estaba complacido más allá de toda medida. Parecía que se había traído a un perro mejor entrenado que lo de costumbre.

 

Pero en cuanto terminaron de comer y el joven fue guiado de nuevo por Taylor a su habitación (una diferente a la de los invitados, una que no existía cuando su esposa Ana todavía vivía bajo su techo), una devastadora sensación de pérdida llenó su alma turbulenta. A pesar de que sabía que sólo unos metros los separaban (su habitación estaba sólo al final del pasillo), era como si hubiera un abismo. Sabía que si entraba en su cuarto ahora y decidía follárselo tendría una respuesta positiva, si es que la reacción a su beso había sido nada por lo cual guiarse.

 

El problema era que ya no se trataba de follar. Desde hacía muchísimo tiempo había dejado de tratarse de eso. Ni siquiera con Ana había sido tan sencillo, incluso si él se quiso engañar pretendiendo que podía ser así. Había aspectos serios a considerar y esqueletos en el closet que necesitaban una buena limpieza, pero no podía hacerlo solo. Aceptar su polla era bueno por una parte, pero el resto… ¿quién diablos podía decirle qué iría a pensar ese jovencito de las calles sobre el resto? ¿Le gritaría que estaba loco? O peor… ¿le diría que sí sólo para seguirle la corriente pero no lo haría de verdad, sin dejarle entrar y conquistar lo que le correspondía? Eso sería más de lo que su orgullo podría resistir. No, con una vez ya no tenía el lujo de darle la bienvenida a un nuevo hueco.

 

Se dijo que una noche de sueño sería lo ideal para perder las horas hasta que los nuevos contratos estuvieran listos. Odiaba siempre que tenían que agregar nuevas cláusulas para cubrir nuevos problemas. Ahora incluso debían cuidar que el firmante no hiciera comentarios acerca de lo que hicieran en la internet, contando especialmente cualquier red social a la que estuviera inscripto. Esa era una enorme pega que sólo había encontrado con esos jóvenes. Podían salir de las calles pero todavía estaban conectados con el mundo de una forma o  de otra y cortar de raíz esas conexiones siempre significaba una cantidad extra de esfuerzo.

 

Pero se engañaba tratando de culpar al papeleo. Se suponía que así debía ser. Debía darle una oportunidad al joven de calmarse y hacerse a la idea de haber finalmente entrado a un mejor estado en la vida. Una noche de calma y tranquilidad bajo unas sábanas frescas y limpias iba a ser el mejor argumento que podría usar a su favor hasta que les demostrara lo que el trato de verdad implicaba. Era así como lo había hecho durante años, pero con este jovencito… necesitaba verlo.

 

Necesitaba tanto verlo que tomó dos horas dando vueltas en la cama para que se diera cuenta de que no había manera de que fuera a dormir esa noche. Ir a buscarlo directamente estaba fuera de discusión. No quería parecer desesperado, incluso si lo estaba. Así que lo mejor que podía hacer era dejar que el joven viniera por su cuenta.

 

Por suerte ya tenía una opción disponible.

 

Christian se puso de nuevo la camisa de su pijama que se había quitado para estar más fresco. Se calzó unos calcetines deportivos que usaba sólo para andar por casa y se dirigió hacia el piano que tenía el salón. La acústica de la mansión iba a ser el resto del trabajo por él.

 

Christian quitó la delgada tela que lo cubría para evitar que se llenara de polvo y se ubicó en el banco. A Ana solía gustarle escucharle al piano. La mujer jamás había aprendido a tocar ningún instrumento, de modo que ver a alguien hacerlo sin siquiera una hoja con las notas en frente, habiendo aprendido los movimientos igual que al andar de una bicicleta, era un espectáculo que la maravillaba cada vez. Había sido una mujer ridículamente sencilla. Todo lo que hacía la impresionaba. Era divertido y gratificante recibir tanto por tan poco esfuerzo.

