Una noche de exhibicionismo

El club podría haber estado silencioso si no fuera por el ocasional murmullo y alguna tos espontánea. Típico ambiente de teatro antes de una gran función y un cierto brujo todavía oculto por las cortinas hacía lo mejor que podía por no concentrarse demasiado en el hecho de que esperaban por él. La música empezó a sonar por los altavoces y sabía que esa era su señal para salir, pero Blackhorn todavía se tomó unos segundos para tomar un respiro y dejar que la bizarra situación fuera asimilada en su cabeza. Se tocó el collar maldito que lo había condenado a toda esa situación, sabiendo que la “W” del centro emitiría su brillo acostumbrado.

Armándose de valor, o al menos haciendo un consciente esfuerzo de ignorar el nudo de nervios que formaba su interior, salió del escenario y se dejó envolver por la luz principal. De pronto fue especialmente consciente de lo apretado que era el traje que le había puesto su Amo, parecido a los trajes de baño que las mujeres humanas usaban, lo expuestas que estaban sus piernas, lo poco natural que se sentían con esos malditos tacones obligando a sus pantorrillas a tensarse. Lo que más odió fue la contracción que sintió en esa nueva entrepierna que su Amo le había hecho. Las leves vibraciones no hacían más que aumentar su vergüenza al recordarle que técnicamente esa había sido su idea.

 

Se lo había dicho a Wolf prácticamente como una broma cuando lo sacó a pasear al nuevo club de desnudistas en la ciudad. Esperaba verlo reír, pero en cambio el brujo había esbozado esa sonrisa de malicia que Blackhorn reconoció al instante, haciéndole sentir un escalofrío deslizarse por su espalda.

 

-Bueno –dijo Wolf suavemente, sonriente, poniéndole un brazo sobre los hombros. Blackhorn se sintió incómodo por el súbito calor que sintió por todo su cuerpo. Mantuvo la mirada en el suelo hasta que el brujo continuó después de haber disfrutado imponiéndole la expectativa-, tú sabes que puedo hacer eso realidad, ¿no?

 

Así era como había empezado. El siguiente paso había sido convencer a algunos clientes y empleados de retirarse para que el alcance del hechizo hipnótico de Wolf pudiera ser lo más efectivo posible y no se arriesgaran al menor inconveniente. En total la audiencia era sólo una docena de personas cuyo objetivo en la vida podría ser sólo fijar los ojos en él y lanzar el ocasional silbido de apreciación que le llegaba como una flecha directa hacia su entrepierna, enviándole ondas de un calor terrible que se extendía sobre sus piernas inseguras.

 

En cuanto sus ojos consiguieron acostumbrarse al cambio, su primer instinto fue ubicar a su Amo en medio de la audiencia. El joven brujo estaba de pie cerca de un sofá circular alrededor de una pequeña mesa donde una botella de una bebida alcohólica estaba prácticamente vacía. Lo reconoció en el acto por el leve brillo de las tachas metálicas en su chaqueta de cuero. Estaba de pie, las manos a la espalda, como si él fuera el dueño del sitio desde su creación y la dura mirada de sus ojos azules estaba fija en él, no dejándole lugar a hacer otra cosa que lo se esperaba de él.

 

Ahora era Belial. Desde hacía relativamente poco tiempo que había decidido tomar el nombre que su Amo le impusiera como una forma de empezar desde cero en ese nuevo universo. Y en ese momento, eso era todo lo que era: Belial, el esclavo de Wolf, el más poderoso brujo con el que se había encontrado desde que llegara a Nueva York después de su exilio. No tenía otra alternativa. Sólo obedecer y dejarse llevar.

