El monstruo del circo. 7

Capítulo 7: Carousel

“I know, chasing after you is like a fairytale”

A la hora de la cena Nicky entró en su cuarto y Sans se despertó a los tirones de su camiseta que el pequeño monstruo realizaba con los dientes. El esqueleto permaneció acostado unos momentos después de despertarse, esperando que el niño se cansara y lo dejara seguir en la cama, pero se rindió al poco rato al notar que los tirones sólo se hacían más fuertes hasta el punto de casi hacerlo deslizarse fuera de la cama.

-Está bien, está bien –dijo en medio de una seguidilla de bostezos, palmeándole la cabeza del niño-. Ya estoy despierto, amigo. Ya cumpliste tu trabajo.

-¡Entonces levántate! –dijo Nicky y empezó a saltar en su sitio-. ¡La señora Toriel y el señor Papyrus me dejaron ayudar con la cena hoy, así que será mejor que vayas a disfrutarla mientras está caliente!

-Seguro que es estupenda, Nick –dijo Sans, levantándose de la cama.

Unos minutos más tarde, vestido con un pantalón decente y una camiseta menos arrugada, Sans salió detrás del entusiasmado niño en dirección a la sala del comedor adonde todos los residentes ya estaban a la mesa. Papyrus estaba de pie sirviéndoles un plato del espagueti a cada monstruo desde un gran recipiente en el centro de la mesa y le sonrió nada más verlo.

-¡Buenas tardes, Sans! ¡Espero que ahora te sientas mejor para disfrutar de un verdadero manjar! ¡El pequeño Nicky ha sido una invaluable ayuda en la elaboración de esta obra maestra! ¡Siéntense para que puedas disfrutarlo!

Como de costumbre, Sans se acomodó al lado de la silla que luego ocuparía Papyrus mientras que Nick se ponía en la otra silla y sonrió al alto esqueleto cuando este le sirvió su humeante porción. El espagueti en sí parecía estar bien, pero la salsa… parecía que alguien pudiera tirado tomates en un recipiente de agua y luego hubiera tratado de molerlos sin mucho éxito. Los pedazos rojos estaban desperdigados por los fideos, ennegrecidos y duros. Sans miró a los otros monstruos y notó que ellos de hecho estaban comiendo la “salsa” en lugar de hacerla a un lado.

Francis tuvo que aclararse la garganta de inmediato y tragar el contenido de su vaso. Leonard tenía que detenerse en cada bocado para taparse la boca. El esfuerzo que hacía por tragar se traducía en lágrimas apenas contenidas. Pero los dos le dieron un pulgar arriba al expectante monstruo amarillo que dio una amplia sonrisa. Alrededor de la mesa, los otros monstruos mostraban diferentes señales de estar batallando con sus propios instintos para sonreír y asentir enfáticamente respecto a lo bueno que estaba.

-Quién diría que teníamos un pequeño chef entre nosotros –dijo Mettaton después de haber tosido varias veces contra su mano.

-Estoy muy orgulloso de ti, pequeño –dijo Asgore y de pronto tuvo que taparse la boca, agitando los hombros.

-Me encanta tu entusiasmo, querido –dijo Toriel, apretando su mano cerrada al lado de su plato.

-¡Buenísimo! –exclamó Undyne, sin mover la mandíbula.

Incluso Papyrus tenía una cara en la que era difícil descifrar lo que estaba pensando exactamente. Sans empezaba a preocuparse de que a lo mejor era más de lo que podía soportar, cuando de repente el alto esqueleto dio un palmetazo sobre la mesa, tragó y le dio una esplendorosa sonrisa a Nicky.

-¡Estos son los esfuerzos de alguien que sin duda tiene un prometedor futuro como chef! ¡Continúa practicando, pequeño amigo, y puede que un día consigas superar al Gran Papyrus!

-¿¡En serio!? –Nicky parecía a punto de perder la respiración y por un momento Sans no pudo contenerse una leve risa, atrayendo en el acto su atención-. Sans, todavía no lo has probado. Hazlo y dime qué tal te parece.

