Sugar Daddy. 4

Sin título-1

 

Capítulo 4: El diablo está en los detalles

 

Una alarma repentina espantó a Jack fuera de sus sueños y por unos segundos se preguntó si era una nueva locura de Tom creada con el indirecto propósito de amargarle todavía más la vida. Apretó las sábanas entre sus dedos, sintió el olor de su propia cabeza en las almohadas suaves y parpadeó confundido a la luz ya encendida de su cuarto. Le tomó unos parpadeos poder acostumbrar los ojos pero finalmente pudo ubicarse en el tiempo y espacio, justo cuando una voz salió desde su costado.

-Buenos días –dijo Chrisitian, sentado en una silla.

 

Jack casi espantado hasta que reconoció de quién se trataba y sólo le quedó extrañeza.

 

-¿Por cuánto tiempo has estado ahí?

 

El hombre tenía un libro sobre el regazo que cerró con calma tras colocado un marcador de papel y lo dejó encima de una cómoda. Jack vio que se trataba de una novela grande cuya portada sólo contenía el título de la obra y el nombre del autor en letras doradas en relieve. “Crimen y castigo” de ya no sabía quién. Era un libro grueso y parecía que su lectura a manos de Grey estaba bastante avanzada. ¿Para qué se podía haber traído eso hasta su cuarto y justo antes de que se despertara?

 

Jack miró hacia su mesilla de luz. Un reloj alarma digital de última generación estaba entonando su segunda ronda para poder despertarlo. Estaba seguro de que eso no estaba ahí anoche. Se habría dado cuenta.

 

-Un tiempo ya –dijo Christian y se levantó con confianza para apagar la alarma finalmente-. Babeas mientras duermes.

 

“No lo hago”, pensó Jack como inmediata respuesta antes de percatarse de que tenía la boca seca y al subir la mano se restregó la humedad dejada en su mejilla. En la almohada también había una mancha por el sitio adonde debería para alguien que hacía exactamente lo que Grey acababa de sugerir.

 

-Ah –dijo. Sinceramente no sabía que eso podía pasar. Habían pasado años desde la última vez que tuviera una almohada de verdad y no sólo su mano-. Disculpe –dijo, pensando que a lo mejor eso era lo que estaba esperando el hombre.

 

A él le parecería una completa estupidez, pero qué sabía él de lo que hacían o no los ricos. La idea de que lo estuviera esperando, viéndolo babosear sus cosas mientras dormía, tampoco le hacía especialmente feliz. Christian se irguió con las manos a la espalda.

 

-No te preocupes. De todos modos iba a enviarlo todo a limpiar. A las sábanas se las envía a limpiar diariamente –le informó Christian con un tono que sugería que ya sabía que esa novedad iba a maravillar a Jack.

 

No lo hizo. Pero era bueno prescindir de un regaño nada más levantarse. Salió de la cama restregándose los ojos y vio que Christian Grey no sólo estaba parado con el libro bajo el brazo, pero también tenía un traje de negocios que sin duda debía provenir de algún diseñador demasiado costoso para la mayoría de la gente. “Ah, claro”, pensó en un súbito momento de claridad. “Hoy es lunes, debe estar por ir al trabajo.”

 

-Levántate y estate listo en unos diez minutos –le indicó el hombre en cuanto lo vio de camino al armario adonde estaba la ropa con la que ya venía el cuarto-. Vamos a salir.

 

-¿Adónde? –preguntó Jack, sorprendido, volviéndose.

 

-Si vas a vivir aquí necesitarás tus propias cosas, ¿no? Ahora sólo tienes un aproximado, pero me imagino que son todavía demasiado grandes para ti. Todavía pareces un vagabundo con ellas puestas, de modo que es tiempo de arreglarlo.

 

Christian se dirigió a la puerta, sin darle oportunidad a responder. Tampoco se le ocurría qué podría responder a eso más que lo obvio: que todavía era un vagabundo. Pero antes de que el hombre saliera del cuarto, se giró hacia él.

 

-Por cierto –dijo. Su cruda mirada grisácea se dirigió cual lanza hacia los suyos-,lo de anoche no quiero que se repita. No puedes andar por la casa prácticamente desnudo de esa manera. Vas a pescar algo. Si sientes demasiado calor dímelo y veremos de arreglar el termostato.

 

Jack se mordió la lengua para contener una sonrisa sardónica. ¿Se creía en serio que iba a tragarse esa patética excusa? Y si creía que no había visto la manera en que lo había visto durante la noche estaba bien equivocado. Debía ser también del tipo que no quería ese tipo de distracciones a menos que las ordenara. Así resultaba mucho más aburrido. Se tragó sus ganas de emitir su respuesta en forma de una burla amistosa. Algo le decía que ese tipo ni siquiera se aguantaba ese tipo de cosas. No le veía mucho sentido del humor.

 

-Está bien, padre –le dijo de forma inexpresiva.

 

-Bien –asintió Christian, dejándolo solo para cambiarse.

 

Jack se permitió unos segundos para asimilar su nueva situación. Estaban a punto de ir de compras para él. Iba a ir de compras con un ricachón cuya mansión podría ser un hotel sin problemas. Y si lo que había visto hasta ahora podía servirle para hacer predicciones, seguro iba a insistir en comprarle las marcas más costosas. “Que haga lo que quiera”, pensó, sonriendo para sí. Algo así podía ser entretenido y sería una nueva experiencia para tener. No tenía idea de cuánto pensaba durar, pero si esas iban a ser las cartas que iban a tocarle pensaba sacarles todo el jugo que podía.

 

En cuanto estuvo listo con otro sencillo conjunto de ropa, de nuevo recurriendo a los cinturones y a los calcetines doblados de nuevo para llenar su calzado, Jack salió de su cuarto para encontrarse de forma sorpresiva con Taylor esperándole justo afuera. “¿Este tipo no hace otra cosa que ser un sirviente?”, se preguntó mientras el hombre le decía buenos días antes de guiarlo de vuelta al comedor. Desde ayer creía que ya sería obvio que por lo menos cuando se trataba de las habitaciones principales sabría cómo llegar, pero parecía que su “padre” todavía no confiaba lo suficiente en él para dejarse manejar por la mansión por su cuenta.

 

Suponía que estaba bien. Un sujeto con tanto que perder tenía un poco de razón en ser paranoico. Sin decir una palabra, los dos entraron a otro salón comedor más pequeño que el que habían usado para la cena. Christian ya estaba ubicado en la cabecera, leyendo el periódico en una tableta electrónica apoyada justo en frente de su plato vacío. En cuanto los vio entrar no se molestó en apagar la pantalla y le dio un leve asentimiento de cabeza a Taylor.

 

El hombre se giró sólo para darle una sonrisa amable a Jack antes de desaparecer en dirección a la cocina. Christian hizo un gesto hacia una silla a su lado que ya había sido previamente corrida. Jack se dejó caer, un poco abrumado por la cantidad de comida que había encima. Había desde tostadas con distintas opciones de jalea y mantequilla de maní, cuatro cajas de diferentes tipos de cereales, yogures de varios sabores, leche, azúcar y cosas que sólo había visto desde el exterior de panaderías y quizá alguien le hubiera dicho como se llamaban, pero él personalmente ya no tenía idea cómo se llamaban ahora. Se veían deliciosas.

 

-Puedes comer lo que quieras –indicó Christian sin despegar los ojos de su pantalla-. SI quieres algo más lo veremos en la tienda más tarde.

 

-¿Esto es lo que comes todos los días? –preguntó Jack, incapaz de creerlo que un sujeto con esa figura fuera capaz de engullir tanto azúcar nada más en la mañana. ¿A lo mejor pasaba mucho rato en el gimnasio?

 

-Es sólo para ir sondeando tus preferencias. En cuanto las hayamos tenido más claras la mesa estará menos llena o al menos eso espero –le explicó Christian distraídamente. Elevó un poco las cejas antes algo que vio en su pantalla y se puso a tocar otra sección. Después de unos segundos, mientras Jack estaba ocupado llenando su tazón con un cereal sabor de chocolate, el hombre dejó escapar una media sonrisa-. El contrato está listo. Voy a tener a Taylor trayéndolo en un momento.

 

Jack llenó su tazón hasta donde pudo con la leche y lo mezcló todo muy bien, dejando que la lecha tomara el color del chocolate, antes de llevárselo a la boca. Sólo había probado de esa marca cuando era niño y volver hacerlo como ahora se sentía como parte del paraíso. Cada vez se le hacía más difícil creer que cualquier cláusula le hiciera negarse a aceptar el trato que estaban llevando. Unos minutos más tarde, mientras Christian mordisqueaba una tostada apenas cubierta por jalea de frambuesa, Taylor apareció desde el pasillo principal llevando una serie de hojas engrapadas por la parte superior. Con un mudo gesto Christian le dijo de dejarlo cerca de Jack en una zona libre de opciones para el desayuno.

 

-Gracias, Taylor. Ve teniendo listo el auto para cuando nos vayamos –dijo el hombre.