 

La música que conocía la había practicado tantas veces que ya podía escucharla de modo tan ausente como cualquier espectador oyendo a una grabación. Así podía disfrutar de la tonada y además mantenerse al pendiente de cualquier otro sonido en la casa durante los silencios o las pausas necesarias.

 

Su estratagema comprobó ser efectiva después de que hubiera repetido la tonada por segunda vez. El leve crujido de la puerta le hizo saber que ciertamente el joven debía haberse levantado de la cama. Esa puerta había dejado de ser aceitada para ese explícito propósito, por si alguno de los jóvenes pretendía merodear a la noche para robar algo valioso y salir por una ventana con la absurda esperanza de escapar indemnes. Las únicas veces en que habían sucedido habían visto pronto que no resultaría. Todas las puertas estaban aseguradas y las ventanas mantenidas cerradas por su sistema de seguridad. De haber intentado romperlas o forzarlas de cualquier maneras, las alarmas se activarían y el joven en cuestión severamente castigado.

 

No parecía ser ese el plan con el que Jack quería moverse. Sus sutiles pasos, en los que se intercalaba el sonido de su piel contra el mármol, se escucharon desde el piso superior hasta el inferior y luego por un costado, hacia el camino de la cocina. ¿Se habría desorientado en su camino al origen de la música o algo así? ¿Cuál era la idea?

 

Siguió escuchando. Parecía que ahora estaba revolviendo en los estantes y Christian tuvo que apretar con fuerza su mandíbula para no gritarle que ojala no pensara destrozarle nada y que ni se molestara en buscar alcohol por ahí. Paciencia, paciencia. Primero tenía que saber. Podía espantarlo y eso nunca se debía hacer con los conejos que estaban a punto de devorar la zanahoria que les ofrecía bajo su caja levantada por un palo.

 

Pero era irritante, demasiado irritante. ¡Estaba ahí! ¡Tocando! ¿Por qué no venía? Unos segundos más tarde el agua del grifo estaba corriendo y un ligero tintineo de vidrio. En cuanto los pasos se reanudaron hacia la salida al salón, Christian volvió a erguirse y puso su expresión más concentrada en la pieza, imprimiendo toda la pasión posible sobre su pieza. De reojo vio a la figura blanca del joven irguiéndose desde el umbral de la puerta y por poco Christian se equivocó en la siguiente parte.

 

El pequeño malcriado aquel estaba desnudo. O prácticamente desnudo. Su blanca piel al descubierto sólo estaba cubierta en la entrepierna por la ropa interior de marca que le había dado. El vaso de agua en su mano, del cual continuaba bebiendo incluso mientras se acercaba. Más le vale que no ande dejando marcas de agua en mis muebles, pensó Christian con irritación pero parecía que no iba a ser necesario.

 

Jack simplemente dejó el vaso en el suelo cerca de una mesilla y fue a acercarse. Christian, sonriendo de inmensa satisfacción para sus adentros, se hizo a un lado en el banco, dándole una clara invitación de irlo a acompañar. El joven no lo hizo de inmediato, lo que de nuevo estuvo a punto de romper su concentración.

 

-¿Haces esto seguido? –preguntó el chico.

 

Viéndolo más cerca, Christian se dio cuenta de que lucía cansado y sus movimientos eran perezosos, bastantes lentos. Pero cualquier preocupación que alguna vez hubiera podido albergar acerca de haberlo sacado de la cama antes de que realmente lo deseara se desvaneció en el acto cuando lo tuvo cerca. Todavía conservaba el olor de su shampoo y la esencia de las manzanas estaba llenando sus pulmones en cada inspiración. Lo único que quería era seguir sintiéndolo.

 

El cabello negro caía como una suave cortina sobre sus delicados hombros. ChrIstian se lo apartó hacia atrás y le reveló su hermoso perfil poniéndoselo detrás de la oreja.