Sans asintió y se sirvió un pequeño montón de espagueti junto al grande pedazo de tomate que le había tocado. Podía sentir la mirada expectante del niño a su lado. Tomó nada más un respiro antes de embutirse toda la comida en su boca y apresurarse a masticarla para no darse tiempo a dudarlo. Inevitablemente su lengua acabó entrando en contacto y  cuando lo hizo comprendió a la perfección porque todos estaban tomando agua. Parecía que Nicky seguí adorando tanto la sal como aquella única vez que le permitieron hacerse cargo de las palomitas en el circo. Sans continuó masticando y tragó como mejor pudo lo que no pudo deshacer con los dientes. Afortunadamente no tenía una garganta de carne que le pondrían en riesgo de ahogarse. Toda la comida iba directo a su alma pasados ese punto.

Tomó un sorbo rápido de su vaso antes de volverse al pequeño monstruo.

-Vaya, Nick –dijo, levantando un pulgar-. Me has dejado de verdad impresionado con esto. No parece que haya sido tu primera vez cocinando. Pero dime, ¿te ha gustado hacerlo? ¿Te gustaría seguir practicando? -El niño asintió enfáticamente con la cabeza. Sans no recordaba la última vez que había visto su mirada iluminarse de tal manera sin tener que explicarle seguidamente que eso que quería no podía ser porque a la señorita Frida no iba a gustarle. Pero la señorita Frida ya no estaba con ellos y él podía mandar tranquilamente su sentido del gusto a la basura si eso significaba mantener esa ilusión. Le guiñó una cuenca y le palmeó las escamas de la cabeza-. Entonces hazlo. Estoy seguro de que serás mil veces mejor si continúas así.

Nicky volvió a sonreír.

-Pues claro que necesita la práctica –dijo la voz de Chara, sentado al lado de Frisk y este al lado de Nicky. Sans fijó en él la mirada hasta que notó que Chara volvía a llevarse más del espagueti con la “salsa” por encima, hablando mientras masticaba-. ¿Cómo se supone que se va a ser un chef si no practica antes? Incluso las personas de natural talento deben perfeccionarse.

El niño humano acabó de tragar y dio una media sonrisa en dirección a Papyrus.

-¿No es así? –le preguntó.

-¡Desde luego que sí! –afirmó el alto esqueleto-. Con trabajo y dedicación el pequeño Nicky se convertirá en el mejor chef de todo el mundo, ¡ya lo verán!

-Heh –emitió el susodicho, sonrojándose-. No es para tanto.

-¡Tonterías! –dijo el alto esqueleto con entusiasmo-. Siempre es mucho mejor cuando las personas deciden seguir sus sueños y hacer lo que les hace felices. Y si consiguen ser excelentes en ello, eso sólo es un extra que estoy seguro podrás conseguir.

Nicky esbozó una sonrisa, alegre pero nerviosa, y Sans le dio una palmada en la espalda. Casi todos acabaron limpiando sus platos al final. Los únicos que repitieron fueron Sans, Papyrus y el propio Nicky, pero eran todavía más de lo que Sans se esperaba así que no había problema. Después de la cena, el alto esqueleto le pidió que le buscara en la sala de estar a una determinada hora porque quería enseñarle una cosa importante. Estaba claro que estaba emocionado por darle una sorpresa, de modo que Sans ni siquiera le preguntó de qué se trataba. Seguro que iba a ser un pase de baile o  un nuevo truco mágico bailarín, lo que sin duda le interesaría. Siempre le asombraba lo rápido con que el esqueleto aprendía todo lo que se le enseñaba o lo creativo que podía ponerse respecto al manejo de su propio cuerpo. Se entretuvo ayudando a Nicky y Frisk con sus respectivas tareas escolares, aunque su papel fue más bien se limitó a controlar sus respuestas porque entre ellos se animaban para hacer un buen trabajo.

Cuando fue el momento indicado encontró a Papyrus y este le condujo hacia el patio trasero, adonde ya los estaban esperando Chara y Asriel, sentados en el suelo. Había un largo maletín a un lado del monstruo cabra. Era una suerte que fuera viernes o Toriel habría insistido en que los dos estuvieran en la cama para esas horas. No había nadie más en los alrededores.

-¿Lo saco ahora? –preguntó Asriel, levantando la cabeza hacia Papyrus.