 

Jack vio por el costado del ojo que una expresión inusualmente seria pasaba por el rostro del sirviente antes de desvanecerse por la misma sonrisa solícita. “Será que no le ha dejado tiempo de desayunar”, supuso Jack sin darle en realidad mucha importancia. Con la cuchara sobresaliendo de su boca, Jack se estiró a ver por encima de qué se trataban los papeles. Por lo que pudo entender era un acuerdo de absoluto silencio, pero por si acaso había algo más se giró hacia a su señor Grey de qué se trataba.

 

-Es para asegurar que lo que sea que pase entre tú y yo se quede entre nosotros.  Lo último que quisiera es que mi vida fuera parte de alguna revista amarillista o que otras personas se hicieran una idea equivocada. Como imaginarás, tengo mucho interés en mantener mi privacidad en tan buen estado como ahora.

 

“Para que todavía tenga una posibilidad de recoger nuevos chicos”, supuso Jack. Porque si no se trataba de eso ¿a quién podía importarle lo que dijera un chico de las calles acerca de un ricachón que nadie ni siquiera iba a creerle que lo conocía en persona? Jack recogió el contrato y se puso a ojearlo mientras continuaba llenándose la boca de cereal humedecido y leche saborizada.

 

-¿Qué estás haciendo? –preguntó el señor Grey.

 

-Quiero al menos saber bien de qué se trata –respondió Jack tratando de controlar su voz para que no se notara que creía que esa era una respuesta obvia-. Ni siquiera tengo amigos online así que no tengo idea de a quién podría decirle nada, pero si quieres que lo firme prefiero leerlo.

 

Christian le miró con una cara que decía a las claras que esa no solía ser la reacción a la que estaba acostumbrado, entre incrédula y confundida. Pero dio un leve movimiento de hombros, al parecer decidiendo que no tenía mayor trascendencia incluso si seguía siendo raro y Jack siguió leyendo mientras el hombre mayor seguía poniéndose al día con las noticias.

 

-Hum –emitió Jack pasado un tiempo.

 

-¿Sí? –dijo el señor Christian.

 

-Esto me sigue sin decir exactamente qué clase de relación vamos a tener –dijo Jack, habiéndole dado una repasada general a todas las hojas-. Creía que el contrato que querías que firmara iba a ser sobre eso.

 

-Eso será más tarde. De nada serviría decirte exactamente qué quiero de ti si luego vas a rechazarlo y contárselo a quién sabe qué remedo de reportero barato.

 

-No creo que sea la gran cosa-comentó Jack con honestidad-. Personas con mucho dinero y extraños fetiches son como los ingleses y el té. Sobre todo ahora que todo mundo se las da de fetichista. Probablemente te ganarías un montón de admiradores si algo así se supiera.

 

Christian pareció que iba a decir una cosa, quizá un reproche al respecto, pero lo consideró y al final le preguntó:

 

-¿Tú crees?

 

Algo en la manera curiosa en que el hombre lo dijo le hizo gracia a Jack, pero no estaba tan relajado como para olvidarse de mantener cierta compostura frente al hombre.

 

-¿Por qué no? –dejó salir-. A muchas personas les basta el dinero para volver dios a cualquier tipo de persona.

 

-¿Te cuentas entre esas personas? –preguntó Christian, ahora ignorando del todo a su tableta para mirarle con tal de  tener toda su atención para escuchar qué tenía que decirle al respecto.

 

Jack se esperaba que le volviera la cuestión, pero no se esperaba que realmente le importara tanto la respuesta. Siendo un ricachón dispuesto a gastar su dinero sin límites en extraños, ¿de verdad podía sorprenderse de que el dinero fuera un factor importante en su relación con otros? ¿Podía llamar a esa sorpresa como una ingenuidad a prueba de balas o simple estupidez?

 

-No lo creo –dijo, porque realmente no había otra cosa que tuviera posibilidad de decir, no dadas las circunstancias presentes. La fachada humilde era tan fácil de colocarse encima como cualquier otra máscara-. Obviamente que me gusta todo esto que has hecho por mí y lo aprecio mucho. Pero no creo que todo el dinero del mundo podría hacerme aceptar lo inaceptable, ¿sabes? No soy suicida precisamente y me gusta creer que tengo algo de autorespeto.

 

Una sombra oscura de desilusión se plantó sobre las atractivas y maduras facciones del hombre. Jack reprimió a duras penas su indignación. ¿Qué era eso? ¿Acaso ese tipo quería a un suicida? ¿A alguien que no tuviera el menor sentido de dignidad o aprecio por sí mismo? Porque si esa era su idea, ya podía ir follándose con uno de sus elegantes candelabros. Con su ayuda, si eso era posible.

 

-Ya veo –dijo Christian con una clara nota de tristeza. “Ve a comer mierda, tío”, le deseó Jack apretando un puño debajo de la mesa-. Para ser un chico de las calles tú tienes tus propios estándares, ¿no?

 

“Hijo de la remil puta.” Vivir en las calles no significaba que alguien dejaba de ser una persona. Pero si quería seguir estando del lado bueno de ese sujeto, no podía ir haciéndole saber ese tipo de cosas ni comentárselas como si pretendiera que no iba a tomárselas a pecho.

 

-No lo sé –dijo con voz suave-. Si sirve de algo, a mí me gusta padre.

 

Apenas emitió esas palabras, temió que eso hubiera sido un intento demasiado obvio por lamerle el trasero. Pero un tipo así probablemente ya estaba acostumbrado a ese trato y a lo mejor ya ni siquiera notaba la diferencia.

 

-¿De verdad? –inquirió Christian y al alzar un poco la cabeza, Jack se dio cuenta de que su complacencia era evidente.

 

El hombre empujó un poco atrás su silla sobre el suelo y tomó otra tostada para untarla en la jalea de frambuesa que sólo él había tocado. Luego de lo cual dio una palmada sobre su rodilla, abriéndose de piernas. La señal no podía haber sido más clara para Jack. Echó igualmente su silla hacia atrás para ponerse de rodillas sobre el suelo y gateó hacia su padre por futuro contrato. Una vez estuvo entre sus piernas apoyó una mano sobre la rodilla que estaba más cerca y luego dejó descansar su mentón encima. Le levantó los ojos con lo que esperaba que fuera la disponibilidad de un buen perro.

 

Antes de obligarse a bajar la vista para concentrarse en el pecho del hombre en lugar de sus ojos, pudo notar que un gesto de desagrado pasaba por el rostro del mayor. Si eso no era lo que quería, ¿qué buscaba?

 

-Lo lamento –dijo, apartándose de él para erguir su espalda con las manos sobre sus muslos-. ¿Te he molestado de alguna manera?

 

No podía imaginar por qué y estaba todavía más molesto por haber recibido esa reacción.

 

-No, nene –dijo el señor Grey.

 

Jack ocultó su sorpresa. Era la primera vez en muchos años que nadie lo hubiera llamado así. Sintió que el hombre le ponía la mano encima de la cabeza y le daba una palmada que le pareció condescendiente antes de que lo hiciera mirarlo tirándole sin mucha fuerza de su cabello. Cuando volvió a verlo, el hombre mayor le sonreía con satisfacción. Ese había sido un rápido cambio. En cuanto le acercó la tostada a los labios, Jack comió procurando mantener la boca cerrada mientras masticaba. Después de haber terminado la tostada, Jack tomó entre sus dientes el pulgar de la mano que le sostenía el mentón y le lamió con fruición, envolviendo el pequeño miembro con su lengua antes de rodearlo con sus labios.

 

El dedo índice le dio una ligera caricia desde la posición en la que estaba. Jack se atrevió a mirarlo hacia arriba buscando una señal de que quería que fuera todavía más lejos y se pusiera algo más adentro de su boca, pero el hombre le cortó en seco negando con la cabeza y sacando su dedo de su alcance. Jack no pudo evitar notar el bulto que claramente se notaba desde su entrepierna. Christian se llevó el pulgar a su propia boca y probó su saliva. Era evidente que eso le gustaba. Una profunda expiración salió de él en forma de un suspiro lleno de decepción.

 

-Vas a ser la perdición de mí, nene –le comentó el hombre y se puso de pie, lo que dejó todavía en evidencia su erección, lo cual debió percatarse porque dio un paso hacia atrás, poniéndose encima el saco que había dejado en su silla-. Ponte de pie. Tenemos que ir de compras.

 

-Sí, padre –contestó Jack mecánicamente. Cada vez que lo rechazaba sentía algo de curiosidad por saber qué tanto era lo que ocultaba el señor que necesitaba toda esa parodia de consentimiento. Al erguirse de nuevo sobre sus pies, recogió el contrato que había dejado sobre su silla-. Quiero seguir leyéndolo –aclaró cuando notó la pregunta en los ojos del hombre.

 

-Si tienes alguna duda podrías preguntarme directamente.

 

Jack creía que esas eran sólo palabras que sonaban bien, pero no venían acompañadas con ninguna intención de darles peso. Había tenido toda la noche y el día anterior para aclararle las preguntas que ya le planteó anteriormente y continuaba sin hacerlo, excusándose en la necesidad de otra cantidad de papeles. Bien, si así era como quería pasarle la información, entonces al menos trataría de absorber esta lo más que pudiera.

