Sugar Daddy. 5

Sin título-1

Capítulo 5: Iniciación

 

Su nueva habitación de juegos se encontraba justo al lado de la habitación adonde dormía, obstruida por cerradura cuando fuera que no la necesitara para garantizar todavía mayor privacidad. Christian tuvo que soltar la mano del joven que lo seguía justo por detrás para sacar la llave de su bolsillo y girarla. Pero se detuvo en contacto con el picaporte para volverse a él.

-No te preocupes. Lo que tengo aquí no son mi consola de juego.

 

Christian le sonrió como si fuera un viejo chiste, por el cual Jack sólo pudo sonreírle como si fuera bastante divertido comentario que hacer a pesar que apenas le había prestado atención a lo dicho. Más que nada deseaba que abriera la puerta de una buena vez y tener su primera experiencia oficial como el hijo de Christian Grey. Cuando el hombre finalmente lo hizo y lo condujo poniéndole una mano sobre la espalda, la habitación estaba en completa oscuridad.

 

Se escuchó un leve sonido de clickeo cuando Christian presionó el interruptor y unas luces se encendieron a lo largo de las paredes rojas. Su primera impresión fue de decepción. La manera en que los instrumentos y los accesorios estaban desplegados parecían más propia de una tienda de fetiches que la forma en que lo pondría alguien que estaba habituado a de verdad usarlos.  No le daba ninguna esperanza el que el lugar en general diera la impresión de ser un útero representado para una obra. Si viera algo así en la habitación de cualquier otra persona habría asumido que sólo era un presumido exhibicionista o un entusiasta coleccionista, vainilla hasta la misma médula.

 

De no ser por la seguidilla de azotes que le habían caído encima dentro de la limusina esa habría sido la señal definitiva que necesitaba para saber que no tenía nada que hacer en esa mansión y empezar a planear su escape. Pero con el dolor todavía presente en su cuerpo, ahora tenía más confianza y deseo por descubrir la clase de cosas que Christian hacía con las personas que consideraba su propiedad, incluso si su cuarto dedicado a ese tratamiento no le causaba mucha esperanza.

 

Christian cerró la puerta a sus espaldas, giró la llave sobre la cerradura y comenzó a caminar hacia la cama, quitándose la chaqueta y camisa para ponerlas sobre un gancho de metal en la pared. Luego se volvió hacia él, caminando con lenta deliberación antes de tomarle el mentón y elevárselo para agarrar entre los dientes su labio inferior. La fuerte mordida y la consiguiente lamida sobre las marcas dejadas le causaron un leve gemido de placer. Pero ahora sabía mucho mejor que alzar los brazos para devolver el beso sin permiso.

 

Christian sonrió como si estuviera complacido con su auto-restricción y le liberó para comenzar a desvestirlo, besándole el cuello a medida que iba dejando al descubierto su piel pálida. En cuanto le fue desprendiendo la camisa de los hombros, Christian presionó los labios sobre el hueso duro que sobresalía en el mundo en que el final de su brazo se unía a su tronco y chupó con fruición. Era un extraño punto en el que concentrarse, se sentía extraño, pero si así era el guión de la escena entonces jugaría el papel sin inconveniente. Gimió largo y tendido, apartó la mirada con falsa modestia hasta que Christian dejó lo que hacía para seguir por su pecho y aplicarse a sus pezones como si esperara que algo saliera disparado.

 

No era un gran punto de estimulación para Jack, pero como le resultaba evidente que Christian Grey eran de los que preferían parejas bastantes vocales a lo que él les hacía, de manera tal que pudiera creerse que era mejor de lo que realmente era. Así que el muchacho sacó adelante sus habilidades de actuación para pronunciar los más altos sonidos de excitación sin que se le notaran exagerados. Había tenido su buena cantidad de práctica en el pasado para saber controlar su garganta y que no se notara la diferencia.

 

Fue un asunto diferente cuando Christian bajó desde su pecho hacia su ombligo y tuvo que morderse la lengua con especial fuerza para no estallar en carcajadas por las cosquillas. Luego de lo cual Christian se irguió sobre sus dos piernas para quitarle el cinturón y dejarlo caer al suelo con sus pantalones. El hombre le quitó los zapatos levantándole las piernas desde el tobillo, arrojándolo detrás de sí con movimientos rápidos. Jack se apoyó en la pared a su espalda para no caerse mientras su pantalón se le era arrancado como la costra de una herida infectada.