El alto esqueleto miró hacia el cielo y las líneas de sus dientes se elevaron.

-Sí, eso estaría perfecto. Tenemos mucha suerte de que hoy haya un excelente clima.

Sans miró al cielo estrellado con una luna llena justo encima de sus cabezas, iluminándolos del todo. Sea lo que sea que Papyrus quería enseñarle  no iba a necesitar linternas de ningún tipo por lo menos.

-Muy bien, estoy listo –dijo, encogiéndose de hombros a su lado-. ¿Para qué estamos aquí, Paps?

-¡Nyehehe! ¡Hoy vas a tener el increíble honor de contemplar las estrellas junto al gran Papyrus, querido amigo!

El monstruo señaló hacia la maleta del ahora agachado Asriel y al acercarse un poco Sans vio que se trataba de un viejo telescopio con su propio trípode.

El monstruo cabra lo estaba sacando de su estuche y lo armaba como si ya lo hubiera hecho miles de veces, mientras tanto Chara se levantó y tiró de la manga de Sans. En cuanto se volvió hacia él, el niño puso en su mano un libro que parecía gastado y tenía marcas de crayón por la superficie de la cubierta. No le costó demasiado leer el título: “Estrellas, constelaciones y otras cosas del espacio.” Luego de dejarle el libro, sin haber levantado la vista en ningún momento, el niño se volvió hacia su hermano para ayudarlo con el aparato. Sans pasó la vista desde el libro hacia el alto esqueleto.

-¿Esto es en serio? –preguntó, incapaz de decidir si estaba más confundido que emocionado o era al revés.

Papyrus se inclinó para ponerse a su altura.

-¡Por supuesto que sí! Sans, ya sé que puede ser difícil creerlo, ¡pero todavía tienes permitido seguir tus sueños y hacer las cosas que te gustan incluso si no sacas ningún beneficio material de ello! ¡Y quién sabe, puede que acabe ayudándote para hacer justamente eso en el futuro! Nicky tiene la cocina, Undyne tiene la policía, yo tengo mi baile. ¡Es sólo justo que tú tengas el espacio si eso es lo que necesitas para ser feliz, Sans!

-Heh… -respondió este, incapaz de sacar otro sonido, de hacer otra cosa. Era tan… ingenuo de su parte y sin embargo lo decía con la misma convicción con la que se expresaba sobre cualquier tema. El latido de su alma fue casi doloroso de tan fuerte que se dio dentro de sus costillas, recordándole cuán inútil había sido negarse nada acerca del alto esqueleto. ¿Cómo se suponía que nadie debía resistirse? De por sí él no quería ni intentarlo. De modo que Sans bajó la mirada antes de que fuera demasiado obvio todo el impacto que el gesto había provocado-. Gracias, Papyrus.

-¿Y nosotros qué? –preguntó Chara-. El telescopio era de mi madre.

-Esta es la primera vez que lo sacamos en años –comentó Asriel, acomodando el telescopio y ajustándolo a la altura de Sans-. A la señora le gustaba el espacio también.

-Ella me explicó unas constelaciones –agregó Chara, contemplando el cielo con los ojos entrecerrados-. Sólo… no recuerdo ya cómo eran. Ahora sólo parecen un montón de puntos.

-Gracias a ustedes también, chicos –agregó Sans.

-Creo que ya está listo –dijo Asriel y les mostró a los esqueletos su pulgar en alto-. Vengan a ver.

Sans vaciló un par de segundos antes de acercarse, luego de recibir un asentimiento de ánimo por parte de Papyrus. Nunca había estado cerca de un telescopio, incluso si sabía lo que era, por lo que no estaba preparado para ver al cielo tan claro y cercano como lo hizo a través de los cristales. Un suspiro de admiración se le escapó ante esas luces. El libro pesaba en su mano como una promesa para finalmente conocer los secretos con los que sólo había soñado hasta entonces.