 

Los términos legales que desconociera seguro que podría buscarlos en la red… asumiendo que le daba autorización para hacerlo, claro. Si es que tenía algún interés en seguir presentándose como un sujeto justo y no otro tirano que sólo quería un culo dependiente de él al que pudiera follar en cualquier momento que quisiera. Lo que ni siquiera le molestaría o sorprendería demasiado si el tipo de por sí se tenía figurado que vivir en las calles lo volvía un pobre idiota desesperado.

 

Afuera, en lugar del por sí gran auto que había visto a Taylor conducir el día anterior, los esperaba una especie de limusina negra. Imaginaba que era una especie porque no resultaba tan largo como otros ejemplos que había visto.

 

-Necesitamos el espacio para las compras –le explicó Christian en cuanto Taylor descendió del vehículo para abrirles una puerta.

 

Jack tardó un segundo en percatarse de que su padre por contrato esperaba que subiera primero y en cuanto lo hizo se adelantó, incapaz de reprimir su asombro por el espacio abierto en el centro del suelo mientras que los asientos se extendían desde el fondo hasta por el costado. Jack se acomodó en el borde en tanto Christian se ubicaba justo en el medio y extendió un brazo por detrás del asiento mientras revisaba algo en su celular con la otra mano.

 

Taylor cerró la puerta y entró a la zona del conductor, la cual estaba separada de ellos por un vidrio oscurecido que apenas dejaba ver la silueta del hombre al dar contra el sol. Antes de que se pusieran en camino, una luz fluorescente se encendió sobre sus cabezas. Jack se dispuso a seguir leyendo el contrato de confidencialidad.

 

-¿Ya has pensado en lo que quieres? –preguntó Christian distraídamente.

 

-No en realidad –contestó Jack, dándole una media sonrisa de complacencia-. Prefiero dejárselo a los expertos. Yo no tendría ninguna idea de cómo vestirme excepto poniéndome prendas que me queden encima.

 

-¿Es por eso que elegiste esas ropas? –le preguntó Christian haciendo un leve gesto hacia su apariencia.

 

Jack se miró de nuevo porque en serio no recordaba qué había tomado del armario. Era una simple camiseta azul con líneas blancas horizontales y el mismo jean que había usado en la noche anterior con un cinturón de color negro. Como calzado se ponía unas zapatillas. Había sido literalmente lo primero que encontró y estuvo más a su alcance. Podía estar de acuerdo en que no lucía como un supermodelo. Por una parte porque era demasiado escuálido  y por otra con la ropa de talla más grande de lo necesario ese hecho se veía todavía más evidente. Pero no creía que estuviera haciendo ninguna declaración con lo que había escogido. Como todavía no le había contestado, Christian estiró la mano y tiró un poco del cuello de su camiseta, el cual colgaba tanto para dejar ver parte de su pecho delgado.

 

-Espero que entiendas que mi hijo no puede ir así –le explicó el señor Grey, dejando caer la tela sobre su piel-. Si decides quedarte vamos a tener que trabajar por poner algo de carne sobre esos huesos. Serías un muchacho terriblemente guapo si sólo cambiáramos eso.

 

Jack estaba de verdad confundido si tomar eso como un cumplido o no. Casi le hacía recordar a la bruja de Hansel y Gretel pensando en los mejores ingredientes que le llenaran el estómago. Por la manera en que lo emitía parecía que por lo menos para Christian debía tomarlo como uno, de modo que acomodó su respuesta a ese propósito.

 

-Si tú lo dices, padre. Gracias –Y le sonrió de forma amable.

 

Unos momentos más tarde llegaron al centro comercial. Taylor condujo el vehículo hacia un piso inferior del estacionamiento. Jack había reconocido la fachada cuando lo pasaban por la esquina y sabía que se trataba del mismo centro comercial al cual habría ido a comer de no haberlo recogido antes el empleado de Grey. Una vez se detuvieron, Grey ni siquiera se movió hasta que Taylor se bajara del vehículo para abrirles la puerta.

 

-Vamos a estar un tiempo aquí –informó el señor Grey-. A lo mejor tendremos también el almuerzo aquí. Te llamaré cuando estemos listos para volver.

 

-Sí, señor Grey –respondió Taylor.

 

Christian le hizo un gesto a Jack para que lo hiciera. Obediente, Jack procuró mantener a un par de pasos detrás de él sin ninguna pretensión de guiar el camino. Era la primera vez que sentía que podía caminar por esos pasillos con unas prendas de ropa nuevas  que no hubiera mantenido arrugándose por meses dentro de una bolsa de plástico. Ni siquiera con sus mejores opciones encima se había atrevido a pasar del primer nivel, no fuera que se arriesgara a que alguien llamara a seguridad o a tener que aguantarse a las miradas de desaprobación de un vejete que creía tenerle figurada la vida entera en base a la falta de calidad en su calzado.

 

En general podía pretender sin problemas que no le importaba atraer esa clase de atención, pero en otros días podía ser de verdad irritante. Sin embargo, ahora, bajo el ala del señor Grey no tenía que preocuparse por eso. Ni siquiera tenía idea de qué clase de tiendas había en los niveles superiores, pero al parecer no se había equivocado al creer que se trataba de tiendas de ropa más costosas. El señor Grey lo llevó hasta una tienda de ropas masculinas en las que sólo había hombres mayores y una sola mujer inspeccionando camisas encima del mostrador.

 

Un encargado canoso con camisa, chaleco y pantalones oscuros salió de inmediato a recibirlos, dirigiéndose sólo hacia el señor Christian Grey después de dirigirle apenas una leve mirada de reconocimiento por su existencia a Jack. Al muchacho en cuestión no le importaba en lo más mínimo ser parte o no de la conversación que estaba sucediendo justo en frente de él, claramente refiriéndose a él y su figura, porque todo el lugar de por si lo ponía demasiado incómodo. No podía quitarse la sensación de que ese no era su lugar y que no pasaría mucho tiempo antes de que alguien lo agarrara por detrás para intentar sacarlo de ahí a rastras. Estaba incómodo y cuando el hombre empleado empezó a sacar prendas de ropa de entre los estantes, Christian Grey le sorprendió tomándole del antebrazo para dirigirlo a una habitación conectada a la tienda que sólo contenía los vestuarios.

 

No había manera de que nada de lo que hicieran ahí fuera presenciado por nadie en la tienda. Christian le indicó de meterse a uno de los cubículos, el cual sólo contenía un espejo de cuerpo entero con un marco de madera claro, un banco y una barra de madera de la cual sobresalían ganchos metálicos para ir colgando lo que fuera que los clientes necesitaran. Christian le dijo que quería que se fuera desnudando y desapareció tras la cortina, dejándolo solo.

 

Jack hizo lo que se pedía, ya que no tenía nada más que hacer, y se quedó sobre sus calcetines y la ropa interior como únicas prendas puestas. Se sentó sobre el banco a esperar, al lado de las ropas que había tratado de doblar en la forma más correcta posible porque de verdad no podía imaginar cuál era la posición del hombre al respecto. No mucho más tarde, Christian regresó cargando un montón de ropas dobladas entre sus brazos.

 

-Deja lugar –le dijo.

 

Jack se levantó y le vio separar a las camisas de las camisetas y de los pantalones. Hecho lo cual, Christian se volvió. La forma en que lo hizo tuvo algo lo suficientemente de improviso para que Jack diera un respingo en respuesta. Pero incluso si el hombre no hubiera actuado de esa manera, la forma en que lo miraba habría sido suficiente para ponerlo intranquilo. Parecía casi… furioso con él. ¿Pero cómo? ¿En qué podía haberse equivocado?

 

Antes de que siquiera se le ocurriera en pensar en cualquier motivo posible, Christian se le abalanzó y lo puso contra la pared, las manos sobre su cuello. Jack sintió su corazón saltándole al fondo de su garganta, una completa imposibilidad anatómica causada por el puro miedo del momento, hasta que se dio cuenta de que las manos del hombre sólo lo sostenían pero no lo apretaban. Un segundo más tarde las manos subían para elevarle la cabeza y que no tuviera otra opción que aceptar uno de sus besos impuestos en los que un gemido de sorpresa permitió la invasión de la lengua tirana.

 

Le gustaban los besos del hombre, le gustaba un poco la agresividad, le gustaba la impetuosidad. Pero la sombras lineales sobre el rostro de Christian le hicieron mirar hacia arriba mientras el resto de su cuerpo se acoplaba al del mayor sin siquiera pensarlo. Las sombras provenían de los focos del techo iluminándoles desde arriba de los ganchos de metal. SI Christian Grey o él hubieran sido un poco más altos, el señor Grey ahora tendría un ojo menos.

 

Esa idea se le hizo tan graciosa que se le escapó una risa que a medio camino se convirtió en otro gemido cuando el hombre le agarró de un muslo para subírselo a la cintura. Jack le restregó su entrepierna ondulando su espalda.

 

-¿Lo has visto, verdad? –preguntó Christian casi gruñendo contra sus labios-. Todas esas mujeres e incluso hombres babeando por ti a nuestro paso. Lo estabas haciendo apropósito, ¿no? Debe haberte encantado tener toda esa atención para ti, ¿verdad?