 

Belial extendió los brazos y se movió por la pequeña especie de pasarela que formaba su escenario, agitando las caderas que antes no tenía y subiendo los brazos para que se vieran más claramente los pechos que no eran suyo por naturaleza. Los hombros reaccionaron con risas, lanzando los primeros comentarios, alentándole a moverse más, a quitarse el traje, a seguir. Estaban tan entusiasmados pidiendo el desnudo que Belial arriesgó una mirada a Wolf, por si las personas reaccionaban a un deseo suyo, pero el brujo sólo tenía una media sonrisa y se encogió de hombros, como si supiera exactamente lo que le preguntaba. Wolf le había dicho que la hipnosis sólo metería a la gente en una ilusión en la que era un espectáculo nocturno como el de todas las noches, nada especial. El mayor influjo de Wolf se manifestaría más bien cuando ellos se fueran y todos ahí se vieran incapaces de recordar nada de lo que había pasado las últimas horas.

 

Ninguno de ellos guardaría memoria de su baile o del bailarín o al menos esa era la idea. Y Belial creía que decía la verdad porque sabía que el brujo podía hacerlo y porque en verdad no le quedaba de otra que creerle. De todos modos ya era demasiado tarde para pensar al respecto, de modo que, tomando otra gran bocanada, extendió los brazos y con una mano sobre la superficie metálica del palo, giró en un círculo. Se dio la vuelta y bajó prácticamente hasta el suelo, volviéndose a erguir con el culo destacando en dirección a la emocionada audiencia.

 

Belial apenas tenía una idea de lo que hacía, sólo imitaba lo que había visto hacer a las bailarinas antes, pero de alguna manera se sentía más cómodo a medida que se dejaba llevar por la sensualidad del momento. El peso de todas esas miradas seguían ahí y los comentarios, antes un poco más acallados, llenaban el club de tal manera que ni por un segundo se le olvidara que no estaba solo, que ya no se trataba puramente de él y su Amo.

Y sin embargo, en alguna parte de su mente, todavía eran sólo ellos dos. El peso de la joya en su cuello y los meses que había pasado bajo el techo del brujo eran un recordatorio lo bastante presente de que, mientras cualquiera de los dos siguiera vivo, siempre serían ellos dos. El peso de todas esas miradas podría haber sido sólo de él. La atención en sus movimientos los alentaba. No estaba precisamente caliente pero en el borde, caminando una línea invisible entre buscar su propia excitación y sólo usar su cuerpo para excitar a otros.

 

La música había cambiado a una electrónica con un ritmo más acelerado que la anterior y aceleró sus movimientos a su vez. Una voz potente se elevó en medio del sonido ambiental, alguien más pidiendo por verle los pechos. Lo habían hecho desde el inicio de la función, por eso había sido capaz de ignorarlo hasta entonces, pero pronto varias voces se unieron de inmediato y Belial tuvo la impresión de que absolutamente todos los clientes eran un solo coro, como una súbita ola dando contra él. No pudo evitar abrir los ojos de golpe, un poco asustado, y conectó en el acto con la de Wolf, dándole una sonrisa de clara aprobación. Las voces de los clientes volvieron a elevarse.

 

Por un momento no supo qué hacer. Se quedó paralizado en medio del escenario. Vio que pasados unos segundos Wolf salió de su lugar detrás de los clientes y se acercaba con una expresión de alarma mientras alrededor todas las bocas interrumpieron su cantinela. ¿Había presionado demasiado? ¿Iba a pronunciar la palabra de seguridad? Pero Belial agitó la cabeza y reanudó sus movimientos, echando las manos detrás de su cuello para liberar el gancho que sostenía la parte frontal de su traje. Le temblaron un poco las manos, pero continuó insistiendo hasta que los sintió liberarse y la tela elástica tensarse, buscando regresar a su forma original.

 

Cerró los ojos, tomó una profunda respiración y lo liberó, sintiendo de inmediato el cambio de temperatura en sus pechos. Los gritos de la audiencia fueron de entusiasmo y aprobación. Belial volvió a mirar el club, pero Wolf no estaba por ninguna parte. Supuso que se habría vuelto invisible o algo así para aumentar todavía su sensación de que estaba solo en medio de todos esos extraños. Tenía que ser eso porque los extraños en cuestión ahora le insistían que les agitara sus pechos y no podía ser que el brujo realmente lo hubiera dejado a su suerte.