 

Añ final no pudo contener un sonido de sorpresa cuando de forma imprevista Christian Grey se agachó para subirle a su hombro, cargándole sin mucho esfuerzo en dirección a la cama roja que tenía acomodada en el centro de la habitación. Cuando lo dejó caer sobre ella, Jack rebotó. No pudo evitar el pensamiento de que le encantaría poder dormir ahí. La textura de las sábanas se sentían bien contra su piel. Se sentía fresco, aunque eso podía ser un efecto también por el aire acondicionado.

 

Christian le empujó hacia la cabecera y lo besó hasta recostarlo del todo y que su cabeza estuviera contra la almohada rosada. Era increíblemente suave y algo debajo de ella se sentía con una mínima solidez. ¿Estaba relleno de plumas? , se preguntó con curiosidad mientras Christian le abría las piernas y se las ponía sobre el hombro.

 

Ya no tenía que preocuparse de ningún germen porque le había hecho tener un enema esa tarde. Había llamado a un doctor profesional y todo para ello. Un hombre viejo, canoso y algo despeinado, casi como una imitación en la vida real de Albert Einstein, que trajo la caja con los instrumentos necesarios y le guió en cómo utilizarlos desde la otra parte de la cortina en su baño. Christian estaba en la puerta monitoreando que el viejo no hiciera nada que considerara apropiado y así se lo había hecho saber más tarde, cuando todo ya había terminado.

 

También habría querido tener la cortina abierta para asegurarse de que Jack no estuviera pasando por ningún problema y regodearse en ese “delicioso color rojo que se le subía a sus mejillas blancas en las raras ocasiones en las que estuviera muriéndose de vergüenza”, pero el muchacho se las arregló de alguna manera para convencerlo de al menos permitirle cubrirse. Le habían hecho enemas en el pasado y sabía el castigo que podían ser para su ego, pero mezclar un procedimiento de limpieza con placer sexual, sobre todo cuando ese proceso de limpieza debía ser para más actividades sexuales, se le hacía especialmente redundante. De todos modos era la primera vez que tendría que hacerlo solo, de modo que encima de todo debía concentrarse.

 

Una vez se acabó y los dos despidieron al viejo doctor de la mansión, Christian le agarró de su nalga y algo del contacto volvió a activar el dolor de los azotes que apenas había conseguido mantener bajo control hasta entonces. Jack emitió una pequeña exclamación con una palabrota que le ganó un imprevisto beso dominante que primero resultó en un golpe de diente sobre diente hasta que consiguiera acomodar su cabeza para dejar entrar a la lengua húmeda.

 

Después de aquel pequeño ritual, Jack casi se sentía vibrar con el deseo de estrenar su cama con Christian usando su cuerpo, pero el hombre le agarró del cuello para apartarlo apretándoselo y después de dejar de besarlo le puso un dedo sobre los labios.

 

-No hasta esta noche – le dijo el hombre con una sonrisa casi animal.

 

Después de una siesta que el hombre insistió que tomara a pesar de que Jack no tenía deseos de dormir en lo absoluto, para que así tuviera toda su energía restaurada. Sólo fueron un par de horas en las que Jack volvió a despertarse a la alarma en la mesilla a su lado. Para Jack ya no fue una sorpresa descubrir a Christian Grey sentado ya no en una silla a su lado sino directamente en un costado de su cama, acariciándole el largo cabello largo y jugando con sus mechones entre los dedos. Desde la primera vez se había figurado que ese iba a ser un evento recurrente en su convivencia con ese hombre. Ya no habría lugar para la privacidad ni momentos en los que pudiera escapar de él.

 

Bueno, siempre podía tener espacio en su mente y ese se lo podía guardar para sí siempre que quisiera. Algo era algo.

 

-Estoy pensando en que debería dejártelo crecer –le comentó el hombre-. Lo tienes tan hermoso que incluso cortártelo parece un desperdicio. Es prácticamente un milagro contra todas las posibilidades.

 

En realidad a Jack le daba igual siempre que al menos fuera capaz de sujetárselo para que el cabello no le estuviera dando calor extra. Por eso no le costó ni la menor resistencia a bajar la mirada para frotar su cabeza contra la mano del hombre y aceptar sus caricias. Esa parte no era mala, en lo absoluto.

 

-Como el Amo lo desee –le dijo con sumisión.

 

Christian le tomó de la nuca y se la movió mientras lo hacía acostarse sobre la cama. Luego de haberle besado y acariciarle sus costados desnudos de arriba abajo, dejándole la piel sensible y lista para mayor impacto, el hombre se apartó con una sonrisa.