Le tomó un rato encontrar la relación entre las imágenes presentadas y las figuras en el cielo nocturno, pero en cuanto lo hizo ya no hubo manera de detenerlo. Se las fue indicando a Chara una a una a medida que éste le preguntaba al azar, pero luego el niño se contentó con sentarse con su hermano, observando las estrellas sin la ayuda del telescopio. Sans no se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado ensimismado cuando sintió un toque en su hombro y al volverse vio a Asriel cargando al dormido Chara contra su pecho. El monstruo cabra le dijo que ya iban a irse a dormir, pero quería que se encargaran de guardar el telescopio cuando hubieran terminado.

Al final sólo quedaron los dos esqueletos. Sans no tenía reloj, de modo que no sabía bien qué hora era, pero a juzgar por la posición de la luna (e incontables noches teniéndola como única luz desde el techo de una jaula) probablemente ya había pasado de la medianoche. Pero Papyrus no había mencionado ni una palabra sobre que era demasiado tarde. Para cuando Sans volvió a verlo se dio cuenta de que el alto esqueleto sólo lo estaba siguiendo a él con la vista, la línea de sus dientes elevada en una sonrisa de alegre contemplación. De pronto Sans se sintió demasiado consciente de si mismo y un poco avergonzado por haberse dejado absorber de esa forma.

-¿Quieres ver por un rato, Paps? -ofrecio.

-Oh -djo el alto esuqleto, claramente sorprendido pero de inmediato sonriendo de nuevo-. Por supuesto, me encantaría.

Papyrus se puso de pie y practicamente se arrodillo para poder ver por el telescopio.

-Wowie –dijo al cabo de unos segundos-. ¡No tengo idea de qué significan ninguno de esos puntos, pero sí que son bonitos!

Sans no pudo contenerse su risa. Lo entendía. Quizá no era tan emocionante para alguien que no estuviera interesado en esas cosas en primer lugar. En cuanto consiguió calmarse, notó que el otro lo estaba de nuevo mirando con la misma sonrisa satisfecha de antes. Antes de que tuviera oportunidad de pronunciar un chiste para distraerlo, Papyrus habló primero.

-Me alegro de que esto te esté gustando, Sans. A lo mejor esto pueda ser la  nueva cosa a la que te dediques.

-Heh, puede ser –dijo Sans, más porque no quería discutir que porque de verdad lo creyera, sentándose en el suelo. Papyrus se ubicó a su lado-. Gracias por esto, Paps. No tenías que hacerlo.

-¡Nyehe! De nada, mi buen amigo.

Se quedaron en silencio contemplando la noche estrellada. Incluso si disfrutaba de sus conversaciones, eran los extraños momentos en los que ninguno de los dos necesitaba hablar en los que se encontraba más en paz.  A lo mejor fue por eso que el tarareo empezó a salir desde el interior de su mandíbula sin que siquiera se daba cuenta. Sólo disfrutaba de la suave vibración que generaba su magia.

-De verdad sería bueno que esto se volviera parte de tu trabajo, Sans –comentó el alto esqueleto de pronto-. Se nota que lo disfrutas y si puedes enseñar a otros como lo hiciste con Chara, entonces seguramente que tendrías un futuro en esto.

-¿De verdad lo crees?

-Claro –Papyrus bajó la vista hacia su regazo y se frotó los dedos de una mano con la otra en una muestra inusual de inseguridad-. A decir verdad creí que el cantar podría haber sido eso para ti, pero tú nunca cantas de verdad, sólo tarareas. ¡Y eso está bien, no me malentiendas! Entiendo que debido a las circunstancias en las que estabas tú realmente no disfrutabas con el canto, pero… quiero que sepas que yo todavía creo que era muy hermoso. Tu espectáculo realmente inspiró al Gran Papyrus para hacer cosas que increíblemente no se le habían ocurrido antes. Así que ¡gracias por ser el asombroso monstruo que eres, Sans, incluso si las cosas no estaban tan bien como deberían!

Sans no pudo contener la luz celeste de su magia expandiéndose por su rostro ante semejante cumplido. Lo peor era la forma natural con la que Papyrus lo había dicho, como si fuera parte de una conversación normal y no tuviera especial importancia. Se sentía mortificado pero más que nada incómodo porque le gustaría corresponder el sentimiento y no sabía cómo sin acabar haciendo el ridículo. Papyrus seguramente tenía una idea del efecto que podía tener en él y no tenía ningún deseo de cambiar eso en el inmediato futuro.