 

Prefiriendo confiar en su Amo, Belial dejó sus manos en la parte trasera de su cuello y agitó rápidamente sus pechos, sintiéndolos bambolearse y agitarse unos contra otros. Iba a continuar bajándose el resto de su traje cuando de repente una mano familiar se encontró con la suya por debajo de su estómago. No tuvo tiempo ni para aliviarse de que el brujo todavía siguiera ahí antes de que Wolf le hiciera volver la cabeza en su dirección, besándolo mientras su mano se sumergía dentro de su traje para dar una rápida sobada sobre su entrepierna. Los dedos bruscos del joven le abrieron, sumergiéndose en su humedad, antes de volver a sacarlos y cambiar su lengua por su dedo húmedo de sus propios fluidos.

 

Belial chupó por instinto como si fuera lo más exquisito que había probado y se sonrojó al escuchar los alaridos casi de risa venir desde abajo del escenario.

 

-¿Sabe eso rico, puta?

 

-Seguro que ya estás tan húmeda que ese traje ya está arruinado. ¿Cómo irás a pagarlo después, puta?

 

-¡Que se le muevan algo esos pechos! ¡Seguro que a la puta esa le gusta!

 

¿Eran los deseos de Wolf o de ellos mismos? En cualquier caso Wolf lo volvió, poniéndole su espalda contra su pecho mientras le bajaba del todo el traje, deslizándolo por sus piernas. Belial se sostuvo del poste metálico para no perder el equilibrio mientras levantaba las piernas para pasar la tela por esos tacones que llevaba. No tenía ropa interior ni nada más cubriéndole el cuerpo.

 

-¡Así está bien! ¡Muéstralo todo, puta!

 

Wolf tironeó de su collar, haciéndolo sentarse en frente del poste y abriéndose de piernas para el público, literalmente dejándoles ver todo cuando los dedos del brujo le abrieron los labios, revelando exactamente cuán húmedo estaba en verdad. Belial se sentía demasiado ligero de la cabeza y sólo podía dejarse manipular como una muñeca, incapaz de pensar otra cosa que en las miradas fijas de eso hombres corrientes fijos en esa parte de su cuerpo. Las risas no se dejaron esperar. Burlas acerca de su estado, de lo excitada que debía estar incluso en esa situación, de lo que le debí gustar andar de exhibicionista y en un literal escenario de entre todas las cosas.

 

Belial sólo podía sentirse asentir de vez en cuando porque todo era verdad, no había forma de negarlo. Lo había comprobado más de una vez y una parte suya todavía no podía dejar de sorprenderse con la facilidad con la que le calentaban esas situaciones en las que su Amo continuaba poniéndole y no tenía remedio al respecto.

 

Ahora pedían por ver el resto. Belial registró las palabras, pero no pudo relacionarlas con ninguna idea. ¿Qué resto? ¿Qué más podían ver si tenía abierto su interior para ellos? Pero parecía que Wolf tenía la menor duda al respecto mientras le hacía dar la vuelta y manipulaba sus miembros para que estuviera de pecho contra el escenario, sus brazos sosteniéndose a sus piernas y su espalda arqueada para coronar con su trasero dirigido al público. Una rápida nalgada, luego otra y de pronto una seguidilla de cortas pero precisas que acentuaron su excitación.

 

-¡Masoquista había salido la hija de puta!

 

Wolf procedió a abrirle las nalgas, separándole las piernas para que todos vieran que todavía seguía húmedo. Belial se sintió quemarse sus mejillas cuando percibió que Wolf volvía abrirle los labios vaginales para mostrar el resultado de las nalgadas, pero esta vez le embutió un par de dedos, metiéndoselo a un ritmo brusco que no guardaba la menor delicadeza. Belial siempre había sido ruidoso y ni siquiera se enteró de cuándo empezó, pero pronto se encontraba gimiendo por todo lo alto por el estímulo directo que Wolf imprimía sobre su clítoris con el pulgar. Su pulso le latía frenético en los oídos para tratar de procesar el cúmulo de sensaciones que se le venían encima.