 

Jack se le quedó viendo, incapaz de entender de qué diablos estaba hablando. De verdad que no podía siquiera imaginarlo. No había hecho más que seguir a Christian por detrás. ¿Y no había dicho él mismo que parecía demasiado escuálido para ser todo lo atractivo que podía ser y por eso necesitaba más carne en los huesos? Pero antes de que hubiera sido capaz de formular cualquier clase de respuesta, el señor Grey le impuso otro beso y el agarre sobre la nalga unida a su pierna alzada se intensificó, haciéndole gimotear del dolor.

 

¿Qué pasaba por la cabeza de ese tipo?

 

-Si llegas a aceptar mi trato no vas a poder hacer eso, ¿te das cuenta? –siguió Christian Grey, sosteniéndole con firmeza del mentón para que ni siquiera pudiera volverle la vista-. La posición ya era más que incómoda-. No vas a poder exhibirte ni desplegar tus encantos a nadie más que a mí. Yo no suelo compartir mis posesiones.

 

-Yo… -jadeó Jack, prácticamente sintiendo a su cerebro correr para ponerse en el correcto papel para la ocasión. Quería usar sus uñas largas para enterrárselos en los ojos, pero al menos no lo estaba ahorcando y debía recordar que no tenía el poder para ejercer esa rebeldía. Todavía no estaba en un estado de peligro tal que requiriera semejante medida-… lo lamento, padre… Voy a tratar de tomarlo en cuenta.

 

-Con tratar no voy a estar satisfecho –replicó Christian, fulminándole con una mirada helada.

 

Jack tragó saliva a duras penas. No porque los dedos del hombre se lo impidieran sino porque tenía la garganta seca como una hoja de lija.

 

-E…entiendo, padre. Lo haré. No me interesa que nadie más me vea que tú, padre.

 

-Esa es otra cosa –continuó Christian y los dedos justo debajo su mandíbula se sintieron tensarse con ira contenida. Jack no podía moverse, no podía mirar a ninguna otra cosa que a los ojos grisáceos de hielo puro que se clavaban en él-. Es excepcionalmente notable que sepas comportarte tan bien sin ninguna clase de entrenamiento.

 

-¿No te alegra eso… padre? –inquirió Jack e intentó sonreír-. Eso significa menos trabajo para ti, ¿no? Yo sé las cosas básicas, sé lo que tú quieres… puedo complacerte como tú más quieres.

 

-El problema, pequeño, es que yo no he sido el que te ha enseñado esas cosas y eso personalmente me irrita. Me hace pensar en cuánta experiencia has tenido antes de conocerme y con cuántos sujetos habrás practicado. No puedo llevarme a la cama a una persona que ha tenido tantos amantes. ¿Quién me asegura que no cargas con alguna clase de enfermedad en este momento?

 

¿De eso se trataba? ¿De verdad eso le irritaba tanto? ¿Acaso siquiera caía en cuenta de que sólo llevaban conociéndose un par de días? Pero no, no podía perder la calma. Ese sujeto tenía todas las cartas a su favor y él no tenía ninguna. Nadie iba a arriesgar el cuello para salvar a un perro callejero de un ricachón energúmeno que quisiera descargarse contra él.

 

-No, padre, te equivocas –dijo Jack. Negarlo podía ser suicida o, en todo caso, sólo estúpido porque no habría forma en que lo creyera-. Sólo tuve un Amo, una vez, hace muchos años, pero no he vuelto a hacer lo mismo por ninguna persona. Me he mantenido sano lo más posible. Sólo ha pasado un mes desde la última vez que me hice los exámenes y estaba bien. Viviendo como lo hago realmente no puedo permitirme enfermarme, ¿no es así?

 

La furia en la expresión de Christian pareció cristalizarse y suavizarse un poco, convirtiéndose en escarcha de descontento. ¿Acaso había decepción también? ¿Tan acostumbrado estaba a ser el primero de todos los otros chicos? Y pensar que otros dominantes estarían felices al encontrar a alguien así…

 

-Él está muerto –aclaró Jack, agradeciendo que el agarre en su cuello se suavizara para poder bajar el mentón. El tacto de hombre se pasó a su clavícula con su pulgar presionando el hueco que tenía por el medio-. Él sí estaba enfermo, por eso nunca me tocó con su propia piel –El señor Grey lo estaba escuchando con atención, de modo que continuó-. Fueron dos años en los que me entrenó como su mascota y luego murió. Quiso dejarme algo de dinero para que pudiera seguir manteniéndome solo, pero sus hijos no lo permitieron y tuve que volver a las calles de nuevo. He hecho lo que he podido para seguir adelante, pero eso fue todo. Nunca repetí lo mismo por nadie.

 

La ira, que le había parecido tan sólida como el mármol, parecía haberse evaporado del todo en el aire y sólo quedaba la curiosidad. La negra curiosidad que sólo preguntaba las cosas que no quería responder, pero debería porque así eran las cosas.

 

-Eres demasiado joven para que haya sucedido hace tanto tiempo como dices –dijo el señor Christian y Jack tuvo la tentación de girar los ojos por su ingenuidad al creerse que tenía 21 años-. ¿Cuántos años tenías entonces?

 

Jack en realidad quería preguntar si eso tenía alguna importancia, pero ya se sabía mejor que eso su camino a seguir. Hombres como Christian Grey jamás hacían preguntas por las cuales no esperaran una clara y concisa respuesta. Mientras más positiva y a su favor estuvieran, mejor.

 

-Tenía 16 años, señor –contestó y en su fuero interno notó el esfuerzo que le costaba mantener un tono casual.

 

De pronto casi sintió un subidón de espanto cuando el pulgar de Christian empezó a acariciarle la mejilla. Reprimió con todas sus fuerzas su impulso de apartarlo de un golpe o de volver la cabeza. No quería compasión, ni de él ni de nadie. Había vivido bien por su cuenta, no la necesitaba. Por eso era más fácil decir que sus padres lo habían echado al descubrir sus tendencias homosexuales, cuando se enteraron de que era ateo, cuando creyó que podría hacer mucho mejor en la vida sin ellos. Cualquier excusa antes de tener una adonde la gente tuviera esa asquerosa mirada que sólo le dedicaban a las pobres palomitas inocentes que no se merecían la mierda que les tiraba el mundo. Le repugnaba esa mirada. Lo hacía sentir débil, como una víctima.

 

-16, ¿eh? Es todavía un año más de lo que yo tenía cuando me inicié –continuó Christian inesperadamente, causando que Jack lo mirara con genuina sorpresa. Christian le sonrió como si esa fuera una reacción más que esperable dadas las circunstancias y siguió hablando, sin dejar de acariciarle la piel lampiña-. ¿Qué sucedió con tus padres, pequeño?

 

Ah, no, eso sí que no, se decidió Jack. Podía ser honesto acerca de muchas cosas, pero otras prefería llevárselas contigo hacia la tumba. No porque fueran especialmente importantes o vergonzosas, sino porque algo debía ser todavía suyo mientras bajaba la cabeza y pronunciaba la misma cantinela de adoración y obediencia que aquel otro hombre mayor y enfermo le había inculcado a fuerza de regaños y firmeza. Sólo de pensar en él era imposible no notar las diferencias abismales que existían entre esos dos Amos que el destino o el diablo había puesto en su camino. Aquel se había sentido mucho más como un padre que todavía como compañero de fantasías llevadas a la realidad que lo que se había sentido el que tenía el frente.

 

Entonces había sido divertido someterse y ceder, parte de un entretenido juego en el que siempre se sentía seguro y en cuyos brazos siempre podía confiar caerse con los ojos cerrados. Este era un trabajo y uno por el cual no tenía las mayores esperanzas de poder durar antes de que debiera tirar la toalla de forma definitiva. Podía ser un viejo verde calentón que todavía tuviera buena cara y a lo mejor supiera follar bien, pero no era más que otro creído que se pensaba el rey del mundo y pataleaba como un bebé demasiado poderoso cuando existía la más mínima duda al respecto.

 

-Murieron, señor –informó con voz monótona, sólo agregando la correcta expresión de tristeza y lamentación para no parecer un desalmado o, el cielo no lo quisiera, alguien capaz de desafiar sus caprichos-. Si no le importa, mi señor, preferiría no hablar de eso. Además no veo por qué eso sería importante –Movió su cabeza contra el pecho de Christian y puso las dos manos alrededor de su cuello. El movimiento, como pudo notar, causó un leve estremecimiento en el mayor, cosa que le satisfizo, pero por otra parte no provocó que este lo apartara por tomar la iniciativa en algo para variar-. Eso pasó hace muchísimo tiempo, mi señor – Casi un año, para ser más exactos. Se enterró contra él como para dar más énfasis a sus palabras-. Ahora le sirvo a usted y es todo lo que importa. Piénselo como que usted ahora puede disfrutar de un hijo obediente que tendrá una mejor idea de cómo hacer que su padre se sienta orgulloso que otros chicos disponibles. Ese será mi regalo para usted, señor.