 

-Vístete. Es hora de empezar tu entrenamiento –le indicó antes de ponerse de pie-. Todos los preparativos listos en mi habitación.

 

-¿No te gustaría que fuera así como estoy, padre? –preguntó Jack, quitándose la sábana para que se dejara ver el resto de su piel desnuda, con la única excepción de su entrepierna por la ropa interior.

 

La boca de Christian se tensó en una dura línea antes de cerrar los ojos con fuerza y cubrirle de nuevo con la sábana. Luego de haber tomado una profunda inspiración como para poder controlar su creciente enojo, Christian tomó un segundo para mostrar de nuevo su amplia sonrisa.

 

-Me gusta desnudar a mis chicos –le explicó el hombre antes de besarle la frente y darle una ligera palmada en el muslo. Christian Grey se puso de pie con las comisuras de sus labios lo más estirados-. Ponte listo en diez minutos o te llevaré a rastras como sea que estés.

 

Jack sintió con desmedida fuerza la tentación de dejar pasar esos diez minutos sólo esperando acostado en la cama tal como estaba, pero después de los azotes en la limusina quizá sería más conveniente tomárselo con calma. Para ser la primera vez que podría recibir toda la extensión del sadismo de Christian Grey tenía que estar en el mejor estado posible. Todavía le dolía sentarse demasiado rápido. En el futuro podría empujar todos los límites cuando tuviera una idea más clara de cuál era el modus operandi de Christian Grey.

 

Y ahora que estaba ahí, podía decir que le sería más sencillo acostumbrarse a la convivencia. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien se atreviera a hacer con él nada más que darle golpecitos en las mejillas con sus miembros erectos y una muy rara cachetada, que el mero hecho de que finalmente se diera con alguien un poco más interesado en promover el dolor en su cuerpo, placentero o no, a lo mejor influenciaba en su cuerpo estuviera recibiendo los estímulos con una intensidad mayor a la normal.

 

La cera se sentía como fuego con aceite sobre su piel. Las pinzas penetraban como los colmillos de una víbora venenosa desde sus testículos y el dolor de la penetración con apenas un poco de lubricación era como si lo estuvieran serruchando por el medio. Sus gritos eran incontrolables. No sabía adónde terminaba el dolor y empezaba el delirio, mezclándose todo en un torbellino imposible adonde la voz casi se le caía a pedazos de cristales duros que bien podrían enterrarse en sus muslos hasta marcar sus huesos.

 

Estaba en ese dulce espacio de irrealidad adonde cada palabra que Christian Grey ya no eran palabras sino cuerdas sujetas a sus miembros. Dejó de cuestionar la legitimidad de Christian como un Amo que pudiera servirle para algún beneficio aparte del que saliera de su bolsillo o al menos en ese mismo momento. Ya no era Jack. No tenía más que el nombre que ese hombre que le puso un collar de perro y tiró de la correa sujeta a la argolla bajo su mentón por el cuarto.

 

Al ver que se dejaba guiar fácilmente (era impresionante la cantidad de cosas que una persona podía guardar su memoria), Christian sonrió con indecible alegría y lo llevó hacia la puerta hacia otra habitación que Jack no había notado ni podría haberlo hecho a menos que estuviera buscándola a consciencia. Christian tiró de un látigo especial que colgaba de un gancho en la pared y unos minutos más tarde la estantería adonde se mostraban grilletes de diferentes texturas junto a plug de varios tamaños se movió sobre un costado, dejando ver un cuadrado de tamaño todavía mayor en la que podrían meterse hasta dos personas lado a lado.

 

Detrás sólo había oscuridad y Jack entró justo detrás de Christian sin preocuparse caer por un precipicio o encontrarse con cualquier otra sorpresa. En el estado en el que su mente se había sumergido tonterías como palabras de seguridad, límites y reglas se habían escapado por la ventana. Sólo quería obedecer. Necesitaba hacerlo para seguir sintiéndose bien, arriba de todo el mundo y más allá, respirando entre las nubes llenas de esa droga espectacular que era su placer.

 

Unos segundos más tarde Christian volvía a presionar otro interruptor y las luces se encendían, mostrando una habitación completamente distinta a la que habían venido. El color era blanco en lugar de rojo intenso y el suelo era frío, resbaladizo y ligeramente inclinado en dirección a un hueco que parecía un pequeño alcantarillado.