-Eres demasiado para mí, Papyrus –suspiró, rendido, y continuó antes de que le pidiera especificaciones-. ¿Sabes? Dentro de todo, cantar era de las pocas cosas buenas que podía hacer, sobretodo porque podía escoger la canción que quisiera siempre que pudiera hacer un acto sobre ella. Pero usar la misma canción una y otra vez era mucho más sencillo.

-Típico holgazán–comentó Papyrus, pero había un tono de buen humor incluso en medio de su reproche.

-Heh, dijiste que te gustaba esa –dijo Sans, arqueando una cuenca-. ¿Quién soy yo para negarle nada a mi público? No tengo las agallas para eso como Undyne.

Papyrus le dio un ligero golpe en el hombro, dejando escapar una ligera risa.

-¡Sans! Eres de lo peor –Sans sonrió sin vergüenza, pero se sorprendió cuando el alto esqueleto se puso súbitamente de rodillas enfrente de él, inclinándose al frente con las cuencas grandes y brillantes a pesar de no tener ojos-. ¿Eso significa que seguirás cantando? ¡Oh, dime que sí! ¡Sería una pena que un sonido tan bonito se apagara!

-Eh… -dijo Sans, echándose inconsciente hacia atrás-. Bueno… supongo… si tú quisieras…

-¡Sí que quiero! –afirmó Papyrus, dando una palmada de emoción y se puso de pie-. No tenemos música, ¡pero eso no importa! Puedo bailar perfectamente a capella –Extendió la mano hacia el otro monstruo-. ¿Me acompañarías, Sans?

-No creo que sea buena idea, Paps. Yo nunca he sabido bailar y no sé si sea un buen compañero.

-¡Tonterías! El gran Papyrus tiene suficiente talento por los dos. Obviamente que yo dirigiría así que lo único que tienes que hacer es seguirme.

-Bueno, si tú lo dices –dijo Sans, pero todavía dudó un segundo antes de aceptar el gesto y dejarse empujar hacia arriba por el otro monstruo.

Papyrus le subió la mano hacia su propio hombro y sostuvo en alto la otra mientras dejaba la suya posarse sobre las costillas inferiores de Sans. Estuvieron así el tiempo suficiente para que Sans pudiera sentir el calor vital que se desprendían de los huesos y al levantar la vista se dio cuenta de que Papyrus estaba esperando que él empezara a proveer la música. No conocía muchas canciones que fueran bailables, pero quizá eso sería más bien una ventaja para evitar pasos complicados. Se aclaró la garganta antes de empezar, dejando a su voz vibrar gravemente por las primeras notas.

“I know you, I walked with you once upon a dream”

Papyrus empezó a moverse suavemente, balanceándose sobre sus piernas de un lado a otro. Sans sintió la presión de sus manos, empujándolo suavemente para seguirlo, y tuvo que bajar la vista para asegurarse de que no llegara a pisarlo por accidente. Afortundamente una vez aprendía una canción era incapaz de olvidarlas, de modo que tomar la precaución no le quitaba la concentración.

 

“I know you, that look in your eyes is so familiar a gleam”

Al lado de Papyrus era demasiado obvio su falta de gracia, la manera pesada en que movia los pies. Quiza presintiendolo, Papyrus lo acerco mas a su cuerpo hasta que Sans se encontro enfrentado con el pecho del esuqeleto. La mano sobre su hombro se movo por este hasta que Sans sintio contra su craneo el antebrazo del otro. Ya no podia ver haca abajo, pero todavia era una pieza lenta y estaba empezando a captar el ritmo despues de Papyrus. Cerro los ojos y trato de relajarse dentro del baile.

 

“And I know it’s true that visions are seldom all they seem”

El calor del otro esqueleto era agradable. Su agarre era frme y gentil al mismo tiempo mientras lo uiaba en un semi circulo antes de llevarlo a dar una vuelta. Podia entender facilmente por que Mettaton se habia vuelto un compañero tan entusiasta. No le mportaria repetirlo con el si pudiera.