 

Esperaba que se creyera esa montaña de lisonjas porque si no lo hacía, ya no sabía más que hacer. Hacerle semejante escena por un ataque de celos (los cuales de por sí eran irracionales, pero los suyos ya se propasaban) ya le había descolocado demasiado y en lo absoluto se habría esperado que tendría que confesar sus antecedentes sumisos con anterioridad. “Aunque él también me confesó los suyos o al menos una parte”, pensó. Quince años había dicho, ¿cierto? Y creía que él había tenido y seguía teniendo una adolescencia jodida. Pero una familia equipada con su buena cantidad de millones seguramente ayudaba bastante a limpiar casi todas las heridas, o al menos eso suponía Jack.

 

Permanecieron en completo silencio lo que le pareció una eternidad hasta que, inspirando con inusitada fuerza por encima de su coronilla, como si estuviera aspirándole la caspa de entre los folículos, Christian le aferró de la nuca y le abrazó.

 

-Realmente –dijo el hombre, hablando contra su cabello con olor a manzanas- de verdad espero que no me decepciones, pequeño. Ya he tenido demasiadas decepciones para molestarme en contarlas.

 

Por la forma en que se manejaba, Jack no lo puso en duda ni por un segundo. Y si un sujeto ya conocido en la materia como él estaba teniendo dificultades para ponerse al día con ese sujeto voluble, ¿qué tanto peor iba a ser para un simple novato? Sería imposible aguantarlo y quedarse cuerdo. Por primera vez en un buen tiempo agradeció el hecho de haber conocido a su primer Amo y haber tenido la posibilidad de aprender bajo su mano, porque al menos ahora contaba con una oportunidad para sobrevivir a ese nuevo obstáculo. Pero la decepción ya le había llegado a él de pleno, incluso si desde el inicio se había afirmado que sería sencillamente imposible que ese ricachón pudiera complacerlo en la exacta manera en que necesitaba que fuera.

 

Así era la vida de un trabajador, después de todo. Alguien tenía que ganarse el sueldo y vender su cuerpo y regalar caramelos en forma de palabras no representaba en lo absoluto un concepto nuevo que jamás hubiera puesto en práctica.

 

-No te preocupes, padre –le dijo Jack, devolviéndole el apretón por las caderas, lo que causó otro estremecimiento pero fue seguido por una falta total de respuesta verbal-. Nunca me atrevería a molestar a mi padre.

 

Christian le dio un beso rápido en la coronilla. A pesar de que la erección en sus pantalones y la suya propia bajo su ropa interior no era para nada discretas, el hombre mayor insistió en que se pusiera las nuevas prendas y Jack supo en el mismo instante en que inició que sería una guerra perdida el tratar de convencer a Christian que no era un muñeco a tamaño natural al que podía vestir como si no tuviera autonomía sobre sus propios miembros. Al menos ya no era tan brusco como cuando le había lanzado contra la pared, aunque casi odiaba también el aire… paternal que había respecto a sus movimientos en relación con él.

 

Todavía se le escapaban roces por sus piel pálida, todavía lo tocaba más de lo que era necesario y sólo un verdadero inocente podría ignorar el brillo de su mirada al subirle o bajarle los cierres de los pantalones, incluso cuando la erección de Jack hacía tiempo se había desvanecido, pero aun con eso había un cierto cuidado, una cierta delicadeza, un pequeña y minúscula fracción de todo el escenario que realmente podría ser de un padre sólo ayudando a su hijo a vestirse. “Bueh, por nada habrá sido que tiene ese particular fetiche”, pensó Jack, decidido a no darle más vueltas al asunto ni darle más profundidad de la que merecía el asunto. “A saber de dónde lo habrá sacado. A lo mejor fue su padre el que lo inició a él o quién sabe.”

 

Seguía pensando de esa manera perezosa, sabiendo que sus opiniones respecto a las prendas o cómo quedaban en relación a su entera apariencia iban a ser completamente irrelevantes. Christian no quería darle la ropa que a él podría gustarle o que podría combinar en algún remedo de estilo que el más joven pudiera haberse formado a lo largo de sus años de existencia. Sólo quería vestir bien a su propiedad con lo que a él le provocaba placer y si así podía mantenerlo feliz, a Jack le parecía perfecto. La ley del menor esfuerzo posible a veces era la única ley por la que se podía seguir, sobretodo si no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo o de cómo hacer lucir bien lo poco que hacía. Eso no valía la pena trabajar. Lo mejor sería dejárselo a los expertos, a aquellos que pasaban día y noche pensando en esa clase de asuntos, en saber combinar los tonos para darle más vida a alguien que se mantenía del sol tan alejado como un vampiro y tenía el cuerpo de uno que bien podría haber recién salido de la tumba después de una siesta de 117 años.

 

Todo lo que Christian quería en él se lo probaron y todo lo que le parecía era digno de caminar a su lado tenía que pasar por el visor siempre puesto en positivo del encargado de la tienda, el cual apenas se encargaba de proveer de accesorios acorde al conjunto seleccionado. Para cuando finalmente acabaron en elegir trajes de diferentes tonos, formales, no formales y casuales (que le pegaran un tiro si tenía la menor idea de cuál era la diferencia entre esos últimos), Jack se estaba aburriendo en serio y, como no podía dejar volar su mente por las fantasías sexuales que con cada segundo más se convencía jamás podría realizar, no fuera que el encargado le viera la erección y le formara un escándalo o, peor aún, acabara pillándole algo importante al ajustarle los pantalones, también estaba comenzando a irritarse. Al final ellos salieron con tantas bolsas que por tuvieron que llevar entre los dos si tenían alguna esperanza de salir con todas.

 

Habían sido largas horas las pasadas dentro del vestuario, y para Jack habían parecido todavía más largas, de modo que no fue una sorpresa para nadie ver que ya era la hora del almuerzo. Christian Grey insistió en que “su joven acompañante” pudiera salir vestido con las nuevas prendas que le había conseguido y ahora al menos se veía más normal. La ropa lucía normal y uno sólo podría imaginar lo mucho que había costado tras haberle visto las etiquetas o los logos de sus costosos diseñadores en el interior.

 

En cuanto salieron finalmente de la tienda, Jack abrió la boca para sugerir el lugar adonde siempre compraba sus emparedados, como ahí tenían menú variados y todo, hasta donde él había probado, sabía delicioso, pero sin perder más tiempo Christian se dirigió simplemente hacia un restaurante adonde flotaba el olor de los postres en exhibición y los platos calientes de distinto origen.

 

Había pasado por enfrente del restaurante varias veces, sintiendo envidia de los mocosos que podían pedir los postres más dulces después de haber sido alimentados con las cenas más grandes, sabiendo que jamás podría reunir el dinero suficiente para poder sentarse y pedir un vaso de gaseosa. El simplón de Jack sólo podía ver desde afuera y atragantarse la nariz con el aroma de sus platos. Como el hijo por contrato de Christian Grey, un mesero les guió especialmente hasta una mesa más privada al fondo, por la zona adonde había parejas disfrutando de su comida apartados de las familias.

 

Christian se sentó primero. Jack no sabía cuál era el lugar que le correspondía hasta que Christian hizo un leve gesto, casi irritado porque no se hubiera movido lo suficientemente inmediato, en dirección a la silla justo en frente de sí y Jack se apresuró en sentarse. Dejaron las bolsas en las sillas vacías que cada uno tenía justo al lado. El hombre mayor hizo el pedido sin molestarse en preguntarle qué podría preferir y el mesero se retiró haciendo una pequeña genuflexión.

 

No parecía que Grey estuviera especialmente interesado en entablar conversación, viendo cómo se mantenía revisando su celular, de modo que Jack aprovechó el silencio para mirar alrededor, tratando de absorber lo más posible lo que no podía haber sido más que un sueño en el pasado. Sólo detrás de ellos una pareja acababa de recibir su orden e incluso adonde estaba ellos el olor de los platos calientes estaban llenándole los pulmones, haciéndole humedecer la boca con cada segundo. ¿Iban a tardar mucho?

 

Christian dejó de teclear en la pantalla de su aparato y bloqueó la pantalla para ponerlo a un lado de sus cubiertos.

 

-El contrato estará ya listo cuando lleguemos a casa –le informó de improviso.

 

-¿De verdad hace falta el contrato? Con mi…-Jack se cortó antes de decir que con su antiguo Amo nunca había necesitado ningún contrato. Con tener una palabra de seguridad y los límites infranqueables claros más allá de toda duda había sido suficiente. El resto habían podido arreglarlo con ir probando qué les funcionaba y qué no. Había sido todo un proceso más bien natural. Pero la razón de que no hubiera querido explicar eso era porque no tenía deseos de provocar otra escena de celos o alguna clase de castigo imprevisto por atreverse a recordarle a ese hombre en su presencia. Trató de salvar la conversación-. Digo, ¿no podría ser suficiente que lo hablemos nada más?

 

-Es mucho más rápido y sencillo presentarte con una lista de la mayoría de cosas que espero obtener de nuestra relación. Si tienes dudas estas se preguntan y las resolvemos. Pero no habrá negociaciones. Si crees que no serás capaz de cumplir con mis expectativas lo sabrás en el momento en que veas el contrato y decidiremos entonces si toda esta experiencia ha sido o no una pérdida de tiempo.