 

Había también instrumentos colgando o desplegados a lo largo de las paredes, pero no se trataban de los divertidos o que uno encontraría fácilmente en cualquier tienda de juguetes sexuales para parejas vainilla que decidieran diversificarse en la cama. Eran cuchillos, ganzúas, ganchos de carne, rollos de plástico grandes, cinta adhesiva, tubos de plástico amarillento, agujas, serruchos, una sierra eléctrica para huesos y, sobre una mesita de madera oscura y barnizada, diferentes implementos médicos como bisturíes, fórceps y otras cosas cuyo nombre Jack ya no sabía.

 

Pero en ese primer momento de reconocimiento, no le prestó atención más que a una cuarta parte de esa decoración y pensó que Christian Grey debía estar interesado en realizar una escena de medical play. Eso nunca lo había probado, pero si el hombre quería iniciarlo también en eso a él le parecía bien. Podía ser hasta divertido. ¿Por qué no? No veía absolutamente ninguna razón para negarse a eso o a cualquier proposición.

 

Christian le dio un rápido azote en sus de maltratadas nalgas y señaló hacia la cama metálica que estaba en un poco más a la derecha en una zona propia adonde la habitación era completamente blanca, sin nada que pudiera mancharse o estorbar, con la única excepción de la cama. Estaba cubierta por un mantel blanco y abajo un cuerpo respiraba tranquilamente. Casi que roncaba incluso.

 

El Jack de antes podría haber reconocido ese ronquido en kilómetros en un instante. Noches tras noches escuchando el mismo sonido y sabiendo que ese era su único obstáculo entre el sueño colgando de sus párpados y el sueño adonde ya no tendría que escucharlo podía hacer eso. Era un sonido tan familiar como el nombre que todos usaban con él. Pero al Jack sobre sus manos y piernas, el Jack que se movió hacia adelante con el tirón de la correa que Christian llevaba en su mano, el Jack que no entendía ni quería entender nada, sólo se puso de pie a la orden de su Amo.

 

Christian extendió la mano para tomar el centro de la tela en el punto donde la gente por lo general tenía su pecho y tiró de la sábana como un torero haciendo el movimiento de “olé” en frente del animal desorientado. El Jack de antes habría reconocido al cuerpo durmiente, incluso si había sido lavado y desnudado para estar de una forma en la que él nunca lo habría visto. El cabello que parecía hecho de cenizas, la nariz torcida por una vieja pelea en las calles de la que podía hablar por horas como si hubiera sido un evento de proporciones épicas y el estómago sobresaliente. El Jack de ahora vio al cuerpo y luego a su Amo, sin saber que sus pupilas estaban dilatadas. ¿Qué esperaba que hiciera?

 

En lugar de responderle a su muda pregunta, Christian se movió hacia la línea de instrumentos más cercana y volvió llevando un largo cuchillo digno de un carnicero en un restaurante de cinco estrellas. La luz se reflejó un instante en el grabado de su nombre japonés cuando Christian le tomó la mano a Jack para que rodeara el mango. Hizo lo mismo con la otra mano que sólo colgaba a su costado. Las manos de Christian eran grandes en comparación a las suyas y eran fuertes, rasposas en contra de su piel.

 

A sus espaldas el pecho del hombre le llegaba a la nuca y la erección que se alzaba desde el interior de sus jeans le estaba presionando la espalda baja. Ante ese estímulo, intencional o no, Jack se lamió los labios anticipándose a cuando se pondría de rodillas para volver a recibirlo en su boca. Pero no parecía ser esa la idea que Christian tenía mientras le hacía elevar el cuchillo hasta arriba del estómago de Tom y un poco a la izquierda, exactamente al punto adonde su corazón latía. Jack echó un poco su cabeza hacia atrás y Christian le besó el cuello.

 

-Déjalo correr, nene –le gruñó sobre su oreja antes de mordérsela y presionar su mano hacia abajo.

 

Tom había sido drogado. No sintió nada ni realizó la menor reacción cuando el cuchillo penetró sobre su carne y la sangre comenzó a salir a borbotones, sintiéndose cálida contra sus dedos. El cuchillo penetraba mucho mejor que lo que lo había hecho el miembro de Christian y la súbita idea “lo estamos matando, se está muriendo, se está muriendo” pareció actuar como una explosión eléctrica, conectando a todas las neuronas que se habían dispersado en el espacio.

 

Jack parpadeó y no tenía la menor idea de adónde estaba.