 

-¿Disfruar de mi tiempo a solas en mi propio hogar? –pidió aclaración con un suave tono.

 

Jack se volvió sólo ligeramente y observó su mano, que todavía estaba en contacto con su mejilla. Se sentía algo fría. Cómo no, si se le ocurría salir prácticamente desnudo. No había manera de que no hubiera visto el pijama masculino que había mandado Taylor a comprar y luego indicado que dejara doblado sobre la cama. ¿A lo mejor le había quedado demasiado grande?

 

Jack extendió sus dos manos encima de las teclas y, viendo que no le decía para reprocharle al respecto, procedió a tocar. Cuando iba por la mitad, Christian no pudo contenerse la risa.

 

-¿Martinillo? –dijo con incredulidad.

 

-Es lo único que sé –admitió el joven con una sonrisa de auto burla, encogiéndose de hombros.

 

Christian tuvo el súbito y extraño impulso de revolverle el cabello. Era extraño porque sus impulsos generalmente incluían agarrar a la gente y ponerlas contra alguna superficie mientras se las follaba sin piedad.

 

Técnicamente podía hacer cualquiera de esas tres acciones. Varias veces si le daba la gana. El más joven había aparecido casi como si esa hubiera sido toda su motivación. En toda la mansión sólo estaban ellos dos y Christian ya sabía que nada de lo que hiciera habría de traerle malas consecuencias. ¿Cómo iban a verse moretones de pasión en su cuerpo delicado? Jack tocó dos veces al equivocarse en una nota y luego se volvió hacia él. Los ojos de Christian se dirigieron como por instinto a sus labios rosados y se los imaginó alrededor de su polla, chupando con fruición.

 

Entonces los labios se movieron, la pequeña lengua salió de nuevo a lamérselos, tentándolos como un demonio en el desierto, antes de abrirse para dejar salir unas nuevas palabras.

 

-¿Quieres ir conmigo a la cama?

 

No podía haber escuchado bien. La calentura le estaba haciendo escuchar cosas. No sería la primera vez.

 

-¿Disculpa? –inquirió Christian, casi ofendido.

 

-Tú quieres ir, ¿no? –preguntó Jack y movió su mano desde las teclas blancas a su pierna, subiendo hacia su entrepierna haciendo presión mientras más se acercaba.

 

Christian sintió un acceso de espantoso y furia que casi le hace darle una bofetada. ¡Cómo se atrevía! Pero en lugar de hacer eso, le agarró de la muñeca y se la apartó. Su erección había sido activada como si hubiera presionado el interruptor y eso no le molestaba, no le disgustaba para nada, pero le molestaba que le estuvieran cambiando los planes. Sobretodo, no le gustaba no ser quien llevara la iniciativa en esa situación.

 

-Eres un pequeño muy experimentado, ¿no? –dijo entre dientes apretados.

 

El chico abrió los ojos, claramente sorprendido. Interpretó eso como una señal de miedo, lo cual le complació mucho. Bien, era mucho mejor si le temía. Haría muchísimo más fácil mantenerlo bajo control. Christian le soltó y casi deja escapar una sonrisa al verlo agarrarse la muñeca con un gesto claro de dolor.

 

-Me pregunto con cuántos habrás hecho lo mismo –dijo con un helado tono en su voz, apenas manteniendo a raya el súbito disgusto que se le trepaba por la garganta como un montón de vómito-. ¿Cuántas comidas te habrás pagado haciendo lo mismo?

 

Jack hizo un gesto de desagrado. Christian cerró un puño, pero le dejó hablar para saber el grado del castigo que requeriría para quitarle esos impulsos. Unos segundos más tarde, no obstante, en lugar de darle rienda suelta a su lengua como se esperaba (como secretamente deseaba), el chico tomó una profunda inhalación y relajó los hombros.

 

-¿Importa acaso? –preguntó con la mirada baja-. Ahora sólo lo voy por ti, ¿no es así? ¿Para eso me has traído, no? ¿Padre?