 

“Así que te gastaste todo ese dinero en una persona que ni siquiera sabías si querría quedarse o no”, pensó Jack, asintiendo de forma silenciosa para el mundo exterior. Debía ser bonito tener tanto dinero que podía ser despilfarrado así sin ninguna consecuencia.

 

-Entiendo –dijo, dándole la razón.

 

-Ibas a decir que con tu otro Amo no tenías contrato, ¿no? –quiso asegurarse Christian Grey, demostrándole que para variar le había puesto atención a lo que salía de su boca-. Cuando se es tan joven es fácil estar abierto a todas las posibilidades. Es fácil creer que uno es capaz de hacerlo todo –Christian dejó escapar una pequeña mueca de desagrado como si ese no fuera sido su caso particular. Jack no sabía si tomar en serio algo así de un sujeto que podía permitirse tales extravagancias y que, por lo que respectaba ahora, en serio se podía permitir hacer prácticamente lo que quiera sólo con el poder de su dinero y quién sabía si no también influencias-. Pero todo mundo tiene que crecer y saber que hay ciertas cosas más allá de sus límites.

 

Jack se mordió el labio unos segundos, pensativo. De pronto se sobresaltó cuando Christian dio una palmada sobre la mesa. El sonido de los cubiertos rebotando llegó a atraer la atención de los comensales más cercanos, los cuales se les quedaron mirando un instante antes de volver a sus propios asuntos, tranquilizados porque no lucía como que el asunto iba a escalar a mayores.

 

-No hagas eso –gruñó Christian dirigiéndole una mirada oscura, sin prestar atención a la pequeña conmoción que había formado.

 

“¿Ahora qué?”

 

-¿Qué cosa? –preguntó Jack, un poco amedrentado a su pesar.

 

Esa ligera sensación de miedo se trasladó a su miembro, haciéndolo sentir todavía más indefenso. Cerró las piernas con fuerza y trató de mantener su expresión estoica al mantener bajada la cabeza.

 

-Morderte el labio –dijo Christian y se pasó una mano por el cabello, claramente frustrado-. ¿Tienes idea de lo que me haces cuando haces ese tipo de cosas? Voy a acabar arrastrándote al baño para follarte si vuelves a hacer eso.

 

Jamás en toda su vida Jack había conocido a un sujeto más voluble. ¿No se suponía que ya era demasiado mayor para tener esos arranques? El más joven tragó saliva y se obligó a mantener la vista pegada en su mano, apretando una pierna contra la otra. “Lo peor es que probablemente me encantaría que lo hicieras”, pensó para sus adentros, reconociéndose molesto consigo mismo por esa verdad.

 

De haber sido otro sujeto, uno en el que pudiera tener algo más de confianza, se habría divertido con ir tirando de sus hilos para saber hasta dónde podía llegar y cuáles serían las consecuencias, pero como estaban las cosas todavía estaba tanteando el terreno y tenía deseos por ver cómo se manejaba por su cuenta antes de pretender manipularlo hacia los caminos que él deseaba.

 

-¿Y por qué no lo haces, padre? –preguntó Jack-. Si usted va a tener tanto poder sobre mí con firmar un contrato, algo así debería ser de esperar.

 

-Eso es cierto –dijo Christian Grey con una nota de evidente de complacencia y luego suspiró, frotándose las sienes-. Sin embargo tengo mis razones para obrar así. Con eso se supone que es suficiente para alguien en tu posición. No discutas conmigo.

 

“No pretendía hacerlo” pensó Jack, pero no tenía que ser un genio para saber que eso sería lo mismo que discutir.

 

-Sí, señor –acató Jack.

 

No tenía idea de cuánto tiempo podría seguir soportándolo. En ese momento el mesero apareció cargando una amplia bandeja de plata. Le sirvió primero a Christian y luego a Jack. Traía una botella de un Chardonnay que luego abrió con un rápido movimiento de mano. A un asentimiento de cabeza de Christian, el mesero le sirvió una copa y luego a Jack antes de dar otra pequeña reverencia antes de irse.

 

-¿Vienes aquí seguido? –preguntó Jack procurando mantener una voz suave, en lo absoluto conflictiva.

 

-Creo que la última vez fue hace un mes –comentó Christian haciendo memoria. Entonces se encogió de hombros, desechando los insignificantes detalles-. Diría que no es tanto tiempo para que se hayan olvidado de mí. Ahora come.

 

Jack tenía la impresión de que debía de haber venido con otro chico de las calles. Sin ninguna gana de desobedecerle, sobre todo cuando el delicioso aroma le estaba llenando de forma placentera las narices, Jack se dispuso a dejar su plato completamente limpio hasta de la más mínima migaja. ¿El hombre lo quería con carne sobre los huesos? No tenía problema en complacerle. Pareció que esta había sido una correcta decisión porque Christian le sonrió como si el hecho de haber comido tanto se debiera por entero a una necesidad por darle el gusto en lugar de un fuerte apetito. Como sea que fuera, Jack aceptó gustoso la posibilidad de tener postre.

 

Lo único fue que se dedicó agua en los vasos normales en lugar del líquido cristalino que el hombre mayor bebía a sorbos elegantes. Por la forma en que lo miraba Jack podía decir que sentía curiosidad por su pequeña negativa, pero o estaba lo bastante contento con su manera de alimentarse de momento o realmente le tenía sin cuidado, porque al menos se abstuvo de hacer el menor comentario al respecto.

 

Durante la comida Christian le hizo apenas unas cortas preguntas acerca de su vida en las calles.

 

-¿Qué hacías para sobrevivir? ¿Vender tu deliciosa boca en las calles?

 

Jack se contuvo a tiempo de soltar una carcajada por escuchar semejante expresión tan afectada. Mordió con fuerza la cuchara que usaba para comer su porción de cheesecake (ahora eso sí le había permitido escoger el hombre dejándole el menú cerca) hasta que el impulso pasó y siguió hablando.

 

-Más que nada mendigar –explicó-. La gente puede ser muy generosa si sabes cómo provocar ese efecto en ellas.

 

-No me cuesta nada creerlo –admitió Christian Grey con cierto retintín divertido-. Sin duda que tienes una cierta facilidad con las palabras que no es fácil de encontrar.

 

El cumplido de verdad había tomado a Jack por sorpresa. No le parecía que había sido especialmente ingenioso alrededor de él, pero, como siempre, tenía que recordar lo que sin duda debía ser la regla de oro tratando con el señor Grey: no discutir. Incluso si lo que decía no le parecía tener el menor sentido.

 

-Gracias, señor –dijo, dejándole ver una modesta sonrisa-. Significa mucho viniendo de usted.

 

¿Cuánto tiempo hasta que se fueran a casa? La verdad era que le gustaba el lugar. Le gustaba el ambiente calido y los aromas, las personas reunidas sin ponerse atención una a la otra y el saber que su única preocupación sería darle su trasero a un viejo verde con demasiado temperamento para su propio bien. Alguien así podía acabar con problemas de corazón. A lo mejor ya los tenía. A lo mejor le acababa dando algo sólo por una vez que se le ocurriera mostrarle una abierta rebeldía. Eso si presuponía que no acababa matándolo antes.

 

En cierto momento de su tranquila conversación, mientras su mente vagaba por escenarios en los cuales el hombre frente a él caía muerto de un golpe y él debería manejárselas para escapar de la mansión, Jack dejó caer por accidente su cuchara por el suelo. Al tratar de doblar su pierna para recogerla terminó creando una zona para que el instrumento se deslizara libremente sin pretenderlo y el metal brillante desapareció debajo de la mesa. Christian le miró alzando una ceja. Estaba claro que no pensaba ayudarle a recogerla incluso si la cuchara estaba justo debajo de su silla.

 

-Permítame recogerlo, señor –dijo Jack con una sonrisa de obligada cortesía antes de echar su silla hacia atrás e inclinar el cuerpo hacia debajo del mantel.

 

Lo malo era que el mantel de por sí llegaba hasta el suelo y tal como estaba ese escenario no podía distinguir adonde había aterrizado la maldita cosa. Lo único que veía claro era la silla encima de la cual salían las piernas cubiertas por los costosos pantalones del costoso grisáceo de Christian Grey. Jack le dirigió una mirada de vacilación mirando por encima de su plato, pero este sólo le dirigió una torcedura de boca que sólo podía expresar impaciencia.

 

Cuidando de que estuviera fuera del alcance de su mirada antes de hacerlo, Jack giró los ojos y se puso de rodillas en el suelo. Encontró la cuchara de inmediato justo detrás del zapato negro del hombre. Cuando Jack se estiró para tomarla, sintió una irresistible curiosidad para mirar hacia más arriba y, no tanto para su sorpresa como podría haberlo pensado, notó que entre las piernas había un bulto notable. Le tomó unos segundos entender que no se trataba de que el hombre tenía un miembro especialmente grande que apenas podía ser contenido dentro de su ropa interior, sino porque el sujeto se había excitado.