 

-¿Eh? –dijo, pero su boca fue ocupada de forma imprevista por Christian y el ligero contacto de un bulto claramente reconocible por detrás estuvo a punto de llevárselo de vuelta.

 

Sin embargo se aferró al olor del desinfectante en el aire para forzarse a ponerse en el momento, para negarse disolverse de nuevo. La mano de Christian siguió manipulando la suya y sólo entonces Jack pudo ver de reojo lo que estaba haciendo. Ahora sí, reconoció la cara. Entendió todo. Apartándose del hombre, escabulléndose lejos del agarre del cuchillo, Jack subió su mano para cubrirse la boca pero entonces notó que sus dedos tenían manchas rojas y no pudo hacerlo.

 

Christian Grey giró los ojos con impaciencia.

 

-Usa el tacho de basura que está allá –dijo de forma irritada, señalando un cubo puesto en un rincón.

 

Jack corrió hacia allí, sintiendo su correa rebotar contra su espalda y se agachó para descargar todo, dejando escapar un líquido amarillento y verdoso encima de lo que sólo podía ser una aguja y un frasco de anestesia vaciado. Jack cerró los ojos hasta ver estrellas y sólo dejó a su estómago hacer lo que necesitaba. Al final, cuando ya no le quedaba otra cosa que su saliva pegajosa saliéndose en gruesas gotas en medio de profundos jadeos, Jack se dio cuenta con sorpresa de que en algún momento Christian se había movido para sostenerle el cabello afuera del alcance de su rostro. Llegados a ese punto, mientras intentaba recuperar la respiración, Christian le pasó la mano por la frente y le echó unos mechones hacia atrás, acariciándole la cabeza.

 

-¿Estás bien? –preguntó el hombre y si fuera más crédulo hubiera interpretado su tono como de preocupación.

 

Jack emitió una débil risita, abrazando el cubo.

 

-¿Por qué tenías que arruinarlo? –dijo, sabiendo que no miraba fuera de foco porque estuviera mareado, escuchando el sonido de sus lágrimas frías al estrellarse contra su descarga al fondo-. ¿Tienes idea de cuánto he esperado por poder estar ahí en ese punto en que ya no importa nada? Estaba ahí, iba a hacer lo que fuera y tú tenías que ir a sacarme de ahí de una patada. Me estaba divirtiendo, estaba feliz, por qué lo arruinaste…

 

Jack continuó llorando sin pretender conservar la dignidad. Acababa de perder ese momento mágica y probablemente nunca iba a volver. En parte sabía que era normal sentirse así. Después de semejante subidón debía venir el bajón, era así como funciona, pero todavía no podía razonarlo de ese modo para no sentirse como un nene pequeño cuando Christian lo hizo liberar el cubo para tenerlo llorando y aferrándose a su camisa contra su pecho. En esos momentos necesitaba tanto el consuelo como antes necesitaba el azote. El hombre le frotó la espalda temblorosa.

 

-Esto es lo que hago con todos mis chicos –explicó Christian y en su voz casi se detectaba la misma decepción que él sentía-. Es así como sé si vale la pena conservarlos o no. Necesito que me acompañen en hacer esto y si no… entonces no hay esperanza. Por favor, tienes que entenderlo. No quiero perderte también a ti.

 

-Me podrías haber dicho –gimoteó Jack, obligándose a recuperar el aliento entre hipidos. Entonces se le ocurrió una nueva idea-. No me digas que eso estaba en el contrato…

 

-No –dijo Christian y ahí estaba de nuevo la irritación-. ¿Crees que ese es el tipo de cosas que podría hacer mandar imprimir a un empleado para que lea a placer? Ni siquiera se supone que esta habitación existe. No puedo darme el lujo de dejar ninguna clase de pistas como un principiante que no sabe lo que hace. Ya he aprendido mi lección en el pasado.

 

-Entonces… -Jack se alejó un poco y miró hacia arriba-, ¿para esto me has traído en serio? ¿Para matar vagabundos?

 

-Entre otras personas –Christian sonrió como si fuera una divertida corrección. Su mano se movió de nuevo bajo su mentón y con el pulgar le acarició la mejilla-. Lo único que pido es a un hijo que me acompañe en este, alguien a quien se lo pueda enseñar. Y tú podrías ser ese alguien, Jack. Entre tantos fracasos y tantas oportunidades perdidas, tú podrías ser el único que logre llevar esta pesada cruz conmigo.