 

Demasiado pronto para su gusto, sin embargo, se vio libre de esos dedos pero su gimoteo de protesta se vio cortado con uno de dolor y sorpresa cuando Wolf lo penetró por su ano. Antes de permitirle cambiarse a su traje de bailarina el brujo le había devuelto su estado de virginidad, de modo que para su cuerpo el terrible dolor era exactamente el mismo de su primera vez. El peso de toda la humillación a la que ya había sido sometido sólo sirvió para aumentar su placer masoquista, arrancándole gritos de deseo imposible de contener.

 

Los gritos de entusiasmo aumentaron entre el público. Jadeante, Belial miró de reojo que algunos hombres se estaban sobando por encima de los pantalones los notables bultos que tenían. No hacían ningún esfuerzo en disimularlo. De no haber estado tan alejado en su propio mundo de lujuria desenfrenada a Belial se le habría ocurrido en el acto que esos tipos lo estaban haciendo a propósito y esa sospecha habría sido suficiente para que le quitara la poca racionalidad que le quedaba.

 

Wolf le tomó de su larga coleta de cabello verde como si fuera una cuerda más sujeta a su cráneo y la tironeó envuelta en su mano, obligándole a arquear la espalda mientras era embestido sin ninguna piedad. Su entrada presionaba fuertemente alrededor de la polla de su Amo y parecía tan desesperada como él mismo por recibirla por entero.

 

Para cuando quiso darse cuenta su virginidad por la vagina, que tenía sólo por mandato de Wolf, era arrancada igualmente sin que él pudiera hacer nada al respecto, sus piernas abiertas y mantenidas en el aire por unos brazos mágicos invisibles, su Amo gimiendo cerca de su oreja mientras todo el público seguía con creciente interés el cómo la polla salía de él sólo para volver a sumergirse sin falta. No era capaz de mantener los ojos abiertos para afrontar la escena que protagonizaba, pero tampoco le hacía la menor falta porque hubiera sido imposible ignorar el dolor, los silbidos, las burlas y el calor de las luces enfocándose sobre su cuerpo desnudo.

 

Era mucho más de lo que podría haber imaginado. La niebla que cubría su mente se desintegró en una llamarada desvanecedora, literalmente. Cuando Wolf finalmente le dejó correrse después de tenerlo rogándoselo por lo que pareció una eternidad, la consciencia se le desvaneció de golpe como una vela que hubiera soplado de golpe.

 

 

Para cuando regresó en sí, estaba acostado en la cama que compartía con Wolf en su departamento. Estaba solo y de pronto una sensación de pánico elevó el ritmo de su corazón. ¿Había sido un sueño o había sido de verdad? Estaba a punto de salir de la cama para ir en busca de su Amo, pero este apareció en la puerta antes de hacerlo con el celular en la mano. Belial no tenía idea de cómo preguntarle qué había pasado la noche anterior. No tenía ningún recuerdo concreto de nada, sólo una vaga idea de que habían salido a un club de desnuditas y nada más. Wolf se sentó en el borde de la cama y le mostró una fotografía que lo mostraba con los pechos al aire de pie sobre un escenario. El color se le subió de inmediato por el rostro cuando vio a su Amo deslizar el dedo para mostrarle distintas fotografías, todas desde distintos ángulos.

 

-¿Te gustan? A todos los clientes les di la tarea de tomarlas como mejor pudieran. No te preocupes, apenas me las enviaron me encargué de que las borraran de sus propios celulares.

 

Belial se cubrió el rostro con las sábanas y el brujo se rió con satisfacción.

 

-Y eso que todavía no has visto los videos.

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Un pensamiento en “Una noche de exhibicionismo

  1. Mi Rey, no tiene idea de lo mucho que disfruté con esto, la verdad. Es todo lo guarro guarrote que pueda desear, sabe? ❤

    Me encantó todo, desde el bailecito de striptease hasta la follada delante de todos. Puedo sentir la verguenza y calentura de Belial, jejeje ❤

    Gracias por este regalote de San Valentin. Valio la pena la espera ❤

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