 

Mientras lo miraba tratando de reconocer la diferencia, Christian Grey se acomodó un poco sobre su silla y su idea de ponerse todavía más cómodo incluyó abrirse todavía más piernas como si no le diera importancia. No hubo ningún gesto aparte, sólo un ligero acercamiento del hombre al borde de la silla. En realidad no podía negarlo. Quería saber qué tanto podía atreverse.

 

La mayoría de los hombres preferían la privacidad de un basurero o de un callejón por el cual nadie estaba pasando a altas horas de la madrugada. Su antiguo Amo sólo se atrevía siquiera a tocarle cuando se trataba de estar en la seguridad dentro de las cuatro paredes de su hogar. Pero también los había que podían encontrar un verdadero acceso de excitación ante la posibilidad de ser atrapados. Sabía que él mismo se había tocado a sí mismo planteándose escenario así y durante los dos años de su sumisión había llegado a desear que a su Amo se le ocurriera hacer algo así. Pero no se atrevía porque no quería ser arrestado por abusar de menores.

 

Dubitativo, Jack le puso una mano encima de la rodilla y subió lentamente por la pierna. Los músculos debajo de su mano parecieron contraerse y él alejó su mano, preocupado de que hubiera sido una reacción producto de algún tipo de rechazo. Pero Christian Grey, su padre, sólo le abrió un poco más las piernas sin hacer nada más. ¿Era su imaginación o el bulto había crecido todavía más? ¿Qué tan grande sería?

 

Jack extendió ahora las dos manos y las subió por sus muslos, sintiendo los músculos trabajados debajo de la tela seguramente cortada por un costurero profesional, diseñado sólo para albergar la ricachona persona de ese hombre. “Última oportunidad”, pensó Jack atreviéndose ahora sí a llegar al bulto para pasarle su mano por encima en un movimiento lento y circular. Christian volvió a moverse un poco sobre la silla, acercándosele todavía más.

 

Menos mal. Al fin se le presentaba algo familiar y con lo que podía lidiar. Esta vez, incluso si alguien los descubría, la culpa sólo podía ser del ricachón que se dejaba ser chupado debajo de la mesa por su joven acompañante. Lo peor que podía pasarle era que lo tomaran por su trabajador de las esquinas y le impusieran una multa que tendría que pagar con trabajo comunitario, pero no era la primera vez que se arriesgaba a algo así y eso no le había detenido antes.

 

Se lamió los labios. No podía negar que deseaba saber, que quería saber. Que quería tener esa experiencia de arruinar la cena familiar de un montón de gente desconocida sin que ninguna de ellas lo supiera jamás. Una secreta y discreta escupida de desprecio a todos ellos que nunca darían un centavo para ayudarle a llegar a ese restaurante, un montón de gente que sólo con mirarlo en frente de la iglesia seguramente ya lo tacharían como un perro más al que pronto dejaría de verse porque se habría muerto de hambre. Pero no iba a hacer así en su caso.

 

El señor Christian Grey ya estaba cambiando su vida y él iba a sacar todo el provecho que pudiera. A la mierda lo que pasara luego. Puede que incluso fuera mejor si los descubrieran. Que les dera asco volver. Que futuros clientes escucharan sobre ello y se preguntaran quién más lo estaba haciendo sin que ellos lo supieran. Jack luchó por encontrar la hebilla del pantalón, para lo cual Christian Grey tuvo que erguirse en su asiento, y se lo abrió con la misma calma con la que podría ajustarse los zapatos, así evitaba causar el menor ruido posible. Luego de eso sólo fue cosa de encontrar la manera de desprender el botón del pantalón y bajar el cierre dorado con cuidado.

 

A partir de ahí y con unos cuantos tirones a la tela de los calzoncillos Calvin Klein, Jack tuvo en frente de sí la erección de Christian Grey y comprobó que, a pesar de su estado de solidez, todavía tenía predisposición a dejarse vencer por la fuerza de gravedad y no era tan grande como se lo había esperado. De hecho, podía que él tuviera el miembro más grande.

 

Mejor que no se le hiciera saber nunca que pensaba eso o ya se imaginaba con cuánto desagrado tomaría esa opinión. Olía extrañamente a una colonia costosa (cuál, no tenía idea, pero alguna de aroma fuerte) y por un largo rato se preguntó si no sería que le excitaba el dolor que le causaría el ardor de ella sobre su piel. No estaba circuncidado, de modo que Jack tuvo que cerrarlo en un puño y echar la mano hacia atrás para revelar una cabecilla mucho más rosada que el resto del miembro. La piel elástica y manejable estaba decorada con venas que palpitaban bajo sus dedos.

 

Jack se acercó tímidamente y le dio un par de lamidas de prueba, tanto para saber a lo que se enfrentaba como para saber si el señor Christian Grey estaba de acuerdo con algo más que un trabajo de manos. Parecía que lo estaba, de modo que Jack continuó, entregándose sin más a la tarea. Su antiguo Amo se había dedicado a volver inútil su reflejo de vomitar, de modo tal que dejar deslizar la erección del hombre hasta el fondo de su garganta resultó de lo más sencillo.

 

Desde arriba le llegó un pequeño jadeo de sorpresa que le hizo sonreír incluso mientras trabajaba. “¿Ves cómo elegir a alguien que tiene experiencia sí compensa?”, pensó orgulloso mientras cerraba sus labios alrededor de la base y chupaba de forma hambrienta mientras se lo deslizaba hacia afuera. Repitió el proceso unas tres veces, moviendo con fruición su lengua en contra de las paredes del tronco para después concentrarse en el hueco del medio de la cabecilla. Todas las lamidas, chupadas e incluso el tragarse sus testículos eran todas técnicas que podía realizar sin emitir el menor sonido.

 

Y no obstante, la idea de que una persona pasara demasiado cerca, que presintiera algo y le gritara escandalizada a Christian Grey le hacía tanta gracia que de no ser porque tenía la boca ocupada le habría sido difícil contener una suave risa. Mientras tanto las piernas que tenía a los lados y casi tocaban sus hombros se movían apenas a su mismo ritmo como siguiendo un tema que hubiera escuchado espontáneamente en la red.  Era todo lo que podía hacer dada la posición en la que estaba y la idea de que estuviera incómodo al tener que verse restringido así también se le hizo divertida.

 

Para la cuarta vez que puso su nariz contra la entrepierna imposiblemente perfumada de Christian Grey, agitando su garganta como un gato ronroneando, se vio de pronto a punto de ahogarse por una constante corrida que iba a aterrizar directo hacia su estómago. Tragó tomando aire tan rápido que los ojos llegaron a lagrimearle por el esfuerzo. Dejó deslizar el pedazo de carne fláccida fuera de su boca, acariciándole con su lengua sólo por si acaso todavía estaba satisfecho, pero parecía que con una vez iba a ser suficiente.

 

Al final no había durado tanto como lo esperaba. Tenía su propia erección para preocuparse, pero ya se le bajaría naturalmente más tarde. Era curioso que no le quedara ningún sabor en la boca justo después. Ni amargo, ni salado, ni dulce, nada. Debía seguir una dieta especialmente aburrida para que fuera así. Al finalizar todo, Jack le puso en orden lo mejor que pudo, subiéndole los calzoncillos grises, cerrando los pantalones grises con mucho cuidado de no pillar nada y cerrando el cinturón por el hueco en el que estaba antes. Desde la posición en la que estaba no podía hacer mucho por el estado de su camisa, pero seguro que él podría arreglárselas. Las piernas se veían rendidas, completamente relajadas y Jack sonrió con buen ánimo.

 

A lo mejor después de un orgasmo el sujeto era todavía más fácil de tratar. Una vez estuvo todo listo, recogió la cuchara que había dejado a un lado y volvió a su asiento, procurando que al hacerlo Christian viera cómo se relamía los labios enrojecidos e hinchados. Pero el hombre ni siquiera lo vio, inclinando hacia el frente de su plato con manchas de su porción de pastel de chocolate.

 

-Mesero, la cuenta –llamó con una voz mecánica, después de haber tomado una gran inspiración y al pagarle al hombre, le dio una gran sonrisa junto a una igualmente gran propina por las molestias-. Vamos –dijo a Jack y los dos recogieron las múltiples bolsas.

 

Antes de que estuviera listo, Christian Grey se alzó y se puso en camino, dejando a Jack con la tarea de tener que trotar para ponérsele justo a la espalda. Estaba moviéndose a un ritmo mucho más rápido con el que había estado caminando durante toda la mañana y Jack sencillamente no podía imaginar a qué se debía. A lo mejor estaba demasiado ansioso porque le firmara su dichoso contrato para poder aprovecharse a gusto de su cuerpo.

 

Como sea que fuera, el hombre no se volvió ni una sola vez mientras continuaban su camino hacia el estacionamiento, adonde Taylor salió de inmediato del vehículo para ayudar a ubicar las bolsas en el centro de la limusina. Christian le susurró aparte a Taylor mientras Jack ponías las bolsas más grandes contra la división del conductor, tal como el señor Grey le había ordenado con una voz seca.