 

“But if I know you, I know what you’ll do”

 

Percibió un aunmento de la maia en el aire y movimiento cerca de ellos. Al abrir ls ojos vio a una serie de huesos anaranjas bailando unos con otros, imitando su baile y girando con ellos. Arriba de el los dos ojos de Papyrus brillaban naranja, desprendiendo una calida aura. Al percatarse de que le estaba poniendo atencion, Papyrus le guiñó una cuenca y extendió más su pierna, llevándoselo consigo y los huesos saltaron a su alrededor.  Debía estar guiando a su magia con sus pies, de la misma manera en que él utilizaba más que nada sus manos.

“You’ll love me at once, the way you did once upon a dream”

Se suponía que la siguiente parte debía ser melancólica, casi nostálgica, pero el entusiasmo de Papyrus era más de lo que podía manejar y se encontró alargando las notas, volviéndolas demasiado altas para ser la serenata que se suponía. Movió la mano que Papyrus sostenía y elevó por encima de su cabeza, haciendo levantar huesos celestes desde el suelo que danzaron alrededor de los anaranjados que habían quedados suspendidos en el aire mientras duraba el desconcierto del que los conjurara. Ni bien vio entendió la idea, Papyrus sonrió y extendió una de sus piernas en un amplio círculo sobre el césped.

Celeste y naranja empezaron a entremezclarse en el aire como pájaros curiosos por la posibilidad de un nuevo amigo. Con la combinación de sus movimientos el baile tuvo que volverse más movido pero para entonces Sans ya se había conseguido sumergir en el ritmo y no se estaba dejamdo llevar solo por los esfuerzos de Papyrus. Escuchó al otro monstruo pronunciar su risa cracterística por lo bajo, triunfante. Era lo maximo que hania conseguido que se moviera desde que llegara a la mansióm y los dos lo sabían. Seguro que ni siquiera era tan espectacular o grácil como cuando bailaba con alguien que tenía una mejor idea, como Mettaton, pero al menos apreciaba que los dos se estuvieran divirtiendo.

“But if I know you, I know what you’ll do”

Los huesos comenzaron a danzar entre sí, moviéndose veloces de un lado hacia otro pero jamás estorbando en el camino de sus opuestos ni acercándose más de lo necesario a los monstruos en su centro.  Sans estaba encontrando más sencillo saber cuándo moverse o hacia adónde sin estar fijándose todo el tiempo en sus pies. ¿Era efecto de que estuvieran siguiendo a la misma música o era algo que ver con Papyrus específicamente?

“You’ll love me at once, the way you did once upon a dream”

Papyrus tiró de él después de hacerle dar un giro bajo su brazo, sosteniéndolo todavía firme de su mano. Sans elevó su mano brevemente libre para que los huesos celestes saltaran por encima de los naranjas, poniéndose paralelos con el suelo luego para pasar por debajo y rebotar de nuevo hacia arriba. Luego el esqueleto más alto lo atrajo de vuelta para apretarlo contra su pecho, palpitante de magia cálida y gentil, deslizando una mano por su columna mientras la otra volvía a estrecharle la suya. Comenzaron a deslizarse los dos al unísono de un lado a otro, recuperando algo de la calma anterior, antes de que Papyrus decidiera hacerlo inclinarse hacia atrás en medio de un nuevo giro. Sans no se esperaba algo así, pero su sorpresa no duró más que unos segundos.

“I know you, I walked with you once upon a dream”

Se sentía seguro con el otro monstruo y sabía que éste no lo dejaría caer. Aprovechó de contemplar las estrellas lanzándoles guiños desde el cielo nocturno e identificó nada más una formación antes de que Papyrus le hiciera erguirse de nuevo, haciendo que volviera a concentrarse en su rostro. En ningún momento el otro esqueleto parecía haber perdido la suave sonrisa que parecía tatuada en su mandíbula cuando bailaba.

“I know you, that gleam in your eyes is so familiar a gleam”

Papyrus entrecerró los ojos y se inclinó hacia él, ahora usando a Sans como soporte, para poder elevar su pierna de una forma que Sans estaba seguro su propio cuerpo era incapaz incluso sin tener músculos. Los huesos anaranjados se elevaron igualmente y formaron una especie de estrella giratoria sobre sus coronillas, formada a partir de la unión de uno de sus extremos.

