Par de micros

Escribí esto para una convocatoria de tema libre.

Esa es literalmente toda la razón. Hace tiempo que no hacía estas cosas, la verdad. Ya tocaba.

Romántico incorpóreo 

El fantasma veía al creador de maniquíes trabajar. Desde que perdiera su cuerpo, apreciaba con un especial agradecimiento los pequeños milagros como el sincero amor desperdigado en cada una de esas creaciones. En vida hubiera dado lo que fuera porque alguien le dedicara siquiera un poco de esa dedicación incondicional, por contar con esa devoción. Se la retribuiría y se alimentarían mutuamente.

 

Cuando las habilidades del hombre permitieron una figura que finalmente capturó su corazón, e fantasma creyó que sería su oportunidad. Esperó meses en los que el creador talló cada miembro de madera y desechaba a la menor imperfección. En cuanto una peluca lustrosa fue colocada, el fantasma entró y el maniquí sonrió rodeando con sus brazos al escultor.

 

El fantasma no sabía que pasó. Hubo un grito y de pronto su cuerpo eran otra vez montones inútiles en el fuego. Dolía morir.

 

A lo mejor para la próxima intentaría un escultor de mármol. Eso debería ser más resistente frente al terror de los objetos declarando amor de vuelta.

Aguijón amoroso

 

La avispa estaba atrapada entre la cortina y la ventana. Notaste la línea negra que conectaba sus dos mitades redondas. Te pareció graciosa, como un ideal absurdo de mujer sensual. La dejaste ir y la viste ser aplastada en la calle por el paso de una ambulancia.

 

Es una pequeña historia, nada emocionante. Pero también es la única explicación que puedes ofrecer a las personas que te buscan sobre por qué no puedes aceptar sus intenciones amorosas. Desde entonces no puedes salir con los hombres que quieres, ni siquiera tener amigas mujeres, porque todos despiertan un día picados hasta los ojos con un veneno corrosivo que la policía sigue sin determinar. Te has mudado ya cinco veces, esperando que fuera una coincidencia y los mismos aguijones parecen seguirte adonde sea que vayas. Crees que la avispa te sigue, quizá que haya sido una reina que comandara a todo su reino desde la tumba para prevenir cualquier otra relación que pudiera quitarle a su antiguo salvador.

 

Se te ríen en la cara. Siempre lo hacen. Intentas resistirte, pero eres débil en cuerpo y corazón y los sentencias a muerte aferrándote a ellos.

 

A la noche, entre sus brazos, sin falta, escuchas un zumbido entrando por la puerta. Intentas despertar y no puedes. Despiertas al lado de un cadáver hinchado. Le entregas aunque sea un beso antes de marcharte de nuevo.

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