 

-Ponte los audífonos–le dijo Grey a Taylor mientras el más joven no podía oírlo.

 

Taylor abrió los ojos con sorpresa y luego dejó caer apenado sus cejas, pero sabía mucho mejor que decir nada al respecto.

 

-Sí, señor –Era la única respuesta que podría haber dado.

 

Cuando se puso en frente del volante, Taylor sacó unos audífonos que sólo debían ser usados para tales ocasiones en el interior del auto y en ningún otro sitio. Se los colocó en los oídos con una mano mientras que con la otra los conectaba a la radio para sintonizar una estación que sabía siempre estaba tocando música apenas sin interrupciones. Subió el volumen hasta el máximo y se puso a conducir.

 

A sus espaldas, en la zona de los pasajeros, en el momento en que notaron que el vehículo arrancaba y comenzaba a desplazarse por el suelo, Jack se vio de pronto agarrado desde la parte trasera del cuello de su camisa y manipulado con fuerza hasta que su cuerpo estuvo extendido por las rodillas de Christian Grey. Todo había sucedido tan rápido y de forma tan brutal que Jack no entendía cómo había sucedió. Antes de que pudiera formular cualquier pregunta o siquiera expresar su confusión de cualquier otra manera, Christian le desabotonó los pantalones con un giro de muñeca y le bajó los pantalones hasta las rodillas, llevándose su ropa interior.

 

El ambiente fresco de la limosina con su aire acondicionado activado le dio en las nalgas y el cuerpo del joven se contrajo en un intento de conservar el calor. Una amplia mano se ubicó sobre su nalga y la palma estaba caliente, por lo que los poros se relajaron en contra de ellos antes de que la mano desapareciera para caer en una potente nalgada.

 

Jack gritó “¡hey!”, una protesta nacida de la confusión más que el pleno rechazo.

 

-¿Te parece gracioso acaso? –dijo Christian Grey y le azotó de nueva cuenta-. ¿Te parece gracioso tentarme de esa manera en frente de tantas personas? ¿Tanto te gusta hacer el papel de encantador?

 

-¿Qué…? –musitó Jack, sinceramente desorientado.

 

Como ya le había sucedido más de una vez en toda la semana con ese hombre, no tenía la menor idea de lo que estaba hablando o de qué podía haberlo provocado ahora. Otra nalgada le hizo apretar los dientes.

 

-¿Siquiera te imaginas lo que podría haber sucedido si de casualidad alguien te atrapaba haciendo eso? ¿Acaso alguien te lo ordenó? No, ¿verdad? –Otro azote y otro y varios en los que estaba claro que Christian ya no sólo pensaba, sino que sólo estaba descargando la rabia que había estado acumulando desde el restaurante. Jack lloró, gritó, pero no sirvió de nada y ante semejante acusaciones no hubo ninguna oportunidad de defenderse. Christian no gritaba, no alzaba la voz pero hablaba en un helado tono en el que se percibía como una mera cortina de la furia-. Nunca, jamás vuelvas a ponerme en ridículo así, ¿me escuchaste, pequeña zorra? Si lo haces no vas a querer saber lo que sucede contigo. Voy a tener que sacarte con una correa si es como un animal como quieres comportarte.

 

Después de diez minutos de hablarle de tal manera, Christian le agarró del cabello largo en su nuca y lo arrojó como una bolsa de basura especialmente asquerosa contra la ropa recién comprada. El crujido del plástico le acompañó mientras escuchaba los jadeos del hombre en su lucha por recuperar la respiración tras semejante ejercicio. A Jack le dolía erguirse. Le dolía toda la zona de su espalda baja y parte del comienzo de sus muslos. Acabó rodando sobre el montón y su rostro quedó enfrentado con el logo de la tienda en la que habían estado. En tanto recuperaba él también su respiración y luchaba por contener sus sollozos, Christian Grey se le acercó con las rodillas por el suelo y le hizo darse la vuelta para quedarse acostado en el suelo. Jack se encogió sobre sí mismo en la posición, pequeño e indefenso.

 

-Ah –suspiró Grey con un evidente deleite-. Era así como te quería ver, pequeño. Espero que hayas aprendido ahora que todo lo que sucede con ese cuerpo tuyo debe ser mi responsabilidad y sólo mía.

 

Jack no respondió, era incapaz. Le faltaba el aliento. Pero asintió de forma vehemente con la cabeza. Christian Grey se la acarició con dulzura antes de volver a erguirse y volver a su asiento.

 

Cuando llegaron a la mansión, Jack había logrado recomponerse lo más posible. Para cuando Taylor se bajó para abrirles la puerta, quizá con más velocidad de la necesaria y una obvia cara de consternación, el joven había logrado ya subirse los pantalones y salía por su cuenta llevando algunas bolsas. Christian sólo llevó unas pocas por su parte y el resto quedaron para Taylor. Una vez de nuevo adentro de la mansión, Christian cargó las bolsas en los brazos de Taylor y le dijo que fuera a acomodarlo todo en la habitación de Jack.

 

-Dáselas a Taylor, él se encargará –le comunicó a Jack, el cual se había adelantado un poco a ellos al parecer sin ningún destino en frente.

 

Con un leve cojeo y una lentitud de pasos que no estaban ahí antes, Jack se las arregló para volver y colgar de los dedos extendidos del hombre las bolsas que él había estado llevando. Parecía una carga demasiado grande para un solo hombre, pero Taylor se las arreglaba. El guardaespaldas trató de encontrar algo en la expresión del más joven, pero este volvió  la cabeza antes de que tuviera oportunidad de conseguirlo. Su empleador puso una mano encima del muchacho para empezar a conducirlo hacia otra parte.

 

-Cualquier cosa que necesites estaré en mi oficina, Taylor. No vengas a menos que sea absolutamente importante, ¿de acuerdo?

 

Taylor todavía miraba la nuca del muchacho con tristeza. A veces odiaba su trabajo. Tantas palabras que quería decir, tantas cosas que podría expresar y la única que podía permitirse emitir era la misma frase que venía pronunciando desde hacía años, pasara lo que pasara:

 

-Sí, señor Grey.

 

Christian Grey sonrió y llevó a su nuevo prospecto de hijo a su estudio, adonde desde hacía rato debía haber terminado de imprimirse las hojas del contrato que los ataría oficialmente en la clase de relación que buscaba. No se molestó en ofrecer un asiento al chico porque sabía que todavía iba a pasar un tiempo en el que sólo estaría adolorido. En cambio engrapó las hojas por la parte superior y las dejó en el escritorio en frente del muchacho. Jack lo tomó entre sus manos, lo vio por unos segundos sin leer ninguna línea y levantó la vista.

 

-¿Tienes algo por pornografía, zoofilia o coprofilia? –preguntó con voz ausente.

 

-No –contestó Christian Grey con simpleza-. Recojo a mis chicos de afuera, pero todavía espero que sean lo bastante mayores y tengan un aprecio razonable por la higiene. Eso está entre mis límites infranqueables. Todo lo que necesitas saber está ahí.

 

-Esos son los míos también –comentó Jack dejando caer el contrato en el escritorio y estirándose sobre el mismo.

 

Por un momento Christian creía que iba a abalanzársele encima (¿a lo mejor queriendo estrenar su relación de una buena vez?) hasta que se dio cuenta de lo que de verdad se trataba: el muchacho estaba sacando un bolígrafo  que había dejado justo a lado del teclado de su computadora. Una vez lo tuvo en su poder, Jack se inclinó sobre el contrato y estampó su firma en la línea punteada en la parte inferior.

 

-¿No vas a leerlo? –inquirió Christian, de verdad sorprendido por ese giro de eventos, tanto que apenas le quedaba sitio para alegrarse.

 

Jack esperó a tener todos los espacios correctos firmados antes de erguirse y volver a pasarle los papeles. Tenía una enorme sonrisa en el rostro y los ojos le brillaban.

 

-No me hace falta, padre –declaró el joven y algo, no sabía bien qué, acerca de toda su postura fue ligeramente perturbador para Christian Grey.

 

Pero era un detalle sin importancia frente a lo que acababa de suceder. La burbuja de felicidad que había estado conteniendo le dio oportunidad de inflarse hasta el punto de devolverse la sonrisa antes de dar la vuelta por su escritorio y reclamar para sí, durante todo el tiempo que estuvieran juntos, los labios de su nuevo hijo. Jack le echó los brazos al cuello. La lengua del joven penetró primero en su boca, pero para variar a Christian no le molestó que el otro decidiera tomar la iniciativa.

 

Era una ocasión especial. Merecía celebrarse.

 

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Un pensamiento en “Sugar Daddy. 4

  1. *sigue dandole mazazos a Christian* ARRGHHH COMO TE DETESTO, MALNACIDO!

    Mi Rey, le digo esto y no es ni será jamás por su trabajo ni por su calidad, pero esto es INMAMABLE. No aguanto a Christian. NO LO AGUANTO!!! Ni siquiera he podido disfrutar las escenas de lemon porque es que no trago al hijo de puta ese!

    *Le tira otro mazazo*

    Sigo sin enteder menos por que hay tanta que le gusta esas novelas de MIERDA!

    Me gusta

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