“And I know it’s true that visions are seldom all they seem”

Sans elevó sus manos unidas y abrió sus dedos en un amplio arco.  Sus huesos empezaron a encogerse y alargarse rítmicamente. Papyrus agrandó sus cuencas, sorprendido e impresionado porque era la primera vez que le veía realizar ese truco. Sans no tenía duda de que pronto lo acabaría dominando.

“But if I know you, I know what you’ll do”

Era casi el final de la canción de modo que tuvo que mantener las notas en el aire. Percatándose de ese detalle, Papyrus redujo la velocidad del baile y lo acercó hacia sí sin ningún problema, presionando una mano en el centro de su espalda. Sans bajó la suya desde su hombro para posarse sobre adonde debería tener el bícep y en cambio sintió la suave cubierta mágica que los simulaba, protegiendo sus huesos. Parecía todavía más firme que la que él usaba. En realidad nunca antes se había dado cuenta porque nunca antes había estado tan cerca el tiempo suficiente para confirmarlo.

 

“You’ll love me at once…”

Sus movimientos se volvieron casi perezosos. Sans miró hacia arriba y vio a Papyrus fijándose en él, sin perderse una sola palabra de la canción. ¿Cuándo podría volver a tener la oportunidad de hacer algo así con él? Cualquier idea aparte del hecho de que ellos eran dos, sólo ellos dos y la canción, estaba perdida en un espacio lejano al que ya no quería tener acceso. Estaba bien dentro de ese pequeño universo. Estaba a salvo. Casi podría decir feliz. Sólo con Papyrus había estar cerca de creer que podía conseguir tal estado.

“the way you did once upon a dream”

Papyrus le hizo dar una última vuelta para detenerse consigo mismo erguido mientras Sans casi debía inclinarse sobre su pecho. Los huesos, tanto los anaranjados como los celestes, finalmente chocaron para estallar mutuamente en una serie de chispas brillantes, iluminando sus huesos como si estuvieran en medio de su propia lluvia de estrellas. No era justo, pensó de pronto Sans. No era justo que sólo ahora se le permitiera conocer a Papyrus. Su vida podría haber sido mucho menos dolorosa si tan sólo hubiera tenido al esqueleto al lado y esa extraña sensación de haberlo conocido toda su vida sólo reforzaba ese hecho.

-Wowie –susurró Papyrus, inusualmente sutil y de alguna manera se las arregló para que sus ojos brillaran sin magia-. Eso fue increíble, Sans. Claro que iba a ser así si tenías al gran Papyrus como tu compañe…

Fue entonces que Sans hizo la mayor tontería de toda su vida. Sin dejarle terminar su comentario, Sans se elevó sobre las puntas de sus pies y presionó sus dientes contra los otros a su alcance, su alma palpitando con una fuerza insoportable. Por un momento nada sucedió, por lo que Sans creyó que a lo mejor no era tan malo, que quizá había una posibilidad… hasta que Papyrus se echó hacia atrás y su rostro percibió el inmediato cambio de temperatura, dándole un frío estremecedor.

-Oh –dijo el alto esqueleto y emitió una risa nerviosa que era demasiado familiar para el gusto de Sans.

Era la misma reacción que había tenido en su primer encuentro, cuando creyó que todo mundo se saludaba con un beso en la mano. El producto de un error por su parte. Sans se soltó del otro esqueleto. Tenía una horrible sensación en el pecho, como de frío y tener su alma estrujada con fuerza, pero aun así, de alguna forma, consiguió formar una risa despreocupada.

-Mi error –dijo y continuó riéndose. No podía parar. Era hilarante-. Lo siento, Papyrus. No sé qué ha salido de mi sien. Debí haber perdido un cartílago o algo así. Ups. Creo que mejor regreso a la cama para tener de nuevo la tibia cabeza.

Dio un paso hacia atrás y cuando su pie volvió a dar contra el suelo, estaba dentro de su habitación al lado de su cama. El chiste (o sea él y su patética ridícula vida) era todavía de lo más gracioso y se echó a la cama, riéndose a carcajadas mientras sus manos cubrían sus cuencas hasta que lentamente estas murieron, dejándolo solo, frío y sin gracia.

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