 

No se podía negar que era lindo de escuchar eso. Cada palabra pareció vibrar a través de su entrepierna, como una corriente eléctrica enviando chispas desde sus venas apunto de agitarle las piernas para arrojar a ese joven sobre el sofá más cercano para enseñarle cuánta razón tenía. Le costó demasiado poder tragar la saliva que acababa de formarse en su boca.

 

-No deberías presumir de saber para qué te traje aquí –le dijo Christian con dureza.

 

Jack continuó tocando los palos chinos sin ningún ritmo determinado. Parecía como un niño al que hubiera reprochado y hacía tiempo para no tener que mirarlo de nuevo.

 

-¿Pero eso forma parte, no? –le preguntó.

 

Su voz era suave, casi tímida. Christian tuvo un irresistible deseo de envolverlo en sus brazos prestar. No debería parecerle tan pequeño e indefenso. Ninguno de los otros chicos había causado en él ese deseo de protegerlos además de poseerlos, pero no podía desperdiciar tiempo ocupando su cabeza en esas cuestiones. Ya habría oportunidad de dejar libres sus instintos para guiar sus actos. Tenía que recordárselo, tanto a su cabeza como a la polla que no dejaba de palpitarle baj la bragueta.

 

-Sí –admitió sin ninguna pena. Si el chico era lo bastante maduro para sugerirlo, era bastante maduro para saber una parte de la verdad-. Pero hay todavía más que eso. Te lo explicaré todo en la mañana. Para entonces espero que tengas el asunto mucho más claro para que puedas todas una buena decisión.

 

-Hum –dijo Jack, tocando unas notas agudas consecutivamente con dos dedos. Todavía no había alzado la cabeza-. ¿Y qué pasaría si dijera que quiero quedarme?

 

“Entonces ya no sabrías lo que es sentarte derecho ni andarías exhibiéndote así.” No había nadie en la casa, pero eso era aparte del punto. Era especialmente injusto restregarle por las narices la recompensa que podría tener si sólo decidía tirar por la ventana cualquiera de sus planes, sin importar cuántos años hubiera tomado en preparar un plan cuyos riesgos de fracasar eran mínimos. ¿Cómo se suponía que iba a cumplir con esas ideas con el joven tentándole sin su permiso? Ni siquiera podía mantener la vista sobre él de modo que Christian la apartó con aire irritado.

 

-Lo sabrás a su debido tiempo –recalcó con severidad-. Los papeles estarán aquí en la mañana. Con suerte para entonces todas tus dudas estarán aclaradas.

 

Incluyendo si estaba dispuesto a quedarse bajo su techo para acatar sus reglas.

 

Jack levantó los hombros y los dejó caer en medio de un profundo suspiro. Parecía que al fin había entendido que no obtendría lo que buscaba esa noche. Christian casi se sintió molesto porque hubiera resultado tanto sencillo. Podría haber peleado por ello un poco más y darle una verdadera excusa para azotarle.

 

-Como quieras, padre –le respondió el joven con tono tan suave.

 

Christian se le quedó viendo con evidente sorpresa por unos largos segundos antes de que se repusiera y se acercara para acariciarle la cabeza, casi como un movimiento tentativo frente a un castillo de naipes que amenazara con derrumbarse frente a sus ojos. El cabello se sentía tan suave bajo su palma. Le resultaba fácil imaginarse trenzándoselo por entre las barras de una jaula.

 

Se apartó de inmediato apenas la idea surgió en su mente. ¿Cómo podía habérselo ocurrido algo así? Era una absoluta ridiculez. Sin duda que ese cabello no iba a quedarse así. Si lo que buscara fuera una hija lo habría hecho hacía mucho tiempo y sin duda que no sería otra puta adicta de las calles como lo había sido su madre. Esa debería ser una tradición familiar que debería haber muerto con ella.