 

Jack sollozó de nuevo, pero ya no sabía por qué y se restregó el antebrazo por los ojos. No sabía qué hacer. Su mente estaba en un blanco más profundo que el océano y ni siquiera sabía si no saldría flotando algún Kraken para devorarlo. Christian le volvió a besar en la frente y lo ayudó a ponerse de pie, sosteniéndolo, incluso si en realidad no necesitaba ayuda para caminar, mientras regresaba a la mesa adonde el cuchillo sobresalía del pecho quieto de Tom como Excalibur desde la piedra. Christian sacó el cuchillo de ahí como si costara nada en absoluto y le levantó una mano con la libre suya.

 

-¿Qué me dices, nene? –dijo. Su sonrisa podría haber estado en la portada de revistas de moda o para ilustrar artículos acerca de los solteros más deseables, a pesar de los años. De hecho, por su mirada, casi podría haber pasado por alguien mucho más joven-. ¿Le darás una oportunidad a esto?

 

Jack miró hacia abajo, hacia la hoja brillante manchada con la sangre y otros fluidos provenientes del cuerpo recientemente muerto de Tom. Luego observó el rostro del hombre. Había dejado de roncar. Era la primera que lo veía con los ojos cerrados y la boca abierta, pero sin emitir esos asquerosos sonidos. “Si no hago lo que me dice”, pensó Jack en un súbito acceso de claridad, no teniendo la menor duda al respecto, “me va a matar. Voy a ser igual a Tom.”

 

Un insondable hueco se abrió bajo su estómago. Odiándose porque su maldita mano no dejara de temblar, Jack tomó el cuchillo que Christian se le ofrecía. Se sentía ligero, casi mareado. Meneando la cabeza con fuerza, se prometió que no iba a perder la batalla y se puso en punta de pie para buscar los labios de Christian. Desafortunadamente no podía alcanzarlos por su cuenta, de modo que estuvo en esa posición sólo hasta que Christian se percató de lo que quería hacer y se inclinó a darle el gusto.

 

“Acabo de vomitar y el tipo me besa”, pensó y la idea le hizo esbozar una media sonrisa. Christian arqueó una ceja al notar esto.

 

-¿Recuerdas lo que te dije en la otra habitación, Jack? –preguntó suavemente, poniéndose serio.

 

-Nope –dijo el muchacho con sinceridad-. Lo último que recuerdo es “aquí no tengo mis consolas” y luego todo es –Sopló aire sacando la lengua, dejando que el sonido fuera lo bastante descriptivo.

 

Ese no era el lenguaje formal, lo sabía, pero no tenía las fuerzas para imponérselo de vuelta y recordar sus lecciones. Parecía tan fuera de lugar, tan innecesario… De pronto la mano de Christian rodeó su cuello por encima del delgado collar. A pesar del leve segundo de pánico, no estaba apretándole sino que parecía simplemente interesado con sostenerle la base de su cráneo. No obstante aún tenía a su corazón bombeando sangre a máxima velocidad por si acaso. Durante su confusión Jack había dejado caer el cuchillo como un imbécil y este había caído justo sobre el brazo atado de Tom.

 

-Te dije allá que esto no sería sólo un juego de placer, mi pequeño. Tú y yo vamos a pasar de esas pequeñas ilusiones. Te voy a convertir en mi hijo. Me adorarás y necesitarás como un padre. No podrás siquiera concebir la idea de salir de aquí.

 

Jack tragó con inmenso esfuerzo. ¡De por sí no se le ocurría cómo hacer eso!

 

-Pero yo ya lo ha…

 

-No me refiero a esa clase de necesidad, pequeño. No me refiero al dinero. Esto no se va a tratar de eso. No podrás siquiera concebir la idea de salir de aquí.

 

Jack se lamió los labios secos e iba a pronunciar su acuerdo cuando Christian le forzó a otro beso, abrazándole contra sí. Luego enterró el rostro en su coronilla y Jack lo escuchó respirar profundamente, absorbiéndolo todo.

 

-¿Entiendes lo que quiero decir, mi pequeño?

 

La respuesta honesta habría sido no. No tenía idea de lo que estaba pasando y no estaba seguro siquiera de que fuera capaz de entender. De reojo Jack volvió a ver la expresión inusualmente pacífica del vagabundo y apretó el rostro contra el pecho de Christian, sintiendo sus latidos contra la sien. Todavía olía bien. ¿Se habría puesto desodorante o colonia en algún momento?

 

-Sí, padre –respondió casi sin voz.

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