 

Jack se giró sobre el banco, obviamente sin entender lo que había sucedido.

 

-Ve a dormir –le ordenó Christian algo bruscamente, esperando cubrir su vacilación anterior-. En la mañana saldremos de compras y querrás estar descansado para eso.

 

El joven se alzó del banco. El ligero crujido del cuerpo del banquillo en contra de la piel descubierta de sus muslos le hizo pensar en envolver sus piernas delgadas en prendas apretadas que quitaría de inmediato como una costra de un tirón cada vez que quisiera disponer de él. Las mujeres tenían suerte de poder usar vestidos, pero con un hombre a lo mejor pudiera arreglar la ropa de manera que tuvieran hoyos convenientes y a la vez fueran lo suficientemente discretos para el público. El truco del suéter colgando de las caderas (que no le gustaba mucho porque no se veía lo suficientemente elegante y los haría ver como una especie de criminales de barrio pobre) o el saco largo que tuviera una división por el medio.

 

El chico había dicho algo y esperaba su respuesta. ¿Qué había sido?

 

-¿Disculpa?

 

Jack levantó una mano y se rascó por encima del pezón como si no le diera la menor importancia atraer toda la atención de Christian sobre ellos, incluso si los veía endurecerse bajo sus ojos gracias a una combinación del ambiente y el contacto directo.

 

-Sólo dije si no quieres darme un beso de buenas noches –le propuso el más joven, ladeando ligeramente su cabeza hacia un lado sin verlo de manera directa.

 

Christian apretó la mandíbula y los puños a sus costados. ¿Acaso lo tomaba por un idiota? ¿Creía que no se daba cuenta de lo que estaba haciendo? Sus acciones eran el equivalente de bañarse en miel para ir a dormir a la cueva de un oso. ¿Cómo se suponía que iba a cuidar de él si el muchacho seguía haciendo caso omiso de las reglas y los límites para hacer lo que le daba la gana?

 

¡Maldición!

 

Lo peor era que lo que de verdad quería era darle el gusto de la manera más salvaje que pudiera. Lo peor era que estaba funcionando con un cien por ciento de efectividad. Lo peor era que su polla iba a estallarle del deseo y no había otra cosa que deseara que tenerla estallando contra esa lengua diabólica para escuchar sus jadeos hambrientos antes de tragarle y pedir más como un perro.

 

¡Maldito sea!

 

Antes de que pudiera razonar más al respecto y decirse que debía calmarse, Christian se encontró atrayendo la cabeza del joven y juntando sus labios sin ninguna reserva. Jack reaccionó de inmediato rodeándole el cuello con sus brazos y poniéndose en puntas de pie. Sus delgados dedos se movieron por su cabello y le dieron un ligero tirón apasionado mientras Christian le sostenía las nalgas con sus manos, sobando su dureza e imaginando lo fácil que sería abrirlas para darle paso a lo que sea que quisiera ponerle. Para ser un chico tan delgaducho tenía un espectacular trasero, del tipo que haría delirar a alguna riquilla de secundaria o incluso mayores. ¿Cómo se vería con un uniforme escolar? ¿Una escena de maestro y alumno? Iba a acabar perdiendo la cabeza.

 

Recuperó algo de raciocinio sólo cuando las notas piano llegaron a sus oídos y se percató de que había subido al más joven a la superficie alta que estaba más a su alcance, el cual había resultado ser el piano. Las notas salieron disparadas como una alarma para sacarle de la nube de su propia lujuria, sólo para encontrarse que el joven continuaba moviéndose para recibirle entre sus piernas y sentir el relieve de su miembro por encima de sus pantalones de tela ligera.

 

-Basta –jadeó recuperando la consciencia con cada inhalación.

 

El joven lo tocaba de una manera demasiado deliciosa y sus dedos le rodeaban, bajando y subiendo con maestría por lo que era su largo.

 

-¿Seguro, padre? ¿No quieres darle a tu hijo algo para que tenga buenos sueños?

 

Oh, nene, no tienes idea de cuánto deseaba hacerlo. Pero más que nada no podía permitirle que tomara las riendas del asunto. Podía ser un terrible antecedente para el futuro. De manera que, haciendo tripas corazón, Christian le dio un manotazo antes de que le obligara a hacer algo de lo que podría arrepentirse.

 

No había pasado años evitando cometer errores de novato para verse convencido por un chico de las calles para hacerlos ahora.

 

-¿No entiendes lo que es un no? –le reprochó.

 

Jack descendió la mirada, cobijando su mano golpeada contra su pecho como para protegérsela. Al verlo Christian se dio cuenta de cuál era otro de los problemas o ventajas, dependiera de cómo se viera, de haberse decantado por miembros del sexo masculino en lugar del femenino. Ahora, en lugar de guiarse por sus gestos, sus miradas o el tono de sus voces agudas ahora sólo tenía que ver hacia su entrepierna para ver una polla ajena a la propia exhibiendo la misma dureza que quería liberar de sus pantalones. Conocía la textura que podía tener. Por curiosidad incluso había llegado a probar su sabor y tenía uno mucho más fácil de distinguir que cualquier coño por el cual hubiera pasado su lengua. Una indeseable hambre le embargó, pero se forzó a reprimirlo.

 

-Perdón, padre –emitió Jack en voz baja.

 

Christian suspiró, sintiendo que con eso le desarmada el enojo. Al menos el muchacho malicioso tenía una cierta idea de cómo debía comportarse, incluso si tenía que recibir cierto incentivo para actuar de esa manera aceptable. Necesitaba todavía modificar un par de cosas si esperaba que durara un poco más que los otros.

 

-Ya tienes lo que querías –le recalcó Christian, dando a su pesar un paso hacia atrás. Iba a tener que matarse a una paja en su propio baño si quería tener alguna esperanza de tener un buen sueño. Apenas estuviera todo bien arreglado ya se encargaría de hacerle pagar  su insolencia-. Ahora vete a dormir.

 

Christian dio un paso hacia atrás para darle oportunidad de bajarse del piano por su cuenta. Las teclas volvieron a emitir su triste música falta de belleza cuando Jack tuvo que apoyar una mano encima para sacar su trasero de ahí. Eso no podía ser una posición bastante cómoda para follar en paz. Hizo una nota mental de hacérselo de esa manera un día en que lo tuviera atado, amordazado y la única cosa que pudiera hablar fuera el instrumento. No sabía tocar muchas cosas con el de modo que sería un interesante cambio para él, acústicamente hablando.

 

-Buenas noches –dijo Jack sin verlo, pasando por su lado en dirección de nuevo a las escaleras.

 

Christian se dirigió hacia la puerta que iba a la cocina para recoger el vaso que el joven había dejado en el suelo y bebió los últimos rastros de líquido que quedaban en el fondo. Desde arriba le llegó el sonido de la puerta luchando para ser cerrada. Christian bebió el borde adonde quedaban las marcas de los labios de Jack, incapaz de no recordar la sensación de sus bocas unidas cuando se besaban. De verdad no recordaba la última vez que había tenido tanta necesidad por uno de los chicos. Ellos habían sido apenas barras de chocolate. Jack era la cena principal.

 

Extraño. Pero muy excitante.

 

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Un pensamiento en “Sugar Daddy. 3

  1. *Saca un mazo gigantesco* quiero moler a Grey a golpes, en serio que si. Me esta cayendo pero de la reputisima mierda! Y eso que intento captar algo positivo en sus ganas de proteger a Jack, pero argh, aaargh… no puedo!!!

    *le da mazazos al Grey* Irritante como el solo!!! Si este Grey es asi, no quiero leer esa maldita novela NUNCA NUNCA!

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